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desde el Tronador |
Reportaje de Santiago Storni a Martín Balmitjiana realizado el 4 de marzo de 2001 en Pampa Linda, Bariloche, al pie del Cerro Tronador, desde donde realizaron un vuelo con su socio Miguel Fuentes. |
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| Fotos: Santiago Storni | ||||
Toda la noche anterior había estado diluviando mientras dormíamos en el Refugio Otto Meiling. Hasta que el cielo se despejó y el amanecer llenó de luz los picos Internacional, Argentino y los glaciares que bajan hasta el refugio. Entonces Martín y Miguel miraron por la ventana, saltaron de sus bolsas de dormir y salieron corriendo afuera donde, para variar, me encontraba disparando fotos en ese festival de cambiantes luces y nubes. Me dieron una bolsa blanca de plástico que corté en dos tiras y las até a dos cañas clavadas en el suelo a modo de "mangas" para indicar los movimientos del viento en ese manchón de nieve helada convertido en improvisada y resbaladiza pista de despegue. Primero uno y después el otro, cada uno desplegó su vela, corrió hacia el precipicio y simplemente saltó al vacío... y voló sobre las nubes..!
Hoy fue medio rápida la decisión de volar...
Sí, fue así, muy sorpresiva porque anoche estaba muy "peludo" el
clima. Pero existía la posibilidad de que a la mañana temprano, al estar todo
tan húmedo y haber viento fuerte en altura, y estando tan a sotavento, al
reparo de una montaña como es el Tronador, pudiéramos volar. Y nos acostamos
pensando que si amanecía soleado quizás volábamos.
Me desperté, miré para afuera, vi cómo se movían las nubes, y me di
cuenta de que estábamos como dentro de una gran burbuja, en la que si el viento
no nos pegaba era nada más que porque no había convectividad, porque estaba
todo mojado y era muy temprano. No había viento allí, pero había viento
alrededor nuestro; muchísimo.
Fue una decisión de "¡ahora o nunca!" porque además era el
último día que estábamos. Se nos dio y lo hicimos!
Sabíamos que había viento alrededor; especialmente unos 200 metros arriba
nuestro había muchísimo. O sea que estábamos en una zona muy turbulenta
pensando en volar, con un glaciar abajo, con una caída de agua de casi 1.000
metros... No nos podíamos equivocar; en una situación así una equivocación
puede ser fatal.
Estaba resbaladizo donde despegaron...
Sí, pero un revolcón ahí no es tan grave porque lo peor que te puede pasar
es que te quiebres. Si te caés ahí, zafás. Pero si te caés volando sobre el
ventisquero por algún problema en tu parapente... todo mal.
La "rampa" de donde despegaron ustedes, en un punto caía a pique,
y tenías que salir volando sí o sí...
Tal cual. Había un punto límite de no retorno. Y volar arriba del hielo...
fue algo muy muy lindo! Ver las grietas desde arriba, volar justo sobre la
caída de agua, ver esas cascadas tan altas que al caer se van evaporando y
forman un arco iris, y el sol temprano pega de un modo muy especial... Fue muy
copado!
A vos de pronto te cubrió una nube...
Medio intencionalmente me metí en la nube para tratar de subir un poco para
quedar más tiempo volando sobre el glaciar.
¿La nube te eleva?
Sí porque era convectiva, producida porque el aire húmedo de abajo era
subido por el viento hasta una altura donde era más seco. Allí había un
choque de presiones y se producía la nube. Pero en todo momento estábamos
mirando alrededor; las nubes venían hacia nosotros y era obvio que estábamos
en un lugar complicado... como en la boca del lobo.
¿Hubo otros vuelos anteriores aquí, desde el Tronador?
Hace muchos años una persona de Bariloche hizo el mismo vuelo que hicimos
hoy. Y también hubo una chica que despegó del Filo de La Motte y voló, pero
sobre el glaciar que está del otro lado, y aterrizó muy cerca de donde
aterrizamos nosotros.
¿Dónde aterrizaron ustedes?
En la garganta del glaciar Castaño Overo, en un mallín; nos mojamos
bastante por todo lo que llovió anoche: agua hasta las rodillas. Hasta que
tomamos la picada y en una hora llegamos a Pampa Linda. Decidimos aterrizar
allá para hacer mejores tomas (llevaba una video-cámara digital en el casco).
Así volamos más sobre el glaciar y filmé a mi compañero volando ahí.
Ustedes van conectados por radio...
Sí, llevo un handy calzado acá junto al hombro. Durante el vuelo nos
comunicamos y decidimos por dónde volar y aterrizar. ¡Fue inolvidable!
¿Había peligros?
Muchos. Era una zona con paredes muy empinadas. En un terreno así el viento
también se mueve muy áspreo. Es una zona turbulenta.
Cuando decidís despegar ¿cómo tiene que estar el viento?
Bien de frente para que la velocidad mínima del parapente te permita
despegar. Si la racha es muy fuerte inflás el parapente y en el mismo sitio
salís para arriba. Si no hay viento uno tiene que correr cuesta abajo. Y si hay
viento de atrás tenés que correr mucho más. Si ya estás volando el viento de
atrás te facilita planear lejos, pero en el despegue te puede obligar a correr
muchos metros.
¿Y hoy que a ustedes se les acababa la rampa y salían volando hacia abajo?
Sí, pero si llegás a un límite en el que ves que no vas a despegar,
obviamente no te tirás. Abortás y bajás el parapente antes de llegar a ese
punto.
¿Habitualmente ustedes vuelan en El Bolsón?
Habitualmente lo nuestro es más volar de un cerro a otro, despegando de un
sitio de fácil acceso. Yo tranquilo en mi casa veo cómo está el día y en 15
minutos puedo estar en el despegue; y desde ahí puedo hacer vuelos
larguísimos. El año pasado por ejemplo hicimos dos vuelos de más de 120 km. Y
en Bariloche podés despegar del Cerro Otto o del Catedral y volar cuatro o seis
horas.
¿Tienen pensada alguna meta próxima?
Volar desde El Bolsón hasta Ing. Jacobacci; y también explorar otros
lugares nuevos.
Martín Balmitjana es de Bariloche y vive en El Bolsón en
verano y Catedral en invierno, donde trabaja para Alta Patagonia fabricando
nieve que se desparrama sobre las pistas con un cañón. Con su socio Miguel
Fuentes dan clases y vuelos de bautismo, y fimación o fotografía aérea.
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