| Similitudes y diferencias con el Aladelta |
| El aladelta supera al parapente en velocidad y exige más al piloto físicamente. |
| En cuanto a los aterrizajes, el parapente es más benévolo, en cambio el aladelta necesita más técnica para lograr en buen descenso. |
| El parapente es más fácil de trasladar. Se puede doblar y guardar en una mochila. |
| Las condiciones geográficas, atmosféricas y climáticas son las mismas |
Los protagonistas
En diálogo con este
medio, los entrevistados concordaron en autodefinirse como "un grupo
autodidacta". Al respecto Daniel Díaz afirmó que : "desde el
principio fuimos aprendiendo solos, luego, hicimos cursos, todo esto nos ayudó
a perfeccionarnos. Aprendimos a volar mirando revistas y videos que nos enviaban
de Brasil".
Según nos explicó Gerardo Emma, "el parapentismo es un deporte en vías
de organización y el Club Cóndor fue la primera entidad de pilotos de
parapente en la Argentina. Se formó en el año ’92 con personalidad jurídica
y legalmente constituida. El club brinda camaradería de grupo, la oportunidad
de compartir experiencias y de aprender cada vez un poco más". En tal
sentido Marcelo Saporito comentó que "hemos ido a distintos lugares del
país y ayudamos a los pilotos del lugar y a aquellos que se quieran iniciar,
para formarlos ; es el caso de Salta, Jujuy, Bolsón, donde se abrieron
lugares de vuelo. También mostramos la actividad como club".
Pero si de pilas se trata, Jorge Altamirano es el que lleva la manija, el
entusiasta. Al respecto comentó que : "durante la semana que no vuelo
tengo unas ganas locas de volar, y despego de cualquier lado, como sea, en
cualquier forma, y cuando aterrizo me siento el tipo más feliz del mundo, y ya
estoy satisfecho hasta que dejo de volar unos días y otra vez me agarra la
locura por volver a volar".
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Al preguntarle a Sergio Trapaglia que se siente al volar, respondió :
"es una sensación de libertad, parece que estuvieras sostenido por el
aire.
Después contó una anécdota : "una vez, yo estaba haciendo
dinámica, se trata de volar aprovechando la corriente . Había un pájaro
que estaba volando cerca, me aproximé y entonces volamos juntos, los dos a la
misma velocidad. Es difícil de expresar, pero fue una sensación hermosa, hay
que estar ahí para sentirla".
Por su parte, Abel Huertas recordó una situación muy particular :
"una vez fui a volar a Brasil. Un brasileño me pidió que lo siguiera, yo
me distraje mirando un paisaje y me desvié por otro camino. Me metí por un
valle donde el viento estaba enfrentado y muy fuerte. Esto provocó un descenso
inesperado y un aterrizaje forzoso en el techo de una casa. La gente que vivía
adentro se enteró antes porque cuando venía volando habían chicos corriendo
debajo del parapente para ver adonde iba a terminar. Cuando bajé a la casa
estaban todos golpeándole la puerta al dueño para avisarle que en el techo
había alguien del "espacio", esa fue la impresión que tuvieron al
ver que yo llevaba instrumental de vuelo agarrado de las piernas, una radio con
cable que salía hacia el casco con antenitas y lentes oscuros. Pero ante la
sorpresa la gente me recibió bien, me invitaron a almorzar y los chicos me
doblaron el parapente".
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