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Annapurnas
TREK
Por
Alejandra Erramuspe

Después de nueve días en la
montaña, estamos de vuelta en la
civilización: Pokhara. Sensaciones
de los Himalayas ALUCINANTES, una de las
experiencias más lindas que he vivido.
Partimos de Pokhara el 7 de marzo tempranito
a la mañana. Las chicas (lease Victoria
y yo) nos habíamos hecho las cancheras
con la idea de hacer el trecking solas sin
guía, y después nos dimos
cuenta de que era mucho más seguro
y relajado con guía, así que
el día antes de partir organizamos
y contratamos uno para la montaña.
Fue un placer ya que el camino es bastante
complicado y seguramente nunca hubiéramos
llegado a destino, sobre todo yo, con mi
buen sentido de la ubicación.
Partimos a las nueve de la mañana
con las mochilas, previo día anterior
organizando qué llevar; lo mínimo
mínimo indispensable, y hasta el
último minuto seguíamos sacando
cosas.

Cargamos las mochilas que nos parecían
que pesaban una eternidad y empezamos la
caminata. Sensación: copada, muy
motivadas empezamos a trepar y trepar. Los
lugares por donde íbamos pasando
son increíbles, unas vistas de locos,
atravesando pueblitos de montaña,
la gente sentada en la calle, los chicos
corriendo por ahí, mujeres lavándose
el pelo, etc. La gente sigue siendo increíble:
todos te saludan cuando con el clásico
"Namaste" y una sonrisa; nunca
un nepalí con cara de enojado, siempre
con una sonrisa en los labios, incluso los
que nos pasan por al lado cargados como
mulas llevando desde verduras hasta maderas,
botellas de cerveza para los trecckers,
fardos de avena, etc. Caminamos cada día
alrededor de seis horas.
-El primer día fue bastante tranqui.
También se había sumado al
grupo una pareja de alemanes macanudos,
tanto que a la nochecita planeábamos
con Vicky y el alemán proponerlerle
al guía aumentar la cantidad de horas
de caminar; pero el segundo dia ya no nos
daban más las patas. Esa noche nos
quedamos en un lodge muy lindo de una familia
nepali increíble, madre, padre, y
dos hijitas. La de seis años era
un amorcito; puso musica nepalí y
se puso a bailar, y nos agarraba con la
manito, asi que ahí andábamos
las chicas bailando con los ritmos de Nepal.
-El segundo día arrancó tempranito.
Ya las mochilas no pesaban tanto, ya habíamos
aprendido a repartir los siete kilos en
la cintura. Ese día fue duro: pura
subida en el medio de una selva medio tropical
muy linda, pero despues de seis horas y
media los cuádriceps pedían
"pido". A la noche estábamos
felices con lo logrado en el día,
y se sumaron al grupo otros tres alemanes
con su guia, de lo más divertidos.
Esa noche caímos en las bolsas de
dormir a las 20.30 hs, lo que iba a constituirse
como el horario habitual de agarrar la almohada.
Nueve horas diarias de sueño era
lo único que nos recuperaba.
-El tercer día tambien arrancó
temprano para ir a ver el amanecer a la
cima de una montaña: Poon Hill, 3.200
m. La subida de una hora fue agotadora,
tanto que en un momento estuve a punto de
tirar la toalla y quedarme en el medio,
pero ahi se vio el "Team Argentina",
con Vicky que me empezó a arrastrar.
Llegamos a la cima y aún el sol no
había salido; todo rodeado de montañas
oscuras, y de repente el sol empezó
a teñir de naranja y rojizo los picos.
Era increíble. A todos lados donde
mirásemos se veías un pico.
Una imagen que quedará en mi memoria
de por vida. Fotos alusivas y bajamos a
desayunar al lodge. A las nueve iniciamos
nuestro tercer día de caminata. Si
el día anterior habíamos trepado
las siete horas, en éste bajamos
durante otras siete. Al final del día
las pantorrilas y las rodillas se arrastraban.
Fue duro, pero la vista era tan pero tan
linda que te quitaba el aliento. Ya nos
estábamos adentrando en los Himalayas.
Se veían los picos blancos inmaculados,
un verdadero espectáculo. Todo el
cansancio o dolor que sentido quedaba opacado
por la vista. Será que amo las montañas,
pero nunca disfruté algo tanto a
pesar de tanto esfuerzo. Por supuesto a
la noche caiamos como pajaritos, aunque
nunca faltaba la reunión del grupo
con unas cervecitas. Cada uno escribía
su diario; la comida era en base a arroz,
o verduras o pastas, y a la cucha !
-El cuarto dia no nos podíamos mover
del dolor. Andábamos todos como aparatos,
hasta que al rato de caminar entramos en
ritmo. Este día fue mas suave, más
llanos y con la vista majestuosa de las
montañas. Yo saqué fotos al
mejor estilo "japanese", pero
creo que en mi interior me llevo uno de
los mejores recuerdos. Los paisajes de locos,
el muy buen companerismo de Vicky, la buena
onda de todo el mundo, los ratos de silencio
y tranquilidad... Un verdadero placer.
-El quinto día caminamos por el lecho
de un río, y algunas subidas y bajadas.
Siempre cantando, hasta donde daba la voz
y el cansancio, desde canciones aprendidas
en nepalí hasta inglés, español,
etc.
-El sexto dia llegabamos a Johmson que es
de donde nos tomábamos el avión
de vuelta a Pokhara. Pero estábamos
tan copados que decidimos seguir dos días
más hasta los 4.100 m, donde hay
un templo budista. Al fin del día
llegabamos con el último aliento,
las ampollas que dolían, y los pies
que pedían "basta!" Pero
la verdad es que cada día vimos cosas
distintas, paisajes de lo más variados,
distintas vistas de las montañas,
sobre todo del Annapurna, que es la más
alta: 8.100 m. Todo el tiempo te sorprendía
la vista y hacía que parásemos
a mirar y disfrutar. El paisaje del sexto
día era muy similar al nuestra Salta
o Jujuy, pero con los picos blancos majestuosos
atrás.
-Séptimo dia, partimos hacia Muktinath.
Este día era duro; subir 1.100 m
en un día, todo subida. Llegar fue
dificil pero cuando entramos en el pueblo
no se podia creer nuestra alegria. Después
de tomar una coquita y dejar las mochilas
en el cuarto, partimos a visitar el templo
budista. No dejamos rito por hacer: desde
tocar las campanas de rezo, hasta mojarnos
con el agua sagrada que caia de la boca
de cuarenta chorritos desde la cabeza de
un buey de bronce. Cuando volvíamos,
el atardecer sobre las montanias era un
lujo, todo entre rojizo y plomo, nos quedamos
con Vicky como una hora mirando casi sin
hablar.
-Octavo día, de vuelta a Johmson.
Todo el camino era de bajada, lo disfrutamos
un montón, y en cierta forma nos
daba penita terminar. Lo habíamos
pasado tan bien! A veces cuando uno logra
algo con esfuerzo, lo disfruta más.
La última hora y media fue dura;
avanzamos por el cauce de un río
seco con un viento muy fuerte, pero al fin
entramos a Johmson. Festejamos con cerveza
y tortas, y al día siguiente tomamos
el vuelo de regreso a Pokhara, donde descansamos
a pata suelta. Una ciudad tranquila llena
de trekkers, todos en la misma, todos habiendo
hecho alguna caminata y con miles de cuentos
para hacer y compartir. Un verdadero lujo,
un regalo para los ojos y para el alma !!
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