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| Unos Gigantes pasados por agua |
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| Por Mauricio B. Bianchi | ||||
Ya conocía Los Gigantes (Córdoba), pero la semana santa era una buena excusa para ir nuevamente. Mi amigo Fabián De Fazio organizaba un viaje y eso es garantía de pasarlo bien. Así fue y conocí mucha gente linda pero no imaginé que encontraría... |
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Llegaba la Semana Santa del ´99 y Fabián proyectaba llevar gente a hacer trekking en Los Gigantes -sierras a 60 km. de Villa Carlos Paz-. No lo dudé y me reservé un lugar. Había ido dos veces, una a escalar y otra a caminar. En esas dos ocasiones (julio y agosto) el tiempo había estado estupendo. ¿Cómo imaginaría que en abril tendría un tiempo terrible?
En viaje...
Con Fabián íbamos, además, Adrián (Perico), Gabriela, Gustavo, Florencia,
Alejandra y Verónica. Típico esos viajes... más mujeres que varones.
Llegamos a Carlos Paz alrededor de las 8 hs. del jueves santo y ya estaba feo el tiempo.
Seguimos y llegamos al pie de Los Gigantes alrededor de las 11,30 hs. Estaba decididamente
horrible, llovía bastante fuerte, había viento y hacía frío.
A pesar de todo no íbamos a achicarnos así que... iniciamos la caminata en ascenso.
A poco más de una hora de andar Verónica se convenció que no era lo que ella quería y
desistió.
Decidimos que Fabián siguiera con el resto hasta acampar y yo regresé con ella al
comedor/refugio que está al pie de Los Gigantes. Fabián regresaría para la noche porque
al día siguiente venía otra parte del grupo desde Buenos Aires.
Noche de refugio...
El día siguió horrible, la lluvia no aflojó y la noche llegó antes de lo habitual por
lo cerrada de la tormenta. Cuando Fabián volvió nos contó que habían acampado en la
zona conocida como "valle de los lisos" (por los paredones que allí hay).
Esa noche, a las 22 hs. se apagó la luz y comenzó la función... éramos como 100
personas con sus bolsas de dormir tiradas en el suelo del comedor/refugio provenientes de
diversos lugares del país: bonaerenses, porteños, santafesinos, cordobeses, mendocinos,
sanjuaninos, etc. Todos "varados" allí por el clima.
Hubo imitaciones de todos los animales que se les ocurra, también de dibujos animados,
hubo gastadas para algunos y algún que otro chiste. Hasta que ganó el sueño pasaron
como dos horas muy divertidas.
Otra vez para arriba...
El viernes santo llegaron Romina y Ariel (novios), Karina y Fernanda (hermanas), Silvana y
Lorena ("gallinas") y Natalia (novia de Perico). Todos vinieron ese día por
cuestiones laborales. Por su parte Vero decidió volverse a Bs. As.
Iniciamos, a las 10 hs., el nuevo ascenso. El tiempo seguía horrible pero
llovía un poco
menos y hacía menos frío que el día anterior.
Luego de 2 hs. llegamos todos al campamento y los que allí hicieron noche nos contaron
como "la noche los deshizo" con frío y agua.
Al llegar armamos las carpas. Compartí la mía con Fabián que era el único a quien
conocía de todo ese numeroso grupo.
La tarde la dedicamos a escuchar música, dormir la siesta, descansar y mirar fotos
aéreas de la zona. Al comenzar a anochecer me fui a hacer sociales a la carpa de Perico,
Natalia y Alejandra. Jugamos a las cartas y nos peleábamos con la carpa vecina, la de las
gallinas (Karina, Fernanda, Lorena y Silvana). La excepción de allí era Romina que es de
Racing (pobre!) y Ariel que es xeneise.
La noche fue brava. Llovió, llovió y... llovió. Las gallinas la pasaron mal, se
empaparon y se murieron de frío. El resto lo soportó bastante bien.
Una buena caminata...
El sábado amaneció feo, con las nubes sobre nuestras cabezas pero casi sin lluvia, tan
solo una leve llovizna de vez en cuando.
Eso nos entusiasmó y decidimos desayunar y "ponernos en marcha".
Comenzamos a caminar y nos dirigimos hacia lo que se conoce allí como "la zona de
los refugios" porque existen dos. Uno pertence al Club Andino Córdoba y el otro al
Club Andino Carlos Paz.
Fuimos por el sector conocido como "del gorila" porque hay una formación rocosa
que parece uno de esos simios.
La caminata fue entretenida, se pudo disfrutar. En esos momentos recordé la razón por la
cual estaba allí. Sentí ese placer tan especial de andar "a los saltos" de una
roca a otra. Ese hermoso disfrutar de pararse en un lugar y tener una vista maravillosa
(aunque las nubes apenas dejaban tenerla), correrse unos metros más allá y tener la
misma vista maravillosa pero diferente. Esa sensación tan particular de ir descubriendo
la vegetación del lugar, de preguntarse tantas cosas sobre la naturaleza.
En esa caminata me volví a encontrar con ella: con la naturaleza. Creo que el
"sentirla" en pleno es la razón que provoca mi interés constante de "irme
donde ella esté".
Mis pensamientos en esa caminata se iban alternando con chistes, comentarios y compartir
todo eso con gente que apenas si conocía pero que... por algo estaban allí. Se ve que
algo en común tendríamos, aunque sea la misma curiosidad.
Por supuesto que en esos momentos, uno qué hace... saca muchas fotos. Aunque no hay fotos
que puedan reflejar lo que uno ve, menos aún lo que uno vive.
El asunto es que caminamos mucho, trepamos bastante, nos hicimos los valientes en algunas
cuestas y hasta alguna juró ver una piedra con forma de vaca... nos llamó a todos para
mostrar su descubrimiento hasta que la piedra se movió y resultó que era... una vaca!.
Qué ojo!
A eso de las 14 hs. hicimos pic-nic y luego el tiempo ya empezó a desmejorar mucho.
Decidimos regresar al campamento.
Regreso anticipado...
Luego de la caminata llegamos al campamento con el tiempo muy feo y bastante cansados y
surgió una idea: volver ese mismo día al pie de Los Gigantes donde estaban las
camionetas. El razonamiento era: si sigue lloviendo y mañana hay que levantarse
exclusivamente para volver, ¿por qué no hacerlo ahora y dormir "secos" en el
comedor/refugio?
La mayoría aceptó así que, cansados y mojados, desarmamos campamento e iniciamos el
descenso.
Llegamos abajo pasadas las 19,30 hs., cuando ya no veíamos nada. Llegamos justo y esa
noche la dedicamos a una buena comida y largas partidas de truco que se extendieron hasta
pasada la una.
Las leyes de Murphy...
Como no podía ser de otra forma el día del regreso, el domingo, amaneció espléndido y
nos preguntábamos dónde estaban todas las nubes que nos acosaron los días anteriores.
El cielo permitió a los chicos ver Los Gigantes en todas su dimensión como diciéndoles
"ven, no me conocieron, van a tener que volver".
Antes del mediodía comenzamos a regresar y, luego de un tranquilo viaje, llegué a mi
casa a medianoche.
Un viaje más, nuevos amigos con los cuales nos seguimos viendo.
Experiencias que uno acumula y que le sirven, si las aprovecha, para ser más tolerante y
comprensivo, para "entender más al otro" y también para "vivir" más
y mejor la vida. Hay tantas cosas feas que uno trata de hacer lo que le parece lindo o que vive como lindo.
No está mal, ¿no?
Reforestando
Los Gigantes |
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