Laguna de
Mar Chiquita

Una particular travesía en kayak

Por Rodolfo Rüst

Al noreste de la provincia de Córdoba se encuentra la laguna Mar Chiquita, una superficie de agua salada de unos 6000 km². Ubicada en una zona agreste pero muy bella. Rodeada de acantilados, tosca y playas de arena. Un lugar ideal para practicar el canotaje de travesía. Así surgió la idea de incursionar en aquel misterioso espejo de agua con Carlos, Gerardo y Oscar de San Francisco. La laguna se encuentra a unos 140 km al noroeste de esta ciudad, fronteriza con Santa Fe. Desde aquí se llega transitando por la ruta 1 hasta el cruce de la ruta 17, se dobla a la izquierda pasando por los Altos de Chipión en dirección a Marull. La ruta va paralela a un ramal lamentablemente abandonado del ferrocarril Belgrano.

Llegamos un sábado a la mañana del mes de agosto a orillas de la laguna La Plata, la cuál está unida a la gran laguna por un estrecho. Una extraña bruma envolvía la zona. El sol parecía un globo rojo. La polvareda teñia el cielo de marrón producto de una intensa sequía que se prolongaba desde hacía seis meses.Unos días atrás, había soplado un intenso viento proveniente de Santiago del Estero elevando la temperatura a 36°. Estacionamos la camioneta en un camping a orillas de la laguna, camping del Tío Quito.

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ARBOLES SECOS DE LA COSTA

 Soplaba un viento sur algo molesto, pero soportable. Armamos la carpa y luego bajamos los botes, 4 Anaicos de travesías, diseñados y construidos por Eduardo Sans en Tigre.

Unos niños se entusiasmaron con nuestros botes sentándose dentro de ellos fantaseando e imaginando vaya a saber que cosas. Gerardo, el más joven del grupo se entretuvo con ellos.
Cerca del camping a unos 50 metros de la costa se pueden ver las ruinas semisumergidas de un hotel. Aún brotaba el agua en donde alguna vez estuvo la pileta de natación. En la costa había unos caños clavados de los cuáles salía agua dulce con mucha presión y algo tibia.Nos habían dicho que la laguna era muy peligrosa, que remar en ella era una locura y que extraños seres habitaban sus entrañas. 

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REMANDO EN LA LAGUNA

Uno de ellos sería una suerte de pulpo con un solo tentáculo, cabeza redonda y pico de loro. Cualquiera que osara incursionar en aquellas siniestras aguas sería tragado. Rogábamos que de existir semejante bicho no se nos apareciese en el momento menos oportuno. Decidimos entonces hacer un reconocimiento, por lo que nos aprestamos con el equipo. Cargamos los botes al hombro, bajamos por la barranca, avanzamos por la playa llena de verdín y salitre y botamos los botes en el agua. Oscar debutaba con su flamante kayak. Gerardo le daba algunas indicaciones mientras Carlos y yo nos adelantabamos.

Dónde ir ?, nos preguntamos. La curiosidad nos hizo remar hacia la costa a nuestra izquierda. El viento sur nos ayudaba y no había demasiadas olas. Lentamente avanzamos hasta arribar a la costa. La tosca nos dificultó el desembarco. No había playa por lo que hubo que sacar los botes del agua. Recorrimos a pie la zona verificando el efecto que causó la última gran crecida. Además de comprobar la mugre dejada por pescadores y acampantes.

La vegetación estaba totalmente quemada por la sal dando un aspecto devastador. Troncos secos de árboles e inmensos cactuces blanqueados por el viento y el salitre. Era el escenario ideal para filmar algún tipo de película futurista. A pesar de eso la fauna avícola es muy variada, gallaretas, patos, gansos y hasta flamencos rosados.


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