EL GUIA DE MONTAÑA
Creo que si hay un Dean Potter y un Messner con hazañas que nos asombran, fue porque antes hubo un Balmat o un Burgener con muchos menos medios y conocimientos.
Por Marcelo Lisnovsky
Fotos Thomas Ullrich
El oficio de Guía de Montaña comenzó junto con el alpinismo.
Balmat, buscador de cristales, guiando a Saussure en el Mont Blanc a finales del siglo XVIII, es una imagen clásica en Chamonix.
Dice Sonnier: "El alpinismo naciente creó a los Guías, y no a la inversa".
"El trabajo de Guía representó en los comienzos una fuente de ingresos adicional para los campesinos del valle, que luego comenzaron a profesionalizarse ".
"Su formación se realizaba enteramente en la única escuela de la propia montaña: la experiencia era su único título".
"En los comienzos del alpinismo, cuando se dice que tal alpinista ha efectuado la primera ascensión de tal cima con tal Guía, en estricta justicia la fórmula tendría que ser invertida, puesto que es el Guía quien precede, conduce y vence las dificultades, y por consiguiente, a él le corresponde el mayor mérito, aún cuando fuera su cliente quien quiso y determinó la primera en cuestión ".
Rebuffat nos señala acertadamente que "...el oficio podría resultar fastidioso con la repetición inevitable de las primeras ascensiones, pero el Guía no es una máquina de escalar rocas y pendientes de hielo, de conocer el tiempo y el itinerario. El Guía no sube por sí mismo: abre las puertas de sus montañas como el jardinero las verjas de su parque. La altitud es un marco maravilloso para desempeñar su trabajo, y escalar le procura un placer que nunca le cansa, pero sobre todo le satisface la felicidad de aquel a quien acompaña. Sabe que determinada excursión es particularmente interesante, que en tal lugar se goza de una magnífica vista panorámica, que cierta arista de hielo parece un encaje; no dice nada, pero la sonrisa de su compañero al descubrirlo es su recompensa (...) Pero su felicidad proviene de un sentimiento más profundo: su parentesco con la montaña y con los elementos, como el campesino con su tierra o el artesano con la materia que trabaja (...)"
"Le gusta la dificultad, pero odia el peligro, estas dos nociones tan distintas. A veces muere, herido por el rayo o a causa de los desprendimientos de piedra o aludes; esto también forma parte de su oficio, pero mientras vive lucha por guiar a su cordada".
Y veamos qué pensaba Lionel Terray, primer vencedor del Fitz Roy entre otras cimas:
"Para ser un buen Guía es necesario tener un trato agradable a fin de que el cliente que ha ido a la montaña a buscar una diversión pueda gozar plenamente de ella, en un ambiente alegre. Hay que ser además capaz de una entrega, no solamente para socorrer a los alpinistas que se encuentran en una situación difícil, sino más sencillamente, para ayudar a las personas a quienes acompaña a superar sus debilidades.
Hace falta una paciencia poco corriente para soportar sin nerviosismo, hechos como el tardar todo un día en recorrer una distancia que el Guía podría hacer en la tercera o cuarta parte de tiempo yendo a su ritmo.
Hace falta psicología para ayudar moralmente al "cliente" cuando este se esfuerza penosamente y a pesar de la fatiga y desánimo que pueda sentir, estimularle hasta conseguir llegar al final.
Hace falta valentía para aceptar cotidianamente los riesgos que toda escalada comporta, incluso la más sencilla".
Durante la llamada "Edad de Oro del Alpinismo", entre los años 1855 a 1865, casi todas las cumbres vírgenes de los Alpes fueron vencidas, bajo el asalto de un grupo relativamente reducido de hombres excepcionales.
Conducidos por unos Guías excepcionales también... No hay que olvidarlos!
Así, a cada uno de aquellos conquistadores famosos corresponden uno o varios Guías no menos famosos cuyos nombres quedan prontamente unidos. A nombres como Tyndall, Coolidge, Kennedy, Tuckett, Stephen, Young, Hudson, Moore, Walker y Whymper, responden para siempre los de Almer, Anderegg, Knubel, Burgener, Carrel o Croz.
En el Himalaya, nombres como Tenzing Norgay, Ang Tharkey, Pasang Kikuli y Gaylay, escribieron la historia del alpinismo con mayúsculas.
Ang Rita, Guía de Nepal que coronó diez veces el Everest (!!), la continúa escribiendo aún hoy. Guió hasta hace poco, y si bien ya no guía personalmente, tiene una agencia de turismo de aventura.
En la Argentina, recordamos al primer vencedor del Aconcagua, el Guía Matthias Zurbriggen.
Otro ilustre Ciudadano del Aconcagua le acompaña: Hans Link, el Cóndor caído en 1944.
En Bariloche, Otto Meiling, Guía de Guías y uno de los fundadores del Club Andino Bariloche.
Finalmente, nuestro homenaje a los baquianos, pasados y presentes, que fueron los precursores de los Guías modernos en nuestro país, y que guiaron grupos e individuos antes de que las palabras Trekking o Turismo de Aventura se hicieran familiares.
La tecnología ha cambiado mucho la práctica del alpinismo desde sus comienzos; pero la experiencia del Guía, su conocimiento de la montaña y de los hombres, jamás será superada.
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