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PRIMER
ARGENTINO EN LA CUMBRE DEL MONTE EVEREST
Reportaje
a TOMMY HEINRICH, realizado por Santiago
Storni Colaboraron Luis Salcedo y Marcelo
Lisnovsky.
Fotos: Tommy Heinrich
COMIENZOS
¿Cómo fue que empezaste a
ir a la montaña? ¿Naciste
en Buenos Aires?
Sí. Empecé a los once años.
Tengo primos que viven en Bolivia, y a esa
edad no empecé a escalar técnicamente
pero sí metiéndome en la montaña.
Y después en Bariloche, a los quince
años, empecé a ir en los veranos,
al cerro Otto, el López, el Tronador.
Después, Ernesto Bendinger muy amigo
de papá, sugirió que fuera
al Centro Andino Buenos Aires para conocer
gente por si me interesaba. Y ahí
conocí además de a Alberto
Bendinger, a Peta Friederich y a Eduardo
Brenner.
Al día siguiente de estar con ellos
en el CABA, voy a la facultad y me encuentro
a Peta y a Eduardo..!
¿En Agronomía?
En el mismo año y en la misma materia.
Yo quise ir con ellos a la expedición
del Fitz en el ‘84, pero no estaba
muy preparado.. Fueron Alberto, Peta, Eduardo,
Marcos Couch y Werner Lion. Werner se volvió
al poco tiempo porque tenia que ir a la
facultad.
¿Qué recuerdos tenés
de Eduardo?
Creo que es una de las pocas muertes que
no termino de superar. En ese momento estudiábamos
muchísimo juntos, vivió en
casa un par de meses cuando empezó
a salir con Silvia. Escalamos bastante juntos
y estaba por ir al Fitz con él cuando
murió. Yo justo tenía mi último
final y la presentación de la tesis;
por lo que decidí no ir, y salió
un trabajo en Alemania. Días después
de mi partida, murió.
Yo creo que fue uno de los mejores escaladores
que hubo en ese momento, lejos. Estaban
él y Sebastián de la Cruz.
¿Que tan vinculado estabas al CABA?
En los últimos años no mucho.
Estuve muy vinculado entre los años
’82 y ’88. Fui el último
socio en ser aceptado antes de un período
de siete años en los que no aceptaron
más gente. Hubo un conflicto interno,
Y en la misma reunión de comisión
donde se decidió no tomar más
gente, me incorporaron a mí.
Con Eduardo habíamos estado juntos
en varios cursos de hielo entre el ‘82
y el ’88 en que falleció.
PROFESIONALISMO
Cuando fuiste al Everest, ya te habías
ido a vivir a Estados Unidos. Cuando uno
hace una cumbre solo, pero con la bandera
argentina... ¿Cuándo una expedición
es argentina o no? Cuando un argentino se
suma a una expedición de extranjeros...
Por ejemplo la expedición al Shisha
Pagma, yo creo que fue una de las últimas
expediciones Argentinas que hubo. Y las
dos anteriores al Daulaghiri y al Makalu,
pero mucho más no.
¿Qué siente el montañista
que hace cumbre, y acá dicen “La
Argentina puso..., o llegamos o tenemos
tal cumbre”, y en realidad puede pensar
"Es mérito mío. La Secretaria
de Deportes no me dio un peso!"
De la Secretaria de Deportes lo único
que conseguí antes de ir al Everest
fue que le dieran carácter de interés
nacional. DESPUÉS al volver me dieron
una palmada en la espalda, y pusieron mi
foto en la tapa de una revista de la Secretaría
de Deportes. Les pedí apoyo, y me
dijeron "No tenemos plata". Volvi
a pedir patrocinio un par de veces más,
y me dieron u$s5.000 para una expedición.
Había pedido la plata al final del
‘95, y me llegó en el ‘97,
tres expediciones después.
¿A veces es más importante
un buen sponsor privado? ¿Trabajar
con sponsors crea mucha presión?
Son imprescindibles?
Son importantes. Yo trato de cuidar mucho
a los sponsors.
¿Tu profesión hoy es de guía,
de fotógrafo , de montañista,
de camarógrafo?
Yo soy montañista y camarógrafo.
Oficialmente no he guiado demasiado, pero
sí estuve con gente en expediciones
a las cuales asisto. No me gusta decir “guío”
porque no me interesa que una persona llegue
a una montaña porque yo la llevo,
sino porque yo la ayudo. En Estados Unidos
lo llaman “Coach”. Yo trato
de que la persona que viene, haga su propio
esfuerzo por llegar a la cumbre; sino no
le sirve. Guiar no es algo que a mi me interese
en lo personal, o que me atraiga demasiado,
lo hago por una cuestión económica,
simplemente.
¿Llevar tus cámaras, te agrega
una complicación en la alta montaña?
Yo no puedo ir a las montañas sin
mis cámaras.
Me acuerdo que contabas que le pusiste una
rosca a la piqueta, para usarla como mono-pie…
Una vez sí, después no funcionó.
¿No tenés que estar sácandote
los guantes, adelantándote o retrocediendo
para sacar fotos?
Sí, sobre todo cuando estoy contratado.
En general busco las mejores formas de obtener
imágenes o filmaciones. Sin la cámara
no vale la pena estar, y siempre fue así.
Yo ya tomo fotografías desde que
tengo 8 ó 9 años, y el escalar
vino después. Siempre tengo una cámara
en la mano.
ESTADOS
UNIDOS
Vos te fuiste a Estados Unidos por tu profesión
de agrónomo...
Sí y no . En realidad estaba podrido
de la Argentina. Al partir dije que no volveria.
¿En qué año?
En el ‘88.
¿Que estaba pasando, que te estaba
pudriendo?
Todo. Además, siempre me quise dedicar
a los deportes, siempre lo dije, siempre
lo sentí. Y a deportes no convencionales.
Sentía que en otros países
había más oportunidades para
lograrlo que acá. En un momento estaba
queriendo hacer automovilismo, pero no tuve
la plata.
Yo te escuché contar que tu jefe
se iba a la montaña, vos lo mirabas,
y un día decidiste renunciar e irte
vos.
Yo trabajaba en un rancho cuidando caballos,
entrenando, amansando potros, criando yeguas;
ya en parte había dejado de escalar
después de la muerte de Eduardo.
Es como que había perdido las ganas
de andar. En una ocasión vi a mi
jefe cargar los esquíes en su camioneta,
mientras yo me quedaba a trabajar de cinco
de la mañana a once de la noche.
Ahí dije “Esto no es lo que
yo quiero. Está pasando el tiempo
y esto no me gusta.” No me gustaba
para nada la falta de libertad, a pesar
de estar afuera en un rancho de 400 hectáreas,
no salía mucho de ahí. Estaba
como “encerrado - afuera”.
¿Y te fuiste a Yosemite?
Sí, estuve allí cinco meses,
viviendo en la camioneta y en las paredes.
Y ahí te vinculaste con escaladores
importantes...
Sí. Ya conocía a varias personas,
con las que estaba enseñando a escalar
en la Universidad de Berkeley, California.
Había trabajado en ese rancho sólo
tres o cuatro meses, porque necesitaba algo
más de plata, ya que enseñando
no ganaba suficiente. Eso fue en el ’93,
entre mayo y agosto.
Uno de los instructores con los que trabajaba
me invitó, escalamos un par de semanas
juntos en Yosemite, y decidí quedarme
ahí. No tenía trabajo, no
tenía casa, con lo cual fue muy sencilla
la decisión: “Aquí me
quedo; esto es lo que quiero!”
¿Ya había pasado el furor
de Yosemite, cuando despega el free-climbing,
Jim Bridwell, y esa época?
Bridwell ya había pasado; empezaba
justo Hans Florine.
¿Qué se estaba haciendo en
ese momento?
Se empezaban a hacer las escaladas rápidas.
Empezaron a subir las paredes en 10 ó
15 horas. Bridwell ya había hecho
El Capitán en un día (21/06/75),
y estaban tratando de romper ese record.
¿Y entonces fue que se te empezaron
a dar más posibilidades?
En esos días me invitaron a ir al
Cholatse, que está en Nepal, cerca
del Everest, y mide 6.540 metros.
CHOLATSE
Y te fuiste a Nepal…
Y lo terminé escalando en solitario.
Antes de partir un par de personas habían
dicho que estaba loco, que es una de las
montañas más difíciles
en la región del Everest.
¿Por qué lo hiciste en solitario?
Me enfermé y me tuve que quedar en
el campo base para recuperarme. Pasaban
los días mientras el resto del grupo
ascendía. El permiso se vencía
y nos teníamos que ir. Al recuperarme
me dije: “¡Yo no voy a volver
a Estados Unidos sin llegar a la cumbre!”.
Dejé un par de notas en la carpa:
una liberando de toda responsabilidad a
mis compañeros, diciendo que si me
pasaba algo nadie tenía nada que
ver. La otra diciéndoles que si no
volvía en tres días, se fueran;
que no me fueran a buscar.
Notas drásticas.
Realistas. Yo sentía que era a todo
o nada. Y sentía que estaba escalando
muy bien en esa época.
¿Qué edad tenias?
31.
EVEREST.
Lograr ir.
Después volviste a Estados Unidos…
Volví a Estados Unidos, pero antes
de volver, estando en Nepal comencé
a averiguar por permisos y equipos que fueran
al Everest. En ese momento había
una lista de espera de ocho años
para subirlo. Sólo entregaban un
permiso por año, para un equipo,
por cada ruta. Por eso al llegar a Estados
Unidos comencé a buscar grupos que
tuvieran el permiso ya comprado, y conseguí
dos: uno para la cara norte y otro para
el collado sur.
Que es el que hiciste...
Sí. A la cara norte iba a ir con
Anatoly Bukreev, con quien nos hicimos amigos,
y murió en el ‘97 en el Annapurna.
Era una expedición comercial por
lo cual no me interesaba demasiado. También
me gustó más el grupo que
estaba para ir por el Collado Sur, y la
idea de volver a Nepal. Gasté u$s
25.000 más de los que hubiera gastado
en la cara norte.
¿Por qué esa diferencia de
precio?
Por la Cara Norte había negociado
que podía asistir como guía,
por eso me cobraban menos, también
el costo es mucho menor por ese lado. Por
el sur salía u$s 10.000 por persona
el permiso, habían estafado a la
expedición con lo cual la premisa
era compartir un recargo de u$s 10.000 más.
Tres días antes de salir me llaman
para decir que no había salido mi
permiso, pero que había una opción
de comprar un espacio a Rob Hall, pero con
un costo adicional de u$s 5.000. No dudé
ya que estaba en el juego y no quería
echarme atrás. Finalmente fui con
el permiso de Rob Hall, pero integrando
otro grupo, realmente un grupo muy bueno
a nivel humano; buenísimo.
¿Americanos?
Sí. Nueve personas de Estados Unidos
y yo el único de Argentina .Me endeudé
por u$s50.000 dólares. Empecé
a sacar plata de todos lados, conseguí
apoyo de Liberty y Quilmes por u$s 5.000,
promesas de otras dos o tres empresas que
si llegaba a la cumbre me apoyaban; Kodak
fue una. Pensé: “Si llego,
puedo pagar la deuda más o menos
rápido.”
¿Eso es una presión en la
montaña?
Lo económico sí.
Pero, una vez que llego a la montaña
me olvido de todo ese tema. Es lo mejor
para mí. No pienso en cuentas ni
en dinero. Cuando estoy escalando, escalo.
Lo que sí me preocupa es mi familia,
mantenerlos al tanto. En aquel momento sólo
teníamos un teléfono satelital,
que era de otra expedición. Mandábamos
un fax por semana a Estados Unidos, y de
ahí se enviaban a todas las demás
familias de los integrantes. Era la única
forma de mantenernos comunicados regularmente.
Eso ahora cambió.
Ya en el ‘96 cambió. Por eso
el accidente del ‘96 tuvo tanta difusión.
Ya había dos o tres teléfonos
satelitales y comenzaron los primeros despachos
de internet.
EL
ASCENSO
Tardamos 35 días, contratamos nueve
sherpas de altura. Yo en principio subía
sin oxígeno mientras el grupo lo
usaba. Al llegar a la montaña empecé
con un edema pulmonar. Contraje una bronquitis
en Estados Unidos antes de salir, que fue
empeorando. Al llegar al campo base, tuve
que bajar una semana a la villa Namche Bazar,
que está a 3.800 m. Estuve ahí
en la casa de un sherpa descansando, recuperándome.
Al volver a la montaña ya el resto
del equipo estaba arriba, llegando al campo
dos. Entonces me moví básicamente
solo. Fui al campamento 1, donde estuve
solo dos noches, aclimatándome. Después
fui al campamento 2 donde me encontré
con otra persona, regresamos juntos al campo
base y nos acoplamos al resto del grupo
para el acecho final.
Normalmente lo que se hace es subir desde
el campo base al C 1. Y se regresa al campo
base. Al día siguiente se descansan
dos días. Se vuelve a subir al C
1, y después al C 2. La gente se
queda en el C 2 durante tres o cuatro noches,
y regresa al base para descansar, donde
se permanece desde dos o tres noches, hasta
una semana a veces. Luego viene el acecho
final, yendo al Campo 2 directamente en
un día, Campo 3, Campo 4 y cumbre.
Al estar demorado, lo que yo hice fue pasar
dos noches en el C 1, dos noches en el C
2, volví al Campo Base, pasé
una noche ahí y salí con la
segunda parte del equipo, ya que nos dividimos
en dos subgrupos, para no ser un grupo tan
grande de veinte personas. Era logísticamente
más fácil llevar menos carpas
al Campo 4. El primer grupo salió
el día anterior. Preferí aclimatarme
un poco más y subir con el segundo
grupo. Conmigo quedaron dos personas que
a nivel técnico eran un desastre,
pero a nivel humano grandiosos. Lo que hice
fue potenciar eso, apoyarme en lo humano.
Yo cuando estoy bien con una persona puedo
hacer lo que sea, y más que nada
era para mí muy importante ayudarlos
a ellos. También llegar a la cumbre
yo, pero ayudarlos a ellos. En un momento
dado, dos de ellos colapsaron, yendo del
campamento 3 al 4, directamente no les daba
el cuero, no llegaban. Tras llegar yo al
Campo 4 a las dos de la tarde, comencé
a escuchar llamadas de radio pidiendo auxilio.
No dudé un segundo y bajé.
¿Eran ellos?
Eran ellos diciendo que no podían
seguir, que se habían quedado sin
oxígeno. Estaban en lo que se llama
el espolón de Ginebra. Bajé
en quince minutos y me llevó dos
horas subir a uno hasta el C 4, que era
lo más cercano, y volver a bajar.
En condiciones normales subíamos
en media hora al C 4 desde ahi, donde ya
teníamos carpas, comida, todo.
¿Buscaste a uno y después
buscaste al otro?
Sí, por suerte el tercero estaba
en mejores condiciones, y subió con
la asistencia de un sherpa.
¿Todos esos días te moviste
solo y sin sherpas?
Sí.
Cargando con una mochila de..?
20-25 kg. Mi equipo de escalada, de filmación
y algo de comida. Ya estaban equipados los
campamentos, ya que esa es la función
de los sherpa más que nada: ir equipando
los campamentos. Creo que en estas expediciones
es difícil decir que no has tenido
el apoyo de los sherpas, porque de una forma
u otra hacen mucho del trabajo. Fijan cuerdas,
liberando a las expediciones de eso, o colocan
las carpas. Hay mucha gente que dice hacer
ascensos en solitario en el Everest, o sin
el apoyo de los sherpas, cosa que no es
real. Solitarios propiamente dichos, son
los que se hacen cuando no hay nadie en
la montaña. Decir que se asciende
“sin apoyo de sherpas”, y utilizar
la cuerda que otro fijó en la montaña,
implica que ya hay apoyo, y muy importante.
CONGELAMIENTOS
Entonces estabas en el Campo 4 ...
Sí. Ahí llegué finalmente
a las diez de la noche con el último
de mis compañeros, y ahí fue
donde sufrí congelamientos severos
de los pies. Había pasado varias
horas sin abrigo, sin arnés, sin
crampones. Con el apuro, al salir de la
carpa corriendo a ayudar, lo hice desabrigado
y terminé con los congelamientos.
Esa noche decidimos bajar todos al día
siguiente, con el otro subgrupo que había
hecho un intento de cumbre, pero decidieron
bajar desde la cumbre sur. Había
muchas avalanchas. Estaban subiendo junto
con el grupo de Rob Hall ese día,
pero muy lentos. En el C 4 nos encontramos
los ocho, con seis sherpas, en dos carpas.
Dormimos o tratamos de hacerlo, ocho personas
en una carpa para cuatro personas.
Yo sólo pude sentarme entre la carpa
y el vestíbulo (ábside).
¿Ahí hacía más
frío?
Sí. Pero cuando salió uno
para ir al baño logré meterme
adentro, sentado con las piernas totalmente
dobladas. A las siete de la mañana
empezamos a salir de las carpas y bajar.
Pero ya tres de los intergantes estaban
en muy malas condiciones. Nos llevó
un día muy largo bajar al Campo 2,
y otro día más difícil
aún bajar hasta el Campo Base.
¿Hasta ahí no usaste oxígeno
envasado?
No. Lo usé después en el segundo
ascenso, en el otro intento, que fue cuando
llegué a la cumbre.
Entonces habían bajado todos al campamento
base...
Ahí en el Base estuvimos todos. Pasmos
dos noches, rehidratándonos y asistiendo
a los que necesitaban ser evacuados. Habíamos
hecho un inventario de las cosas arriba,
por lo cual solo podíamos subir nada
más que seis de nosotros: Brad Bull,
cuatro sherpas y yo. Los demás sherpas
subirían para bajar las cosas y limpiar
la montaña. Evacuamos del Campo Base
a dos de los integrantes. Ambos en muy mal
estado, uno estaba casi inconsciente.
SEGUNDO
INTENTO
¿De vuelta a subir entonces?
Ahí decidí, por el estado
en que estaban mis pies... usar oxígeno:
“O uso oxígeno, o pierdo algunos
dedos”.
¿Qué aspecto tenían
tus pies?
Estaban totalmente azules, duros; totalmente
hinchados los pulgares, los pies. Tenía
ocho dedos congelados.
¿No te asustaste?
Sí, pero poco me importó.
No sentía los pies, ya esa noche
no sentía los dedos.
¿Y por qué no te importaba?
Pensé: “Prefiero hacer el intento
a la cumbre aunque sea con oxígeno.
Después veré.
En todo caso vuelvo en otra ocasión
y lo hago sin oxígeno.” No
me gusta usar oxígeno, pero si se
trata de salvar algunos dedos... no hay
duda.!
En ese caso tenía una deuda de u$s
50.000, que sin llegar a la cumbre sería
muy difícil de pagar. Entonces decidí
aprovechar el oxígeno que estaba
arriba.
¿En qué campamento?
El cuarto. Dormí con oxígeno
en muy bajo flujo, y también al día
siguiente para efectuar el ascenso.
¿Y eso te descongela los pies?
Lo que hace el oxígeno es aumentar
la temperatura corporal, reduce la viscosidad
de la sangre que se hace muy pesada a medida
que se gana altura. El problema del congelamiento
no es tanto el frío sino la circulación.
Al sentir frío en el cuerpo, el corazón
deja de bombear, habiendo en las falanges
vasos muy finitos, llega menos sangre. Al
usar oxígeno, este hace que aumente
la temperatura corporal, y el corazón
sigue bombeando mejor, y así irriga
mas eficiente los dedos.
¿Recuperaste la sensibilidad en los
pies?
Estando en la cumbre no, no sentí
los dedos. Volví con dos dedos negros,
los pulgares, y perdí las uñas.
A las pocas semanas se fueron recuperando.
Lo que pensé estando en la cumbre
fue: “Prefiero dejarlos congelados
mientras sepa que van a seguir estando fríos”.
Al llegar al Campo 4 los traté, y
bajamos a la mañana siguiente.
CUMBRE
Llegamos muy temprano a la cumbre, a las
07:45 hs.
¿Con quién más?
Con Apa Sherpa (en el ‘95 llegó
por 7ª vez, en ‘2005 lo hizo
por 15ª vez), con Brad Bull, Arita
Sherpa, hermano de Apa y Nima Rita Sherpa,
vecino de la villa de Thame. El 15 de mayo
de 1995.
¿Buen tiempo?
En ese momento sí. Después,
a la hora y media se pudrió todo.
Ya en el descenso nos agarró una
tormenta; llegamos al Campo 4 con la cumbre
cubierta. Llegamos a ese campamento en tres
horas desde la cumbre, bajamos muy rápido.
El ascenso fue grandioso! Ya nos conocíamos
bastante bien entre Brad y los sherpa. Había
habido muy mal tiempo en los días
previos, había mucha nieve fresca
que superaba nuestras rodillas. Lo que hacíamos
era, y sin discutirlo demasiado previamente,
mantener una distancia pareja entre uno
y otro, el primero abriendo huella; al cansarse
se echaba a un costado, y el segundo seguía
abriendo huella. De esta manera solo paramos
dos veces, una en el balcón y otra
en la cumbre sur. Tomamos té caliente,
un poco de agua pero las dos veces paramos
solo durante quince minutos.
¿Y en la cumbre, sensaciones? Uno
llega destruido en cierta forma...
Sí. Bueno, no habíamos dormido
nada. Yo fui a dormir a las cuatro de la
tarde y a las nueve de la noche nos estábamos
levantando.
Te digo que realmente los momentos previos
era como si no acabara más. Los primeros
quince minutos nos costaron muchísimo.
Estaba muy frío, los pies entumecidos,
no me había podido dormir en toda
la noche, y me costó mucho arrancar.
¿Y en la cumbre cómo te sentíste?
Aliviado en gran parte. Sigue siendo difícil
describirlo exactamente, porque uno puede
sentir la meta lograda, pero la meta es
relativa porque tenés que volver
a casa. La meta está en el Campo
Base.
Estuvimos cuarenta y cinco minutos en la
cumbre. Me quería quedar más
pero se venia el mal clima. Veíamos
como se venían las nubes debajo nuestro.
En la cumbre al principio bien, tomando
fotos, filmando. Brad tomó la radio
y empezamos a hablar al Campamento Base.
El momento que nunca voy a olvidar es cuando,
primero nos juntamos Brad y yo. Yo venía
filmando, entonces fui el ante-último
en llegar a la cumbre, y lo veo a Brad con
la radio en la mano. Pensé: “Éste
ya les avisó”. Pero no lo había
hecho; estaba esperando a que llegáramos
todos. Al llegar lo miro, tiro la mochila
en la cumbre, y nos dimos un gran abrazo.
Juntos pegamos un grito, sin haber pensado
qué decir, por la radio: “¡We
are on the fucking summit!” Y ahí
bueno, un griterio! Por la radio se escuchó
un verdadero griterío de todos lados.
Había varios que estaban en una villa
a 10 km con los evacuados, que escucharon
la conversación.
Y ustedes en la cumbre...
Si, y ahí, en un momento Brad, que
estaba con su padre...
¿Cómo que estaba con su padre?
El padre de Brad estaba en el equipo. Sherm
Bull y Brad Bull son padre e hijo: en el
‘93 intentaron hacer cumbre por primera
vez, no llegaron. En el ‘95 Brad y
yo llegamos a la cumbre, y después
llegaron ellos dos en el ‘2001, junto
con Eric Weihenmeier, el ciego. La mayoría
de los compañeros del ciego eran
integrantes del grupo mío del ‘95.
En ese momento que estábamos en la
cumbre Brad agarra y le dice por la radio
al padre: “l love you, Dad!”
y se largó a llorar. Ahí empezamos
a desahogarnos todos. Los sherpas incluso.
Con Brad, con la mayoría del grupo
y con los sherpas seguimos en contacto aún
hoy. Paré en casa de Apa en el ‘2002.
También en la casa Bemba Nurbu, otro
sherpa que estuvo con nosotros en la cumbre.
Son como hermanos para mí.
VOLVER
A LOS HIMALAYAS
¿Cuántas veces volviste?
Volví dos veces más al Everest,
en el ‘98, donde filmé a Tom
Whittaker, un tipo Gales al que le falta
un pie, contratado por la CBS para hacer
un documental de una hora.
¿Y llegaste a la cumbre?
No, llegamos a la cumbre sur; a la semana
siguiente llegué a la cumbre del
Lhotse. Se publicó un artículo...
Sí, que había mucha gente
para subir a la cumbre del Everest...
Sí, un despelote de gente. Cincuenta
y siete personas subiendo.
¿Esto fue cuando tuviste la caída
importante?
Sí.
Y que habías ido con un encargue
de la mujer de un fallecido...
De Scott Fisher. Eso fue al bajar del intento
de cumbre del Everest.
¿Y el encargue, cuál era?
Buscar la alianza, un saco que tenia Scott
con cosas en el cuello, el reloj, una pulsera
que tenia con oraciones budistas. No pude
rescatar el reloj porque estaba el brazo
debajo de su cuerpo. Saqué sí
la pulsera y otras cosas más.
¿Y después tuviste la caída?
Al dejar el cuerpo tuve la caída.
¡Casi 150 metros!
¿Estabas solo?
En ese momento sí. Había más
gente alrededor, que al caer casi los llevo
puestos. Y fueron los que me contrataron
para filmar el año siguiente.
¿Cómo?
Al caer pasé volando al lado de dos
personas que se tuvieron que correr para
que yo no los golpeara. Estaba rodando directamente
por el hielo, pegando mi frente y mi espalda
una y otra vez. Al principio traté
de frenar con la piqueta, que se me clavó
en la muñeca y me perforó
un tendón. Traté de frenar
con los pies, y ahí empecé
a caer de espaldas, tratando de tomar una
posición para protegerme de los golpes,
tratando de ver a dónde iba, pero
sin poder detenerme, pegando constantemente
contra el hielo.
¿Tenias casco?
No. Ahí perdí los anteojos,
que cortaron toda mi frente, se me rompió
la nariz, y una costilla. El traje de plumas
estaba deshecho, perdí la mochila,
la filmadora, la cámara.
¿Las perdiste definitivamente?
No, encontré casi todo. Lo que no
encontré fueron la piqueta, los anteojos
y un par de cosas más.
¿Por qué te caíste?
Scott está apoyado en una pequeña
terraza de roca. Estuve como una hora hurgando
el cuerpo, sacando las cosas. Al dejar el
cuerpo tenía que bajar de esta terraza,
contra la que se había acumulado
hielo. Lo que hice, fue tantear con un pie
si el hielo estaba duro y resistía.
En el momento en que cargué el peso
de todo mi cuerpo, mi pie se metió
en el hielo, perdí el equilibrio
y empecé a rodar. Tenía casi
un metro de diferencia entre la pendiente
y la terraza. Ahí me fui para abajo.
Los sherpas lo atribuyen...
A que fui empujado por los dioses que protegían
el cuerpo sin vida. Ahí tuve problemas
con los sherpa. No querían escalar
conmigo. Creían que los dioses me
iban a matar, y aquellos que estuvieran
cerca mío.
Esa noche dormí en otra carpa, con
un inglés de otra expedicion.
¿Vos estabas con la costilla rota?
Sí. Bajé hasta el Campo 2.
Después, descendí hasta la
villa de Namche para ser bendecido o purificado
por un lama, a pedido de los sherpa. Para
evitar conflictos, decidí abrirme
de este grupo. Justo Brad Bull estaba en
la montaña, y otro amigo de Colorado.
Yo ya tenía el permiso para ascender
el Lhotse, y fuimos juntos los tres. Hicimos
cumbre el 27 de mayo del ‘98, a las
09.30 de la mañana. El ascenso lo
hicimos los tres solos, sin cuerda.
¿Por qué?
Estábamos metidos en una canaleta
que tendría 400 m, Al subir con cuerda
hubiéramos ido muy despacio. Teníamos
que fijar cuerda, la nieve no estaba bien
consolidada; muy floja, no era hielo, no
era nieve, mucha roca suelta. Por todo esto
era más seguro avanzar rápido,
y era un poco como cuando ascendí
al Cholatse: todo o nada. O sea, con la
filosofia de que al hacer algo, hay que
dar todo de uno, sino es preferible no hacerlo.
Y en eso coincidimos los tres.
El ascenso lo hicimos muy bien, muy rápido,
el descenso fue muy empinado, muy expuesto.
La cara del Lhotse tiene un ángulo
de 60, 70, a veces 80 grados.
¿Tampoco se encordaron?
No. Yo me había caído una
semana antes en una pendiente menos inclinada,
por lo cual el descenso fue tenso, muy tenso,
pero bien: lo hicimos en una hora y media
hasta el Campo 4. Ahí desmontamos
todo, la carpa...
¿Es el mismo Campo 4 del Everest?
No. Un par de horas antes de llegar al Campo
4 del Everest te desviás. Comparten
un 60% de la ruta, hasta los 7.800 m. Se
sube al Everest por la cara del Lhotse y
después se sigue por el espolón
de Ginebra.
¿Y tu tercer visita?
Año 1999, fui con dos suecos que
me contrataron para filmarlos a ellos y
Babu Chiri, que quería pasar 21 horas
en la cumbre sin oxígeno, y lo logró.
No congeniamos con los suecos, por lo que
decidí partir mientras el resto del
grupo siguió con su ascenso hasta
la cumbre. Nada fácil de hacer, pero
en ese momento me pareció lo correcto.
¿Esos fueron tus tres viajes al Himalaya?
Al Everest. A Nepal fui otras tres veces
más. Al Dhaulagiri en el ‘2002,
filmando. Ahí llegamos a cincuenta
metros de la cumbre. Eso fue el 24 de mayo
de 2002.
¿Filmando para quiénes?
Para una expedición de Estados Unidos.
Robert Link.
¿Después fuiste otras dos
veces?
Sí. Estuve en el K2 y el Broad Peak,
en el año ’99, después
de mi regreso temprano del Everest. Ahí
me integré a un grupo italiano para
el K2, para la ruta de los Abruzos, donde
falleció uno de los integrantes,
entre el campo base y el campo uno. Se canceló
el ascenso del K-2 y yo fui al Broad Peak
donde escalé con Piotr Pustelnik,
un polaco con el que habia intentado los
dos Gasherbrum en el ‘97.
¿Y hasta dónde subieron?
Ahí llegamos hasta el Campo 4 del
Broad Peak, salimos para hacer cumbre, pero
el mal clima y las tormentas lo impidieron.
Entonces regresamos.
Sebastián de la Cruz estuvo en el
K2 en el ‘94.
Por la cara norte.
LLEGAR
A VIEJO
¿Y ahora la familia te cambia la
vida?
Sí. Pero no quiero dejar de escalar.
No puedo, te juro que no puedo.
Habías dicho que después del
accidente bajaste un poco los decibeles...
Lo que siento es que el accidente, la caída,
fue muy positiva. Me estaba yendo muy bien
a nivel montaña. Me arriesgaba, como
en el Cholatse y en el Lhotse, y salían
bien las cosas. Y
hay momentos en que se siente que podés
hacerlo sin problemas. Al pegarme semejante
palazo... estuve demasiado cerca de matarme,
estuve realmente cerca. “¡Acá
me mato!” Varias veces lo pensé
al no poder frenar. Las cosas pasan en un
segundo, y cualquiera puede morir por un
descuido, por mínimo que sea. De
hecho en cinco años murieron catorce
personas con las que escalé: Alex
Lowe, Anatoly Bukreev, Scott Fisher, Rob
Hall... (N. de E: en el Everest, el 10 de
mayo 1996, guiaba a un grupo hasta la cumbre,
se quedó acompañando un cliente
rezagado. Bajando los sorprende una tormenta.
El cliente muere, y él ya no podía
bajar por sus propios medios. El 11 fracasa
un intento de rescate, y ese día
muere).
Entonces es como que se sumaron las cosas.
Donde más me “pegó”
fue después del K2, con la muerte
de esta persona, y nuevamente en el Broad
Peak, donde habíamos estado hablando
con un coreano, que a los pocos minutos
cayó mil metros. Ahí tomé
un año libre, sabático, sintiendo
que era posible que yo fuera el siguiente.
Demasiados amigos habían muerto,
muy buenos escaladores, de muy buen nivel.
Al regresar a las montañas, si voy
a escalar lo tengo que hacer bien, muy bien,
arriesgando pero con mucho cuidado; pues
mi interés es llegar a viejo.
Mi filosofía es que la cumbre no
está en el punto más alto,
sino en casa, y eso lo tengo muy claro.
Tal vez por eso no llegué a la cumbre
del Dhaulagiri, o del Everest la segunda
vez.
Estuve también en el Garshembrun
II en el ‘97...
¿Trabajando?
No, escalando solo. Ahí fui solo
y me encontré con otras expediciones,
el Garshembrum I lo intenté solo.
Llegué al campamento 3 donde tras
una tormenta, el riesgo de avalanchas era
muy alto.
Bajé al Campo 1 y me acoplé
con dos italianos (con los que después
fui al K2). Antes de salir del Campo Base
caí en una grieta, justo donde días
antes había puesto mi carpa. Era
la primera vez que me encordaba en la montaña,
y lo hice con un cordín de 5 mm!
¿Te encordaste para salir de la grieta?
No. Decidimos encordarnos los tres para
ir hacia la cumbre del Garshembrun II.
¿Con un cordín de 5 mm?
Sí, era muy bueno. Nuestra idea era
movernos liviano y rápido. Pero que
irónico, estamos saliendo del Campo
Base, paso por donde había dormido
varios dias... y caigo en una grieta, tremenda
grieta... No se veía el fondo!
¿Te detuvo el cordín?
Sí, quedé colgando con los
pies hacia arriba, sin crampones, que los
tenia en la mochila, y sali con la asistencia
de mis compañeros en pocos minutos.
¿Era una grieta tapada?
Sí.
¡Venías teniendo suerte!
Se sentía como la ruleta rusa de
a ratos.
UN
LUGAR EN EL MUNDO
¿Te vas a seguir quedando en Argentina?
¿Tu lugar de residencia cuál
es?
En los últimos dos años (2004
y 2005) Buenos Aires, pero no sé
cuánto más dure. No puedo,
no me siento bien. Necesito estar en la
montaña, necesito seguir escalando.
¿Con qué te identificás
a esta altura de tu carrera? ¿Dónde
te ubicás, y qué le dirías
a los montañistas argentinos?
Eso es lo difícil de volver a Argentina.
Estando afuera logré profesionalizar
mi pasión, pude vivir de la montaña
y para la montaña. Desde que volví
a Argentina, muchas cosas han cambiado.
Las montañas están demasiado
lejos. Yo creo que en Argentina con el Aconcagua
y la Patagonia tenemos montañas de
nivel internacional; el tema es que no me
quiero quedar acá para eso solamente.
Me apasionan las montañas del Himalaya,
más aún que estar en Yosemite.
¿No pensás ir a vivir allá?
No lo sé. Es algo que no decido yo
solo ahora. Lo que hago hoy es estar basado
en Argentina pero viajando algunos meses
al año. Lo que me atrae de Buenos
Aires es mi familia, mis amigos, es acá
donde tengo las raíces, pero las
satisfacciones a nivel personal y profesional
están afuera, están en las
montañas del Himalaya, están
en la gente del Himalaya también.
Un comentario acerca de los Sherpas.
Desde mi primer viaje en el ‘93 al
‘98 ha habido un abismo en lo que
es Namche Bazar y la región del Everest.
En el ‘93 no había luz, no
había agua corriente, usábamos
las letrinas. Ahora hay baños adentro.
Algunos lugares incluso ofrecen camas con
sábanas. Antes era simplemente bolsa
de dormir, y dormías en la casa misma
de un sherpa; acomodaban sus casas para
que los turistas vivieran ahí. Pero
a nivel humano siguen siendo grandiosos.
OCHOMILES
El Everest, y otras montañas del
Himalaya, al estar tan visitadas y con cuerdas
de abajo hasta arriba, ahora hay montañistas
que prefieren ir a una montaña un
poco más baja pero menos concurrida.
¿Hay algo de eso?
Sí, me pasa un poco. Yo llegué
a la cumbre del Everest en el ‘95
y fui la persona Nº 600 en alcanzarla.
Éramos sólo 80 personas en
toda la montaña. Al año siguiente
sucedió el accidente (11 de mayo
de 1996: ocho muertos en una misma tormenta),
se popularizó muchísimo la
comercializacion de las expediciones. En
el ‘98 éramos 350 personas
subiendo. El año pasado (2003) ya
había 1.200 que habían hecho
cumbre. Es decir, en seis años llegaron
seiscientas personas, cuando desde 1921
a 1995 habíamos sido seiscientas.
Ahí esta el contraste, por ejemplo.
En el momento que yo llegué a la
cumbre era importante hacerlo, hoy ya no.
¿Por qué el objetivo del Everest
en ese momento?
El Everest para mí tenía varias
cosas: una era que me atrapó siempre,
era algo importante para en lo personal.
Al escuchar que no había argentinos
en la cumbre, lo quería hacer como
argentino además, una forma de aportar
ese grano de arena. A Argentina, a pesar
de haber dicho en el ‘88 que no volvería
más, mientras viví en el exterior
la valoré cada vez más. Valoro
mi familia, la calidez de la gente; es mi
hogar, es nuestro hogar, el tuyo también.
Mi madre es sueca y ella no volvería
a Suecia. También tengo varios parientes
extranjeros en la familia, que no volverían
a sus países de origen.
Entonces si el Everest deja de ser una meta
deportiva...
Para mí el Everest fue otra cosa:
era un trampolín para poder seguir
escalando otras montañas. Mi objetivo
fue y sigue siendo, escalar los catorce
ocho miles. No me concentré en las
siete cumbres más altas (de cada
continente) pero pensé en hacerlas.
Ya tengo el Everest, el Lhotse, e intenté
otros seis: Garshembrum I y II, K2, Broad
Peak, Dhaulagiri...
¿Entonces tenés el proyecto
de intentar las otras doce?
Sí, sí. El Dhaulagiri fue
una expedición que disfruté
muchísimo, ya que no había
otras expediciones en la montaña.
Fue una expedición comercial, pero
mantuvimos el espíritu de aventura.
Mientras que hoy en el Everest se sirve
todo en bandeja, y como en el Aconcagua,
hay demasiada gente. Otra cosa que me gustaría
muchísimo es ir a la Antártida.
Estoy buscando un proyecto que sea diferente;
que no se haya hecho antes, cosas inexploradas.
LA
FAMILIA
Ahora con un hijo vas a escalar distinto
aunque no quieras.
A mí ya me cambio la vida Victoria.
¿Es escaladora?
No. Hace tres años que estamos juntos.
Pero los montañistas dicen que les
cambia la cabeza...
Lo he hablado con varios amigos, y sí.
Pero tengo otros, Alex Lowe por ejemplo,
que tenía tres hijos. Yo siento que
no soy feliz acá sin ir a las montañas.
En la montaña estoy bien, soy yo
mismo, soy quien sé que soy. Necesito
darle eso a mi mujer y a mi hijo. No puedo
estar con mala cara y amargado todo el tiempo
al no hacer lo que me gusta y necesito hacer.
No me serviría ni a mí ni
a ellos. Por eso siento que tengo que seguir
escalando. Si ella me quiere acompañar,
fenómeno; y si no lo seguiré
haciendo solo. Iré y volveré;
porque la idea, era antes y más aún
hoy, volver. O sea, mi cumbre no está
en la parte más alta de la montaña,
sino en la vuelta al hogar, con mi niño
y mi mujer.
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