MORENO
NORTE,. una
aproximación
Por
Gustavo Daniel Damonte
La cumbre norte del Cordón Mariano
Moreno tiene la particularidad de ser el
punto más alto y central del Hielo
Continental. Desde su cumbre, seguramente,
en un día claro, ha de verse muy
lejos. Tal experiencia nos fue negada por
segunda vez.
Con Carlos Montagut y Sergio Silva dejamos
por última vez la playa de la cabecera
norte del lago Eléctrico el 13 de
enero (de 2004), después de varios
penosos porteos por el glaciar Marconi llevando
comida y equipos hasta el “Vivac Serac”,
en medio muchas veces de un clima ensañado
y hostil.
Finalmente en el vivac, con parte del equipo
dañado y mojadas nuestras bolsas
de dormir, esperamos que el clima mejore
sólo un poco para poder desarmar
la carpa y avanzar por el Paso Marconi hacia
el oeste. Pero los días se sucedían
sin cambios; solamente el optimismo entusiasta
de Carlos y la inteligencia práctica
de Sergio hacen salvables en ese momento
y luego durante todo el viaje las múltiples
situaciones miserables que atravesamos.
El tiempo no mejora y el 16 de enero avanzamos
igual hacia el oeste que más allá
del Paso es sólo nubes espesas.
Atravesamos el Paso Marconi viendo esporádicamente
al Cordón Gaea envuelto en nieblas.
El Paso Moreno, el Cordón Mariano
Moreno, el Koliquer y el Cordón Pío
XI, se ocultan tras las nubes. Armamos una
muralla con bloques de hielo y acampamos
en el límite entre el día
y la noche.
El día después, el 17 de enero
cuando nos despertamos, no podíamos
salir de nuestro asombro: el clima ha mejorado
de modo tal que no hay nubes hacia ningún
punto que miremos. Nada nos ocultan las
nubes que ya no están y nos embarga
la alegría de un amor por esta región
solitaria, que si se midiera como el espacio
sería tan vasto como los montes y
campos de hielo que se extienden ante nosotros.
Ese día parecería que se nos
promete la experiencia plena de vivir a
través de una expedición de
montaña un viaje feliz de descubrimientos.
Desarmamos el campamento lo más rápido
posible, armamos nuestros trineos y avanzamos.
Carlos y Sergio van con raquetas de fabricación
casera y yo con esquíes de travesía.
Ahora debo aconsejar a quienes intenten
algo similar que para una progresión
rápida sobre grandes extensiones
del Hielo Continental los esquíes
de travesía son inmejorables aunque
sean un gran estorbo cargarlos hasta los
campos del Hielo.
El día 17 de enero después
de avanzar no todo lo que hubiéramos
deseado hacia el Paso Moreno, acampamos
al atardecer y nos parece por instantes
que algunos montes son como islas muy lejanas
en un mar quieto, por el que nos desplazamos
arrastrando nuestros trineos.
Ese día fue el último de clima
benévolo; luego se sucedieron una
serie de tormentas, o una sola gran tormenta
(no lo sabría distinguir), que abarcó
catorce días... de los cuales once
fueron especialmente duros ya que no hubo
tregua con la caída de nieve y viento
blanco que padecimos en los campamentos
y progresiones limitadas que hicimos. En
esos días, una vez fuimos vencidos
por el cansancio y nos quedamos dormidos
en los turnos que hacíamos para destapar
la carpa de la nieve que se acumulaba cada
vez con más rapidez y fuimos tapados
por completo. Otra situación de cuidado
para quienes deseen ir por allí son
las grietas que hay en las cercanías
del Paso Moreno y en el Paso mismo. Estas
grietas en forma de A son difíciles
de descubrir cuando hay nubes sobre el Paso,
y la luz vaga confunde la visión
de la superficie del hielo y hacen de este
lugar, bajo estas condiciones, que los tenues
puentes de nieves no se puedan distinguir
con claridad. Por experiencia propia aconsejo
encordarse a quienes se aventuren por allí,
cambiar los esquíes por grampones
y alargar la distancia de arrastre de los
trineos. Desde el Paso Moreno por breves
momentos vimos la ruta posible a seguir
si hubiésemos ascendido.
Decidimos que el 1º de febrero sería
nuestra fecha límite de permanencia
si el clima no mejoraba; pero si había
una mejora indudable, podíamos posponer
nuestra partida por otros tres días
que era el tiempo máximo probable
para ir desde el Paso Moreno a la cumbre
y volver, con un generoso margen de tiempo
por si había complicaciones de cualquier
tipo, dada las dimensiones de esta montaña.
El 31 de enero sólo nos ofrece dudas.
Aparecen algunas brechas de cielo celeste
sobre el Paso, luego se descubre el cielo
por completo, vemos el cordón del
Fitz Roy y del Torre aunque nuestra montaña
no ha descubierto totalmente su velo de
nubes. El Koliquer se devela como recién
creado enfrente nuestro, y el Pirámide,
lejano y hermoso, se luce bajo el sol.
Por la noche el clima empeora y nuestras
esperanzas oscilan por la ansiedad de saber
en dónde estaremos los próximos
días. Esa noche de espera nos quita
el sueño hasta muy tarde y la charla
con los amigos va desde temas de filosofía
de la Historia a comentarios sobre la enésima
vez que se rompieron las raquetas y sobre
el raro sentido del humor de Dios que es
tan difícil de comprender.
A las 4 a.m. Nos levantamos con el cielo
estrellado sobre nosotros. El Paso algo
cubierto de niebla pero el Moreno libre
de nubes. Desayunamos copiosamente y preparamos
lo que llevaremos para un vivac sobre el
Moreno. A las 6 a.m. todo está cubierto
nuevamente; sopla viento y hace mucho frío.
Decidimos esperar hasta las 9.00 hs. pero
el clima parece que sólo va a empeorar,
por lo que hastiados de tantos días
penosos decidimos desarmar el campamento
y volver.
Volvemos con un clima dudoso; renunciamos
a seguir esperando y a mitad de camino la
ambigüedad climática se esfuma.
Sí, es un día claro sin viento
y el Paso Marconi está ya cerca.
El Cordón Mariano Moreno está
despejado y en el Paso Moreno ya no hay
nubes. El sol alto y fuerte se potencia
en la nieve que quema nuestra mirada. La
promesa de plenitud vuelve a nosotros, pero
mientras nos vamos nos desgarra la mente
y el corazón.
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