Viaje a las Torres del Paine

Un día estas soñando con montañas, con largos de roca perfecta, paisajes de formaciones increíbles de hielo y granito, cielos infinitos que llegan más allá de donde podes imaginar…. Y de repente estás apenas sostenido por la palma de tus manos y la suela de tus zapatillas en la Torre Central del Paine!... Los sueños no están tan lejos de la realidad si se sueña fuerte!

Más o menos de este modo comenzó nuestro viaje a las Torres del Paine, en el país hermanos de Chile. Soñando, deseando algo con muchas ganas. Pero como no solo de soñar y esperar que sucedan las cosas se trata la vida, nos pusimos en movimiento.
Pablo Artigue, Martín López Abad y yo, Fede Ruffini, organizamos la movida, delineamos la logística y fijamos objetivo. La idea era ir al Parque Nacional Torres del Paine a escalar todo lo que se pueda. En estos lugares te da un poco de “cosa” pretender escalar mucho, porque son más frecuentes las historias de los escaladores que se dedican a matar el mal tiempo en los campamentos base, que las historias de los que consiguen esas preciadas horas de buen clima para cumplir sus sueños.

El viaje arrancó en Calafate, ahí tomamos un bus a Puerto Natales donde nos recibirían la familia de un gran amigo, Nestor Fernandez, ex-alumno nuestro y enorme persona, así como su familia.
Nos aprovisionamos con 2 petates de comida, lo suficiente para aguantar los tres durante un mes, y arrancamos rumbo al Parque.
Los trámites y permisos no son una cosa menor dentro del Parque, se llevan un par de horas y algunos trayectos internos en micro, pero nada que sea imposible de salvar con un poco de paciencia y buena predisposición.
Con el papeleo resuelto, iniciamos la marcha a lo que sería nuestro campamento base durante el tiempo que estuviésemos allá, Campamento Japonés.

¿Viste los campamentos atestados de personas y en medio de los senderos a miradores populosos? Olvidate de todo eso. Campamento Japonés está en un bosque solitario, tranquilo, silencioso, solo perturbado por las ráfagas de fuertes vientos que golpean las copas de los árboles. Un helado río pasa a apenas unos metros del campamento brindando una fuente de agua limpia y fresca.
Esta sería nuestra casa por los próximos 30 días, “Camp Nylon”, como lo bautizamos por algunos plásticos y troncos que oficiaban de reparo para pasar las largas horas de lluvia. Y como no hay casa sin vecinos, nuestros nuevos vecinos serían una cordada de Vascos, de una escuela en la cual si no hay por donde progresar en la pared, ellos progresan igual….. a fuerza de artilugios de buen artificial, paciencia y dedicación. Una cordada de locales, autodenominados la cordada “Newen”, unos locos lindos que acababan de bajar de la pared con algunos dedos algo “morados por el frío”, pero que ya se estaban recuperando para arremeter nuevamente. Una cordada de Eslovacos, que la jugaban de callados y resultaron ser altos titanes, además de grandes personas. Y finalmente una cordada de un colombiano, Seba, y una clienta Norteamericana, que festejaba sus 60 pirulos regalándose la Torre Norte del Paine, menudo regalo.
Creo que queda claro que la escalada no es solo escalada… eso es lo que me gusta de este deporte, este abanico de gente y vivencias hermosas que te regala la montaña.

Una vez instalados y aprovisionado nuestro campamento base y nuestro campamento avanzado a fuerza de porteos para ponernos en ritmo, no hizo falta esperar demasiado para que la meteorología se ponga de nuestro lado. Una inusual ventana de muy buen clima se posó en el valle, y la muchachada no pudo hacer más que festejar y salir para arriba!!

Arrancamos soñando alto. Cuando estás ahí y el sol brilla querés hacer generala, doble generala y si sale la generala servida también la querés!! Así que encaramos la Torre Norte con los bártulos a cuestas para después seguir por la Central.
La vía que elegimos, era realmente hermosa, “Taller del sol”, algo así como 650m, 6b/+. Imagino que el nombre es algo irónico. El sol no pega en esa pared hasta avanzado el día. Así que el arranque de la escalada fue con apenas algún grado por arriba de cero, pero con el termómetro de las ganas y la motivación muy arriba!!
La vía es hermosa. El granito perfecto. Los largos bien sostenidos y casi a tope de cuerda. Toda esta combinación hace que la escalada se disfrute al máximo, pero que para nosotros al menos sea difícil progresar rápido con las mochilas en la espalda. Así que no nos quedó otra opción que meter un volantazo, y decidir dejar las mochilas colgadas en el tercer relevo y seguir nomás con lo puesto.
Dejábamos atrás, junto con nuestras mochilas, la posibilidad de rapelar por otra cara de la Torre Norte para pensar en linkear con la Torre Central. Pero a veces de eso también se trata la escalada. Tomar decisiones sobre la marcha de lo que creemos mejor en el momento. Y así fue.
Ya sin mochilas pudimos avanzar algo más rápido. Largos hermosos y bien verticales, de esos en los cuales si se te cae una piedrita, esta no toca casi la pared hasta llegar al piso.
A primera hora de la tarde, cumplíamos uno de nuestros sueños. Cumbre en la Torre Norte del Paine!!

Una bajada sin sobresaltos nos devolvió nuestras mochilas y nos puso de nuevo en la base del macizo. Ahí me llevé la gran sorpresa de que “no podía pisar con mi pie izquierdo”. Evidentemente el frío de la mañana no me dejó notar que una volada que soportó con gran pericia el camalot Nº 0.75, había dejado alguna secuela.
Los compas de cordada, un capítulo aparte! Me ayudaron a saltar en una pata hasta la cueva en la que estaban nuestras cosas, me cocinaron, fueron a buscar agua y no me dejaron mover por las siguientes 24hs. Todo esto no se si por un enorme cariño hacia mi o porque me necesitaban para seguir trepando, je! Sin lugar a duda fue por lo primero!!

Pasada un poco la hinchazón de mi tobillo, que por momentos parecía el del Diego en Italia 90, salimos de nuevo para arriba. Ahora era el turno de la Torre Central del Paine.
En esta ocasión la vía elegida fue una de neto corte clásico, “Bonington-Whillans”, una vía inglesa del año 1963, de unos 800 metros aproximadamente y de hasta 7a/+ en libre.
Un ensamble hasta el Col Bich nos depositó al pie de la ruta, nuevamente una fiesta de granito anaranjado, fisuras y diedros hermosos, largos limpios, largos mojados, trepadas, travesías y todo el condimento de una buena vía clásica.
Esta vez ya más entrados en ritmo, algo más confiados, y en un estilo muy liviano, volamos por la pared y a media tarde nos abrazamos en la cumbre de la Torre Central del Paine!! Un alegrón!
La bajada fue bastante “movidita” en esta ocasión. El viento ya había empezado a soplar en el valle. El col funciona como un imán para las ráfagas que golpean la pared y buscan escapar ya sea hacia arriba, ya sea hacia el Este. Y una de estas ráfagas se encargó de llevarse una de nuestras cuerdas de rappel quien sabe bien a donde…. Quizás si vas a la “Riders on the Storm” la encuentres ahí, o al menos los 52 metros que tuvimos que cortar. Si si, con una cuerda, más 8 metros de otra, terminamos bajando en lo que sería una de las jornadas más “emotivas” del tiempo que llevo escalando. Destrepes, travesías, rapeles de cualquier cosa, recupero de harapos de cuerdas y cordines, y por sobre todo mucha maña, nos ayudaron a llegar al suelo, sanos y salvos a eso de las 21hs, aún con luz, y con una sonrisa de oreja a oreja!!
Ahí festejamos, ya que quedaba plasmado mejor que nunca, que el abrazo realmente es en la base de la pared (para no decir la frase tan trillada de que “La cumbre es apenas la mitad de la escalada”).

Qué más decir?… qué más contar? La alegría enorme que sentimos en esos lugares maravillosos dura hasta hoy día, y nos hace sentir que nunca nada está tan lejos, nunca nada está tan alto, y nunca nada resulta imposible…. Simplemente hay que soñarlo con profundo deseo y salir a buscarlo! A darlo todo!!

Queremos agradecer al Club que nos dio las herramientas que hoy hacen que nos movamos libremente y con pasión por lo que hacemos, el Centro Andino Buenos Aires; así como también a los sponsors que siempre están con nosotros, y más que sponsors ya son amigos: Pablo y Julieta  de Filo Sur -Tienda de Montañismo y escalada-. M2 indumentaria, Goal Zero Argentina, Optitech Argentina, Naka Outdoors.

 

Por Fede Ruffini
federicoruffini@gmail.com


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