VolcAn Llullaillaco Ruta Sur (SegunDa Parte)

Por Fernando Santamaria

Aldo Riveros guía UIAGM de Bolivia, contrata a Fernando para transportar a él y su cliente un francés corredor de “Carreras de Aventura” Franck Ducert, mas un grupo de asistentes (Zenobio y Norberto) al V Llullaillaco , por la ruta Sur. Luego de un programado proceso de aclimatación (ver parte 1º, en al borde Nº 184, se puede leer en www.alborde.com.ar – sección montañismo – Noroeste Argentino). Luego de armar el campamento base a 5030msnm, portearon la carga y armaron el campamento de altura a 5900msnm. Desde donde atacarán la cumbre...

12/11 amanece como siempre, ventoso, frio, con un cielo azul que aturde, despejado, con el sol pegando de lleno en las carpas. Hoy debemos marcharnos a la altura, hoy vamos al campo dos desde donde seguramente mañana intentaremos la cumbre.
Los preparativos llevan un par de horas, pero a media mañana con el sol bien arriba ya estamos listos. A punto de marcharnos ya, Aldo me pide que abra la camioneta para dejar las pertenencias de Franck. Porque traigo a colación esto?... porque aquí las llaves de la camioneta comenzaran a tener un rol muy importante en el resto de la expedición. Quito la alarma, Aldo guarda los petates y vuelvo a cerrar, guardo las llaves, y por mi cabeza pasan mil y una ideas, donde las dejo… las llevo, las guardo en la mochila, o las dejo ocultas por aquí en el campamento… todas estas frases pasan por mí, pero ninguna se queda y del subconsciente pasa al consiente y obvio a mi mano para tomar una decisión. Finalmente las guardo en el profundo bolsillo de la campera de Duvet y me dispongo a salir, ya no volveré a pensar en las llaves ni a tener y tomar consciencia de ellas. Delante mio ya van Aldo y Franck, Zenobio y Norberto terminan de armar esas inmensas mochilas en las que seguro va de todo para arriba.
Comienzo un lento andar, mientras Aldo y Franck se alejan lentamente pero tomando distancia de mi, lo interesante es que me siento bien, que no voy agitado y que mantengo un ritmo, el mio, no tengo otro, no podre cambiarlo a esta altura y en esta montaña, es asi, vengo asi y seguramente asi iré hasta la cumbre.
Pasaron un par de horas y aquel interminable campo de piedras finalmente acabo. Con el sol a pleno, pegando de lleno en mi rostro veo finalmente las carpas en el Campo de Altura, obvio que han llegado, ya casi han terminado de armar el campamento, solo están terminando los detalles de la cocina, Franck ya descansa en su tienda y los preparativos para la cena se están acelerando, y eso que es media tarde aun.
Aquí quiero detenerme porque cuando vacio la mochila, aprovecho y le quito el sombrero, el techo de la mochila que en la marca que yo tengo sirve como “riñonera”, la vacio y la dejo en el piso de la tienda, aun recuerdo haber visto el gancho para llaves que tiene dentro, indispensable en estos momentos. De los bolsillos extraigo todo lo que tengo, lápiz de labios, protector solar, los anteojos, la linterna frontal y las llaves del auto, si las llaves de la camioneta, han venido conmigo hasta aquí, una locura que pagare muy pero muy cara.
Coloco todo esto en la tela transparente, tipo rejilla que cuelga del techo de la tienda, veo las llaves, una y otra vez las miro, es como si en el fondo de mis pensamientos hubiese una señal, la señal del cuidado, de lo tremendamente inseguro de que estén ahí, no deberían haber llegado hasta aquí, y si fue asi pues este debió haber sido el momento en que tendría que haberlas tomado y colgado del gancho que está en la mochila. Pero no lo hice y esto sería motivo de arrepentimiento.
Aun queda algo de luz en el horizonte, la noche es solo cuestión de minutos, y la luna de algunas horas. Hace frio, y se notan los 5860 m en los que está emplazado el campamento. Enfrente, brillante y esbelta la “Cara Sur”, y su gran canal nevado, por ella estamos aquí, por ella iremos mañana.
Deben haber sido cerca de las diez de la noche cuando finalmente me quedo quieto e intento dormir, no he tomado nada esta noche, y ya dije porque, creo que la apnea se acrecentó con el ansiolítico.
Entre luces rojas, y rayos de plata de esa porción de luna que aún queda, paso la noche, creo que descanse aunque no puedo precisar cómo ni cuánto. Pero finalmente había pasado, y escuche las voces pronunciando mi nombre e invitándome a levantarme. Son las cuatro de la madrugada, no corre viento, todo está en calma, apenas el bullicio del desayuno entorpece la monotonía de la madrugada con su oscuridad y su silencio sepulcral.

13/11 Me visto rápido, salgo y ni siquiera presiento si hace o no frio, me zambullo de nuevo en la tienta de mis amigos y desayuno opíparamente. Sera una jornada larga, seguramente cansadora y me preparo para tal situación. Intercambiamos opiniones de la ruta y del plan y me invitan a que salga antes que ellos, cosa que de inmediato hago. Vuelvo a mi carpa, tomo todo lo que había ordenado la noche anterior, algo de abrigo extra, algunas barras energéticas, los protectores labiales y solar, una botella con “Fanta” a la que agrego un “beroca”, las linternas frontales, una puesta y la otra en la mochila, los grampones y salgo.
Me apure mucho, entre la ansiedad y el pedido de mis compañeros sé que me apure… Seguramente este momento es crucial para el futuro, quizá aquí tome conjuntamente con la linterna frontal las llaves del vehículo, o tal vez con los anteojos, quizá las coloque en el bolsillo frontal de la campera de Duvet, vaya uno a saber.
Creo que deben haber sido así los acontecimientos que a la postre harán que pase y haga pasar a mis amigos, momentos de zozobra.
Salgo de la tienda a las 5.15 am, es noche cerrada aun, solo el brillo del glaciar iluminado por la luna me indican la dirección a seguir. Emprendo la marcha, tranquilo, apenas una brisa gélida acaricia mi rostro o lo que queda de él al descubierto, camino tranquilo siguiendo el rasguido de los grampones en las piedras, que solo se silenciaran cuando se entierren en la nieve.
Comienzo lentamente el ascenso, el glaciar aquí apenas tiene unos 30º y se levanta por delante mio casi sin final. Cada tanto doy vuelta la vista y veo las tiendas iluminadas por debajo, no debe faltar mucho para que salgan, tampoco para que me alcancen. Estoy subiendo lento, controlando mi respiración y en zigzag, mientras a lo lejos en el este el horizonte pálidamente se va tiñendo de rojo, un rojo azulino extraño, aun brillan muchas estrellas en aquel firmamento negro infinito.

No tardan en alcanzarme y también en superarme, van casi rectos glaciar arriba, encordados y a muy buen ritmo. Paro hago un descanso y observo que tengo un solo mitón, el otro ha desaparecido, me maldigo una y mil veces porque sería la tercera vez que pierdo uno por no atarlos a mi campera… me consuelo con que no hace mucho frio, y me preparo mentalmente para soportarlo con mis dos pares de guantes.
Antes de seguir miro hacia el este y por debajo mio viene alguien, no sé si es Norberto o Zenobio, pero le grito de inmediato que se me ha caído un mitón… parece escucharme, pero en la noche todo es blanco o negro, nieve o rocas… no hay mucho para elegir, el mitón es negro… una piedra mas en el glaciar. Prosigo la marcha y en un rato mas ya tengo a mi compañero a mi lado, es Nolberto, que me saluda y devuelve el mitón, increíble, lo encontró, quizá el que no haya viento ayudo a que el descenso del mismo fuera lento y en su dirección. Qué suerte.
La mañana parece despuntar definitivamente, ya el cielo es celeste intenso y el horizonte y el salar del LLullaillaco ahora son mas rojos que nunca, las estrellas van desapareciendo a medida que el cielo negro se transforma en azul. También he visto pasar a Zenobio, mas lejos de mí, mas tirado a la derecha, a la parte sombría del glaciar, va a una velocidad inusual, me quedo extasiado mirándolo como sube, casi como si no existiera la pendiente.
Por debajo ya la luz ilumina las tiendas, he subido cerca de 250 o 300 metros en poco más de una hora, lo que me alienta a saber que voy bien, que mis amigos son sobrehumanos y que no debo mirarlos más y mucho menos compararme con su ritmo. Ellos ya están por encima de los 6100 metros y apenas esta amaneciendo.
Despunta la mañana, inmaculada, todo se ilumina, cientos de montañas me rodean, ahora casi todas más bajas, lejanas y sin nieve, pronto el sol me dará de lleno.
El Glaciar cruje debajo de mis grampones, ahora hace mas frio y la tenue brisa es gélida, ha salido el sol, mis pies siguen fríos, no logro hacerlos entrar en calor, por momentos mis manos se entumecen, unos cuantos grados bajo cero están haciendo, pero mantengo mi cuerpo caliente y no dejo de subir. El glaciar está cambiando de pendiente, ahora ya está por encima de los 40º y sube y se para por delante mio, un poco más aun. Lejos muy por arriba mio veo a los cuatro, casi terminando esta primera porción del glaciar, muy cerca de donde se bifurca en dos brazos.
Ahora el sol me da de lleno en el rostro, deben ser cerca de las 8 de la mañana, el glaciar se ilumina por completo y solo la arista derecha permanece en sombras, paro, bebo algo, esta exquisita la bebida, Zenobio le había puesto agua caliente, con lo que está a una temperatura soñada para esta altura, tomo un par de sorbos y vuelvo a envolverla en un par de medias. Abro el bolsillo de la campera y saco mis anteojos, es hora de colocarlos, de aquí en mas el sol hará estragos en el glaciar y la luminosidad es peligrosa para transitar sin ellos.
Este fue un punto de inflexión, seguramente aquí, si las llaves estaban con los anteojos, al sacar el estuche se cayeron y si cayeron sobre la nieve nunca las oí…. Creo que fue así y si no trate de imaginarme lo más real posible la situación.

Ya no puedo distinguir las tiendas, ahora he alcanzado la bifurcación, veo que mis amigos han tomado el brazo más largo, el de la izquierda, es algo mas empinado que el de derecha pero apunta directamente a las torres de piedra de la cumbre. Van escalando en forma “directísima”, es un placer verlos subir, me deleita tanto verlos, como ascender yo, me siento muy fuerte veo que ya no me agito al subir, que el glaciar ahora ya tiene unos 45º grados y voy superándolo tranquilamente, levanto la vista y veo como se pierde como un gran tobogán debajo mio, que las torres como rascacielos grises de acero se levantan delante mio, han empezado a aparecer muy por arriba de la cabeza del sarcófago y van cambiando de tonos, desde unos pálidos, bayos, hasta los más grises negruzcos de la cumbre.
De pronto el glaciar hace un descanso y aparece un cambio de pendiente, con muy poca nieve y veo que las huellas se pierden hacia arriba hasta chocar contra ese inmenso monolito de piedras grises que simula ocultar la cumbre. Me detengo y analizo la situación, indudablemente que hay dos opciones: o subieron escalando las paredes de rocas o se han vuelto junto a la pared y han tomado el filo que por detrás supongo debe ir a la cumbre, el que me mostró Gustavo en fotos.
No me pongo a pensar mucho, mi decisión o mi ruta son las que vi en fotos, esta escalada no es para mí, asi que sin pensarlo mucho comienzo una travesía a través del glaciar en dirección al noreste hasta alcanzar el filo, debo pasar por entre las grandes torres bayas, se ve un paso muy claro y seguramente ahí tendré el filo cumbrero.
Cuando termino de cruzar, llego a esas areniscas, me quito los grampones y comienzo tranquilamente a subir rumbo al filo, atravieso las grandes torres y el norte completo aparece delante mio, el sarcófago a la derecha muy por debajo y al frente un collado que une las ruinas de los 6500 con el filo cumbrero.
Gran sorpresa me llevo cuando los veo ahí, a los cuatro tirados, descansando, pronto me ven y nos hablamos a los gritos. Les hago llegar saludos y felicitaciones de mi parte cuando me dicen que ya hicieron cumbre, que están volviendo, miro el reloj son las 12…. ¡Que bárbaro!, a qué hora habrán hecho cumbre, son increíble estos tipos… prosigue la conversación, me dicen que han decidido “bajar al campo base”, que estoy a una hora de la cumbre, que vaya tranquilo, y les retribuyo mis felicitaciones por su aliento. Les pido que me bajen la carpa, y asienten con la cabeza. Vuelvo a agitar mis brazos, los despido, me coloco los grampones, y voy por el ultimo tramo, un buen nevé me separa del filo cumbrero, sé que estoy muy alto que no hay mucho mas para subir. No bien comienzo a escalar el nevé casi en forma recta comienzo a ver algo de las ruinas y de la plataforma de oración y ofrecimientos donde estaban enterrado los niños. Pronto cruzo el glaciar, no me alcanzo a dar cuenta en que momento ya estoy caminando por las piedras con los grampones rechinando y desemboco en la puerta de uno de los dos recintos de la cumbre, que emoción tan grande, vuelvo a ver los palos brillantes, casi barnizados que emergen de la vivienda, el dintel de piedra, y la perfección de la construcción, todo me resulta tan familiar, me abruman los recuerdos de cuando llegue con Dario aquí y no podía creer lo que estaba viendo, también aparecen mis amigos del 2006, incrédulos y sorprendidos por las construcciones, si construcciones a 6715 metros, las más altas del mundo, únicas, Incas.
Me quito la mochila, la dejo junto a unas rocas, también los grampones y asciendo solo acompañado de la cámara, el tramo final, son esos 15 0 20 metros que entre piedras desparramadas salvajemente por todos lados, me separan de la cumbre. El sol pega de lleno, el viento es apenas una fresca caricia, si hasta me permite abrir la campera, pero que no me permite quitar los guantes, a pesar del sol hace frio, lo presiento, lo palpo, mi cuerpo está caliente pero sé que estoy a 6730 metros….y a esta altura hace frio. Unos pasos más y veo la caja del Banco de Chile brillar ahí entre las ultimas piedras, camino sobre la gran roca gris quebrada y me arrodillo, no estoy abrumado por la emoción como otras veces, esta vez una rara quietud me invade, estoy tranquilo con una extraña paz, me siento y comienzo a mirar en 360º, estoy solo….si….completamente solo, miro el reloj, las 12,20 hs. es decir que todo este tramo y relato que parecía me llevaría una hora como me dijeron, lo había hecho en tan solo 20 minutos, si 20 minutos desde donde estaban los amigos.
Me siento en la cumbre, espero que mi corazón recupere el ritmo y abro el maletín metálico, veo el cuaderno, prolijamente conservado, lo abro y lo primero que encuentro es la pagina final donde mis amigos han sellado su testimonio y colocado unas tarjetas personales, veo que han hecho cumbre a las 11 hs. que locos, han ascendido en 5 horas desde el campo de altura a la cumbre, dos horas exactas menos que yo, que me alegro de haber hecho un tiempo de 7 horas, lo normal, y no puedo no tentarme y reírme solo.
Escribo en el cuaderno, tomo fotos, me tiro un rato de cara al Sol, agradezco a Dios estar aquí, asi de bien, asi de solo, busco en mi bolsillo, en ese donde debieron estar las llaves, extraigo una imagen de La Virgen de Las Nieves, esa estampita, como les conté que me regalaron los dos Ale’s de Malargüe, leo por última vez su oración del dorso y la coloco en la vieja caja metálica donde está el primer libro de cumbre.
Me hubiese gustado permanecer más tiempo aquí, pero el viento ahora es un poco más intenso, entonces solo atino a tomarme unas fotos con mi cámara, me cuesta un poco, no es solo cuestión de colocar la cámara con el dispositivo automático de disparo y luego correr hasta la posición, son 6739 m, igual lo hago tres veces y finalmente desciendo esos 15 o 20 metros hasta las construcciones para comer algo.

Recorro las ruinas tomando fotos de ellas, y camino lentamente hasta la explanada ceremonial, la vista en dirección Norte es perfecta, si hasta podría decirse que indica el camino recto a Cuzco, viendo esta disposición aunque no soy arqueólogo ni mucho menos, no hay duda que esto fue un “Altar”, un lugar único de oración, de ofrendas, de ceremonial.
He perdido la noción del tiempo, sigo tomando fotos en cuanto la vista me da, hacia un lado hacia el otro, puedo divisar perfectamente la ruta del “Cementerio”, también la del “Sarcófago”, el collado por donde ingresaron y construyeron el “Tambo”, creo que se llama Quebrada de “Las Zorritas”, las construcciones que están a 6500, y todo lo que esta montaña sagrada ofrece.
Antes de volver a colocarme los grampones, miro hacia la cumbre por última vez, vuelvo a agradecer a mi Dios y al de los Incas, el Sol, la Luna, y a la Madre Tierra”, que me ha permitido una vez más entrar aquí, a esta morada de ellos, los Dioses, a este lugar Sagrado de Los Incas y valla a saber de que otras culturas. He sido una vez mas muy bien recibido y debo como mínimo un agradecimiento. Me despido y comienzo el descenso. Son las 13,30 hs. un largo camino se presenta y me espera por delante.
Desando el nevé, cruzo las areniscas, también las torres, vuelvo la vista y veo las pisadas de mis compañeros hacia las torres, también diviso las mías y comienzo a desandar el camino. Advierto que el brazo corto tiene más nieve y me dirijo a él, y ahí también veo huellas de mis amigos y las sigo casi en línea recta hacia abajo, lo hago con atención, muchas piedras vuelan desde el filo, este brazo es más peligroso a esta hora, pero ya estoy en él y voy a buen ritmo hacia abajo. Pronto termino el glaciar y me uno al otro, por el que vinimos, más ancho más cómodo y sigo casi sin detenerme rumbo al campamento.
No ha pasado mucho tiempo y ya diviso las tiendas, mejor dicho mi tienda, es la única que queda y veo movimiento en torno a ella, son Norberto y Zenobio que están desarmando el campamento, y ahora le toca a mi tienda, pienso, que bueno no tendré que cargar con ella solo con su contenido. A esta altura del día ni pienso en las llaves, para mi están en la tienda y solo deseo que los amigos cuando desarmen la misma junten absolutamente todo lo que ahí deje. Estoy muy lejos todavía del coll, y son miniaturas mis amigos trabajando allá abajo. La tarde se ha instalado, el clima está muy bueno, bajo abrigado pero sin frio, me he quitado una campera (capa intermedia) y solo bajo con el interior y el Duvet.
En un descanso veo que mi tienda ya no está y que mis amigos tampoco, por lo visto ya iniciaron el descenso. Deben haberme visto como yo los vi a ellos y apuraron el trámite de descender, ellos deben llegar al base, armarlo y atender a Aldo y Franck, yo solo tengo que recoger mis cosas y continuar, voy calculando las horas que me quedan y seguramente estare reuniéndome con ellos cerca de las 19 hs. es el tiempo que he calculado para desandar lo hecho.
Lentamente, paso por paso voy dejando atrás todo el glaciar, llego al pedrero, me quito los grampones y finalmente me dejo caer en unas piedras a descansar, ahí donde estuvo hasta hace un rato el campo de Altura. Miro a mi alrededor y se han llevado todo, absolutamente todo, solo me han dejado un “tupper” con unos sándwich, una bebida y las bolsas de residuos, nada, no tengo nada de peso extra que transportar, son increíbles. Descanso unos diez minutos, recojo mis cosas, ato las bolsas de residuos y me preparo para el descenso final.
Siento el cansancio pero bajo muy feliz, disfrutando de aquel paisaje infinito, bello, con los colores resaltándose cada vez más, con los últimos rayos de luz dorándolo todo, con los ojos empapados en paisaje. Me recojo en el silencio de las aristas y en cada uno de mis pasos, no quiero ni golpearme ni lastimarme un pie, cada tanto paro miro, contemplo el paisaje y prosigo lentamente, paso tras paso. Han ingresado nubes que de dan un tono fantasmagórico al paisaje y por momentos golpean mi cara finos copos de nieve, más parecidos al garrotillo típico de los Andes Centrales. En cada uno de los descansos, que son pocos y muy cortos, busco en la gran planicie el campo base, no puedo ver las tiendas y tampoco la camioneta.

Poco antes de que el reloj marque las 19 hs hago mi arribo al Campamento, ya está listo, la carpa comedor a full y la de Franck bien dispuesta a su lado, en el lugar de la mía yacen todas mis cosas, y la carpa sin armar, que bueno pienso, dormiré en la camioneta, aun no venia lo peor, aun suponía que las llaves estaban dentro de la carpa.
Irrumpo en la carpa y saludo a mis amigos y los felicito por la cumbre, y les exijo una cerveza, que me dan a regañadientes mientras ríen, que placer, esta helada, como esperando en la barra de un bar.
Mientras bebo le pregunto por las cosas a Norberto, y sobre todo por las llaves, pero me dice que no vio llaves en la tienda, pero igual supongo que están dentro porque no han sacudido ni limpiado la tienda, solo la envolvieron y la bajaron, también llevo mi mente a otro lugar, el saco de dormir, quizá las deje ahí dentro o tal vez en la campera impermeable, hay mil lugares dentro de la tienda donde pueden estar… pero es tarde, empiezo a presentir lo peor, y en pocos minutos abandono la cerveza y comienzo una intensa búsqueda que no tendrá frutos, las llaves desaparecieron en las entrañas del Llullaillaco.

Mis amigos me llaman, me dicen que no busque mas, que no pase frio que ya van a aparecer, y no me lo creo, solo sé que están consolándome y que están tan o más preocupados que yo. Sale Norberto, me ayuda con la tienda y en pocos minutos la armamos y desparramo dentro todo lo que tengo, que no es nada comparado con las llaves, ya sé que dormiré otra noche aquí y no en la camioneta, sino que ni siquiera sé que haré mañana cuando todos nos querremos ir de aquí… Dios por momentos tengo taquicardia.

Mientras cenamos la conversación vuelve a derivar en las llaves y Norberto me ofrece volver mañana al campo de altura y buscarlas, y asiento con la cabeza como si estuvieren allí. Pero créanme que ha sido el peor momento en toda mi carrera como Andinista, en toda mi vida como montañista, nunca he pasado un momento como este.
Con algunos últimos consuelos e intentos de cobijarme, mis amigos me despiden, y vuelvo a aquella cárcel de color naranja, esa que esta noche me hará sentir que soy un pobre infeliz que está a merced de Dios.
Como todas las demás noches casi no dormí y cuando finalmente el cansancio me venció, desperté sobresaltado pensando en las llaves y no sé si soñé pero las vi en la basura. Me vestí, me puse el calzado y salí de la tienda, era la madrugada, hacia mucho frio, no corría viento y la noche era un espectáculo dantesco, de plata y estrellas, de luna y soledad, casi que ni pude disfrutar aquello, entre el frio y el miedo que sentía, la intranquilidad que me daba el accidente, busque en todas las bolsas de basura. Cada vez me convenzo más que me las lleve a la cumbre y las perdí en el camino…. Cada vez me voy convenciendo más y más de eso… Volví a la tienda y me deje caer, rece, me encomendé a Dios y creo que en algún momento me dormí finalmente.

14/11 la mañana irrumpe bella como nunca, no hay viento, el gran valle del este ya está lleno de luz, los rayos del sol atraviesan la camioneta y ya dan en la tienda, tengo ganas de seguir en la bolsa, quiero recuperar ese sueño que tengo tan atrasado y maltrecho. Pero ya están moviéndose al lado asi que me preparo para salir pronto de la tienda, tengo que resolver el tema de las llaves, fue mi primer pensamiento al abrir los ojos, no puedo pensar en otra cosa.
Desayuno casi en silencio, rápido, apurado, intento no demostrar mi preocupación, mi angustia por lo que está por venir. Norberto vuelve a ofrecerse para buscarlas arriba, Zenobio me tranquiliza diciéndome que vamos a salir, que ya encontraremos la forma, que no me preocupe. Les pregunto porque están tan distendidos, porque anoche cuando yo casi lloraba como un niño en la tienda ellos reían alegremente antes de dormirse.

Comienzan a salir de a uno de la tienda comedor y se acercan. El primero es Norberto que me dice que no va a subir, porque ha visto que en realidad yo no estoy seguro de haberlas visto en el campamento y que Zenobio y el abrirán la camioneta y verán cómo solucionar el problema, bajo la cabeza, asiento y les doy ideas sobre cómo abrir el vehículo, es la segunda o tercera vez que tendré que abrirlo de esta forma. Una vez con Dario Bracali en San Antonio de Los Cobres cerré la puerta con las llaves puestas y el vehículo en marcha. Dario con una velocidad y una practicidad digna de un punguista la abrió en un par de minutos. La segunda vez en la puerta de casa, cerré y se bajaron los seguros, y lo mismo, el vehículo andando, entonces llame un cerrajero y en 10 segundos la abrió… esta vez espero que sea igual de fácil.
No necesariamente fue asi, insistimos con esos dos métodos y ninguno dio resultado, uno nuevo tenia Zenobio bajo la manga, con un alambre que encontró, hizo girar la manija del vidrio y abrió la puerta, la más difícil uso, pero logro abrirla. Paso uno superado.
Vamos al paso dos: hay que desconectar la alarma que suena sin parar… Zenobio revisa todos los fusibles, encuentra uno distinto, lo desconecta y ya está… la alarma no suena más. Paso dos superado, Y ahora?... el paso tres, hay que ver los cables para poder ponerla en marcha. Este paso ya llevo un par de horas más… conjuntamente con Aldo desarmaron la parte plástica del tablero y fueron desconectando enchufes y cables, casi ni miro, casi que no quiero ni meter la cabeza en el habitáculo, no quiero mirar, no quiero ver qué sucede con el vehículo, aunque a esta altura del partido ya no me preocupa lo que se rompa, solo quiero que podamos irnos.
De pronto me piden que conecte la batería y de repente siento como le dan arranque, pero no puede arrancar ha estado tres días a la intemperie y con noches con algunos grados bajo cero, hay que calentar valga la redundancia los calentadores, este es un vehículo a gasoil, no naftero, asi que les enseño como hacerlo, le damos arranque y si… si está en marcha, asi que la dejamos que caliente el motor, casi lloro de la emoción, ese ronronear del motor, único de una Toyota, me devuelve la sonrisa y la felicidad, estamos tan cerca de marcharnos, paso tres superado con creces.
Pero de pronto cuando todo era jubilo, Aldo nos dice que se ha trabado el volante, y eso solo lo puede hacer la llave o algo similar que lo destrabe desde el tambor, donde se colocan las llaves.

Finalmente como a las 11,30 o 12 hs el tambor cedió y el volante circulo en forma normal, ya estábamos listos para partir, solo hicieron falta alguno minutos para cargar el gasoil, redistribuir las cargas, tapar la caja con la lona, atar la pala y el pico al paragolpes trasero y partir, si partir, parece increíble, pero vamos a irnos de esta montaña, nuestros sueños ya están volando por sus aristas, jugando por sus glaciares, pero nosotros tenemos que irnos de aquí, ya nada tenemos que hacer aquí.
El ronronear del motor Toyota se hizo presente en el silencio que los cinco guardábamos en el interior del vehículo, Zenobio, Aldo y Norberto se turnaban bajando y subiendo a ella, indicándome el mejor de los caminos para descender hasta la huella. Fuimos viendo distintas opciones hasta que aparecieron viejas huellas que me fueron guiando bien hasta el camino. Fue duro, muchos nervios contenidos, no sería bueno apurarse de mas y romper una cubierta ahora.
Ya en el camino nos distendimos todos, volvieron las risas y los mates y las charlas, mientras a nuestra izquierda en toda su dimensión el LLullaillaco nos acompañaba, nos mostraba todas sus aristas, toda su belleza, toda su magia, todo su candor de montaña sagrada.
Nos fuimos alejando lentamente de su imagen imponente, en dirección Norte-este hacia la ruta del Paso de Socompa. En una de las detenciones que hicimos para tomar fotos, nos percatamos que habíamos perdido el pico y la pala, es quizá el primer error de Zenobio en la expedición, me lo tomo con mucha risa, esto al lado de lo que acabamos de vivir, es un juego de niños, una travesura de niños….
Vamos repasando cada una de las aristas y viendo todas sus posibles rutas, la del Sarcófago hoy conocida como la “normal” Argentina que fue ascendida por primera vez por el chileno Diego Alonso Osses el 4/12/1954 siendo el quinto ascenso de la montaña. Pero el tucumano Orlando Bravo en 1990, hizo la primera por el cementerio imaginándonos el rodeo que debió hacer para sortear el gran Escorial, hoy lleva el nombre de “Arqueológica” donde está dicho cementerio que fue descubierto recién en 1971 pero los ascensos por ella aparecieron a partir de 1975.
Esta fue mi primera ruta, y mi primer ascenso en 2002 con Dario Bracali, pero en aquella oportunidad le hicimos una variante a partir de los 6000 metros ingresando por el Glaciar E y saliendo a las construcciones Incas que están cerca de los 6500.
Mi segundo ascenso con mis amigos Eduardo Sibulosky, Eduardo D`Angelo, Eric Curvar y Srek Terkeslian en 2006, ese si lo haríamos íntegramente por la ruta arqueológica, casi siguiendo el camino Inca.
Antes que desaparezca de nuestra vista, y mientras una pertinaz nevisca lo va cubriendo y envolviendo no puedo más que recordar a los niños que allí quedaron como ofrenda de los Dioses, hasta que la Expedición de Reinhard y Cerrutti lograban extraerlos de su morada de más de quinientos años. Vale recordar que esta expedición, la de Reinhard permaneció 13 días a 6715 metros mientras duraron las excavaciones. Esto no fue más que la culminación de los estudios que M. Rebitsch desde 1958 y durante tres largas expediciones había realizado siguiendo el paso incaico por el Llullaillaco.

Un sinfín de subidas y bajadas, de ascensos y descensos, de caminos destruidos, de calaminas, de curvas y contra curvas que por momentos se hace difícil manejar aquí, pero me entretiene y mucho, solo que quisiera estar tomando un baño caliente y una cerveza fría en Tolar, nada puede sacar mis pensamientos de esa imagen, ni siquiera la charla de los amigos me saca de contexto…. Mis pensamientos vuelven siempre a lo mismo.
Cuando finalmente terminamos de atravesar Pampa Amarilla y tomamos el camino de cornisa que nos llevara a Caipe, el terreno paso de las malditas calaminas a un ripio arenoso que inquietaba el volante y amagaba con sacármelo de las manos, entonces apareció lo inesperado, lo que nunca nos hubiésemos imaginado en esta soledad gris, en este atardecer silencioso y hermoso.
Ahí semi atravesado en la ruta hay un vehículo, es una camioneta Nissan con un motor home a sus espaldas, con una pareja de “extranjeros” intentando limpiar el camino para continuar, no puedo más que sorprenderme y reírme cuando veo que usan una palita de residuos plástica para llevar a cabo su trabajo, creo que nos reímos todos, no sé si por la situación o por los nervios, si no los sacamos de ahí nunca podremos pasar nosotros.
Como sucedió a lo largo de todo el dia, no bien nos presentamos, todos nos pusimos en movimientos y una vez más tomo las riendas del asunto Aldo y el trabajo Zenobio y Norberto, nos distribuimos las tareas a fin de agilizar el trámite.

Esta tarea fue llevándose la luz, la calidez del sol y el frio comenzó a sentirse intensamente, estamos por encima de 4000 m, y los trabajos no cesan ni un instante.
Finalmente y con el cuidado y los gritos casi desesperados de Aldo el vehículo se puso en movimiento, en un par de maniobras cercanas al pánico, la pesada casa rodante volvió a la ruta y me obligo a mí a retroceder casi dos kilómetros en busca de una lugar donde meterme para que pasaran. Ya es tarde los últimos rayos de sol han desaparecido detrás de las montañas, el cielo y alguna nube suelta enrojecen y el salar ahora brilla rojizo debajo nuestro, lejos, muy allá abajo…
Cuando encuentro el lugar me quedo ahí esperando con Franck y aparece el motor home, con las últimas luces de la tarde reflejándose en el parabrisas, paran, baja Aldo y acuden Marion y su esposo Steve a saludarnos. Ahí tomo conciencia y veo en sus miradas, en sus manos apretando las mías, en sus rostros el agradecimiento, no pueden expresarlo, no tienen palabras todo termina en aquel apretón de manos.
Entonces Zenobio me llama a la reflexión, se produce un silencio en el habitáculo y me dice: “Has visto Fernando que las llaves debieron perderse ?... si no se hubiesen perdido habríamos pasado por aquí cerca de medio dia y nunca nos hubiésemos cruzado con esta “gente” y estarían ahora sufriendo o muertos en el Salar después de haberse desbarrancado. Las cosas suceden porque deben suceder, porque asi deben ser.” Se hizo un silencio profundo que se instalo en la camioneta por un largo rato.
19,10 hs. ahora sí, todos en la camioneta sin más paradas hasta Tolar, les pido disculpas por no llevarlos a Caipe y aprieto el acelerador rumbo a la vida mundana, la aventura cumplió con creces su cometido, ahora hay que ir por las cervezas.
Nuevamente nos metemos en el Salar de Arizaro que tiene 1600 km2 entre Tolar y Caipe, y que se sitúa a 3460 msnm, de este gran mar blanco terroso se extrae mármol, sal, cobre y ónix. En lengua Kunza significa lugar del Cóndor, o lugar donde abunda algo, pero en Quechua tiene el verdadero significado, “huella hiriente”… y nada lo describe mejor, caminar por ahí seguramente te terminara hiriendo los pies… y los Incas lo caminaron.

Llegar y encontrar Tolar absolutamente lleno, nos genero algo de tensión. El tercer sábado de noviembre la comunidad de Tolar Grande venera a la Virgen de Las Nieves, una coincidencia, toda la expedición me la pase pidiéndole y rezándole en la montaña. En esta fecha la comunidad de Tolar y gente de toda Salta y de otras partes del país, ascienden el Cº Macon para pedirle a la Pachamama por el agua potable, elemento vital en este pueblo, donde cada vez es más escasa, y el dia que no haya más, pues Tolar seguramente desaparecerá. Ojala esto nunca suceda porque ya hay un movimiento turístico muy importante y porque además este pueblo es único en la Puna, no tiene nada en común con todos los que conozco, y su estación de ferrocarril semi abandonada le agrega un condimento especial .
Ahí estamos rodeados de amigos y celebrando nuestra cumbre, nuestra salida de la montaña y también nuestra ayuda a los amigos holandeses. Se suceden las cervezas y también el vino, mientras que los bifes tardan en llegar.
Los brindis y la sobremesa se extiende mas allá de la una de la mañana

15/11 Las luces de la mañana y el bullicio de los obreros en la construcción que esta frente a la Hostería me sacan de aquella placentera estadía. Teo nos invita a pasar a desayunar y mientras vemos la RAI, con Aldo se suma el resto. Todos limpios, peinados y con ropa que huele bien, nos sentamos a la mesa a disfrutar del último desayuno en Tolar, en la Puna, en la Montaña.
Después de volver a cargar por última vez los petates, vaciar el último bidón de gasoil, hacer arrancar la camioneta con una improvisada llave hecha de un destornillador, partimos con destino a Salta. Yo a mi casa a reencontrarme con los míos, mis amigos al Hotel a disfrutar de una buena cama y de una buena mesa. Allá vamos, a desandar los polvorientos caminos que nos separan de la ciudad, del ruido, del mundo, de la “civilización”.

Lentamente vemos como el cielo ahora presenta más nubes que le proporcionan al paisaje una dimensión y unos colores únicos. Transitamos todos los lugares como si no los hubiésemos visto nunca, Los Colorados, las Siete Curvas, el Salar del Diablo, Pocitos, Olacapato, abra Chorrillos, con sus mil colores, y finalmente San Antonio de Los Cobres, donde el ultimo almuerzo no se hace esperar.
A las 18 hs. hicimos nuestro arribo a Salta. Pero aun mi dia no había terminado, Franck quería invitarnos a cenar en el centro para festejar su cumpleaños que sucedió en medio de la expedición, asi que mi permanencia en casa fue solo por un rato, después, a bañarse, afeitarse y salir de nuevo. Mis amigos se lo merecían, y sobre todo Franck que era quien invitaba y el agasajado.

La Expedición había llegado a su fin, dicen los que saben que una expedición termina cuando llegas a tu hogar, y finalmente yo estaba en mi hogar, con mis seres queridos, con los ojos perdidos en la habitación, disfrutando de la fresca brisa que se cuela por mi ventana, recordando las noches de pena y tristeza, de soledad y angustia que pase en aquella tienda de montaña, pero ahora reina la paz, mi seres queridos duermen a mi lado, y desaparecen de mi mente esas noches que escribieron y armaron la otra cara del Llullaillaco.

Agradecimientos:
Uno especial a Griselda Moreno que me contacto con Aldo Riveros. A Aldo porque con su tremenda experiencia me hizo sentir uno más del grupo desde el primer momento.
También a mis nuevos compañeros de montaña, Norberto, Zenobio y Franck, con quien me costó más comunicarme por su idioma, pero aprendimos a querernos igual.
Y a todos mis amigos y seres queridos que quedaron aquí abajo esperando por mí, ellos son y serán siempre los que mi impulsan pero también el mejor de los motivos para regresar.

 


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