VolcAn Llullaillaco Ruta Sur

“Dos caras de una misma moneda”
Las tardes de octubre suelen ser en Salta más que una primavera, casi un verano intenso, son secas muy cálidas y no dan ganas de hacer nada y menos salir de casa.
Y asi fue, apareció Gri (Moreno) una amiga para ofrecerme un viaje al Llullaillaco, si, al Llullaillaco, esta vez como “El Transportador”… llevar un grupo de Guías de Bolivia… 
Aldo Riveros, uno de los Guías UIAGM más completos de los que he conocido y no tarde en reunirme con él, café de por medio para delinear junto a Gustavo (Lisi) el cronograma que el traía. Aldo no viene solo, trae un “Cliente” muy especial para él, un frances corredor de “Carreras de Aventura”,  de esas de largo aliento, más un grupo de asistentes.


Vamos entonces al equipo:
Guía:Aldo Riveros - Bolivia
Cliente: Franck Ducerf - Francia
Asistente: Nolberto Solís - Bolivia
Cocina: Zenobio Pucho - Bolivia
Transporte: Fer Santamaria - Argentina


Y a los acontecimientos de lo que se vendría:
el dia 4/11 llego a Salta Aldo, no bien presentados fuimos a ver la montaña, estudiamos sus rutas y las alternativas que las mismas nos ofrecían, vimos fotos de los ascensos de Gustavo por la Sur, también la ruta del Sarcófago, y la del Cementerio que era en definitiva la que yo conocía muy bien, pero sería Aldo quien tomaría la decisión final.
Gustavo sedujo a Aldo y a mí con la “Cara Sur”, una vía poco explorada y pocas veces ascendidas, la vi y me gusto muchísimo, no tarde en dejar volar la imaginación por esos canales de hielo abiertos con dos brazos hacia el cielo.
Pero también es una buena oportunidad para aprender algunas cosas de la montaña que vamos a subir.
El vocablo Llullaillaco parecería que proviene del Quechua, Yulla = mentira y Llaco = Agua, es decir que podríamos expresarlo como “agua mentirosa”, o lugar donde el agua es mentira, en referencia a que de un nevado tan grande e imponente como este, prácticamente no hay agua en su base.
Se trata de la Séptima montaña más alta de Los Andes, con 6739 m de altura, y las coordenadas de la cumbre principal son: 24º43’12’’ LS y 68º32’12’’LO.
De los + 6500 es el más septentrional de la Puna, y se trata de un estravolcano, inactivo, siendo su última erupción la registrada en 1877.
Se tiene conocimiento del  primer ascenso deportivo el llevado a cabo por los chilenos Bión Gonzales León y Juan Harseim el 1 de diciembre de 1952. Entraron por el NO de la montaña, por la Qda. De Las Zorritas en la que hoy llaman la Ruta Arqueológica o parte de ella.
Sabemos todos que los primeros en llegar a la cumbre fueron los Incas entre 1480 y 1533 con motivos estrictamente religiosos, convirtiendo a esta montaña en una Montaña Sagrada.
Y ahora nosotros queremos seguir agrandando la historia de esta montaña y ser parte de ella. Si bien yo es la tercera vez que intentare alcanzar su cumbre, igual quiero seguir siendo parte de su pequeña historia, la que empezaron a escribir los Incas con sus ceremonias religiosas y que la transformarían para siempre.
El 5/11 nos juntamos de mañana para seguir conversando sobre el tema, la tarde con su calor sofocante nos llevo de compras, un verdadero raid por el supermercado dejo en claro que la comida no sería un problema,  había provisiones como para 15 días al menos.
6/11 fresco y soleado es el dia en el que empieza esta nueva aventura. Busco temprano a Aldo por el Hotel no sin antes retirarles el permiso correspondiente en Aéreas Naturales Protegidas, y hacer algunos trámites personales. Hacemos en un raid casi perfecto todas las compras que nos faltaban.
Pasamos por el Hotel donde se alojaba Franck, ya es mediodía, el calor se hace sentir  y  finalmente nos fuimos a San Antonio de Los Cobres, con unas cervezas encima y con los sueños intactos, llenos de esa ansiedad que despierta toda partida.
Finalmente hicimos nuestra entrada a esa ciudad marrón, ventosa y pintoresca. Nos hospedamos en la Hostería de Jose Quintana, “Amanecer Andino”, una pintoresca casa de barrio transformada en Hostería, con todas las deficiencias de cuando empezó.
7/11 ha cesado el viento, amanece una mañana tranquila, fresca y no se siente mucha puna. Aldo ha aceptado mi sugerencia de hacer el Cº Remate en lugar del Vn. Tuzgle.
El Remate me pareció algo más prudente para alguien que llega desde el nivel del mar, con un desnivel de unos 600 metros, un trayecto corto, algo más sencillo para aclimatar que los más de mil metros de desnivel  del Tuzgle.
Franck, Aldo y yo después del desayuno partimos rumbo al Abra del Gallo, allí dejaríamos nuestro vehículo para iniciar el ascenso. El Abra del Gallo tiene 4600 msnm, y el Cº Remate 5250 m.
Apenas descendimos del vehículo, el viento nos indico que estábamos a esa altura y en La Puna. Hacia frio, y la respiración se hacía agitada a cada movimiento, pero pronto nos pusimos en marcha. Le di la ruta aproximada a Aldo y partimos.
Apenas una hora después ya casi no veía a mis nuevos compañeros de montaña, era increíble el ritmo sostenido con el que ascendían en dirección a la cumbre.
Apure la marcha, pero no sirvió de mucho, pues ya habían entrado en el roquerío de la cumbre y no los veía, si bien la ruta es muy sencilla me hubiese gustado caminar a la misma velocidad de ellos, pero comprendí que es “gente” muy entrenada, que vive en la altura y que Franck es un corredor de elite.
De regreso a la civilización, un merecido baño reparador nos devolvió las ganas de hacer  un café y unas cervezas en la Hostería de Las Nubes, donde no tardamos en llegar y arrimarnos a una mesa.
Esta vez la cena la hicimos en un comedor publico, Huayra Huasi, allí se come muy bien y bastante más económico que en la Hostería.
Sobremesa, vino y café y nos fuimos a esperar la llegada del resto del equipo.
Esta es mi segunda noche en la altura, mi segunda noche fuera de casa, y aquí quizá comienza otra historia o lo que yo he denominado: “La otra cara de la moneda”.
Volví al dormitorio intentando dormir. Solo la luz de la luna llenaba mi ventana pero la angustia y la opresión me estaban aplastando el pecho, haciendo la noche tan oscura como si no hubiese luna, termine saltando de la cama y yéndome al balcón donde termine con esos últimos cigarrillos que quedaban en el paquete. Di algunas vueltas por la casa antes de volver al cuarto. Todo estaba como entonces, Franck y Aldo dormían plácidamente y yo había vuelto a esas andanzas nocturnas de montaña sin sueño. Quizá no valga la pena ni ponerse a analizarlas, pero para mí merecerían un largo y pormenorizado estudio. Creo que haber vuelto a estar sin trabajo estable, había vuelto mis noches  insomnes y estaban escribiendo la otra mitad de la historia.
Finalmente el sueño me venció, y los rezos se diluyeron y esfumaron en la noche, no sé qué hora era pero me había parecido una eternidad el tiempo que mis ojos habían dado vueltas por el cuarto.
8/11 el azul celeste del cielo es único aquí, casi hace doler los ojos, el dia ha amanecido esplendido,  la briza es suave, nos  acaricia mientras vamos por las últimas compras. Mientras yo recorro algunas cuadras en busca de una farmacia que nunca logre encontrar y que cuando esto sucedió, nunca logre que me atendieran, los amigos buscaban pan. Finalmente dimos con la panadería, cargamos combustibles y nos encaminamos hacia Tolar Grande.
No hemos calculado el tiempo y tampoco la distancia pero delante de nuestros ojos aparece Olacapato, ese pueblo casi fantasma aplastado por la inmensidad de la Puna en medio de la nada. Allí será nuestro almuerzo. Proseguimos viaje. Hacía calor a esta altura y ya soplaba un intenso viento, largas nubes y finas estaban dispuestas como guirnaldas en el cielo. El AA de la camioneta ahora estaba al máximo mientras una nube de pastoso polvo quedaba detrás de nosotros, la camioneta ya lucia un solo color, color polvo.
Mil curvas, el Salar del Diablo, la vieja estación ferroviaria con oxidados vagones y la Sierras del Macon enfrente como un verdadero tapón antes de encontrarse con el paisaje de Tolar Grande. Allí pudimos ver la cordillera del Limite por primera vez, con el Socompa, el Salim y el Llullaillaco en toda su magnitud a pesar de los 200 km que nos separan de el.
 En poco más de una hora estamos instalados en la Residencial San Cayetano y pidiéndole cosas a Teo (Teófila) su dueña, para tomar un baño e irnos a cenar, aunque parezca mentira tenemos hambre, pero también cansancio, ha sido una jornada larga.
9/11 Aldo había seguido casi a rajatabla su plan pero también había introducido algunos cambios que le habíamos sugerido con Gustavo. Asi que esta mañana temprano desayunamos y partimos al Cº Macon, nuestro último objetivo antes del Llullaillaco. El Macon es un 5 mil, largo, tanto en su aproximación como en su escalada. Dejamos la camioneta a casi 4 mil metros… e iniciamos la marcha por una marcada senda entre los pastizales de altura, esos coirones color oro que le dan tan particular color a las montañas. La senda es bien marcada, contundente y pronto han ganado altura tanto Nolberto como Zenobio y Franck, yo me he quedado como de costumbre algo más atrás y Aldo se ha detenido no bien ha salido del vehículo, supongo que ha ido al baño asi que lo espero. Luego me alcanza y me dice que no puede seguir que está muy descompuesto y que tiene diarrea y vómitos. Por momentos me asusta, es nuestro líder, es el amigo de Franck, le doy algunos medicamentos y le sugiero que se quede en la camioneta haciendo reposo.
Da media vuelta y se marcha, y una vez más quedo solo, mis compañeros ya van muy arriba mio como para alcanzarlos, y Aldo desciende lentamente hacia la camioneta.  Finalmente y después de un poco mas de 3 horas, todo un tiempazo para mi arribe a la cumbre donde mis nuevos amigos me esperaban para saludarme, obviamente también me esperaban listos para marcharse. Logre que permaneciéramos un rato en la cumbre y emprendimos el regreso, no por donde subimos sino por un acarreo frontal que nos llevaría casi en línea recta a la camioneta. Impresionante el andar que tienen mis amigos…menos mal que viven lejos y no tengo muchas chances de salir seguido con ellos.
El regreso se hizo tedioso por el terreno pero rápido, en menos de una hora y media ya estábamos en la camioneta y sin más que cargar las mochilas y a desandar los 30 km que nos separan de Tolar Grande… nuestro fiel seguidor fue el polvo… nada más que polvo.
No se hizo esperar el baño ni tampoco un té y la televisión en la Hostería, pero empezábamos a preocuparnos algo más por Aldo, que si bien no se lo veía mal, tampoco manifestaba estar muy bien.
10/11 llego la luz, llego la mañana y lo inundo todo del preciado sol. Mañana fresca, pero no fría con algunos escasos girones blancos en el cielo, indescifrable, no podemos aventurar que estará pasando a 207 km de allí, en el Llullaillaco.  No tardaran en llegar los preparativos finales, cargar la camioneta, repasar mentalmente que no falte nada y partir a recorrer el pueblo en busca de la última carga de combustible. Nos venden en la Municipalidad, lo cargamos y salimos con dirección Oeste Sur Oeste.
El camino se transforma en una recta casi interminable, mientras saltamos y temblamos arriba de la camioneta aparece el mate y las charlas, afuera cada vez que miramos nos  aturdimos con el paisaje cada vez más prístino, cada vez más solitario y aislado.
El hombre muerto, la vaca muerta, el desvió al Cono de Arita, son los hitos que vamos dejando atrás. Luego termina la recta y aparecen mil curvas de sal rodeando paisajes increíbles, casi lunáticos, hasta que por fin otra recta que apunta hasta el cielo y nos indica que ahí termina el camino. Si efectivamente ahí termina, y aquí estalla la mente cuando vemos el camino asfaltado, si aquí todavía se conservan 65 kms. de asfalto de cuando la Mina La Casualidad funcionaba a pleno.
Hicimos los 65 km y entramos en el pasado, en el abandono, en la desolación. Primero la visita obligada al cementerio, luego el ingreso a aquel pueblo inerte, frio, gris de la Casualidad, solo el viento y algunas vicuñas nos reciben, el silbido del aire entrando por las ventanas de la iglesia, único lugar aun en pie y algo conservado.
Zenobio nos saca de esta realidad con el almuerzo, entre las ráfagas de viento que cantan en la iglesia, entre el sol aplastante y avasallador que nos enceguece.
Salimos ahora si con dirección W (oeste), cómodamente instalados en la camioneta, el viento quedo silbando solo afuera, seguimos las frescas huellas de los vehículos en una pronunciada subida, vamos a trepar ya definitivamente hasta poco más de 4000 m. No tardamos mucho en encontrar el desvío, un camino sigue en dirección oeste y otro tuerce a la derecha con rumbo norte, ese es el que nos lleva a nuestro objetivo, el cual no bien trepamos una pequeña cuesta nos muestra inmóvil, esbelto, gigante frente a nosotros a pesar de los más de 50 km que aun nos separan de Él. Señores el Llullaillaco.
El camino es largo, tedioso, en muy mal estado, con arena, con piedras, con calaminas, con huellas que salen y otras que entran a él. Cada tanto aparece un Cartel de los que ha colocado el Gobierno y también señales de tipo topográficas, quizá los mojones que indican los límites de lo que a corto plazo sea el Parque Provincial Llullaillaco. Vamos avanzando lentamente, afuera el viento continua con su potencial fuerza haciéndonos mover el vehículo, el polvo que levantamos pronto desaparece detrás nuestro o a veces por delante. A medida que nos acercamos vamos delineando las rutas.
 Al acercarnos al Salar del Llullaillaco después de una feroz cuesta vemos claramente la ruta Sur en todo su esplendor con los glaciares altos en forma de brazos y también el Sarcófago completo, marcando y delineando también su ruta. Más carteles del Qhapaq Ñan y otros del Salar y sus flamencos rosados, nos dan la certeza que estamos cerca, y que ya somos parte del Llullaillaco.
Finalmente un camino en forma de “Y” nos indica a la derecha al Salar a la izquierda al Volcán, pues bien aquí ya no hay dudas, a la izquierda, ahora ya debemos ir pensando que ruta haremos, nos queda poco por andar.
Mientras el Salar y los flamencos van quedando atrás, el camino tuerce muy hacia el Oeste primero y luego lentamente retoma hacia el Norte, con el Altar Inca de frente.  Desde aquí es fácil delimitar el itinerario hacia la ruta Normal Argentina o también llamada del Sarcófago, viejas huellas mineras aquí toman decididamente a la izquierda en dirección al Oeste, probablemente las mineras o el ejercito en el conflicto velico del 78 hayan hecho o abierto este camino. Pero es el que debemos tomar si la Ruta Sur es la elegida.
Nos detuvimos un instante y la pregunta no se hizo esperar: ¿Qué ruta haremos Aldo?...
“La Sur me responde inmediatamente, y sin dudarlo, es la más corta, y lógica”, yo agrego que a mí me parecía también la más linda.
Debo confesar que aquí me invadió una gran alegría, quería hacer esta vía, quería ser un mendocino pionero aquí, quería subir el Llullaillaco y esta ruta me entusiasmaba, no quería estar 3 o 4 días en la carpa esperando a mis compañeros, quería ser parte de sus sueños también.
Y para meternos en la historia de esta ruta tenemos que remontarnos a un 29 de marzo de 1997 cuando Gustavo Lisi y Rafael Monti subían por primera vez por la cara Sur del Llullaillaco. Repetiría la misma vía pero por el otro brazo en 2010 con Sebastián Aldana y unos clientes españoles. Nosotros iríamos por la tercera ascensión.
Asi que enfilamos por este viejo trazado hacia el oeste y pronto cuando vimos la posibilidad de encarar la subida y guiándonos por lo que probablemente hayan sido las huellas del  vehículo de Gustavo Lisi en 2012, coloque la doble tracción en “baja” y siguiendo los consejos de Aldo, en primera velocidad y lentamente comenzamos a subir, y  a subir, hasta donde podamos, hasta donde pueda la camioneta.
Aquí la ansiedad nos jugó una mala pasada, porque viendo tan de frente la ruta elegida torcimos hacia el norte abandonando el camino a buscar un buen sitio donde instalar el CB (campo base), pero si hubiésemos seguido por el camino, este nos llevaba a una boca de exploración minera que está del otro lado del Escorial rojo y no deberíamos haber subido a campo traviesa, sino haber llegado al Campamento que hizo Lisi, sin necesidad de sufrir tanto con el vehículo. Esto debelaría el porque tuve tantas dudas durante muchos días respecto de la ruta. La veía cambiada como si mirara un negativo fotográfico…. “si, al revés”.
No sé que tiempo nos llevo llegar hasta el “Campo Base”, el que no fue fácil encontrar, miles de grandes rocas aparecen como lugares buenos para acampar pero cuando nos vamos acercando vemos que no hay lugar para 3 carpas, que hay que trabajar mucho para instalarnos. Mientras nosotros vamos sufriendo junto a la camioneta el trajín de la subida tanto Zenobio como Nolberto buscan ahí, buscan allá, hasta que finalmente encuentren un lugar optimo, aunque parezca mentira corren de un lado para el otro como si estuvieran en la ciudad  y estamos ya muy alto.
Nos vamos acercando cada vez más a  los 5000 metros asi que no tendremos mucho para andar.
No fue fácil dar con el lugar de campamento, por momentos debimos bajar y por otros volver a subir, siempre en Primera Velocidad, siempre con el motor y el aliento contenidos, con la remera mojada de transpiración, buscando no enterrarnos, buscando el lugar optimo y cómodo.  Finalmente Zenobio da con un viejo campamento, quizá el de los anteriores visitantes,  o quizá más viejo aun. Restos de botellas y maderas indican que este es mucho más viejo, que definitivamente no es el de Lisi, y que quizá fue algún campamento de exploración minera y no el de una Expedición Deportiva.
Finalmente datemos el motor, 5030 msnm, nos marcan los altímetros, y ahí están Nolberto y Zenobio emparejando el lugar haciéndolo lo más cómodo posible, me sumo en unos minutos a las tareas de limpieza del terreno, también yo quiero estar cómodo. Franck recorre el lugar como perplejo ante aquella magnitud, esa inmensidad que lo rodea todo.  Bajamos toda la carga, yo he sido el último en instalarme, mientras Zenobio da rienda suelta a la cocina y pronto empiezan a llegar esos olores de los que no me olvidare fácilmente, frescas verduras cocinándose dan lugar a una sopa de aquellas. Estamos como queremos, donde queremos, ahora hay que ver y esperar que este viento que por momentos quiere sacarnos de aquí nos dé un respiro como para intentar esta vía que a primera fase parece ser más bella de lo que parece. Ese gigante dormido, silencioso espera por nosotros, pero no nos indica que debemos ir, no nos invita todavía a pasar, ahora hay que dejar fluir las horas, compartir todo lo que se pueda esta comunión de amigos. La noche se encargara de escribir seguramente la otra parte de esta historia.
Pasaron las horas tan lentas como la tarde, me tuve que abrigar antes de poder salir a recorrer los alrededores buscando las fotos de este primer contacto directo con la montaña, con la altura, con las nubes tiñéndose de rojos intensos, son flacas nubes que simulan naves espaciales, platos voladores invadiendo el horizonte. El viento y el frio me obligan a entrar a tomar algo caliente a la gran carpa “familiar” donde nos reunimos en rededor de una mesita donde no falta nada, hay de todo. Hacemos una media tarde, opípara y vuelvo a salir en busca de más fotos, pero pronto el intenso frio me mete definitivamente en la carpa con los amigos, también llega Franck y se suma a la mesa y a la reunión.
La cena llego, con olores exquisitos, con sabores casi increíbles para estas alturas. Chorizos de cerdo con arroz blanco, sopa de verduras, frutas al natural de postre, café y té fue el menú, no se puede creer, si hasta pienso en las pesadillas que tendré a esta altura con semejante cena. Nunca como asi a mas de 4000 metros, nunca… y eso que no tengo problemas digestivos, pero a esta altura siempre me inclino por una sopa o por un té con algo dulce, pero una cena como en casa, NUNCA.
11/11 Me despierto temprano, la carpa está llena de luz, no sé qué hora es pero ya ha amanecido. No escucho ruidos ni movimiento alguno, solo el temblor constante que el viento le imprime a la tienda. Ha sido asi toda la noche, incluso cuando la luna brillaba tanto que parecía de dia, dando ese magistral color plata a todo. En realidad mi desvelo y el constante viento han sido los verdaderos protagonistas de la noche.
Cuando recorro visualmente el paisaje me deslumbra el mismo, las proporciones, las distancias, el tamaño de todo, que empequeñece cuanto lo rodea. Por enésima vez intento encontrar las rocas que vi en las fotos de Gustavo, busco el lugar donde acamparon, que estoy seguro este no es, este como dije antes, tiene vestigio de muy antiguo de un espacio minero, no de andinistas. Camino un poco en rededor de la camioneta, la pongo en marcha y me recuesto unos momentos en el asiento, y me quedo perplejo mirando hacia el sur, esas inmensas montañas perdidas a la distancia. Todo es vacio, todo es silencio, aquí ni siquiera el viento se escucha. Cierro los ojos y dejo volar mi imaginación y mis sueños por un momento.
Cuando desciendo rumbo a la carpa de los muchachos en busca de algo caliente, vuelvo mi vista sobre la ruta elegida y por primera vez tomo conciencia que no estoy en el lugar que vi en la foto de Gustavo, pero estamos a 5030 m, es la cota que habíamos fijado para el base, pero tengo dudas sobre la posición, algo no está funcionando bien en mi esta mañana, finalmente decido entrar en la tienda y dejo las dudas para otro momento. Después de todo la ruta es tremendamente clara, estamos en el camino correcto, La Sur del Llullaillaco.
Para que describirles el desayuno, si no hay palabras que puedan hacerlo. Hasta tacos con queso fundido había, delicioso, salgo de ahí sin poder respirar, cosa que no es fácil a esta altura.
Lentamente han preparado la carga que hoy portearemos hasta los 5900 metros, ahí instalaremos un campo de altura desde donde intentaremos la cumbre.
A mis pertenencias que no son muchas solo les agrego un bidón de 6 litros de agua, es lo que me han dado para llevar mis compañeros. Ni pregunto que llevan ellos, porque no me lo quiero ni imaginar, mucho menos el peso de sus mochilas.
Me pongo ligero de ropa debajo del Duvet pero salgo con el puesto, si bien no hace mucho frio el viento no cesa ni un instante lo que pone la sensación térmica baja, muy baja.
Como ha sido una constante no tardan en desaparecer de mi vista, o al menos alejarse,  mis amigos, han tomado un ritmo impresionante y cada vez los veo más lejos. El ascenso es lento, la pendiente no es fuerte, pero el terreno es algo pesado, sobre la margen derecha de un corredor rojo que desciende desde el plateau donde instalaremos el Campo Alto, baja un nevé que llega casi hasta nuestro campo base. Por ahí lentamente comienzo mi ascenso mientras veo como mis compañeros ganan altura a gran velocidad.
Al final de este interminable pedrero, la quebrada tuerce a la izquierda y aparece un gran nevé ahora que le imprime desnivel a la misma. Cuando llego a él me meto e intento cruzarlo primero sobre los pasos de mis compañeros, pero después veo que la calidad de la nieve es buena y comienzo a ascenderlo casi en forma recta, esto me hace acercarme un poco a mis antecesores, pero es solo cuestión de tiempo, en un rato mas vuelven a alejarse de mí, quiero hacer un cálculo del tiempo que van sacándome pero es imposible, supongo debe estar por lo menos en una hora.
Hago un par de detenciones para tomar fotos, también una algo más larga para comer una barra de cereal e hidratarme y continuo, por momentos intento sumar algo de velocidad pero me ahogo, me agito si hasta parece que voy a tirar el corazón por la boca, veo el altímetro y he ascendido ya 500 m de desnivel, pero faltan aun 300 o más.
Frente a mí, arriba, casi rozando el cielo aparece una gran muralla de piedras que por distintos lugares veo como sortean mis amigos, y pronto los pierdo de vista.
Una hora después logro terminar con esa barrera que me costó mucho sortear y ahí veo que viene a mi encuentro Zenobio, me alienta a seguir, me dice que ya hemos alcanzado el coll y que no encuentran el lugar de campamento, buscamos un rato juntos y finalmente oímos los gritos de Aldo que nos indica que están en lo que creen debe ser el lugar, inmediatamente nos fuimos en esa dirección.
Me siento cansado, pero feliz. El viento ya no es tan fuerte y el sol pega sobre nuestras cabezas con fuerza. Dejo mi mochila y me tiro a descansar, mis amigos me dicen que me han sacado una hora de ventaja,  estaba en lo cierto cuando conversando conmigo mismo me respondía estas preguntas. Me piden que coma que tenemos que volver, no puedo creerlo, me desconozco, que me está pasando?... o envejecí de golpe o estos “tipos” son maquinas.
Como algo rápido, vacio mi mochila, y pronto tengo que comenzar a descender porque mis compañeros han emprendido el regreso.
Desando el camino lentamente, ahora tomo más  tiempo por la nieve que esta algo más blanda, y de nuevo una hora después de ellos arribo al campamento. Tarea cumplida, hemos sorteado 850 metros de desnivel y hemos dejado listo el campo de altura. Esta es una de las mejores formas de aclimatar, subir a una cota por encima del Base y volver a dormir algo más abajo, te da un plus, un dia más en contacto con la altura.   Mañana ascenderemos a él para la última noche antes de la cumbre.
Mientras almorzaba mire bien la ruta, el glaciar es precioso, es una gran canal, llena de buena nieve, que se pierde hacia arriba casi para desembocar en las torres de la cumbre, tiene dos brazos uno más largo que otro, creo tomaremos el de la izquierda que es más largo y termina prácticamente en la cumbre. Creo que será una muy buena ruta. Tambien cuando empece el descenso me volví un par de veces porque sigo con la duda de, por donde subió Gustavo, es como ver algo al revés pero en el mismo lugar. Vuelvo sobre mis pasos y veo que hemos armado el campo de Altura donde seguramente lo armaron Gustavo y Sebastián en el 2012.
Llegue al campamento una hora después que los demás, y antes de sacarme la mochila y las botas e ingresar a la carpa pude oler el exquisito plato que estaba por salir, apenas si atine a descalzarme, tire la mochila y corrí a la carpa de los Guías, Dios mio, el olor a carne a la sartén era irresistible, y no pude a la tentación de almorzar a las 5 de la tarde, bife con arroz y alguna pasta, cerveza, mi ritmo circadiano no entendía nada, esto era una especie de cena anticipada.
Después de unas horas de charlas y risas en la carpa, llegaría la cena de verdad, con más carne, más pasta y más cerveza, también peras al natural y por supuesto café. Créanme que voy a engordar en esta Expedición.
Esta vez tomo una pastilla para dormir, un ansiolítico y me acuesto. Mañana será otro dia, el último aquí abajo.
12/11 amanece como siempre, ventoso, frio, con un cielo azul que aturde, despejado, con el sol pegando de lleno en las carpas. Hoy debemos marcharnos a la altura, hoy vamos al campo dos desde donde seguramente mañana intentaremos la cumbre.
Los preparativos llevan un par de horas, pero a media mañana con el sol bien arriba ya estamos listos. A punto de marcharnos ya, Aldo me pide que abra la camioneta para dejar las pertenencias de Franck. Porque traigo a colación esto?... porque aquí las llaves de la camioneta comenzaran a tener un rol muy importante en el resto de la expedición. Quito la alarma, Aldo guarda los petates y vuelvo a cerrar, guardo las llaves, y por mi cabeza pasan mil y una ideas, donde las dejo… las llevo, las guardo en la mochila, o las dejo ocultas por aquí en el campamento… todas estas frases pasan por mí, pero ninguna se queda y del subconsciente pasa al consiente y obvio a mi mano para tomar una decisión.  Finalmente las guardo en el profundo bolsillo de la campera de Duvet y me dispongo a salir, ya no volveré a pensar en las llaves ni a tener y tomar consciencia de ellas. Delante mio ya van Aldo y Franck, Zenobio y Nolberto terminan de armar esas inmensas mochilas en las que seguro va de todo para arriba.
Comienzo un lento andar, mientras Aldo y Franck se alejan lentamente pero tomando distancia de mi, paro, tomo fotos, sigo y vuelvo a parar, voy acomodándome a la mochila y a la pendiente, el terreno es conocido, ayer lo hicimos de ida y de vuelta. Mientras tomo algunas fotos de la ruta, ya me alcanzan Zenobio y Nolberto, e intento seguirlos, pero es inútil rápidamente se alejan como si no llevaran peso, como si fueran caminando por la ciudad a buen ritmo. Cuando llegan al nevé lo atraviesan y tomo unas lindas fotos de su perfiles recortados en el cielo, es la última vez que los vi cerca, luego desaparecerían en aquel mar de piedras para solo asomarse  cada tanto entre ellas, cada vez más arriba, cada vez mas lejos de mi. Lo interesante es que me siento bien, que no voy agitado y que mantengo un ritmo, el mio, no tengo otro, no podre cambiarlo a esta altura y en esta montaña, es asi, vengo asi y seguramente asi iré hasta la cumbre. Esta es una expedición extraña, sé que soy solo el “Transportador”, y debo tener eso en claro, pero también sé que tengo la posibilidad de acceder a la Cara Sur de esta gran montaña asi que debo concentrarme en eso, esta es mi expedición solitaria y personal también.
Pasaron un par de horas y aquel interminable campo de piedras finalmente acabo. Con el sol a pleno, pegando de lleno en mi rostro veo finalmente las carpas en el Campo de Altura, obvio que han llegado, ya casi han terminado de armar el campamento, solo están terminando los detalles de la cocina, Franck ya descansa en su tienda y los preparativos para la cena se están acelerando, y eso que es media tarde aun.
Aquí quiero detenerme porque cuando vacio la mochila, aprovecho y le quito el sombrero, el techo de la mochila que en la marca que yo tengo sirve como “riñonera”, la vacio y la dejo en el piso de la tienda, aun recuerdo haber visto el gancho para llaves que tiene dentro, indispensable en estos momentos. De los bolsillos extraigo todo lo que tengo, lápiz de labios, protector solar, los anteojos, la linterna frontal y las llaves del auto, si las llaves de la camioneta, han venido conmigo hasta aquí, una locura que pagare muy pero muy cara.
Coloco todo esto en la tela transparente, tipo rejilla que cuelga del techo de la tienda, ahí normalmente se colocan los objetos que uno puede romper como los anteojos, también es mi lugar favorito para los lets rojos del frontoluz, en la noche son los que me permiten conciliar algo el sueño, son los que le ponen un toque de calor y color a la tienda y le quitan algo de oscuridad al pequeño cuarto de dos por dos. Cuanto disfruto la compañía de ese cálido color casi en penumbras pero que hace que esa oscuridad silenciosa y negra no me atrape, no me envuelva es sus redes y me desvele.
Cuando me recuesto para tomar un descanso y pensar un poco en el dia de mañana dejo mi mirada perdida en el techo de la carpa, solo interrumpe aquella situación los suaves golpes que el viento da en la tela, ha mermado mucho, eso es buena señal, quizá mañana sea un dia sin él, no vendría mal, hace 8 días que nos acompaña, mañana tarde y noche. Es ahí que veo las llaves, una y otra vez las miro, es como si en el fondo de mis pensamientos hubiese una señal, la señal del cuidado, de lo tremendamente  inseguro de que estén ahí, no deberían haber llegado hasta aquí, y si fue asi pues este debió haber sido el momento en que tendría que haberlas tomado y colgado del gancho que está en la mochila. Pero no lo hice y esto sería motivo de arrepentimiento.
Todo quedo ahí, porque está cayendo la tarde y hay que cenar temprano, ya me avisan que puedo ir a compartir con mis amigos las largas charlas previas a  la cena. Menú de hoy, no lo recuerdo, pero creo que fue pollo con pasta, exquisito. Caldo de pollo con verduras y postre como siempre, que Zenobio siempre se preocupa y calienta, pero esta vez finalmente lo comemos frio… a mí me gusta asi, mientras más frio mejor…. mas rico.
Ha pasado otro dia, aun sopla viento cuando me voy a mi tienda, pero es menor que otros días, lo presiento porque por momentos tengo algo de apnea, es un aviso que puede indicarnos que quizá mañana haya más puna que estos días que ni siquiera hemos percibido.
Aun queda algo de luz en el horizonte, la noche es solo cuestión de minutos, y la luna de algunas horas. Hace frio, y se notan los 5860 m en los que está emplazado el campamento. Enfrente, brillante y esbelta la “Cara Sur”, y su gran canal nevado, por ella estamos aquí, por ella iremos mañana.
Deben haber sido cerca de las diez de la noche cuando finalmente me quedo quieto e intento dormir, no he tomado nada esta noche, y ya dije porque, creo que la apnea se acrecentó con el ansiolítico.
Entre luces rojas, y rayos de plata de esa porción de luna que aún queda, paso la noche, creo que descanse aunque no puedo precisar cómo ni cuánto. Pero finalmente había pasado, y escuche las voces pronunciando mi nombre e invitándome a levantarme. Son las cuatro de la madrugada, no corre viento, todo está en calma, apenas el bullicio del desayuno entorpece la monotonía de la madrugada con su oscuridad y su silencio sepulcral.
Continuara....
                                                                                              Fernando Santamaria

 

 


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