Ascenso Volcán Quewar - “OtoÑo sin final”

Igual disfrutamos de lo que teníamos y estuvimos bastante tiempo cobijados en una pirca de piedras donde calentamos el agua y habíamos cenado la noche anterior.
Ale, no se ha levantado bien, tiene algunos síntomas de mal de altura y la puna aquí no te perdona, pero su silencio, no el mejor compañero para estos casos, ocultaría gran parte de ese malestar sin que nos diésemos cuenta.
Preparamos lentamente todo el equipo, desarmamos las carpas y guardamos en la pirca lo que no llevaríamos al segundo campamento, fue todo tan lento que habiéndonos despertados antes de las siete de la mañana, habiendo salido de las tiendas cerca de las ocho, no arrancamos hasta pasadas las 10, cuando ya el sol había entrado en la Quebrada y nos empezaba a desentumecer del frio de las sombras.
No bien salimos del campamento, el terreno se inclino de golpe y la Qda se hizo estrecha, y comenzamos a ganar altura rápidamente.
Con algunas detenciones para descansar pronto nos asomamos a un gran lecho de piedras, casi como un lecho de rio, seco, tal vez alguna colada de las antiguas erupciones de este volcán o quizá grandes glaciares colgantes descenderían desde sus alturas para formar hoy esta gran planicie, amarillenta de las pocas gramíneas que a esta altura crecen, con un telón de fondo que deslumbra a cualquiera y volvería loco a un pintor.
El volcán estaba a nuestro alcance, lentamente lo teníamos cada vez más cerca, el día radiante, con un sol que empezó a obligarnos a desabrigarnos, que enceguecía por momentos. Paramos un par de veces antes de empezar a ver los labios de lo que seguramente fue un inmenso cráter, y ya con la montaña a nuestros pies divisamos el lugar de campamento, no había señales de anteriores pero pronto haciendo un reconocimiento nos dimos cuenta que estábamos en el lugar indicado, a una buena hora y listos para dar el último paso.
Armamos nuestras tiendas, comenzamos las rondas de mates, y nos dispusimos a fundir agua para hidratarnos, por suerte algunas tiras de nieve y hielo aun permanecían cerca de nuestro campamento.
Se sucedieron las horas, con charlas, elongaciones, y mates, muchos mates. Cuando la tarde empezó a hacerse sentir, nos reunimos en la carpa de Ale, todos, y el buen humor fue el gran animador de aquellas tertulias interminables y locas.
Había estado mirando la montaña y la ruta era muy sencilla, estábamos debajo de un gran filo que nos llevaba directo a la cumbre sur, pero que “faldeando” un poco se la podía evitar para salir al abra entre ambas y de ahí tomar hacia la norte.
La blancura era total, muy poco tiempo estaríamos sobre las piedras, pronto deberíamos meternos en la nieve o hielo, no podíamos dilucidar como estaría, pero a la hora que pensábamos salir, segurmente estaría dura.
Antes de cerrarse en noche la tarde, con el cielo aun rojo de esplendor brillante, apareció la luna, inmensamente blanca y tremendamente grande, como un gran plato en medio del cielo, que ya había dejado su celeste furioso para empezar a trasladarse a un azul intenso.
Era hora de empezar a esbozar algo de cena y pronto meterse a los sacos de dormir, tendremos que levantarnos muy temprano si queremos llegar a la cumbre y bajar a Santa Rosa.
Hablamos y comimos un buen rato mas y cerca de las nueve de la noche, ya Oscar y Yo estábamos despidiéndonos en nuestra tienda, otra noche para luchar con la apnea?
Que importa, mañana vamos a la cumbre.
Sábado 7 de Abril:
“Y bueno pues; un día mas”, sin que sonara ningún despertador hemos abierto los ojos con Oscar y pronto hemos llamado a los amigos y vecinos, es hora, llego la hora, pronto estaremos luchando con el frio, con nuestros miedos y miserias y empujando para arriba.
Nos vestimos y ordenamos un poco la tienda antes de salir a desayunar, preparamos las mochilas y como pudimos nos armamos de coraje y asomamos nuestras narices a la noche, que estaba vestida aun de plata y estrellas, parecía de día, hacia frio, todo era resplandeciente como alpaca lustrada.
A las 5,10 de la mañana empezamos a caminar, hacia frio, no había viento, todo parecía indicar que tendríamos un día especial en el Quewar.
Pronto sorteamos el labio de morena y dejamos atrás las carpas encaminándonos en forma rectilínea hacia el filo, la luna empezaba a caerse por detrás del Quewar, impresionándonos con su belleza y su luz.
Ascendíamos a buen ritmo y todos apretados, uno de tras de otro, empezábamos a sortear la nieve, pero esta aparecía cada vez más, iba poniendo todo blanco bajo nuestros pies y nuestras botas crujían a cada paso y en algunos lugares casi ni se enterraban.
Es de noche aun cuando alcanzamos la “blancura total”, se termino el duro y frio terreno, a lo lejos el cielo empieza a fundirse, como si un mar de lava estuviese desparramándose a babor, hay luz natural ya, y la aprovechamos para colocarnos los grampones. Se ha levantado una brisa que está poniendo la temperatura por muchos grados bajo cero.
Seguimos viaje, amaneció, estallo la luz, lo invadió todo, el Quewar paso del rojo al rosado al amarillo en cuestión de minutos, ahora brilla esplendorosamente blanco sobre nuestras cabezas.
El viento es más intenso, son las 8 de la mañana, estamos por encima de los 5600 m avanzamos lento, se hace cada vez más fuerte, amaga con sacarnos del filo, por lo que intentamos caminar más por la ladera este del cerro que por el filo, aunque nos da la sensación que estamos expuestos donde estemos.
No hay forma de comunicarse, solo nos damos vuelta de tanto en tanto para vernos y saber que todos seguimos, los cristales de nieve pegan duro sobre mis mejillas, me marcan, me duelen, el silbido del viento es ensordecedor, el frio es intenso tanto como el sol que nos ilumina, por momentos tememos que nos saque de la montaña, que nos lleve lejos de ahí, casi no hacemos pies, pero enfrentamos la montaña, y asi es, asi es casi siempre, la pregunta es: hasta donde? me pregunto, hasta cuando resistiremos?, parara?, no encuentro respuestas, me distraigo, no puedo concentrarme vengo arrastrando un crampón, no puedo volver a ponérmelo, ya no veo, se me empañan los anteojos, me entra nieve por todos lados, relato todo esto en primera persona porque estoy solo, es tan imposible la comunicación que el viento nos ha aislado a todos. Arriba la montaña se deshilacha en girones por el cielo, como si se estuviese volando, desarmando, desojándose en largas ramas blancas. Qué horror! El otoño ha llegado también aquí.
Miro el reloj, son las 9,40, estamos a casi 5800 m la cumbre está al alcance de la mano, cuando veo dar media vuelta a Oscar, también a Mica que iban delante, me detengo y espero que lleguen Cristian y Ale. Sin decir nada advierto en los ojos de Oscar la entrega y la mezcla de desazón y bronca antes de que me diga: “no tiene sentido, nos está matando y nos va a volar de aquí”, asiento con la cabeza, casi no puedo hablar, y sin objeciones vuelvo a mirar el reloj, y le comunico la decisión a los otros, “Vamos, todo termino”, y sin más iniciamos el descenso, mientras el viento brama con más fuerza como echándonos a los gritos, la montaña esta vez no quiso, si hasta ella misma se debate arriba en esa feroz lucha con Eolo, que la esta desflecando y barriendo su blanca vestimenta.
Y sin más, en silencio, separados unos de otros iniciamos cabizbajos el descenso, lento, aburrido, nada nos puede levantar la moral, ni siquiera el paisaje que es abrumador, con todos los nevados esparcidos por la puna, El Libertador, y su tremendo Cordon de Cachi, el Tuzgle, El Acay y cientos de montañas por debajo nuestro.
Me he quedado atrás, necesidades fisiológicas y también Ale, que viene cada vez más lento. Lo espero, le pregunto cómo va, no está bien, pero baja, solo baja, no levanta la vista de ese mar de piedras rojas.
Antes de llegar a la carpa aparecen los “muchachos”, los porters, venían eyectados hacia arriba cuando nos han encontrado pero pegan la vuelta de inmediato con nosotros.
Llegamos al campamento, comemos en silencio, sobran las palabras, desarmamos y nos vamos, una larga y pesada jornada aun queda por delante. Ahí estamos, tan despeinados como el Quewar, tan castigados como él.
No vale la pena decir y contar más nada, solo fue tan monótono como agotador desandar toda esa bella quebrada antes de alcanzar los vehículos a las 5,30 de la tarde.
Mi cansancio y el silencio de Ale, hacen muy largo y penoso el viaje de vuelta, solo algunos comentarios aislados y alguna mirada cómplice acompañan nuestro andar, Oscar nos sigue más atrás, tratando de evitar el polvo que levantamos mientras descendemos el camino, pero no bien entrados en San Antonio de los Cobres la sonrisa vuelve a nuestros rostros, Eusebia ya nos esperaba.
Cenamos y caminamos bajo la luna hasta el hospedaje, la noche es calma, y aun nos acordamos en nuestra conversación del atroz viento que nos castigo en la mañana, allá arriba, donde quedaron frustradas nuestras intenciones de coronar el Quewar. Aun nos falta llegar a Salta, ahí verdaderamente terminara nuestra expedición.
Domingo 8 de Abril:
La noche fue para mí terrible, también para Ale, a mi me acorralo la apnea, los miedos que suelen aparecer, la claustrofobia y esas cosas que aun después de tanto tiempo en la montaña me siguen persiguiendo, pero me las rebusque para pasarla lo mejor posible, un poco de lectura, algo de televisión, y finalmente amanecí durmiendo en el sofá de la casa.
Ale la paso algo peor, tos, y fuertes dolores de cabeza lo han maltratado, el mal de altura lo sigue acompañando y solo lo dejara en paz cuando regresemos a Salta.
Saludamos a Eusebia y su hija e iniciamos el camino a casa. Echamos nuestra última mirada al Nevado de Acay y a la hermosa geografía de San Antonio, y nos sumergimos en ese sin fin de curvas hasta tomar contacto poco a poco con la civilización nuevamente.
Llegamos a Salta a la una del mediodía, un día esplendido, lleno de sol y con los primeros atisbos del otoño reflejado en los arboles, nos metimos en un restaurant y nos mimamos un poco con vino y un merecido asado, ahora si abundaron las risas.
El Quewar seguirá ahí vestido de blanco por un tiempo, y el otoño se encargara de devolverle su estampa ocre y su silueta rustica de piedras, el amarillento color de sus pastizales y el murmurar del arrollo bajando. En su cima el silencio ocupara el altar ceremonial y sus riquezas arqueológicas seguirán diseminadas por sus laderas, y las leyendas e historias de aquel Imperio serán parte del escenario y la música que esta montaña propone, que para siempre nos ha dejado un legado de experiencia y un otoño sin final.
Fernando Santamaria (2012)


Relato Cronológico de Horarios (ascenso con cumbre en el 2014) - Volcán Quewar (6140m)

Alojamiento: “Parador Andino” de Jose Quintana ($ 100 x pax)
Mierc. 30/4 - Salida de Salta 19,30 hs. - Arribo a SAC a las 22,50 hs. (3650m)

Jueves. 01/05 - Salida SAC 9,00 hs. - Arribo a SRPG a las 10,45Hs. (3900m)
SRPG 10,45hs. - Arribo final del Camino 11,30hs. (4100m)
Auto (CB 2013) 12,10 hs. - Arribo a Campo 1 - 18,00hs. (4750M)

Vier.2/05 Campo 1 - 9,30hs. - Arribo a Campo 2 - 13,30hs. (5150M)

Sab. 3/05 Campo 2 – 5,35 hs. Cumbre 12,35 hs. (6140m)
Cumbre 13,10 hs. Campo 2 – 14,35 hs (5150m)
Campo 2 – 15 hs. Campo 1 – 18,00hs. (4750m)

Dom. 4/05 Campo 1 – 8,30 hs. - Est.2013 – 11hs.
Est. 2013 Auto 11,30 hs. (Ruta a SRPG)
Remis 12,30 hs. SAC 14 hs.
SAC Arribo a Salta 18,00 hs.

 


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