Febrero 2010    

 
 
 

EXPEDICIONES  HISTÓRICAS

INFORME DE LA EXPEDICIÓN A LAS "CASCADAS ESCONDIDAS" EN LA REGIÓN DE LOS RIOS VODUDAHUE Y VIDAL GORMAZ” Año 1974

La ubicación exacta de las "Cascadas Escondidas" de la región de los ríos Vodudahue y Vidal Gormáz fue conocida recién en el año 1961, merced a la expedición del Centro Andino Bariloche integrada por:
Manuel (Manolo) Puente jefe de la expedición, topógrafo y constructor de 30 años, Oscar Palacios, profesor de 37 años, Francisco N. (Tito) Juárez, periodista de 27 años, Arnoldo Gramajo, fotógrafo y cameraman de la expedición, maestro de 43 años y Enrique Busch, piloto comercial de 25 años.

Las cascadas se encuentran sobre el río Vidal Gormáz, de origen glaciar y se componen de tres saltos, el inferior alrededor de 100 m de alto, con una base de 40 m, el intermedio de 80 a 90 m y el superior de 70 a 80 m. Los tres saltos suman una caída de 270 m, pero en épocas de grandes lluvias pueden convertirse en un único salto de casi 400 m de altura. Su posición es: Latitud sur 42º 35' y longitud oeste 72º 16' 30’’

Antecedentes de expediciones anteriores:

  1. Un franciscano de nombre fray Barrientos penetra con un indio en el Valle Vodudahue y no regresa mas, fue en el año 1777.
  2. Al año siguiente, 1778, el padre mercedario Tomás Tallevoire sale en su búsqueda con varios hombres de Chiloé, pierde las huellas de machete y regresa.
  3. Entra en escena fray Francisco Menéndez, preclaro misionero y brillante explorador cuya obsesión es encontrar la legendaria Ciudad de los Césares. En diciembre de 1783 parte de Dalcahué en la isla de Chiloé, navegando en un débil esquife los 150 km de mar hasta el fiordo Comau y remonta el río Vodudahue por casi 4 km. hasta la desembocadura del Reremú. Lo acompañan 16 indios y pobladores de la zona, gente fuerte y acostumbrada a la lujuriosa vegetación. Los expedicionarios inician su viaje por tierra hacia las lejanas soledades cordilleranas pero el valle se protege; la vegetación exuberante y las persistentes lluvias son los mayores obstáculos. Diez hombres abren la brecha en la selva y cuando la lluvia amaina la caravana avanza. La comida se compone exclusivamente de pescado ahumado, carne charqueada y harina. El 7 de enero de 1784 encuentra las cataratas que consigna en su diario como: “...un río caudaloso que baja de una barranca en la cordillera y forma un salto que pone miedo, este salto está en un recodo, y no se ve hasta que no se va acabando de vadear, pero se siente el ruido que hace..." Sus vestimentas convertidas en andrajos por la selva se secan de la constante lluvia sobre sus mismos cuerpos; pero a pesar de ello continúan y llegan a la cordillera divisoria regresando poco después al Pacífico por falta de víveres.
  4. Tres años más tarde, en noviembre de 1786, vuelve al valle el Padre Menéndez, retomando su antigua ruta a través de la tupida selva y pasa por las cataratas, siguieron su viaje hasta la cordillera, cruza esta por un paso al que denomina De la Cruz (hoy Paso Menéndez) y adelanta el último punto alcanzado por la expedición anterior, llegando por fin a las orillas del lago hoy llamado Menéndez. Construye balsas de madera y luego de 20 días navega al igual que a otro (Futalaufquen) llegando después hasta las pampas patagónicas donde hoy está Trevelin. Convencido de la inexistencia en esos lugares de la misteriosa ciudad, regresa por el mismo camino al Pacifico, cumpliendo de esta manera tan asombroso viaje de 57 días durante los cuales ha recorrido 600 kilómetros de ríos, selvas, lagos y mar.
  5. En 1863, un marino chileno, el teniente Vidal Gormáz, rehace la ruta de Menéndez y llega a los saltos, la descripción que hace de los mismos, permite reconocer inmediatamente el cuadro que pintaba el misionero; desde este lugar el marino regresa a la costa, las expediciones anteriores son compiladas por el explorador Fonck, en los diarios de Menéndez, y al intentar el bosquejo de las marchas de los descubridores, originan confusiones en los mapas de la zona, pues ríos, valles y pasos cordilleranos estarán sujetos a una serie de errores.
  6. Otro viaje lo lleva a cabo un técnico de la VII Comisión Argentina de Límites llamado Schiebeck, que explora un afluente del Vodudahue, denominado Barceló y cruza la cordillera por el Paso Oyarzún bajando por el arroyo Navarro hasta el Lago Menéndez, corría el año 1897.
  7. Se tienen vagas referencias de un intento llevado a cabo por el Capitán Fajardo de Chile, que no llegó a buen término; y de algunas personas de Puerto Montt, alrededor del año 1946 de muy improbable éxito.
  8. En el año 1961, una expedición del Club Andino Bariloche integrada por quienes se mencionan al comienzo de este informe y denominada como "5ta Expedición Patagónica” llega hasta las cataratas, fija su exacta posición, da un cálculo aproximado de su altura y del río que las forma. Luego de un angustioso cruce de la cordillera, logran llegar al Lago Menéndez, donde son rescatados.
  9. Se tiene también conocimiento de una expedición argentina que intentó entrar por el Fiordo Reñihue, no logrando llegar a las Cascadas y  perdiendo la vida uno de sus integrantes, hay referencias también de una expedición que intentó llegar iniciando su ruta por el Lago Menéndez, pero tuvo que desistir a los pocos Kilómetros de haber penetrado en la zona.

Allá vamos...

El día 30 de diciembre de 1973 partimos desde Buenos Aires con rumbo a la ciudad de Esquel, Pablo Cavagnero, Juan Carlos Jacky, Eduardo Mellino, Mariano Roca, Roberto Tebaldi y Julián A. Ramírez (Jefe).
Arribamos a Esquel el 1º de enero y en la intendencia del Parque Nacional Los Alerces nos dedicamos a la reparación de dos botes que íbamos a necesitar para el cruce del lago Cisne. Tres días después, partimos en un lanchón de Parques Nacionales remontando el Lago Futalaufquen, el río Arrayanes y el lago Verde transportando todo el equipo y los botes hasta Puerto Chucao sobre el lago Menéndez. El tiempo empeora y llueve toda la noche. Al día siguiente cruzamos el Lago Menéndez hacia el Alerzal, cerca de la desembocadura del río Cisne y para colocar los botes en el lago, debemos arrastrarlos a través de una picada que une con el Menéndez, de aproximadamente un kilómetro de largo. La lluvia continúa.

El 6 de enero amanece lloviendo, algo que ya se va haciendo habitual. Se cargan los dos botes y cuatro de nosotros comienzan a cruzar el lago Cisne. El lago tiene un largo aproximado de cinco kilómetros, pero hay que atravesarlo cerca de la orilla para protegerse de los fuertes vientos del Oeste, demorando alrededor de dos horas. Al llegar a la orilla opuesta comienza a llover nuevamente y desde entonces la lluvia será nuestra inseparable compañera de todas las horas y todos los días. Desembarcamos en una desembocadura, que suponemos ser un brazo del arroyo Navarro y allí instalamos campamento. La fuerte lluvia nos obliga a montar un techo plástico sobre el fuego para mantenerlo encendido. El lograr encender el fuego es un capítulo aparte, ya que la abundante leña que nos brinda la zona se encuentra totalmente impregnada en agua. Con bandas de goma y finas cortezas de alerce la tarea se simplifica, pero requiere gran paciencia y bastante tiempo. Las carpas a pesar de ser de nylon resinado no resultan ser impermeables y desde ese momento son reemplazadas por alcatenes que a pesar de condensar humedad en su interior, junto con los trajes de agua, resulta lo único impermeable para resistir las abundantes y torrenciales lluvias.

Una vez que todos estuvimos en la orilla Occidental del lago, dos de nosotros salimos a recorrer lo que suponemos es un brazo del Navarro. Lo hacemos en el bote y a medida que avanzamos la vegetación se va cerrando y el agua toma cada vez más un color marrón con lo que comprobamos es el desagote de un mallín y no un brazo del Navarro como marcan los mapas. Luego, siempre en el bote, nos dirigimos en dirección opuesta en busca de la desembocadura del Navarro. Bajamos en una puntilla del bosque que penetra en el lago suponiendo que del otro lado está la desembocadura del arroyo. Intentamos atravesarla, pero está totalmente inundada, observándose vegetación abundante y flores debajo del agua. Por la noche nos encontramos todos reunidos en el campamento base junto con el grupo que salió a ubicar el Navarro por tierra y que abrió ya una senda por la que pensamos iniciar la marcha.
Por la mañana del día 9 de enero, iniciamos la marcha con provisiones para 20 días. En el campamento base dejamos el bote amarrado y el lugar marcado con banderines en puntos visibles. Comenzamos a avanzar por la senda abierta el día anterior. Las cañas se encuentran cortadas a ras del suelo  para evitar accidentes, ya que caer sobre una punta con un peso de 30 kg en la espalda puede ser fatal. Cruzamos un mallín donde por momentos nos hundimos hasta la cintura y por la tarde alcanzamos el lugar hasta el qué fue abierta la picada. En este punto un grupo se dedica a continuar la picada, mientras los otros comienzan a secar sus ropas empapadas por la inmersión en el mallín. Una vez que regresa el grupo que salió, avanzamos todos hasta el lugar elegido para el Campamento N° l, a 8 km aproximadamente del campamento base y a orillas del arroyo Navarro. Alrededor de las 20 horas, en momentos que nos encontrábamos limpiando el terreno para armar el campamento, Julián cae accidentalmente sobre un pozo cubierto por vegetación, mientras el machete que llevaba al  apoyarse violentamente en el suelo hace que el filo se deslice por la  mano provocando profundos cortes en cuatro dedos con una fuerte hemorragia. Al constatar la gravedad de la herida surge la necesidad de evacuarlo al día siguiente. En las primeras horas del día comienza la evacuación de Julián en compañía de dos de nosotros. El grupo que evacua al herido lo hace a través de la senda abierta y el mallín. Llegan al campamento base cruzan el lago Cisne, alcanzan la lancha de Parques Nacionales y a la noche llegan a Esquel, donde es intervenido quirúrgicamente, con resultados satisfactorios. El grupo que quedo en el Campamento Nº 1 continúa abriendo la picada en dirección al paso Oyarzún; por momentos el trabajo se hace más fácil al encontrar rastros de una antigua senda de casi cuatro metros de ancho y que corre sobre la orilla derecha del arroyo Navarro. Dicha senda por momentos se pierde en la vegetación que la va cubriendo poco a poco, se la nota abandonada desde hace muchos años y hasta el punto máximo hasta donde avanzó nuestra expedición se encontraron restos de ella en dirección al paso Oyarzún, por lo que nos inclinamos a pensar que en otras épocas debe haber servido de comunicación con Chile. También se elige un lugar que permitiera vadear el Navarro, lo que permitiría ahorrar camino al evitar una gran curva que da el arroyo frente al cordón Torrecillas. Marcamos el lugar con banderines y regresamos al Campamento.

El 12 de enero amanece lloviendo torrencialmente, lo que nos obliga a permanecer bajo el alcatene. El arroyo, alrededor de las 15:30 horas, desborda violentamente y en pocos segundos nos encontramos con el campamento bajo el agua, mientras una ola de un metro de altura barría todo el bosque. Ante la emergencia tratamos de proteger nuestras bolsas de dormir y recoger algunos elementos básicos, como ser cuerdas, provisiones, cartuchos de gas y un machete, asegurando el resto del equipo a los árboles. Tratamos de alcanzar un lugar más alto, pero es imposible, de intentar hacerlo el agua nos cubriría. Por otra parte, la orilla en la que estamos, el terreno es más o menos de una altura pareja, y más allá del bosque se encuentra el gigantesco mallín que se interpone entre el Navarro y las primeras estribaciones del Torrecillas. La orilla de enfrente, la izquierda, es la que se eleva rápidamente desde el borde del agua, pero si nos fue imposible cruzar antes el arroyo, ninguna posibilidad existe de hacerlo ahora. Dada esta situación construimos una plataforma triangular la que sujetamos a tres árboles con la soga de escalada a un metro y medio de altura, y un metro más arriba, sobre la plataforma, montamos el alcatene. Mientras tanto el grupo que estaba en Esquel, salía de regreso ese día y, con las últimas luces y haciendo sonar los silbatos que utilizábamos ante una emergencia, ubican la plataforma. Minutos más tarde están todos reunidos, agotados y envueltos en una emoción indescriptible por la alegría del encuentro de quienes se creían perdidos. Las aguas descienden y durante el día nos dedicamos a recuperar los materiales y provisiones que permanecieron bajo las aguas, mas tarde evaluamos la situación  general y, si bien las pérdidas no eran muy grandes, nuestro programa había sufrido un considerable atraso y el día 13 de enero decidimos emprender el regreso.. .

Experiencias recogidas en la zona: La técnica más apropiada para el avance de expediciones en este tipo de zonas consiste en instalar un campamento donde se permanece tres o cuatro días, durante los cuales se irá abriendo la senda para avanzar luego en una sola jornada hasta el lugar de la instalación del nuevo campamento. Mientras un grupo se encuentra abriendo picada, el resto se puede dedicar a efectuar transportes. Los trajes de agua resultaron la única vestimenta realmente impermeable y los alcatenes las únicas carpas que impiden el paso de la lluvia. Los alcatenes eran armados a dos aguas sobre estructuras hechas con cañas y con sogas. Los machetes constituyen un elemento al que debe prestarse mucha atención: de dos expediciones al Vodudahue, la de 1961 y la nuestra, ambas registran accidentes causados por machetes. Creemos pues que es indispensable mantener los machetes en fundas de cuero cuando no se usan y colocarles una cruz en el mango (arco de guardamonte) para evitar que el filo se deslice por los dedos. !!! VOLVEREMOS!!!

Julián Atilio Ramírez y Juan Carlos Jacky          

Agradecimientos: Sr. Berwyn y Giorgiade la Dirección de Turismo de Esquel, Sr. Héctor Mario Fermani, Intendente del Parque Nacional los Alerces, Sr. Duarte de Parques Nacionales.