Febrero 2010    

 
 
 

K2

UNA VEZ MÁS SIN ASCENDER

Fotos y texto: Tommy Heinrich
www.tommyheinrich.org

Durante el mes de Junio de 2010, fui admitido como integrante de una expedición Polaca al monte K2, que con 8.611 metros es la segunda montaña más alta del mundo.
Ubicada en la cadena del Karakoram de Pakistán, tiene apenas doscientos metros menos que el Monte Everest -la montaña más alta- pero es claramente más peligrosa y difícil. Desde el primer ascenso exitoso en 1954, tan solo 300 personas han alcanzado su cumbre (entre ellos el Argentino Sebastián De La Cruz) mientras más de 5.000 han sido los ascensos exitosos del Monte Everest. Muchos montañistas que han alcanzado la cumbre de los restantes 13 montes de más de 8000 metros de elevación, no han podido superar las empinadas paredes, aún tras varios intentos, hasta alcanzar con éxito la parte más alta de este majestuoso monte.

La expedición estaba compuesta por Boguslaw Ogrodnik como líder del grupo, Anna Czerwinska, Kinga Baranowska, Tamara Stys, Darek Zaluski, Tomas Kobielski, Martin Miotk, Yura Ermachek (de Rusia), la doctora Patrycja Jonetsko y yo. Un equipo muy experimentado y fuerte que juntos sumábamos más de 50 cumbres por encima de los 8.000 metros en las montañas del Himalaya y Karakoram.
Tras una semana de caminar atravesando la calurosa región de Gilgit Baltistan e ingresando en el Glaciar del Baltoro, establecimos nuestro primer campamento al pie del Monte K2, donde más de un metro de nieve cubría el terreno helado y rocoso. Planeamos establecer cuatro campamentos adicionales siguiendo la Ruta Cessen, en la que estarían cuatro pequeños grupos para ascender la montaña simultáneamente.

Lo empinado de las laderas rocosas en este monte tan desafiante (y sobre todo la ruta Cessen) presentan la falta de espacio para establecer los campamentos I y II como un gran problema, apenas para una carpa en el primero y hasta tres carpas en el Segundo, con lo cual era evidente la necesidad de comunicarnos entre los diferentes equipos para coordinar donde colocar las tiendas, cuando ascender y que sectores necesitaban asegurarse con cuerdas fijas.
Nos afianzamos rápidamente con el Sueco Frederik Ericsson y Trey Cook de USA, quienes ya habían estado en la ruta durante varios días, y también con Gerlinde Kaltenbrunner y Ralf Dujmovitz de Alemania.
Nuestro ascenso del Monte comenzó el primer día de Julio, mientras nuestro equipo ascendía y descendía gradualmente el monte para establecer los campamentos, acarrear nuestras tiendas, comida y provisiones, aunque el mayor de los esfuerzos se volcaba en adaptarnos a la falta de oxígeno y fijar las cuerdas en el terreno cubierto de nieve.

Al pasar las semanas, las avalanchas arrasaban día tras día, la nieve se derretía rápidamente exponiendo los anclajes que insertos en el hielo sujetaban las cuerdas, y estas últimas que se cortaban con las rocas que caían desde lo alto, convirtiendo nuestro desafío en algo cada vez más peligroso.

Hacia fines del mes, mientras nuestros cuerpos se adaptaban a la falta de oxígeno, algunos ya estaban listos para realizar el acecho a la cumbre, pero el mal clima apenas permitió alcanzar el campo IV a casi 7.900 metros.
Regresamos todos al Campo Base, donde esperamos pacientes mientras las nubes recubrían la montaña, la nieve caía en la parte alta y llovía hasta alturas superiores a los 6.000 metros (estos fueron los días en que Pakistán fue acechado por los monzones más severos y dramáticos en la historia del país).

Yura y yo precisando más tiempo de aclimatación y fijar la ruta de ascenso, salimos unos dias antes que el resto del grupo, inicialmente en malas condiciones climáticas que mejoraron gradualmente durante nuestro ascenso. Nos reunimos días más tarde con varias personas que subieron rápidamente hasta el Campo III, a 7.100 metros de altura, y unidos formamos un grupo de once personas para continuar hacia la cumbre.

La madrugada del 5 de Agosto nos sorprendió con una nevada intensa, que nos retuvo una hora antes de partir a la espera de una mejora en el clima que nunca llegó. Mientras ascendíamos hacia el Campo IV bajo el cielo gris, las rocas caían constantemente a nuestro paso golpeando nuestros cuerpos y tiendas. Decidí entonces bajar cuando también vi que Ralf Dujmovitz comenzaba su descenso y mientras el resto del grupo continuaba persistente hacia arriba. Una vez en el Campo II, con el gran peligro de las rocas que caían incesantes, decidí descansar unas horas para volver a partir a las 3.00 de la mañana en que el hielo endurecido retendría con mayor firmeza las rocas.

Al llegar al Campo Base, recibí la triste noticia de que Frederik había muerto minutos antes al intentar superar el Campo IV hacia la cumbre, y envueltos en las nubes el resto de mis compañeros descendían la montaña.
Sentí profundamente que el Monte K2, ya no nos quería allí. El mensaje fue claro para mí y decidí partir tras despedirme y participar de una ceremonia en memoria de nuestro querido amigo. El resto del grupo siguió dias más tarde, dejando el Monte K2 detrás, sin ascender una vez más.