Febrero 2010    

 
 
 

BROAD PEAK

REPORTAJE AL ARGENTINO
NACHO LUCERO

Realizado el 24/09/10 por Marcelo Espejo y Santiago Storni

Nacho Lucero es mendocino, y con 38 años de edad es la tercera temporada seguida que va al Karakorum. Además de ser guía e instructor nacional de andinismo, en Aconcagua ha alcanzado más de 34 veces la cumbre. Webs: www.andesandmore.com y www.antisoutdoor.com

Karakorum
Llegamos a Pakistán luego de un mes en Europa, andando en bici por España y Francia con Mariana. En esa recorrida pasamos por el Mont Blanc. El montañismo es un concepto occidental, y nació ahí.
Asia es intensa. Pakistán es un país muy castigado por la prensa. Yo lo quiero mucho y me siento más seguro caminando por Pakistán que en algún país latinoamericano; aunque tienen problemas políticos, tienen catástrofes climáticas y este año (2010) también hubo accidentes aeronáuticos.
El Karakorum se ha puesto muy difícil climáticamente. En Pakistán las “ventanas” de buen tiempo son muy breves, de dos días, y no alcanza a limpiarse la montaña. Ninguna de las cinco montañas de +8.000 m.s.n.m. de Pakistán fue subida en invierno, mientras que los nueve ochomiles restantes sí.
El Broad Peak (8.047 m) cambió mucho climáticamente; se volvió muy peligroso.

Estrategia y ética
Llevé porteadores en la aproximación, pero luego en la montaña trabajé todo solo, y fui el último en irme. Toda la logística previa la contraté con una agencia (Lela Peak). Pero en las montañas comerciales, aunque vayas solo no es del todo honesto decir que vas “en solitario”. Está bueno aclimatar a 6.000 en Argentina cerca de la fecha antes de viajar al destino, así ganas días al reducir el tiempo necesario para aclimatar en el Campo Base. Pero el estilo alpino en Himalaya no es del todo honesto, porque se aprovecha mucho de la energía de los otros. Son muy pocas las expediciones hechas en verdadero estilo alpino. Para eso andá a otras montañas, no a las comerciales, en las que podés aprovechar aspectos de las expediciones pagas: parte meteorológico, cuerdas, apertura de huella, asistencia médica, etc. Yo subo haciendo “diente de serrucho”: subo alto y duermo bajo, para luego hacer el “1-2-3” continuados.
Mi mayor altura alcanzada fue +7.740 m en el Gasherbrum II. Me falta caminar sobre los 8.000 m. Mi estrategia fue aprovechar ese trabajo y energía desplegados por otras expediciones, por eso entré más tarde. Por razones éticas hablé con los guías de las otras expediciones y les pagué por acordar aprovechar su trabajo previo, y hasta considero que me cobraron barato. Éramos dos: un inglés (Andy) y yo. Él es un colega con experiencia, fuerte, pero yo definía la estrategia. Decidimos ir sin porteadores de altura, y ahí también hay que aclarar algo ético: hay quienes dicen que van sin porteadores de altura, pero van detrás de otra expedición aprovechando el trabajo de los porteadores de otro. Yo todavía tengo el romanticismo de ir porque quiero. Aunque a veces debo renunciar a esa modalidad porque también es mi fuente de trabajo. Yo vivo de la montaña.
En esta ocasión mi estrategia se basó en:

  • Llegar más tarde. Así la montaña ya estaba equipada cuando llegamos.
  • Sin porteadores de altura, equipar todos los campos.
  • Luego bajar a descansar bien, para subir y hacer el tirón final.

Siendo latinoamericano ahí voy con menos recursos que el resto. Andaba como un hippie en el Karakorum; debo ser el que ha hecho las expediciones más baratas. Es como ir con un karting a la Fórmula 1. Dispongo de menos horas de internet en el Campo Base para averiguar el clima, si se me rompe algo del equipo no tengo recambio, no puedo estar abandonando el equipo así nomás, porque yo lo necesito aunque esté usado, luego para mi trabajo. Bajé 6 kg. En Aconcagua capaz que me muevo más, pero juego de local, conozco las piedras, estoy como en casa, y eso produce menos desgaste. En Pakistán esta vez ya voy conociendo códigos: si uno reza, yo rezo al lado de él. Y no hay nada más lindo que ir caminando por una senda y que uno me cruce, me reconozca y salude por mi nombre.

Primer intento
Pudimos equipar todos los campamentos muy rápido, y bajamos con mucho entusiasmo. Descansamos cinco días (deberíamos haber descansado ocho días). La demás gente se fue yendo de la montaña. Subimos, y nos dimos cuenta que la montaña estaba peligrosa: los seguros en hielo habían quedado con la estaca afuera, y contábamos sólo con los seguros en roca. Entonces hice un trabajo de subir equipo y duplicar los puntos de anclaje. Además, aunque estábamos a +6.000 m, llovía. Eso hizo mutar a la montaña. Nunca había visto eso. La lluvia hacía la montaña más peligrosa aún. No nevaba pero la lluvia provocaba que cayeran muchas piedras, que si golpean una cuerda la cortan. A mi compañero una piedra le pegó en el pecho, pero sólo le rompió la cámara de fotos.
Llovía mucho en Pakistán, las noticias eran tristes, había pueblos arrasados. Mi cocinero y mi ayudante escuchaban la radio y me decían: “No sé si mi familia está viva”. Finalmente el pueblo más destruído había sido el de al lado de ellos, afectando a conocidos pero no a su familia.
Al haber sido los ingleses los precursores en esta montaña, es normal llegar hasta el campo base con las manos en los bolsillos. Pero luego eso se explica en el ahorro de desgaste. Mi compañero inglés perdió 11 kg, no porque no fuese fuerte sino que por falta de experiencia tuvo mayor desgaste. Yo fui aprendiendo eso en las dos expediciones que había hecho anteriormente. Entonces hasta el Campo Base yo ahorraba energía: me movía aeróbicamente, dejaba que me llevaran la carga, y así luego en la montaña pude aguantar el esfuerzo. Mi compañero Andy en cambio, una vez en la montaña, empezó a deteriorarse, con reducción de su masa muscular. Si bien había sido “explosivo” en la etapa de aproximación, luego de haber equipado todo, se quedó sin fuerzas.

Segundo intento
Entonces él bajó y yo me quedé. Tenía toda la montaña equipada y los campamentos montados. Me sentía muy bien físicamente, pero estaba solo y sin porteadores. Venía una expedición brasilera que contaba con unos porteadores excelentes, muy experimentados y muy buenas personas. Cuando llegaron, liderados por la brasilera Cleo Weidlich (46) yo llevaba un mes trabajando: tenía puestos 2.500 m de cuerda e instaladas cinco carpas, y se los ofrecí a cambio de ir con ellos. Al principio ella se mostró recelosa, pero sus porteadores se hicieron amigos míos. Y me uní al grupo. Salimos del Campo Base a alcanzar el C2. Yo hubiera preferido ahorrar energías en los campos bajos para estar fuerte arriba, pero ellos prefirieron así. Subiendo con los porteadores yo me probé, aprendí, y a la vez me ví tan fuerte como ellos. Incluso como un gesto les subí el gas y varios metros de cuerda (sin que la brasilera se entere); habrán sido unos 5 kg. Ella había intentado el Nanga Parbat, sin cumbre. Había hecho el Gasherbrum I, y luego vino al Broad Peak.
Subiendo, entre el C1 y el C2 se había puesto muy peligroso, con nevisca en pendientes de 60 grados, las cuerdas estaban congeladas y el jumar no trababa. Entonces me acordé de algo que me dijo mi abuelo… y oriné sobre el jumar..! Eso descongeló el hielo, evitó que la cuerda patine, y en adelante funcionó bien.
Llegamos al Campo 2 los dos porteadores y yo. La brasilera llegó sola cuatro horas más tarde. Estábamos a 6.200 m, pero en vez de nevar… llovía! Más arriba estaba nevando. Con ese clima persistente no se podía hacer nada. Con Andy habíamos llegado hasta el C3 inferior. En este segundo intento ni pude intentar el C3.
El descenso y regreso es largo: cinco días. Son muchos kilómetros. Por el temporal supimos que la Karakorum Highway estaba cortada por un desplazamiento. Tuve que volver en jeep en un viaje de veinte y seis horas por una ruta alternativa. En ese recorrido descubrí un Pakistán desconocido por el turismo, muy bello, pero devastado.

Argentinos
A mi compañero inglés lo había conocido en mi primera expedición al Gasherbrum II. Me llamó la atención que me convocara ya que yo no tengo alcanzada ninguna cumbre de éstas, pero me di cuenta que nosotros cuidamos más la vida de la persona que los pakistaníes. Además, las agencias locales ponen el acento en vender el “circo”, sin tanto interés  en lograr la cumbre. Yo creo que el inglés percibió eso en mí: la honestidad en procurar la cumbre y el respeto a la vida.
Creo que las montañas de Pakistán siguen siendo un desafío para el montañismo argentino y mundial.
La primera vez que fui, en el 2008, el Cho-Oyu estaba cerrado, entonces fui al Gasherbrum I. Volví en el 2009, y ahora en el 2010 al Broad Peak, y creo que el año próximo vuelvo de nuevo a Pakistán. Me gustaría formar un equipo argentino al Nanga Parbat. Sé que hay gente interesada. Y si no, puede ser al G.II y al G.I, o al Cho Oyu.
Éramos muchos argentinos en el Karakorum esta temporada. Estaban también los vascos que tienen mucha experiencia. El Karakorum es tan grande como los Andes, agregándole los Alpes arriba, y con una verticalidad que no se da en el resto, y todas las montañas son difíciles. Los campamentos del Broad Peak y del K2 están cerca, por eso me ví con Tommy Heinrich. El K2 impacta, tiene una forma perfecta, es la montaña perfecta. El Nanga Parbat técnicamente es menos difícil que el K2 pero tiene aspectos complicados: las avalanchas, las tribus que lo rodean; es más peligroso que difícil. En mi último intento al Broad Peak, que yo ya había hecho todo el trabajo pesado y él ya volvía del K2, lo invité a venir conmigo. Pero él venía de una expedición traumática con los polacos, en la que había fallecido un amigo suyo sueco. Los polacos tienen mucha fuerza, mucha tradición y cabeza. En ese grupo entre todos sumaban 21 ochomiles.

En el Karakorum todavía hay que ver quién logra un “ochomil” en invierno. Yo creo que si los argentinos queremos hacer algo histórico tenemos que ir al Karakorum.