Febrero 2010    

 
 
 

CHAÑI

PARED SUR
TERCERA REPETICIÓN

Por Ernesto Aguirre

Integrantes: Julio Altamirano, Gustavo Lisi, Sebastián Aldana y Matías Quiñones.

La belleza de lo inútil
Si alguna característica comparten la actividad de montaña con la poesía es, sin lugar a dudas, la insistencia de ambas en buscar lo bello a través de lo inútil (¿habrá algo más bellamente inútil que el canto de un pájaro?). Esto de relacionar montañismo y poesía viene a cuenta porque el 1° de abril pasado (‘2010), tres jujeños, Sebastián Aldana, Matías Quiñones y Julio Altamirano, más un salteño, Gustavo Lisi, decidieron encarar la Pared Sur del jujeñísimo Chañi.
Chañi según el diccionario toponímico jujeño de Antoni Paliari, es palabra de origen pre-incaica y cuyo significado sería “resplandor”, es decir que el objetivo de este equipo era el de ascender un resplandor que, a su vez cuenta con una pared de 875 metros de desnivel en su cara sur.
Todo comienza concretarse cuando el arriero Antonio Balderrama carga sus mulas y encaran todos hacia la segunda laguna al pié de la gran pared, bautizada como Laguna Jujuy por Jorge González y Oscar Di Pietro en la expedición de 1978.

Instalado el Campamento Base, hubo todo un día para descanso y aclimatación, que Gustavo aprovechó para colocar un cuerda fija de 60 metros en la primera cascada de hielo, asegurando así este primer tramo del ascenso, que se iniciaría al día siguiente recién a las 07.00 hs.
Las condiciones físicas de la pared respondían, por supuesto, a las consecuencias del mentado cambio climático. Poca nieve, y un hielo duro y quebradizo, que obligaba al uso temprano de clavos en las rocas y tornillos en el hielo. Cabe destacar las condiciones diferentes de la pared con aquellas descriptas por Jorge “Yuyo” Tarditti en la apertura de ruta, en solitario en 1985, y que fuera también la que ascendió Francisco Sánchez de Bustamante para su cumbre en el año 2000.
Las cordadas se decidieron por viejos… (perdón), por la experiencia de los escaladores: Altamirano y Aldana en una, y Lisi y Quiñones en otra, es decir mezclando viejos y jóvenes (en experiencia).
Superado el primer nevero de 80 metros, le sucedía la primera cascada de unos 65 metros; luego una “pala” de nieve relativamente fácil de 150 metros, y posteriormente una segunda cascada de aproximadamente 85 metros, donde se sucedían tramos de hielo y mixtos de hielo y de roca, con una inclinación de entre 50 y 80 grados. Esta última dificultad técnica obligó a las cordadas a alternarse en su lenta evolución.

El vivac se colgó a las 18.00 hs. Se colgó literalmente, a los +5.500 m, algo así como la mitad de la pared. En esta ruta no existe ningún espacio horizontal, ni para el armado de carpas, ni siquiera para la posibilidad de un descanso acostado. Una vez asegurados los clavos a la roca granítica, se dispusieron a pasar la noche contemplando un cielo limpio y perforado de brillos, que inevitablemente nos devuelve a aquella poesía de lo inútil…
El vivac respetó el privilegio que otorgan los años: arriba de todos en el “Trono de Athualpa”, colgaba Julio, el curaca-médico de la tribu. A la mañana siguiente, luego de las incómodas y riesgosas maniobras para derretir nieve y desayunar (té almendras y granola), las cordadas reiniciaron la escalada a las 09.30 hs. Quedaban 500 metros de ascenso que en las primeras dos horas mantuvo la inclinación del día anterior, y se sucedían tramos de hielo duro y mixto, y luego comenzaba una larga pala de nieve asentada sobre una plataforma de hielo cubierta por nieve acartonada, o sea marcha lenta y dificultosa. Recién al alcanzar el “Abra Chica” al final de la pala , pudieron ver la cumbre, sostenida por un cono de unos ocho metros de roca pura que exige una prudente escalada, no solo por su verticalidad sino también si se considera el agotamiento luego de 35 horas de ascenso.

Unos metros antes de este tramo se toparon con evidentes pruebas de antiguos enterramientos indígenas: se podían ver a simple vista trozos de tejidos con un diseño sugestivo, y maderas aflorando del terreno. A las 18.00 hs pisaron la cumbre que ya no cuenta con las históricas cruces, lo que hace al paisaje somital más salvaje y limpio, para felicidad de los que amamos la montaña en estado puro. Descendieron por el abra del Chañi Chico Sur, arribando al Campo Base a la medianoche, cansados y deshidratados, tanto que por momentos, cuenta Seba, se acordaba del relato de “Tocando el Vacío”, pues escuchaban correr el agua bajo las piedras pero ni una gota que se dejara beber.
Del mismo modo que había comenzado, todo terminó con el arriero Balderrama y sus mulas esperándolos en la laguna “Isaac”, bautizada así por González  y Di Pietro, en homenaje al patriarca de los arrieros del Chañi, Don Isaac Santos. Atrás quedaba ese “resplandor” que inexplicablemente ostenta en su pared sur, unas de las más hermosas paredes de hielo y roca por estas regiones de la poesía.

Enterados del fallecimiento de Carlos Rey, Julio Altamirano nos comunica que quieren dedicarle la cumbre alcanzada al gran montañista integrante del grupo de los “Dinosaurios de la montaña”.

Los argentinos Julio Altamirano, Gustavo Lisi y Sebastián Aldana, protagonistas de esta experiencia, proyectaban junto con Miguel Olivo de Salta, Mariano Rueda de Buenos Aires y los bolivianos Aldo Riveros y Sergio Condori de La Paz, escalar el Manaslú en setiembre de este año 2010, conformando lo que sería la primera expedición binacional argentino-boliviana, pero por razones presupuestarias quedó postergada para marzo del 2011.