Febrero 2010    

 
 
 

DIEZ CUMBRES DE ARGENTINOS EN EL HIMALAYA

Por Marcelo Espejo

La temporada pre-monzónica en el Himalaya ha sido única en términos de la cantidad de escaladores argentinos en la zona y de la cantidad de logros obtenidos. El Everest fue el epicentro de esta actividad, donde confluyeron tres grupos diferentes.

BARILOCHENSES
Por un lado la expedición auspiciada por el Club Andino Bariloche y la FASA. La expedición estuvo dirigida por Francisco Minieri, quien acompañó al grupo hasta el campamento base, y los escaladores fueron Ramón Chiocconi como jefe de expedición, médico y guía con gran experiencia en medicina de montaña y rescates, el biólogo Alvar Puente, Marcelo “Topo” Deza, con importante experiencia en escalada y esquí, Carlos “Charly” Galosi, experimentado corredor de carreras de aventura y Leonardo “Cuny” Proverbio, múltiple campeón sudamericano de esquí de montaña y el único con participación previa en expediciones a “ocho miles” al haber intentado el Broad Peak.

Esta expedición escogió como objetivo la cumbre del Everest (8.848 m), en plena temporada de las expediciones comerciales por la ruta normal de la cara sur y con uso de oxígeno. Comenzaron su expedición a fines de marzo con el trekking que los llevó al campamento base a mediados de abril.  Luego fueron montando los diferentes campamentos en la ruta del Everest mientras iban simultáneamente aclimatándose a la altura.
Completado este proceso bajaron a descansar al pueblo de Debuche para regresar al campamento base a mediados de mayo, para esperar la ventana de buen tiempo que les permitiera el intento de cumbre, que comenzaron el 21 de mayo, llegando a la cumbre del Everest el día 23 a las 08.30 hs. Merece destacarse que todos los miembros de la expedición consiguieron completar el objetivo. Esta fue la segunda expedición argentina al Everest y la primera que consigue llegar a la cumbre como tal.
La anterior fue en el año 1971: un equipo cívico-militar conformado por algunos de los más destacados escaladores de la historia de nuestro montanismo. Liderados por Carlos Comesaña participaron Jorge Peterek, Ulises Vitale, Omar Pellegrini, Jorge Aikes, Jorge Vitón, Jorge Skvarca y Guillermo Vieiro entre otros.
Si bien el equipo de 1971 no consiguió hacer cumbre, las experiencias no son comparables aunque ambas expediciones hayan repetido la misma ruta, en temporadas diferentes: el pre-monzón en el caso de la expedición de Bariloche y el post-monzón en la original. Cabe destacar que en ese momento el Everest no registraba ascensos en esa temporada, lo que convertía al objetivo planteado en algo realmente innovador y complejo. Aparte de los avances existentes en temas de equipamiento las condiciones de ambas expediciones fueron muy diferentes.

La de 1971 era la única en la montaña mientras que la reciente compartió su ascenso con más de veinticinco expediciones de diferentes países. En el 71 todo el trabajo de preparación de la montaña debía ser hecho por ellos mismos. Actualmente el conjunto de las expediciones acuerda un trabajo conjunto que es habitualmente desarrollado por grupos de sherpas que primero abren y mantienen la ruta a través del glaciar del Khumbu, una de las secciones más peligrosas del ascenso. Adicionalmente los sherpas van fijando cuerdas en los tramos más expuestos y peligrosos de la ruta. Por ejemplo este año las primeras cumbres fueron obtenidas la primera semana de mayo por los sherpas que fijaron el escalón Hillary y la parte superior de la montaña. Como ejemplo, el ascenso entre el campo base y el campamento I puede demorar actualmente unas seis horas, y un equipo ya aclimatado como la expedición barilochense consiguió hacerlo en menos de cinco. A la expedición de 1971 le llevó más de tres días de trabajo continuo y peligros el poder establecer el campamento I. En esa época solamente cinco expediciones habían conquistado el Everest, tres de ellas por la ruta elegida por ambas expediciones argentinas y solamente veintiocho personas habían hecho cumbre, mientras que las últimas temporadas más de cuatrocientas personas al año consiguen llegar a la cumbre del Everest. Con los ascensos de este año ya son más de cinco mil las personas que lo han escalado.  Datos que no hacen más que reflejar la evolución que ha tenido el montañismo, y la diferencia entre las distintas épocas, aunque el Everest siga siendo el mismo desafiante y peligroso gigante.

LOS HERMANOS BENEGAS

En paralelo los hermanos Willie y Damián Benegas volvieron al Everest guiando a Leandro MacLean que buscaba completar las siete cumbres, y otros escaladores incluyendo a la guatemalteca Andrea Carmona cuyo objetivo era convertirse en  la primera centroamericana en conseguir la cumbre.
Un problema renal forzó a MacLean a desistir de su intento luego de bajar a Kathmandu y recibir asistencia médica. Los hermanos Benegas continuaron su trabajo en conjunto con la gente de Bariloche y tal como es su costumbre hicieron cumbre, junto con el grupo de Bariloche y las otras personas que ellos guiaban. Willie festejó así su décima cumbre del Everest.
Durante el descenso participaron de un rescate. El hecho ocurrió con una mujer de una expedición extranjera, quien habría sufrido una lesión ó un accidente en una grieta. Cabe recordar que los integrantes de la Expedición Argentina, son miembros de la Comisión de Auxilio del histórico Club Andino Bariloche, y contaban con la invaluable experiencia de Ramón Chiocconi, médico de la misma.
Al descenso se encontraron con la cálida recepción de un grupo de miembros del CAB que había completado el trekking hasta el campamento base. Formaba parte de este grupo  Werner Diem,  discípulo de Otto Meiling y cumplió sus 72 años durante la aproximación.

ÁNGEL ARMESTO

Finalmente Ángel Ezequiel Armesto, originario de Lavallol, Pcia. de Buenos Aires, actualmente radicado en Mendoza, consiguió su primer ascenso al Everest guiando a una expedición de la empresa canadiense Peak Freaks. También comenzó su trekking hacia la base del Everest para fines de marzo, donde llegaron para el 9 de abril. Esta expedición se dividió en dos grupos, siendo Ángel el guía del segundo equipo, con el cual consiguió llegar hasta el campo IV, pero viendo que los integrantes no estaban en buenas condiciones decidió que bajaran. Así lo hicieron y luego aprovechando la ventana de buen tiempo consiguió guiar al grupo hasta la cumbre coincidentemente el día 23, alcanzándola casi simultáneamente con los otros argentinos. Ángel ya contaba con una importante experiencia previa guiando trekkings en la región y algunos ascensos al Ama Dablam.

MÁXIMO KAUSCH

Otro argentino estuvo también guiando en los Himalayas: Máximo Kausch consiguió repetir el ascenso al Cho Oyu (8.188 m), que ya había escalado en el 2008 sin uso de oxigeno.  En esta oportunidad realizó el ascenso guiando a un cliente para la empresa  Summit Climb. Las condiciones climatológicas fueron complicadas en el Cho Oyu, con muy pocas cumbres obtenidas y muchas expediciones que desistieron de su intento. Máximo consiguió el ascenso pese a un intenso frío, necesitando ocho horas para hacer cumbre el 24 de mayo.

“MATOCO” ERROZ

El último ascenso exitoso fue también el más destacado. El guía mendocino Matias “Matoco” Erroz guió a Francisco Minieri y otra gente hasta el campamento base del Everest. Una vez allí se aclimató y acompañó a los Benegas y a los barilochenses hasta el campamento III. Desde allí siguió por su cuenta, en solitario y sin usar oxígeno, consiguió el ascenso al Lhotse (8.516 m) escalando el empinado canal del Lhotse que lleva hasta la arista cimera en cinco horas. Vale destacar que esta canaleta no tenia cuerdas fijas ya que fueron muy pocos los que consiguieron ascender el Lhotse en esta temporada, alrededor de diez escaladores en total. “Matoco” comenzó su intento en solitario y terminó compartiendo la ruta con un fotógrafo americano que usaba oxígeno. Es el segundo ascenso de un argentino al Lhotse, luego que Tommy Heinrich lo consiguiera también sin oxígeno en 1998.

La cumbre del Everest

Por Ángel Ezequiel Armesto
La tos no me deja respirar; ya me metí diez “puf” de salbutamol y nada… No paro de toser, y tengo miedo de romperme una costilla como le pasó a mi jefe y a Khalid, ambos en la misma expedición…
 Es la 01.00 A.M. y estamos en el Balcón, con un frío no muy mal, pero aún así los dedos de la mano no se calientan. Saco un “Hand Warmer”, rompo el paquete y lo meto en la máscara de oxígeno para que “arranquen”, y al rato vuelvo a tener esperanzas de poder seguir. Cuando Tim me preguntó cómo estaba antes de salir, le dije “No creo ir a la cumbre, estoy muy jodido y cansado, pero no te preocupes, no me pondré en riesgo, e iré hasta donde pueda ver a todos y regresarlos hasta el South Col”. Y con esa frase estaba me condené de antemano a no hacer cumbre, pero a llegar alto para cumplir con mi rol de guía.
Nunca me sentí tan débil en una expedición. Tuve que sufrir un virus respiratorio, tos del Khumbu muy grave, y luego diarrea antes del día de cumbre; y ahora estaba empujando a los clientes en la montana más alta del mundo!
Dejo que me adelanten unas 25 personas. En mi condición no puedo ir abriendo huella, ni para mí ni para nadie…Toso, sigo tosiendo, vomito… Estoy harto de tanta porquería. Pero sólo faltan unas horas de tortura.
La noche da lugar al amanecer y Eolo se echa a dormir, al tiempo que Inti nos acurruca como un padre compasivo que ha visto sufrir por demás a sus hijos. El día es espléndido y marchamos, pese al increíble número de escaladores, a un buen ritmo, considerando las circunstancias.
Son las seis de la mañana cuando la pendiente cambia de inclinación y una brisa nos acaricia desde el lado del Kansung Face. El largo e interminable ascenso se hace más llevadero al ver la cumbre sur. Miro a mi alrededor y no creo lo que estoy viendo… Empiezo a llorar como loco, no puedo ni hablar. Me doy vuelta y le digo a un Sherpa “¡Estamos por lograrlo!” Se emociona conmigo y nos abrazamos. Delante mío van dos clientes, y justo detrás el maravilloso grupo de argentinos que también están escalando con los hermanos Benegas… No lo puedo creer, vamos todos a paso seguro hacia la cumbre.
Nos detenemos en la cumbre sur para cambiar botellas de oxígeno por nuevas. Tomamos un poco de té con leche, media barra de cereales y seguimos… Vomité de nuevo por la tos, pero seguimos.
El escalón Hillary, sobre el que tanto leí, está enfrente mío. Hago una pausa pensando en la primera vez que esos dos el 29 de Mayo de 1953 pasaron por allí. Y seguimos. El dolor ya no existe. Todo a mi alrededor y dentro mío está al fin en armonía.
El filo que une ambas cumbres nos llevaría 50 minutos, en donde cada paso nos acercaba al objetivo final. Son estos los momentos en los que uno recuerda todo por lo que debió pasar para llegar aquí. Y no hablo de cuánto ha tenido uno que escalar sino, cuánto he tenido que esforzarme por estar aquí…

La cumbre es un momento mágico y personal para todo montañero. En esta oportunidad lo que puedo decir es que desde allí me sentí parte de lo que estaba viendo debajo. Vi que este mundo es hermoso, y que pertenezco a él en cuerpo y espíritu, y sentí que el estar allí arriba generó en mí más conexión con la tierra que con mi propio ego, como suele pasar cuando una cumbre solo significa un certificado, una foto, y un momento efímero.
Gracias al Everest logré después de mucho tiempo reencontrarme con el guía que hace doce años pensaba que podía cambiarle la vida a la gente, ayudándolos a atrapar sueños. Hoy, el sueño me atrapó a mí, y todavía no llego a dimensionar cuánto me irá a afectar en el futuro. Sólo espero que como todo momento intenso en nuestras vidas, pueda dejar una marca pequeña en cada día, en lugar de una catarata de emoción en un momento.