SAN JUAN – CORDÓN ANSILTA - CERRO Nº 3 - VÍA CANAL NOROESTE
Por Pablo Russo
Expedición invernal realizada el 15 de septiembre de 2006
Desde temprana edad, cuando visitaba Barreal, me llamaba atención el contraste de la Cordillera de los Ansilta y ese pequeño valle.
De todos los picos había uno con su contorno mágico que me inspiraba más.
Corría el tiempo, y un día con un amigo de cordada Luis Banchig decidimos coronar el Cerro 3 de Ansilta a través de un couloir ubicado en dirección Noroeste del mismo.
La Cordillera de los Ansilta se eleva al sureste de la Provincia de San Juan, frente a la localidad de Barreal, está formada por siete picos que oscilan entre los 5.100 hasta 5.886 metros.
Los primeros días de septiembre Luis y yo partimos hacia Calingasta, cargados de pesadas mochilas, equipo técnico, etc.; fuimos en busca de nuestro objetivo ya que nos esperaba mucho trecho hasta las escarpadas laderas del cordón; atravesamos una inmensa pampa (la Pampa de Ansilta) que nos tomó dos jornadas, “caminando y pateando al estilo Banchig”.
Anteriormente para cruzar el Río Los Patos, que separa la civilización de la extensa pampa, habíamos contratado 2 mulas. Con su pesado caudal por un momento el río se volvió protagonista. Al frente el imponente cordón de Ansilta con sus picos de un nevado plomizo.
Creo que la mayor adrenalina la pasé en el río cuando vi a mi amigo y a su mula ir aguas abajo y que casi desapareció por completo
Ahora era mi turno de pilotear mi mula. Con el tambaleo y el peso de la carpa sucedió algo crucial que cambiaria el rumbo de nuestra expedición: los parantes se deslizaron hacia el caudal y ¡¡¡Chau...!!!
Después de atravesar el cauce nos fuimos adentrando en la infinita pampa.
Luego de una jornada de camino por la inmensa llanura surcada de pequeños arroyos era el momento de merendar algo... y ¡zas! Allí nos dimos cuenta que habíamos perdido los parantes. Sin discutir decidimos continuar aunque ambos sabíamos que quedarnos en ese lugar sin la estructura de la carpa era una locura
Avanzamos por una huella que discurre hacia uno de los cañadones que escoltan las quebradas del cordón.
La mañana siguiente se tornó fría, pero el clima era bueno, surcamos extensas lenguas de hielo escoltadas por abruptas laderas, faldeos y pequeños arroyos semicongelados.
El paisaje era imponente y gélido y habíamos ganado una altura superior a los 3.800 metros sobre el nivel del mar.
La tercera noche ya no era para vivac, y más en esa época, así que nos tiramos contra una roca inmensa, improvisamos con el equipo haciendo pilotes, una especie de cueva en la nieve.
El interior de la cueva no era confortable pero contrastaba con el frío panorama cubierto de húmedad y nieve que se descolgaba por la ladera y siluetas de los picos.
Al día siguiente enterrados hasta la varillas nos calzamos las camperas, los pilotos y ya debíamos ser cuidadosos, descolgándonos por desfiladeros y recodos de roca helada.
Al llegar la tarde estábamos al pie del cerro y se podía distinguir la imponente cara sur del Ansilta 2 y hacia el norte, enfrente de esta, nuestro objetivo discurría como un enorme canal que se elevaba serpenteante para culminar en un embudo en la cara del 3.
El quinto día instalamos nuestro campamento base; estábamos sobre los 4.100 metros.
Entre pala y húmeda roca cavamos una gran hendidura para protegernos de las temibles ráfagas del viento blanco.
Desde la cueva podíamos divisar la cara del 3, con sus pilares delimitando el canal tipo embudo, en su parte superior y había canales de nieve que se descolgaban para precipitarse en una gran morrena que nos distanciaba.
Luego de unos mates, comida y la incomodidad de la cueva tuvimos que tomar una decisión. Así que el séptimo día cansados del mal tiempo, optamos por encarar el extenso canal retorcido, ya que estaba más protegido de los vientos que la cara 2 del Ansilta. Con una pendiente sostenida de 40 a 55 grados íbamos serpenteando entre enormes pilares de roca húmeda y fría.
De vez en cuando yo me apoyaba en los pilares para descansar. El viento helado se hacía sentir... ¡Nunca había sentido tanto frío! Ni siquiera en el Aconcagua.
Después de subir cautelosamente y siguiendo algunos consejos de Luis superamos algunos pasos complicados.
El desnivel del canal es aproximadamente de 60 metros, culminando en un flanco cumbre a los 5.000 metros.
Una vez que alcanzamos el filo tuvimos poco tiempo para festejar. Era invierno y venia otro frente frío, por eso con Luis decidimos bajar por un faldeo moderado. Lo hicimos con suma precaución y llegamos al campamento donde con unos mates, chocolates y tragos fuertes festejamos.
La nevada y el frente frío extendieron sus brazos hasta la localidad de Barreal y parte de la precordillera congelando toda la vegetación.
El día ocho ya estábamos en Barreal.
Luis, tipo relámpago se tomó el bondi a San Juan por que tenía que dar clases de Geología en la Universidad. Yo me quedé un día más en el pueblo de los sauces. Mis dedos seguían entumecidos... Tirado y exhausto a la orilla de una fogata, tomé unos mates y disfruté de nuestro logro.
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