Diciembre 2009    

 

MARIO BERTONE

Por Santiago Storni

El 20 de octubre de 2009, dos meses antes de cumplir 97 años, falleció el ingeniero Mario Bertone, en Olivos, Provincia de Buenos Aires, donde vivía con su hija.
Don Mario había nacido en la provincia de Santa Fe el 22 de diciembre de 1912. Cuando tenía seis años viajó con su familia a Italia, en donde obtuvo el título de ingeniero civil especializado en hidráulica. Su amor por las montañas se manifestó siendo muy joven, y lo empezó a desarrollar en los Alpes.
En el año 1931 participó de una expedición italiana al Polo Norte. En 1937 regresó a la Argentina y se radicó en Mendoza. Seis años más tarde fue seleccionado para desempeñarse como glaciólogo en la Dirección General de Meteorología, Geofísica e Hidrología de la Nación. 
Combinando vocación y trabajo, exploró y estudió los cerros, ríos y glaciares en las provincias de Mendoza, San Juan, Neuquén, Río Negro y Santa Cruz, entre otras. Escaló infinidad de montañas, entre ellas el Aconcagua en verano, y luego en pleno invierno (en febrero de 1944 integró la expedición que guió Link, plasmada en el libro “Tempestad sobre el Aconacagua”, con texto de Tibor Sekelj y fotos de Bertone).
También en la Patagonia realizó innumerables ascensiones y estudios de los glaciares.

En el año 1952, concretó el histórico primer cruce transversal del Campo de Hielo Continental Patagónico, liderados por su amigo Emiliano Huerta.
Actualmente hay sectores de los Hielos Continentales que se han convertido en un foco turístico. Hoy en día las expediciones que se internan en el campo de hielo, lo hacen con la tranquilidad de ir por un territorio ya explorado, con un guía, con GPS, con fotos satelitales, carpas diseñadas para el frío y las tormentas, ropa térmica, mochilas cómodas, trineos livianos, radio, teléfono y hasta computadora portátil; pero deben saber que en 1952 hubo cinco hombres, entre ellos Mario Bertone, que fueron con sus esquíes de travesía, franqueando uno a uno los lugares donde expediciones anteriores habían tenido que abandonar, y ellos avanzaron con la incertidumbre y a la vez la decisión de quienes pisan territorio inexplorado, dando nombre a su paso a los accidentes geográficos que iban trasponiendo, soportando varios días de tormentas, los cinco en una carpa de lona, con bolsas de dormir artesanales, llevando la carga en trineos de madera hechos por ellos mismos, incomunicados del resto del mundo y racionando la comida, pero perseverando, hasta avistar por primera vez las aguas del Pacífico, para luego, emprender el regreso por la misma ruta, y llegar a casa sanos y salvos.

De vuelta en Buenos Aires, Mario Bertone fundó el Instituto Nacional del Hielo Continental Patagónico. A partir de entonces dirigió la construcción de una docena de refugios, desde los que realizó valiosos trabajos de relevamiento de los glaciares, pasando cuatro meses al año en la Patagonia, siendo parte incluso del primer aterrizaje de un avión sobre el Hielo Continental.

En 1955 participó de la segunda expedición argentina a los Himalayas, donde iban por siete meses y tuvieron que quedarse casi dos años hasta poder volver a la Argentina. Fue la única temporada en que no fue a su cita anual con los Hielos Patagónicos.

En 1960 publica el libro “Aspectos glaciológicos de la zona del Hielo Continental Patagónico”, continuando con la divulgación de sus conocimientos sobre la zona, con una segunda parte ampliada en 1972, con gráficos, fotos y mapas, procurando, como él mismo afirmaba, “sacar de un desconocimiento injusto a una de las zonas más hermosas del planeta.”

Los glaciares tienen los tiempos de las montañas; y la tarea de Mario Bertone hay que pensarla en términos de generaciones. Gracias a él contamos con todo ese material, elaborado a lo largo de años: los libros, los mapas, las más de 30.000 fotografías, reveladas y clasificadas personalmente por él, los kilómetros de película filmada, las fotos aéreas, sus notas...

La vigencia de todo lo realizado por don Mario la podemos ver permanentemente, en las consultas que realizan los investigadores a su material, y que le hacían a él mismo en persona. O en la ocasión en la que el país tuvo que argumentar razones técnicas y topográficas de soberanía sobre los campos de hielo; y en los tiempos actuales, cuando el retroceso de los glaciares y el cambio climático se han convertido en temas de alta prioridad, contamos con los invaluables relevamientos que realizara Bertone en sus permanentes exploraciones y mediciones, yendo personalmente, año tras año a los hielos, anotando, tomando fotos, con los rollos que él mismo armaba con el carrete dentro de la bolsa de dormir a modo de cuarto oscuro, esas imágenes que nos mostraron lugares entonces lejanos, de imponentes paisajes, de sitios a los que no iba casi nadie, y que los años fueron demostrando el tesoro patrimonial que son.

Nos queda el ejemplo de que cada uno de nosotros debemos creer en lo que hacemos, sin medir el efecto inmediato. Un país se nutre de aquellos que todos los días se dedican simplemente a hacer su trabajo bien hecho, y a superar las adversidades. Y el verdadero capital de la Argentina, se construye con hombres como Mario Bertone.