Marzo 2009    

 

PATAGONIA
FITZ ROY
FRANCO-ARGENTINA

TAN  MÁGICO COMO  POCAS COSAS


Por Charly Galosi

La vida en Bariloche  me llevó a conocer  muchos personajes que nos gusta lo  mismo, y de una u otra manera han ido  influenciando para  poder  hacer cosas cada  vez más interesantes.
En el mundillo del esquí de travesía conocí al "Gallego" Sergio Camacho, quien desde  hace  casi un  año me insistía en  ir a Patagonia hacer algo de montaña.
El 2008 vino a  full de actividades: carreritas por ahí, escaladas en  roca por  Valle,  Piedras Blancas, hielo en  Frey y D’agostini, y lo picante del invierno fue el Puntiagudo con  Alvar  Puente. Esas cosas motivan y te mantienen en movimiento, activo, con pilas para hacer más.
Se acercaba fin de año y se vinieron abajo un par de  proyectitos interesantes por mal  tiempo (San Lorenzo, Mercedario), pero con  el Gallego seguíamos pensando en la movida del sur.
Hicimos varios entrenamientos para ver si nos la bancábamos, previo mini cursito dictado por el “Gaita”,  aprendí  muchas maniobras y trucos para ir más rápido  en la  pared. Dos  idas  a Frey, en  una de las cuales, la oeste de la Princi (cara oeste de la Aguja Principal) nos dio un  baño de  humildad  en la que dudé bastante de la posibilidad de concretar  algo grande en El Chaltén.
Sergio tenía el Fitz en  mente; ya estaba focalizando la vía. A mí me quedaba  grande  la idea por la  alta dificultad. Pero la motivación y la actitud eran superior a toda técnica, así que crucé los dedos, y como ya lo había escuchado de varios escaladores que tenían  el mismo  sueño, repetí: “¡Fitz Roy… allá voy!”

El 1º de diciembre (2008) salimos en la chata del Gallego por la Ruta 40. Lindo viaje, tranquilo. Llegamos a El Chaltén  luego de una parada a dormir  en la ruta y caímos en la casa de  Jimmy Heredia. Acomodamos  un  poco  todo y nos encontramos   con  varios  que estaban muy motivados por salir. Se venían  días de buen clima y  además los chicos (Tomy, Jorgito, el Tibu y el Cabeza) estaban  bajando del Torre ese  mismo día.
El  grupo de climbers estaba listo para salir a hacer algo. Lo vimos a Máx Odell en su boliche y nos  dijo “¡Salgan ahora, ya!”
Luego de  acomodar un  poco todo el equipo, fuimos a  felicitar  a  los pibes por el Torre que estaban dándole al cordero a full, y arrancamos despacito escuchando cumbia  para la hostería el Pilar. Dormimos unas horas tirados al lado de la chata y cuando amaneció empezamos a caminar  hacia el campamento Poincenot. Llegando a Río Blanco nos encontramos con dos cordadas de gente amiga que habían coronado la tarde anterior el Fitz. (“Ponto”, M. Santonato, Dante y Galgo). Ellos nos  pasan el parte actualizado de las condiciones de la  pared, información que la verdad es que nos fue de gran ayuda.
En la Laguna de los Tres nos pusimos los esquíes, pero la nieve estaba muy pesada para esquiar, y nos dimos cuenta que no había sido buen negocio haberlos llevado.

En Paso  Superior nos quedamos unas cuantas horas para hidratar y reponer energías. Dormimos unas tres horas hasta las nueve de la noche, armamos las  mochis  y salimos por el Glaciar Superior en  dirección a la Brecha de los Italianos. Por  suerte nos habían avisado que estaba equipada con una cuerda fija para los rapeles.
Subimos  la Brecha en casi dos horas. Es una  rampa de nieve, hielo y roca de 450 m de  desnivel. Llegamos a la base de La Silla de los Franceses, pero ya era de noche y decidimos descansar. Nos tiramos tres horitas entre colgados y sentados sobre una repisa que mira al este. Cuando empezó a amanecer continuamos la marcha por una serie de terceros (grado de dificultad). Había  bastante  viento del sudoeste que castigaba un poco. Pasamos otra trepindanga cortita y salimos a La Silla, que al cruzarla nos encontramos por primera vez  con la pared  real del Fitz. Ya con todo el material colgando, con las mochis pesaditas, cruzamos una rampa expuesta hasta llegar a pie de vía. Desde ahí nos esperaban catorce largos de un granito inolvidable!

Dejamos un par de piquetas en la reunión y el Gaita se liberó la fisura de 6b.
“Joder tronco! Acojonante!” dijo el gallego, y  la verdad es que no era para menos. A nuestra derecha se veía el patio letal que da al Glaciar Superior y la impresionante  pared este.
Luego  venía un largo de IVº grado tranqui, un Vº y un IIIº medio engañoso que hizo que nos perdiéramos probando y  buscando por dos pseudo-vías. Eso nos retrasó más de dos horas.
Luego vino el quinto largo que es un Vº+ de dificultad, de ahí al famoso diedro de VIºb. El primer largo del diedro tiene una laja clavada muy particular, y la  segunda parte goteaba permanentemente por tener arriba el  nevero de La Araña.
Ya eran siete  los largo hechos y  el día pasaba a fondo, hicimos un larguito de  mediana  dificultad, pero ya eran más de las dos de la tarde y decidimos  bajar. Era viernes a la tarde y nos había dicho que el sábado después del  medio  día se  pondría  feo y con mucho viento por varias horas. Ya con ocho largos conocidos, empezamos a bajar por los rapeles. Estaban todos armados, cosa que facilitaba el descenso. Bajamos también La Brecha y llegamos al Paso Superior. Ya era tarde y decidimos vivaquear ahí mismo. 

A la mañana temprano, agarramos los esquíes, bajamos hasta la Laguna los Tres y de  ahí a El Chaltén. Nos recuperamos un  poco, comimos y miramos de nuevo internet mientras entraba una nube tapando todo el cordón del Fitz. El  tiempo aguantaría bien, esas nubes se irían con la levantada de presión de esa tarde, así que los augurios de la  racha de buen  clima seguían. El  espíritu de volver estaba intacto, sólo un poco más desgastados de físico, pero sabiendo un poco más de cómo se  escala en Patagonia. Varias cordadas saldrían al  día siguiente en distintas  direcciones: algunos al Torre, otros a la  Mermoz, al Pilar Casarotto… Ya era el cuarto día desde que  habíamos salido de Bariloche, y ya  nos estábamos equipamos  nuevamente para la segunda batalla. Esta vez haríamos el  intento con  raquetas de nieve, porque con los esquíes de travesía se complicaba ya que la  nieve  se  estaba yendo muy rápido.

Hasta Paso Superior todo bien; allí hidratamos un par de horas y descansamos un poco. A las nueve de la noche arrancamos hacia La Brecha.
“Hace un frío de cojones!” dijo Sergio.
“Acá  en la Patagonia debe ser así” contesté, pensando que esos  -12º eran usuales para escalar en  estas paredes, y de  hecho  habían  varias cordadas de grosos que estaban encarando cosas  mucho más densas que la Franco-Argentina. Ellos  eran  nuestros referentes. Luego nos enteramos que una potente cordada de argentinos había bajado del Pilar Casarotto  por las condiciones del frío. Entre La Brecha y La Silla encontramos un vivac donde dormitamos antes de entrar a la vía. Cerca de las cuatro de la mañana arrancamos a escalar lo  más rápido y  fluido que  podíamos. Sergio tiraba los  largo “chungos” y  yo los  jumareaba para poder avanzar lo más rápido posible. A mí no me daba para ponerme las zapas de escalada ya  que  el frío te helaba los pies. Hasta el octavo largo,  todo bien; desde  ahí continuaba lo nuevo.

Las cosas se  pusieron más difíciles por la baja temperatura. Poco a poco fuimos avanzando entre repisas, diedritos y fisuras, hasta  llegar al 13º largo: un VIºc con desplome. Era  como si lo hubiesen  puesto ahí para castigarnos! Por suerte tengo un compañero habilidoso que  lo resolvió en artificial muy bien. “El  fin de  las  dificultades”… así se mal llama a este sector. Es cierto que terminan las dificultades mayores, pero las dificultades en sí no terminan nunca. Una rampa de hielo, piedra y nieve nos separaban de “el sueño del pibe”. Ya casi eran las diez de la noche, y nos planteamos varias veces si valía la pena llegar a la cumbre o regresar, por  el horario. Pero sabíamos que al día siguiente sería un día de calor, sin  viento  ni nubes, y eso fue lo que nos impulsó a seguir, a pesar de que ya  que era muy tarde.

Cerca de las diez y media de la noche del 8 de diciembre, llegamos a la cumbre del Fitz.
La emoción fue enorme. Quizás el significado de haber  llegado no lo entendí  hasta que de vuelta en El Chaltén pude mirar la “Franco” con otros ojos; por que cuando llegamos a la cumbre en lo único que pensaba era en bajar bien, y volver bien a Bariloche con los que  me esperaban.
Sobre la cumbre le di un abrazo a mi amigo, le agradecí a Dios el haber llegado hasta ahí y le pedí que nos proteja  en  la bajada. No nos quedamos más de cinco minutos; fotos de  rigor, miradas panorámicas hacia los  Hielos Continentales y hacia todo el este argentino.
Ahora  nos quedaba el otro 50% de la historia por realizar: cansados, con frío y un tanto deshidratados, el riesgo era grande, pero con toda cautela empezamos a destrepar por el  bloquerío hasta la  rampa de nieve y hielo. Un tramo de diez puntas para descender por nuestros pasos hasta donde habíamos dejado las cuerdas, y con noche cerrada comenzamos los rapeles.

Estaban  todos armaditos, pero por ley de Marphy se va a trabar la cuerda cuanto más rápido quieras bajar. Subimos a destrabarla, y rapelando el largo doce la  pista de rapeles se abre  de  la vía de escalada, por lo que nos volvimos  a  meter en  lugar desconocido y de noche.
En una mini repisita nos quedamos a dormitar con todo el abrigo puesto, hasta que empezó a aclarar y pudimos ver a dónde íbamos. Bajando nos encontramos una cordada de argentinos buena onda que habían salido detrás nuestro a escalar; ellos habían llevado equipo de vivac y durmieron en el  largo 5. Llegamos a la Brecha, más tranqui, pero hasta que no estuvimos  en Paso Superior es  como que no  me relajé. Ahí nos encontramos con Pipa y El Cordobés, amigos de Villa La Angostura y Bariloche que salían en pocas horas para la Franco. Hidratamos, charlamos un poco y nos dormimos. Al día siguiente apuramos hasta la chata y de  ahí a El Chaltén, a tomar unas birras acompañadas  con milanesas en Niponino, el boliche de Marianita y  Gerardo.

La verdad es que fue una gran ascensión, un sueño que se  hizo  realidad. El cerro me quedó  grande para el  nivel de escalada y experiencia  en pared que llevé a  Chaltén, pero en este deporte no solo se escala, también se piensa, se regula, se mide y otras cosas que me sentaron bien. Es importante estar fuerte de cuerpo y alma.
Charly Cabeza nos dio el croquis de vía antes de salir y también nos decía que debíamos tener buena data, el  mejor equipo, focalizar el objetivo y sobre  todo… tener corazón de guerrero. Y estoy seguro de que el Fitz lo subimos con el corazón. Lo más importante fue el trabajo en equipo con mi compañero, a quien le debo el logro obtenido. Sin él no llegaba.
Por  otro lado y aunque ellos no lo sepan, debo reconocer y agradecer una fuerte  influencia en esta  progresión que viví en el alpinismo y en la actitud para lograr objetivos, a gente como Topo Deza, Alvar Puente, Seba de la Cruz, Andi Lamunière, Andrés Martínez Infante, Gabriel Goin, Sebas Tagle, y muchos más que nos motivan para hacer cosas en la montaña, y que siempre te ven arriba, por más que sea un proyecto.