EL DEDO DEL CÉSAR 30 AÑOS
Recopilación de Santiago Storni y Marcelo Lisnovsky
En el número anterior publicamos la noticia de la cumbre lograda en el marco del módulo final del curso organizado por la Asociación Argentina de Guías de Montaña, para dar a guías argentinos el título de la Unión Internacional de Asociaciones de Guías de Montaña (AAGM-UIAGM). Esta cumbre había sido alcanzada una sola vez hace treinta años, luego de dos intentos anuales, y desde entonces no había vuelto a ser hollada, a pesar de haber tenido otras tentativas.
Este es nuestro reconocimiento a quienes hace treinta años integraron una expedición entre el 8 y el 28 de febrero de 1978 celebrando el 45º aniversario del Club Andino Bariloche. Ellos eran: Luciano Pera (jefe); Luis Esteves (médico); Pedro Tolón (encargado mediciones); Higinio Maggio y Raúl Lamelo (encargados de la navegación); Mario González, Guido Iglesias y Juan Pablo Incola (cordada de ataque que alcanzó la cumbre).
Del Anuario C.A.B. de 1982. Prestar especial atención a la descripción del equipo de entonces:
Desde la estancia La Jerónima se realizan todos los viajes por el Lago Argentino, navegando el Brazo Sur y luego se cruza el Lago Frías, desde cuya costa esta aguja granítica es bien visible si no hay nubes y se alza la mirada hacia el oeste. Se eleva 1.900 metros sobre el nivel del mar y su mayor dificultad se encuentra en sus últimos 250 metros, donde se yergue el monolito rocoso. Debido a la rotura del puente sobre el Río Frías, éste fue cruzado en su totalidad “a hombro”, y pernoctaron en la orilla norte del Lago Frías.
Hay que cruzar el Glaciar Frías y ascender un gran nevé que conduce al filo del cerro. La dirección a tomar es hacia el oeste dejando a la derecha un glaciar colgante que baja desde el filo mismo. Una vez en el filo se puede observar un himalayesco paisaje llamado “Cordón Adriana”, rematado en su zona sur por el Cerro Cubo. Por este lugar es posible trazar rutas de acceso a todo el cordón con variadas posibilidades de ascensión.
Por este filo y en dirección este-nordeste tras dos horas de marcha nos encontramos frente al imponente “dedo”.
Hasta aquí es necesaria la instalación de dos campamentos volantes por lo que se aconseja disminuir en todo lo posible el equipo, evitando así los sucesivos transportes y consecuente pérdida de tiempo.
La escalada en sí es difícil y, si le agregamos el factor climático desfavorable podemos considerarla como una ruta riesgosa por lo que se aconseja a quién intente este objetivo, estar preparado técnicamente como para superar pasos de Vº grado de dificultad. La ascensión se realiza en ocho largos de soga y los puestos de relevo resultan ser poco cómodos. Para esta escalada es necesario disponer por lo menos de dos sogas de 40 metros, un juego completo de nueces y stoppers, quince clavos de diferentes medidas, veinte mosquetones, diez cintas, martillos, arnés y cordines de rappel.
El descenso se realiza en ocho rappeles; siete cortos y uno largo o que significa una permanencia total en pared de 10 horas aproximadamente.
Un problema que se presenta para el ataque al Dedo es el clima, que, si bien hay excepciones, lo normal son dos días de buen tiempo.
El regreso desde el campamento ubicado al pie de la pared hasta cruzar el glaciar se puede realizar en una jornada de marcha siempre que se cruce por el hielo negro, el que da fácil acceso; no así la zona del blanco al nordeste constituido por desordenados y enormes seracs. Una vez cruzado el Glaciar Frías, a través del bosque y por una senda, luego de dos horas de marcha se alcanzan las orillas del Lago Frías.
La expedición también acampó al pie del cerro El Cubo desde donde subieron al col entre ese cerro y el José María Iglesias, donde instalaron otro campamento, y en el día Carlos Sonntag alcanzó la tercer cumbre comenzando desde la depresión. También desde allí se puede incursionar en el sector más austral del Hielo Continental. |



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