Junio 2008    

 

ARGENTINOS EN EL DHAULAGIRI 2008

RUTA NORMAL NORESTE.
Aproximación por el Valle Myagdi Khola


Integrantes
: Darío Bracali (35 Bs As), Christian Vitry (42 Salta), Sebastián Cura (37 Bs As), Guillermo Glass (36 Esquel) y Pablo Solsona (36, argentino residente en Madrid) que acompañó hasta el campamento base.

El mes pasado publicamos las noticias como nos fueron llegando sobre el cierre de la edición. De vuelta en la Argentina han hablado con nosotros, aclarado si algo habíamos publicado de modo inexacto, y brindado sus experiencias e imágenes.
Christian Vitry dio una entrevista al diario El Tribuno de Salta a mediados de mayo, en la que resume su visión de los acontecimientos, que reproducimos a continuación. También agregamos comentarios de Guillermo, y agradecemos a Sebastián las fotos. Parte de las imágenes, incluyendo las de cumbre, se perdieron con la desaparición de Darío Bracali, de quien publicaremos una nota-homenaje en número próximo.   

El estilo
No existieron improvisaciones, nosotros fuimos a escalar la montaña en estilo alpino, liviano, rápido y fuimos consecuentes con el estilo siempre. Sabíamos que seríamos criticados e incomprendidos, pero ese asunto va más allá de nosotros que somos concientes de lo que planificamos e hicimos. Nuestra expedición no tenía sherpas que nos armen y desarmen las carpas, que instalen cuerdas en toda la montaña, cocineros ni sirvientes en los campamentos, no teníamos grupo electrógeno o pantallas solares para mantener las computadoras, teléfonos y conexión a Internet, por todo ello dijeron que éramos pobres e improvisados. Pero nuestro objetivo deportivo estaba más allá de todo eso que son las expediciones comerciales, justamente en la vereda opuesta. Nosotros cargamos nuestras mochilas con unos 20 kg desde los 900 metros de altura hasta los 7.400 m del campo 3. Sólo empleamos 3 porteadores para que lleven el grueso del alimento hasta el campo base; el resto lo hicimos solos. Por otra parte, a diferencia de todos, que se instalan para aclimatar en el campo base (a 4.800 m) y de allí suben y bajan muchas veces, nosotros hicimos base en el campo 1 (a 5.800 m) donde permanecimos más de una semana aclimatando. Por otra parte, también a diferencia del resto, nosotros antes de partir estuvimos todos en altura, mis tres compañeros estuvieron en el Aconcagua diez días antes de partir, y yo anduve por Ecuador y los cerros de la puna poco antes del viaje. En definitiva, nuestros criterios para afrontar la montaña son sustancialmente diferentes, pero no improvisados.

Los cuatro en el campamaneto 3
Todos llegamos el 30 de abril al campo 3 (7.400 m), allí el mal tiempo y el escaso lugar (estamos hablando de una ladera de 40 grados de inclinación) nos dificultó poder armar dos carpas, por ello armamos solo una, donde debimos pasar la noche los cuatro. Pocas horas después, sin haber descansado por la incomodidad, salimos con Darío a la cumbre. Sebastián se había enfriado las manos y Guillermo estaba cansado, ambos decidieron no salir a la cima y empezar a descender hacia el campo 2. Es aquí donde Sebastián se da cuenta de las severas congelaciones sufridas en ambas manos, eso apresuró el descenso.
 Ese 1 de mayo salimos entonces con Darío hacia arriba. A una altura de 7.800 metros Darío estaba muy cansado, sus piernas temblaban y decidimos bajar. Yo estaba bien, con mucho resto físico, pero no iba a dejar solo a mi amigo, renuncié a la cumbre. Luego de descender unos 200 m nos cruzamos con Rafael Guillen y Jesús Morales. Allí nos comentan que Rafael estaba cansado y quería bajar, Jesús estaba bien y quería continuar, entonces acordamos con Darío que él bajaría con Rafael y yo continuaría con Jesús para intentar la cima, a la cual llegamos unas horas más tarde.

La cumbre
La parte más difícil de la montaña es entre el campo 2 y 3, y los primeros 200 metros entre el campo 3 y la cima, luego es expuesto, con algunos pasos cortos con cierta dificultad técnica, pero no tan peligroso como lo precedente. Una angosta canaleta de unos 50 metros de longitud y 50 grados de inclinación remata en el filo de la cima. Los últimos metros fueron de gran expectativa, la misma que siento siempre antes llegar a una cima, la de la apertura del horizonte, la de imaginar y pensar qué hay mas allá, qué es lo que se ve. La diferencia en este caso se magnificaba, pues se trataba de un horizonte generado en los 8.000 metros, con toda la carga emocional del caso. Asomé al filo cumbrero y lo primero que observé fue el cuerpo tendido de un montañista que pagó con su vida el haber llegado a la cumbre; allí quedó, tendido, dormido para siempre (se trata de un alemán identificado). Luego, mi vista se dirigió hacia la izquierda, donde a escasos metros estaba la parte más alta de la montaña, recortada sobre un horizonte dinámico, huidizo, donde la constante fue el cambio. Finalmente llegué a la cima, si hubiese estado con algunos de mis amigos hubiese llorado, pero la cima fue una emoción seca, un palpitar acelerado del corazón y unos demandantes pulmones que se esforzaban por captar lo máximo de un enrarecido aire.
En la cima del Dhaulagiri pensé en que llevaba exactamente 30 años de actividad deportiva y, por mi mente se proyectaron cientos y miles de rostros de amigos montañeses, los hubiese querido tener a todos, pero estaba solo, solo pero feliz, feliz de haber cumplido mi propio sueño y desafío.

Darío Bracali
(Como publicáramos en “al borde” el mes pasado, el buen tiempo duró poco y al atardecer los vientos eran de 40km/h con amenazantes destellos en el cielo. El viernes 2 Darío descansó todo el día mientras las demás expediciones bajaban. Las distintas expediciones habían comparado sus partes meteorológicos y todos coincidían: el 2 de mayo por la tarde entraría un fuerte frente en la zona, y duraría unos diez días.)
La madrugada del 3 de mayo Darío parte hacia la cima. Estaba nublado pero no había tormenta. No eran las mejores condiciones, pero Darío era una persona criteriosa y de gran experiencia. No sabemos qué es lo que le sucedió, aunque lo más factible puede ser una caída.

El descenso de Christian solo
Darío debió regresar al medio día del 3 de mayo y eran las últimas horas de la tarde y no había llegado. Toda esa noche no dormí, estuve alumbrando con la linterna, silbando y llamando a Darío. El 4 de mayo a las 16.00 hs recibo un par de mensajes, uno de Pablo Solsona (nuestro compañero de la primera parte de viaje) y otro del ecuatoriano Iván Vallejos, donde me piden que baje, pues era cuestión de vida o muerte. Llevaba cuatro días a 7.400 m y se avecinaba un temporal. Eran las 16.30 hs, la visibilidad era nula y emprendí el descenso. Dejé a Darío cinco litros de agua, un termo con té caliente, comida liofilizada, el calentador y tres cartuchos de gas; si llegaba podría subsistir varios días en la carpa. Le dejé una nota comentando sobre mi descenso para pedir ayuda.
Con sumo cuidado descendí desescalando por la expuesta ladera de hielo, la visibilidad era casi nula por la niebla y la nieve había cubierto las cuerdas que indicaban el camino. Al anochecer seguía descendiendo con la linterna frontal encendida. En un momento, atravesando un sector con hielo cristal, el crampón de la bota no se clavó y resbale, caí por la ladera unos 70 metros y finalmente logré autodetenerme. En la caída perdí la linterna frontal, cuya luz se perdía ladera abajo. Me frené a escasos dos metros de una grieta. Allí decidí quedarme, no tenía otra opción segura. Con mi soga y unos tornillos de hielo me fijé a la montaña y pasé la noche al borde de la grieta. Tome el último sorbo de líquido antes que se congelara y traté de no dormirme hasta el amanecer. La situación no era la buena, pero estaba controlada. Al amanecer, observé las carpas del campo 2 y me di cuenta que había equivocado la ruta de descenso. Empecé a bajar y debí cruzar varios seracs y saltar grietas. Se nubló y de nuevo quedé sin visibilidad, hasta que escuché unas voces: era el lituano Ernestas Marksaitis, quien me facilitó su soga para descender los últimos 150 metros hasta el campo 2.
En el campo 2 estaban dos sherpas que me esperaban con líquido, comida y una carpa para que descanse. Al día siguiente, bajé con los dos sherpas hasta el campo base donde me encontré con Guillermo Glass y me enteré que Sebastián Cura había sido evacuado por congelamientos en sus manos.
El descenso fue duro, peligroso y mi vida estuvo en riesgo; sin embargo, nunca perdí el control de la situación. Bajé todo el tiempo solo por mis propios medios; no fui rescatado por nadie y tampoco estuve delirando como reportaron los lituanos.
En el base, con Guillermo (Glass) preparamos nuestras mochilas y habíamos hablado con dos porteadores para que nos lleven otros bultos que nosotros ya no podíamos transportar; estábamos dispuestos a descender caminando durante cuatro días, pero un helicóptero nos buscó y nos trasladó hasta Pokhara.
Mis manos sufrieron un gran enfriamiento, pero no llegaron a tener congelaciones, por lo que están bien.

Agradecimientos: Quiero agradecer en primer lugar a las empresas que apoyaron esta expedición: Makalu Indumentarias que puso todo el equipo de montaña, Carrera de Turismo del Instituto Jean Piaget, Alexander Gold Group, FMC Minera del Altiplano. Al Club Amigos de la Montaña que, a través de su página en Internet brindaron información de primera mano al mundo. A mi hermano Adrián que fue mi preparador físico, a mi familia y un especial agradecimiento a todas las personas que se solidarizaron y estuvieron pendientes y compartieron la alegría de la cima, como también los lamentables hechos ocurridos con la desaparición de Darío Bracali.

Fuente: http://eltribuno.info/verContenido.php?id=15572

“Los ochomiles están tapizados de cuerdas fijas. Es decir que para ascender a una cumbre hace falta sólo un par de buenas piernas y saber jumarear. No es necesario “pensar” la montaña, no importa la calidad del ascenso, sólo basta bajar la cabeza y seguir como un cordero un recorrido diseñado por otros”. Darío Bracali

“Toda esta infraestructura supone una caravana de yaks y, para los más ortodoxos, lujos que van desde porteadores de altura que instalan campamentos donde sea hasta campos base con grupo electrógeno, luz, música, teléfono e Internet. Y esto no es percibido, excepto por las “elites”, como un estilo preferible sobre otros sino como la única opción”. Darío Bracali

Precisiones de Guillermo Glass a las noticias que publicamos el mes pasado
Lo que sentía en el campamento 3 en realidad no era cansancio como tal, sino una sensación de debilidad general que venía acarreando desde el Campo 1; algo similar a lo que siente uno cuando tiene gripe, pero no era gripe. Por lo demás me sentía bien, sin síntomas de mal de altura.
En el campamento 3 las congelaciones de Sebastián ese momento era sólo en la mano derecha, cuando llegamos al C3 y buscando el lugar donde armar la carpa. Los dedos de la izquierda se le enfrían al día siguiente, en el descenso del C3 al C2, tratando de cuidar la mano derecha.
En el C3 dormimos los cuatro en una carpa de dos porque no había lugares buenos y estaba muy frío, así que nos metimos adentro, pero no se había roto ninguna carpa.
Sebastián y yo bajamos el mismo día que ellos van a cumbre. Cuando ellos se van Sebastián se prepara para salir. En eso llega Darío que volvía de su intento. Ahí yo me preparo y salimos con Sebas para abajo. (En el C1 Sebastián es atendido por Iñaki, quien le hace las primeras curaciones)).
El día de cumbre subieron 19 personas. Nosotros estábamos en el C1 en ese momento y hubo transmisiones radiales toda la noche, hasta que llegaron al C3, y eran, en realidad como las tres de la mañana.
El teléfono satelital Christian lo bajó, de hecho yo lo usé en el Campamento Base.
Los españoles Rafael Guillén y David Ferrer habían pegado la vuelta con Darío Bracali. Rafa se quedó en el C3 y David siguió bajando hasta el C1, donde estaba con Agustí, otro de los compañeros de Jesús y Rafa. Después Rafael volvió a subir para ayudar a su compañero Jesús Morales que estaba en problemas. David recibió una llamada de Rafael que precisó ayuda al ver que Morales mostraba síntomas de congelación y cuando David los encuentra poco más arriba del C2 y les avisa que estaba ahí para ayudar, es cuando Rafael se da vuelta y se cae. Luego David se ocupó de terminar de rescatar a Jesús, y de dar la mala noticia de Rafael al resto de la expedición. Jesús había hecho cumbre junto con Christian Vitry.
Los sherpas o porters los negociamos con Sebastián en el Campo Base. Son dos sherpas de la expedición italiana con la que compartimos el permiso, pero nosotros los negociamos y nosotros les pagamos. Ni los lituanos ni los italianos. Y sólo querían ir hasta el C2 porque más arriba era “very dangerous”. Les dijimos que si iban más arriba les pagaríamos más, pero no fueron. El arreglo se hizo el día 4 a la noche tarde, y a la madrugada del día 5 salen para arriba. Según nos dijeron tipo 11.00 hs ya estaban en el C2, al que Christian llega ese mismo día pero varias horas más tarde.
Tampoco es cierto que el jefe lituano ubicado en el campo 1 sabía el número del teléfono satelital e intenta llamar a Darío, porque no se quien le habra dado el número, y el satelital lo tenía Christian y no Darío.
Al campo base llegan Christian y los sherpas el lunes 6 alrededor de las 13.00 hs, donde lo atiende el polaco Robert.
El teléfono satelital no quedó sin baterías, y podía recibir llamadas. De hecho Christian lo prendía, hacía la llamada, y lo volvía a apagar para ahorrar batería. No recibió llamados, sino que él lo llamó a Pablo Solsona y al su padre.
Paula, la mujer de Darío, no fue a Katmandú vía Madrid ni se vio con Pablo Solsona. Creo que fueron vía París.
Para bajarnos del base no es cierto lo que dicen los lituanos que fueron ellos los que llamaron a Katmandú y consiguieron que los incluyeran en un helicóptero, junto con otros pasajeros nepalíes en buenas condiciones. Nosotros sabíamos que había posibilidad que llegara el helicóptero de Global Rescue, y que también vendría el helicóptero contratado por los españoles a buscar la carga que quedaba, con los porters. Ése llegó primero, y yo mismo hablé con el piloto en persona ahí, para que nos llevase. Me dijo que sí, pero con el inconveniente de que nos dejó en el Campo Base italiano, porque había más carga. De ahí sí nos llevo el otro helicóptero pero el día 8 hasta Pokhara.

Agradecimientos: La expedición fue auspisicada por Makalu Indumentaria, pero además Guillermo Glass agradece a Subsecretaría de Deportes y Recreación de la Municipalidad de Esquel, Club Andino Esquel, Chocolatería Braese, Vreni Eggmann y Jorge Gohner. Y Sebastián Cura a Espacio Pilar eventos.

DÍA A DÍA
8/4: Llegada a Kathmandú
9/4: Kathmandú. Compra de alimentos y equipo faltante
10/4: Feriado en Kathmandú (paseo)
11/4: Kathmandu / Beni (850 m)
12/4: Beni / Dhara Pani (1.550 m)
13/4: Dhara Pani / Muri (1.840 m)
14/4: Muri / Boghara (2.080 m)
15/4: Boghara / Dobang (2.500 m)
16/4: Dobang / CB Italiano (3.600 m)
17/4: CB Italiano / Campo Base Dhaulagiri (4.650 m)
18/4: Descanso en CB
19/4: Caminata de aclimatación hasta los 5.000 m
20/4: Porteo de alimento hasta 5.220 m y regreso al CB
21/4: CB a Campo 1 (5.850 m)
22/4: C1 a lugar de deposito (5.500 m) y regreso a C1
23/4: Descanso en C1
24/4: Porteo de equipo cerca de C2 (6.400 m)
25/4: Descanso en C1
26/4: Bracali y Vitry bajan CB a buscar alimentos.
27/4: Regreso de DB y CV al C1
28/4: Llegan todas las expediciones del CB al C1
29/4: Del C1 al C2 (6.770 m)
30/4: Del C2 al C3 (7.400 m)
1/5: Del C3 a la cima (8.167 m). Bracali llega hasta 7800 m y desciende al C3. Glass y Cura descienden del C3 al C1.
2/5: Bracali y Vitry pernoctan en el C3
3/5: Bracali parte a la cima a las 2 AM. Vitry espera en el C3.
4/5: Vitry parte a las 16,30 hs hacia el C2 y vivaquea a 7.100 m en borde de grieta.
5/5: Llega Vitry al C2 a las 13 hs. Sebastián Cura desciende el helicóptero a Pokara junto al grupo de “Al filo de lo imposible”.
6/5: Vitry sale del C2 hacia el CB, llegando a las 12,30 hs y se reúne con Glass.
7/5: Glass y Vitry van del CB a CB Italiano
8/5: CB Italiano a Pokara (helicóptero) y luego viaje a Katmandú.



Darío Bracali, Christian Vitry y Guillermo Glass porteando equipo y comida del campo base al campo 1. Foto Sebastián Cura.


Guillermo Glass
– Christian Vitry –
Pablo Solsona – Sebastián Cura



Darío Bracali


Darío Bracali, Christian Vitry y Guillermo Glass porteando equipo y comida del campo base al campo 1. Foto Sebastián Cura.


Recepción de Tshering Sherpa, el contacto local, en el aeropuerto de Katmandú. Foto Sebastián Cura


Descansando al final del segundo día de aproximación, en la aldea de Muri (1.840 msnm).


Empinado ascenso del C2 al C3, Darío Bracali seguido por Guillermo Glass. Foto Sebastián Cura.


Darío Bracali y Christian Vitry contemplan el Dhaulagiri en toda su dimensión, el día de caminata de aclimatación hacia el “Paso Francés”, a más de 5000 msnm. Foto Sebastián Cura.


Guillermo Glass, Christian Vitry y Darío Bracali, cerca del campo 2, donde hicieron el 2º depósito. Foto Sebastián Cura.


Christian Vitry en el campo 2, el día 29 de abril, previo al ascenso al campo 3. Foto Sebastián Cura


Darío Bracali, durante la aclimatación en el campo 1.


"El teléfono satelital en la mano de Christian Vitry en el campo 3".


"Las manos de Sebastián Cura"