HISTORIA DEL CHALTÉN
Por Alberto del Castillo
Trabajo escrito para el libro “Cerro Torre. Mythos Patagonien”
de Tomas Dauer, año 2004.
Editado en Alemania únicamente en ese idioma.
Con fotografías de Thomas Ulrich y textos de Carsten Von Birckham, Martín Boysen, John Bragg, Jim Bridwell, Alberto Del Castillo, Yvon Chouinard, Gaby Funk, Rolando Garibotti , Alexander Huber, Fulvio Mariani, Silvia Metzeltin, Mathias Pinn, Mitha
Praprotnik y Helmut Rott
EL CHALTÉN
Historia y desarrollo
Posiblemente en un día ventoso de principios del 1900 el danés Andreas Madsen ingresó por primera vez por la puerta natural que como cortada por un hacha separa dos grandes acantilados que permiten el ingreso y egreso al Valle del Río de las Vueltas .
Posiblemente en ese mismo momento Madsen se sintió atrapado por la belleza y la fuerza de la naturaleza que aquí se manifiesta en cada rincón.
El magnetismo del lugar atrapó a Andreas al igual que a otros tantos pioneros que con medios muy precarios encararon una desventajosa lucha contra las inclemencias del clima y las enormes distancias hacia los centros poblados, que a pesar de ello ofrecían una oportunidad de progreso y libertad que la Europa de esa época les había negado (tengamos en cuenta que en esa época el viaje en carreta desde el Río de las Vueltas a Puerto Ibáñes , hoy Comandante Luis Piedrabuena a 380 km. de distancia duraba 35 días).
Eran tiempos en los que en la Patagonia Argentina y Chilena se mezclaban los intereses de la dos naciones por definir sus límites, las grandes compañías ganaderas elegían las mejores tierras acotando los sectores de caza de los Tehuelches, raza nómada que movía sus Toldos varias veces al año para las grandes guanaqueadas (momento en que se juntaban familias de distintos Toldos para hacer cacerías en común).
Al la vez los verdaderos gauchos del norte y centro de Argentina, hombres de espíritu libre y nómada como el de los Tehuelches, cercados por el ingreso de la agricultura y los alambrados decide bajar poco a poco hacia el sur en busca de un territorio sin límites, de grandes extensiones donde el cielo les servía de techo y sus perros y caballos como únicos compañeros.
Alrededor del año1876 Francisco Pascasio Moreno (1852-1919), perito en límites, es encomendado por el gobierno argentino para explorar los lagos y las montañas patagónicas para de esa manera tratar de poner fin a las disputas territoriales entre Argentina y Chile.
Moreno forma distintas “comisiones de límites “ y recluta en Buenos Aires inmigrantes europeos que llegaban a la Argentina escapando de la pobreza de sus países de origen en la búsqueda de un futuro para ellos y sus familias.
Es así como noruegos, daneses y finlandeses se suman al equipo del perito por sus conocimientos de navegación en algunos casos, por la costumbre a trabajar en climas fríos en otros, pero básicamente con la esperanza de un futuro venturoso como norte para todos.
En los tiempos de la demarcación de límites se suscitan innumerable eventos e historias de aventura, las exploraciones son duras en tierras despobladas con grandes lagos de navegación muy peligrosa, glaciares, bosques y montañas cortadas a pique.
Terminados los trabajos de demarcación y exploración, varios de los peones deciden probar suerte y con el aval del Perito F. Moreno se acercan a la región del Fitz Roy y pueblan por primera vez aquellas tierras dejadas a un lado por las grandes compañías ganaderas, por estar muy distantes de los centros poblados desde donde la lana podía ser acopiada y enviada a los puertos y por sobre todo por estar estas tierras pegadas a la cordillera donde, a pesar de ser mas húmedas, cuentan con menos sol que la estepa patagónica y tienen al puma (llamado león por los gauchos y aún por los pobladores locales ) como enemigo número uno, devastando las majadas de ovejas y haciendo poco rentable el negocio ganadero.
Es así como estos primeros colonos, por necesidad y por falta de opciones, pero también por provenir de tierras con climas “ásperos” se animan a poblar la región.
El finlandés Ramstron en la margen suroeste del Lago Viedma creando la Estancia Helsingfors a principios de 1900, el noruego Halvor Halvorsen alrededor del 1924 se muda del sur del Lago Viedma a la desembocadura del Río Túnel y crea junto a su familia la Estancia Río Túnel, los españoles Manuel, Isidro y José Rojo en 1918 fundan la Estancia San José entre el Glaciar Viedma y el Río de las Vueltas, y finalmente el danés Andreas Madsen (1907) en el Valle del Río de las Vueltas justo enfrente de lo que hoy es el pueblo de El Chaltén, creando lo que es hoy la abandonada Estancia Fitz Roy en la márgen este del Río de las Vueltas, y el Suizo Alberto Wittwert en la Estancia La Florida en el año 1917.
Madsen es sin duda el pionero más pintoresco del lugar, y quien en sus libros “La Patagonia vieja” y “Cazando pumas en la Patagonia” refleja sus aventuras, vivencias y por sobre todo el amor a estas tierras y montañas donde formó una gran familia, fabricó galpones, herramientas, instrumentos musicales, enseñó idiomas a sus hijos, domó potros salvajes y emprendió durante años una lucha desigual con el clima, el Río de las Vueltas y su más duro enemigo: el puma.
Mas allá de la lucha contra los enemigos naturales a quien Madsen siempre respetó, su bohemia y falta de paciencia para soportar los trámites burocráticos que le exigía el gobierno argentino y que se realizaban a 500 kilómetros de su hogar , hizo que perdiese con la creación del Parque Nacional los Glaciares en el año 1943 casi todas sus tierras, quedándole hoy a sus herederos (tres generaciones donde los hombres llevan como primer nombre Fitz Roy Madsen) sólo tres hectáreas , en ese pequeño pedazo de tierra hoy solo podemos encontrar los restos de su vieja casa y el cementerio donde su esposa, dos de sus hijos y él mismo están enterrados.
El puesto amarillo, la chacra de la Florida (más tarde Estancia La Florida, el Valle del Río de las Vueltas desde el Río del Bosque, el Valle del Río Fitz Roy, las lagunas Capri, madre e Hija, el Río Blanco, el Cerro León y Polo eran sus dominios donde pastaban sus ovejas, rastreaba Pumas y alimentaba su espíritu cantándole como una especie de Waltt Wittman patagónico a la libertad, que como él repetía “…sin la cual el hombre es tan solo una sombra de sí mismo”.
Estos pioneros, más allá de crear sus establecimientos ganaderos y criar a sus hijos, sirvieron de apoyo para las primeras expediciones de escaladores que, atraídos por alguna fotografía o relato, deseaban alcanzar la cumbre de alguna de nuestras temidas y vertiginosas montañas o adentrarse en el Campo de Hielo Patagónico Sur.
Los años pasaron, las expediciones se sucedieron poco a poco, el precio internacional de lana cayó y los primeros colonos tuvieron que enviar a sus hijos a educarse a Río Gallegos, Comodoro Rivadavia, Río Grande o a Buenos Aires, ya que el gobierno nacional no generaba los medios como para que el campo continué poblado.
Este fenómeno generó un desarraigo muy grande y los hijos de los colonos atraídos por la oferta de las ciudades allí se fueron quedando, y la Patagonia comenzó a vaciarse lentamente.
Este mismo efecto se sucedió en el resto del país, y es el motivo por el cual hoy la Argentina dista mucho de ser un país federal y bien poblado. En realidad la Argentina está formada por grandes ciudades capitales en cada una de sus provincias, altamente pobladas y el resto del territorio muy despoblado, con falta de centros educativos y de salud, motivos estos que provocan, sumados a la falta de trabajo una constante migración a las ciudades.
Diferente ha sido el desarrollo de otras naciones como Estados Unidos, Nueva Zelanda, Australia y Canadá, que crecieron al mismo tiempo que la Argentina y hoy son parte del primer mundo, pues han impulsado y beneficiado la población de las regiones distantes a los centros urbanos.
En Noviembre del el año 1965, un hecho sangriento, la muerte de un carabinero chileno, y un herido en un enfrentamiento con la gendarmería argentina, genera en el área un conflicto entre Chile y Argentina.
Según ambas naciones fue un enfrentamiento armado, aunque las versiones locales hablan de una riña en una partida de truco.
En uno de los frecuentes encuentros entre Carabineros (Chile) y Gendarmes (Argentina) entre ambas fronteras para intercambiar novedades y relaciones de camaradería, y durante el desarrollo de un asado tal vez regado con demasiado vino, se genera una disputa que termina con la muerte de un carabinero en manos de un gendarme, y se desencadena a partir de allí un conflicto que, potenciado por bandos ultra nacionalistas casi termina en los años ’70 con una guerra entre ambas naciones.
El gobierno argentino expropia la Estancia La Florida en la intersección de los Ríos del Bosque y de Las Vueltas (sector que había sido poblado en 1917 por el Suizo Alberto Wittwer, socio de Andreas Madsen) entregándole a la familia Arbilla pobladora de las tierras desde el año 1963,15.000 hectáreas como canje en la localidad de San Julián.
Es así como este hecho marca casi el final de la época de los primeros colonos del Valle del Río de las Vueltas, ya que los Arbilla se retiran. Primero lo hicieron los Wittwer y los Mc Leod, luego le siguen los Madsen (quienes pierden la posesión de sus tierras por razones de índole burocrática o simplemente por dejadez) y el área queda despoblada con la excepción del famoso Puesto Amarillo, que en su momento fue propiedad de la Estancia Fitz Roy (Madsen 1907) y que con el transcurso de los años tuvo distintos puesteros pertenecientes a la Estancia San José, quedando de los pobladores originales solamente los Halvorsen y los Rojo, familias que aún siguen en el lugar, en la Estancia San José, dedicándose con éxito a la ganadería y al turismo, siendo los únicos descendientes de pioneros que continúan con la misma energía la tarea comenzada por sus padres.
Parques Nacionales en el año 1937 pone finalmente una seccional de guardaparques en la confluencia de los Ríos Fitz Roy y De las Vueltas, construyendo además una hostería para uso turístico, siendo el primer Guardaparques Pedro Madsen (Hijo de Andreas).
1937 es el año de la creación del Parque Nacional Los Glaciares (446.000 hectáreas) declarado en 1982 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, donde el objetivo principal es preservar los bosques y los glaciares, transformando la zona en un santuario para la flora y la fauna.
Los turistas de la época eran aventureros que llegaban con sus propios vehículos al área o alpinistas que venían en busca de cumbres.
Hasta el año 1985 toda la actividad del área se desarrollaba alrededor de la casa del guarda parques local y de la hostería de Parques Nacionales (que tuvo diversos concesionarios) pero dos hechos de importancia cambiaron drásticamente la cantidad de visitantes de la la región y su futura población: la construcción del puente vehicular sobre el Río de las Vueltas, y la fundación del Pueblo de El Chaltén por las autoridades de la Provincia de Santa Cruz fueron estrategias provinciales claves para reafirmar la soberanía argentina en el región.
En un principio el pueblo pareció ser más un deseo del Gobierno que un hecho concreto. La fisonomía del lugar en aquellos tiempos no era otra que la de un pueblo con un solo edificio (la comuna) y calles fantasmas con carteles en las esquinas indicando el nombre de las futuras calles sin trazar.
Para la comunidad alpinista esto fue un verdadero shock, y marcó un gran cambio en la población de la región con el advenimiento del turismo.
Sin entrar en el terreno de la investigación científica sino desde la lectura y las historias escuchadas en forma directa por viejos pioneros, gauchos y viejos alpinistas, diría que la población del área donde hoy se encuentra El Chaltén fue marcado por las siguientes culturas, eventos y gente :
* Los Pretehuelches (10.000 años antes del presente) dejaron en el valle muestras de flechas, pinturas y raspadores en zonas de boulder alrededor del pueblo y en la zona del Lago Viedma.
* Los Tehuelches (nombre mapuche que significa quiere decir gente del sur) en los últimos cientos de años y hasta principios del ‘1900, raza de la que aún quedan descendientes directos en toda la provincia, que recorrían con sus toldos probablemente las cercanías del Lago Viedma pero no los bosques, ya que esta raza le temía al bosque a diferencia de los Araucanos del norte y los Fueguinos del sur que convivían con él.
Viejas fotos son testimonio de su presencia, o alguna piedra de boleadora (que se usaban en general para tumbar potros o guanacos) o de algún avestrucero (boleadoras de sólo dos piedras que se usaban generalmente solo para cazar choikes). Los Tehuelches, o al menos los últimos que tuvieron contacto con el hombre blanco, ya no usaban flechas o lanzas; tal vez la introducción del caballo por los españoles cambió sus hábitos de caza.
Los Tehuelches se autodenominaban a ellos mismos “Aoniken” y para ellos en El Chaltén habitaba el espíritu del mal.
Los Tehuelches vivieron en paz hasta mediados de 1950. A diferencia de los Araucanos del norte no fueron una raza combativa, y se fueron mezclando con los blancos , perdiendo sus zonas de caza para las grandes guanaqueadas y armado de sus Toldos, presionados año tras año por las nuevas estancias, hasta perder totalmente el control de sus territorios, y desaparecer.
Los primeros pioneros europeos comenzaron a colonizar el pequeño valle a partir del año 1900, los exploradores y alpinistas desde 1915, y para el ingreso del turismo podemos tomar como fecha clave la fundación del pueblo en 1985 hasta la actualidad.
El Nombre
El Cerro Fitz Roy fue bautizado así por Francisco Moreno en honor al capitán Beagle Robert Fitz Roy (1806-1865) quien con Charles Darwin en el año 1834 remontan el Río Santa Cruz llegando a solo 50 km de su nacimiento en el Lago Argentino, siendo ellos tal vez los primeros hombres blancos en ver el Cerro Chaltén.
El hombre blanco en su afán de conquista no dudó nunca a lo largo de la historia en rebautizar lo que ya estaba bautizado por los indígenas.
En el caso de cerro Chaltén o Fitz Roy la cosa es diferente ya que poco claro queda si realmente los Tehuelches llamaban Chaltén al Fitz Roy, o si simplemente llamaban Chaltén a todas las montañas como lo cuenta en un relato del 1500 el español Antonio de Viedma (quien se acercó a la zona en el 1500 en busca de maderos para sus embarcaciones).
La realidad es que quienes cuestionaban o cuestionan el nombre inglés en una montaña argentina no reparan que ha sido bautizada por uno de los grandes patriotas que Argentina ha tenido, quien creó los parques nacionales argentinos donando tierras que le había dado el gobierno como pago por sus trabajos en la comisión de límites; quien creó el famoso Museo de Ciencias Naturales de la Plata, y murió casi en la pobreza.
Moreno fue un visionario que se adelantó a los tiempos en cuanto a lo que se refiere a conservación, ya que el Parque Nacional Nahuel Huapi (Bariloche) creado por Moreno, fue el segundo Parque Nacional del mundo después de Yellowstone en Estados Unidos de Norteamérica.
Para los Alpinistas o Andinistas la montaña es y seguirá siendo siempre simplemente “El Fitz”.
Breve relato personal
Corría el año 1986, diciembre para ser mas exacto, cuando por primera vez llegué al Valle del Río de las Vueltas, la temporada ‘86/’87 para medirlo en términos de escaladores.
En ese momento vivía en El Bolsón, un valle fértil con increíbles bosques y montañas.
El imán de Fitz Roy y el deseo de hacer alguna ascensión por la zona me atraía con fuerzas ya que en ese momento estas montañas eran míticas para los escaladores argentinos. Sólo unos pocos se habían atrevido a ellas, y unos menos aún habían obtenido un logro de importancia.
Es importante referir que en esa época éramos menos de treinta o cuarenta escaladores activos en toda la argentina. Nos conocíamos todos y sólo un grupo muy reducido de ellos tenían el nivel técnico necesario para encarar estas montañas.
El arribo a Chaltén quedó grabado en mi memoria; la ruta interminable en dirección al Fitz Roy, como una cinta transportadora que nos llevaba en un viejo colectivo hacia un mundo de sueños y fantasías.
La primera parada obligatoria era el Hotel La Leona, un bar de campo atendido por un solo bolichero, cuyos clientes eran los pocos gauchos de la zona que se acercaban a tomar una ginebra, jugar al truco, participar de alguna gresca y tratar de montar los caballos por la tarde para regresar a las estancias o puestos, muchos de ellos a varias leguas de distancia, tarea que se hacía muy difícil después de haber pasado una tarde tomando ginebra o grapa.
La imagen era única: paisanos curtidos por el sol y el viento mezclados con uno que otro escalador, y algún caminante que se arriesgaba a conocer una zona aún oculta para los trekkers. Era la época donde las empresas pioneras de trekking en el mundo comenzaban a mirar la región con interés, y esporádicamente conseguían un puñado de clientes que se animaban a largarse a la aventura en una región que tenía una reputación sobre su clima que alejaba hasta al más valiente.
Después de casi otros 100 Km. de camino igual o peor, el viejo puente sobre el Río de Las vueltas nos daba la bienvenida al ingreso a la zona norte del Parque Nacional Los Glaciares, donde las únicas instalaciones eran las casas de los guarda parques, y la hostería de Parques que en ese momento estaba concesionada, y en esos años era el epicentro de la información y de las reuniones de andinistas, alpinistas, gauchos, guarda parques y todo tipo de persona que, como empujada por el viento, quería llegar al final del camino.
En la hostería precaria comenzaron las primeras actividades turísticas. De hecho el famoso gaucho Don Rodolfo Guerra, figura emblemática de El Chaltén de los tiempos modernos y estrella de casi todos los catálogos de Patagonia, fue traído del norte de la Provincia del Neuquén, para que específicamente comience con el transporte de cargas a caballo. Armaron una sociedad entre él y el concesionario de la hostería de Parques Nacionales que duró poco tiempo, convirtiéndose Don Guerra de esta manera en el primer empresario del turismo de aventura local, y creando una imagen de pionero mezcla de fantasía con realidad ya que Don Rodolfo llegó de la mano del turismo y contemporáneamente con la creación del pueblo.
Un libro aparte se puede escribir con relatos en los que Guerra muchas veces fue el principal protagonista. Sus pocas palabras casi siempre con mucho humor y bien aplicadas, y su legendaria tranquilidad ante situaciones estresantes para alpinistas y trekkers, sumado a su fotogénica figura de gaucho de ojos azules, lo han transformado en un verdadero “star” de la zona, aclamado por fotógrafos y buscado por las expediciones para que transporte sus cargas, que como un clásico local siempre llegan a destino, pero no siempre a tiempo.
Como conocedor de la zona podemos decir que Don Guerra conoce cada rincón de los bosques y montañas que rodean a El Chaltén, y es el responsable del trazado de muchos de los senderos hoy utilizados, además de ser la mano más experta a la hora de amansar y tratar bien a lo caballos (su tranquilidad aquí juega un factor preponderante).
Como asador Don Guerra no es sólo un profesional, es decir puede matar un animal, cuerearlo, ponerlo en el asador y cocinarlo durante tres a cuatro horas, sino que también es un histórico anfitrión.
En el Puesto Amarillo primero, en su casa después y en su quincho ahora ,se han realizado las fiestas y asados más increíbles de la localidad, muchas veces el quincho entero estuvo a punto de caer o prenderse fuego a causa de los eufóricos comensales. A pesar de ello Don Guerra como es común en él, jamás perdió la paciencia, y mientras la música explota, las cacerolas se golpean, las sillas se tiran al fuego y los alpinistas gritan como en una fiesta romana, don Guerra sentado en un banco en un rincón puede dormitar hasta que la luz del día llegue y la fiesta se de por terminada.
Volviendo a mi relato, eran épocas donde el Gobierno Nacional continuaba con litigios fronterizos con Chile y el Gobierno Provincial decidió crear un pueblo en la Base del Fitz Roy , llamándolo El Chaltén (ver origen del nombre ) y de tal manera crear un precedente de soberanía en la región.
La fundación fue en el 1985. Cuando arribé en este primer viaje del ’86, bien recuerdo la imagen digna de una película de Federico Felini: carteles con nombres patrios marcando calles inexistentes, el actual edificio de la comuna abandonado y con los vidrios rotos, algunas casas para los empleados públicos, algunos perros sueltos y nada más, sólo viento...
Había todo tipo de gente. Los andinistas, como era obvio de imaginar, estábamos en contra de la creación del pueblo; nos sentíamos equivocadamente con derecho sobre la naturaleza y creíamos que de alguna manera las montañas nos pertenecían.
Los pocos empleados públicos, que habían sido enviados castigados y no querían estar ahí; vivían aprovechándose de los beneficios del poder que les daba el estado para aumentar su patrimonio con algún pequeño trueque o negocio, pero a la vez quejándose de que el Estado los tenía abandonados.
Sólo unas pocas familias tenían verdadero espíritu pionero y se acercaban en esa época por amor al lugar y buscando un cambio en sus vidas, alejándose de las ciudades y acercándose a la naturaleza.
Y por último estaban aquellos oportunistas que clamaban soberanía en Lago del Desierto, incitando a la gente a la protesta mediática, argumentando derechos de pioneros cuando nunca lo fueron, para obtener tierras que más tarde venderían y por valores millonarios.
Pero bien eran tiempos para mí de gloria. Frente al Puesto Amarillo, hoy camping Madsen, los “climbers” armábamos nuestras carpas y usábamos el puesto en ese momento en manos de Don Guerra como única base en el pueblo. Allí se hacían las compras (a Don Guerra o al dueño del colectivo que venía una vez por semana, hoy dueño de un supermercado en Calafate), se festejaban las fiestas y por sobre todo los asados para festejar ascensiones que contaban del típico cordero patagónico rociado con mucho vino, fiestas realmente históricas donde más de un Alpinista famoso terminaba borracho a la mañana siguiente en un pozo de cuatro metros que Guerra nunca tapaba ya que tenía como destino futuro ser una letrina, y como Guerra siempre se tomaba su tiempo, el pozo iba alojando un promedio de un “climber” por asado.
El Puesto Amarillo era nuestra base de operaciones al igual lo había sido para nuestros antecesores: Terray y Magnone, Ferrari, Maestri y Egger ,Fonrouge y Comesaña entre otros, que gracias a la colaboración de Madsen lo usaban también como depósito, ya que desde allí se inicia el sendero al Campamento Base del Cerro Fitz Roy.
Hoy el puesto está abandonado y cerrado. Sólo marca el inicio del sendero a Río Blanco; los trekkers pasan y ni lo miran. Creen que sólo es una casa vieja mal hecha, pero en realidad es la construcción más antigua de la localidad, y por donde casi todas las figuras del alpinismo patagónico han pasado, bebido mate, vino, y relatado sus ascensiones y sus tragedias.
Los campamentos base eran en aquellos tiempos los lugares más poblados ya que en promedio siempre había más alpinistas en ellos que gente en el pueblo. La vida era bastante comunitaria ya que la dureza del clima y las montañas tendía a acercar a los alpinistas que convivían en los refugios de troncos, intercambiando historias frente al fuego que jamás paraba de danzar.
Solo existían Río Blanco para el Fitz Roy y el campamento Maestri para el Cerro Torre como campamentos base. Laguna Capri era sólo un campamento de paso y usado solamente por los trekkers.
Los guarda parques de aquella época vivían un ritmo más tranquilo que el de hoy. Pocas reglas se rompían ya que el impacto de la gente era muy pequeño, su trabajo más serio era realmente regular el uso del ganado en el área por los nuevos pobladores de la zona del Valle del Río de Las Vueltas, y dar un poco de información a algún turista perdido.
Desde el año 1986 hasta principios de los ’90 las cosas se fueron sucediendo lentamente. El conflicto por Lago del Desierto estaba en su apogeo y autoridades, empleados públicos y pobladores veían el fantasma de Chile apropiándose de estas tierras. Los pobladores enfervorizados criticaban con justa razón a un Gobierno Nacional que manejaba políticas de límites a 3.000 km de distancia sin conocer el terreno.
El gobierno provincial por otro lado en un esfuerzo por poblar las áreas del conflicto, reparte entre pocos pobladores las tierras desde la margen sur del Lago del Desierto hasta la antigua Estancia La Florida.
El camino a Lago del Desierto no existía, y los nuevos pobladores, de a caballo, construyen precarias viviendas en el Valle del Río de las Vueltas. Llevan algo de ganado vacuno al valle, e intentan de esa manera generar algo de dinero.
Las idas y venidas son largas ya que los pobladores más cercanos se encontraban a unos días de marcha a caballo, y los más lejanos a dos.
Gendarmería recorría estas tierras rumbo a la punta norte del Lago del Desierto. El ganado se iba mezclando y durante algunos años las historias más interesantes en el Puesto Amarillo eran las de vacas extraviadas y asados con carne de dudosa procedencia.
El turismo parecía algo del futuro. Salvo por los primeros grupos de trekking guiados por las hijas de la familia Genoud de El Calafate, y algún caminante solitario que llegaba a la zona en la línea de colectivos semanal, el turismo estaba formado por los alpinistas, que en escaso número poblaban los campamentos base.
Mientras Pablo Cotescu con sus DAV summit club guiaban grupos de alemanes y
Miguel Alonso incursionaba en el Hielo Patagónico con americanos, los primeros guías argentinos comenzamos a trabajar solo para sobrevivir y seguir escalando, o explorando la región, viviendo en carpas al principio y construyendo nuestras casas más tarde. Entre ellos estaban el “Yuyo” Tarditti, el “Gringo” Claudio Schurer, Eduardo “Calefón” Fernández y el que suscribe.
Al mismo tiempo algunos bares y almacenes se fueron abriendo, de a poco los emprendimientos privados fueron creciendo, y los empleados públicos que en principio fueron mayoría, dejaron de serlo.
La década del 90 fue de grandes cambios. El gobierno provincial poco a poco comenzó a ver a la localidad como un polo de desarrollo turístico y, si bien las políticas de desarrollo urbano fueron y son un desastre, al menos el Gobierno comenzó a entender que las montañas del lugar tienen un alto valor ambiental y estético, y que ya no son sólo visitadas por locos alpinistas sino también por turismo nacional e internacional que puede ser muy rentable.
El Chaltén es el pueblo más joven de la Argentina que convive, tal vez como muchos pueblos de los Alpes, con dos caras. La de la temporada de verano de trabajo y actividad intensa, y la del invierno donde los turistas ya no llegan, las familias se recluyen en sus casas, se juntan en reuniones sociales y deportivas y se vive un Chaltén diferente; un Chaltén tranquilo y de descanso.
El invierno
La mayoría de las personas se pregunta si el invierno no es aburrido, pero la realidad es que las tareas de la calefacción, acarreos de tubos de gas, corte de leña y otras tareas del hogar, hacen que las pocas horas de luz que van desde las 10.30 a las 17.00 hs se pasen muy rápidamente. Si a ello le sumamos que muchos de nosotros tratamos de esquiar, escalar o llevar a nuestros niños al colegio, el invierno se pasa muy rápido.
Las lagunas se congelan y el Río de las Vueltas casi en su totalidad también.
A pesar de la temida reputación del clima patagónico, el clima en invierno es más estable y menos ventoso.
A pesar de que las temperaturas son muy bajas (-10ºC a -20ºC en un invierno típico), la sequedad del aire hace que el frío no se sienta tanto como en otras zonas del norte de la Patagonia.
La vida social en invierno transcurre en reuniones en la escuela, campeonatos de truco, guitarreadas y bailes.
El nuevo gimnasio ha marcado un punto de encuentro para las actividades deportivas y sociales, sirviendo como válvula de escape para aquellos que no disfrutan de las actividades de montaña o del esquí fuera de pista, y se sienten encerrados a causa de las condiciones climáticas.
Los que trabajamos de guías de montaña aprovechamos el invierno sin clientes para esquiar, explorar y escalar cascadas de hielo, o adentrarnos en el Hielo Patagónico sin las presiones del trabajo y con todo el tiempo del mundo.
Pueblo chico infierno grande
La famosa frase se pone de manifiesto en todo su esplendor en la localidad. La vida en pequeños pueblos no es fácil, y menos aún para aquellos provenientes de las grandes ciudades donde uno se acostumbra a vivir en el anonimato.
Por el contrario en El Chaltén el anonimato se pierde muy rápidamente. Recién ahora que el número de trabajadores en verano ha aumentado, se puede gozar de cierta privacidad, siempre y cuando no se recorran sitios públicos o bares de moda.
Por cierto cada cual toma a su manera las presiones sociales. Normalmente a lo largo de los años los que más las han sentido son aquellos que han tratado de generar cambios en la localidad.
Existió en algún momento un espíritu de grupo generado por las primeras familias, más progresistas, para cambiar modelos sociales de la cultura provinciana, tomando de ella las cosas positivas y tratando de incorporar nuevas ideas a dicha cultura traídas por aquellos que veníamos del “norte”: la enseñaza de idiomas, la cultura de montaña y el andinismo, el arte y el teatro, las danzas, etc.
Todos ellos nucleados en distintas instituciones: el Club Andino, la Comisión Vecinal, la Cooperadora de la escuela, la Asociación Gaucha, etc.
Los esfuerzos fueron grandes, pero lamentablemente vivimos una época de cambios globales y de individualismo que está invadiendo el mundo en general, y que en la Argentina en particular ha llegado a tal punto que nadie cree en las instituciones, y menos aún en las públicas.
En las instituciones intermedias en Chaltén siempre se han generado conflictos de poder que no han hecho otra cosa que destruir las instituciones mismas. El micro ejemplo de Chaltén es solo un reflejo de el país en general.
Hoy los más capacitados para hacer cosas por el bien común han dado un paso al costado y, a mi manera de ver, todos están o cansados del sistema, o demasiado ocupados en sus negocios personales como para ver que una cultura de El Chaltén se construye desde adentro.
Si no capacitamos a nuestros hijos, la historia de la emigración a otros lugares se repetirá nuevamente, continuando el ciclo de pioneros que llegan e hijos que se van.
El futuro
Las oleadas de turistas ya están llegando a El Chaltén, los empresarios de Calafate y Buenos Aires ya no piensan que este es un lugar ventoso solo para montañistas.
Ven en El Chaltén hoy un muy buen lugar para invertir y vender sus actividades y servicios.
Los andinistas que amamos el lugar, nos transformamos en guías de montaña y detrás nuestro nuevas oleadas de guías están llegando por razones laborales, salteando el escalón de la bohemia patagónica que va quedando poco a poco tan lejos, como los fuegos de los campamentos base.
Cada año se abren más restaurantes y bistrós, parrillas y cervecerías, negocios con artesanías traídas de otras provincias, alquileres de equipo, navegaciones, albergues, hoteles y taxis.
Mas de la mitad de los nuevos habitantes locales desconoce lo que hay mas allá de los límites del pueblo. Para ellos Lionel Terray es sólo el nombre de una calle, Mermoz el de una agencia de Turismo, Poincenot el de una posada, Fitz Roy el de una compañía de guías, Madsen el nombre de un Camping...
El turismo llegó a El Chaltén. Y aquí el Gobierno Nacional y Provincial tienen la posibilidad y el desafío de generar una transformación que sea ejemplo para otras localidades, o dejar las cosas a la buena de Dios, como hasta el momento, con consecuencias irreversibles...
Aún estamos a tiempo.
Para los que vinimos con espíritu pionero, para los soñadores e idealistas el Chaltén es otro. No es el Shangrila por todos buscado. Pero a pesar de ello, una vez pospuestos los límites del éjido urbano, basta con adentrarse en el bosque rumbo a las montañas, que son y seguirán siendo, tan difíciles, tan aisladas , tan esbeltas, tan crueles y tan libres como siempre. Y en definitiva es lo que hace que muchos sigamos volviendo, y compartiendo con nuestros pares alpinistas, amigos e hijos, tanta belleza. |

Alberto del Castillo

Flia Madsen Sagier y Urr







Foto Ines Ceccini
Jorge Gonz--JimBridwell






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