LAUTARO
y GORRA BLANCA

Por Fernando Rampezzotti
Fotos Guillermo Martin y Darío Bracali
Marzo 2007

Tres días de viaje con la Ranger a través de la Ruta 3, desviarse en Piedra Buena, pasar por Tres Lagos y finalmente El Chaltén.
El 21 de febrero porteé casi 39 kilos desde el puente sobre el río Eléctrico hasta Piedra del Fraile. Fueron dos horitas y media. Llegué temprano y con la aceleración propia del porteño me fui a caminar y comerme todas las bellezas del paisaje. Alcancé el nacimiento del río Pollone, frente al laguito y glaciar del mismo nombre.
El encargado del refugio se llama Sergio y es digno de una postal gaucha patagónica. Boina, barba, educado pero de modales secos y firmes.
Estuve con Mario Conti, el que subió con Ferrari la oeste del Torre. Está intentando una vía en la oeste el Pier Giorgio. Tranquilo y con buena disposición. En un momento, mientras hablábamos de Casimiro, de Maestri, de la ascensión de Salvaterra, no me aguanté y le pregunté quien creía el que había hecho la primera absoluta al Torre : "Solo Cesare sabe la verdad" me contestó, y agregó que él personalmente, estaba feliz de haber subido el Torre por una vía nueva.
El 22 cargué esquíes, trineo, botas, combustible y el equipo de escalada y me fui hasta el comienzo del glaciar Marconi. Me sorprendió que frente al glaciar se hubiera formado un laguito donde diez años atrás solo había encontrado un pedrero. Como siempre, cruzar el río Pollone fue un verdadero dolor de pies. ¡Qué fría que esta el agua!
El 23 amaneció lloviendo así que aproveché para bajar a El Chaltén y de ahí fui a conocer Laguna del Desierto, muy agreste y bonito.
Con puro estilo patagónico, en el día llovió, sopló vientazo, calmó y salió el sol. La regla del clima en este lugar es "que no hay regla", excepción hecha al barómetro que sigue siendo fiel anticipo de lo que vendrá.
El viento es notable y cuando realmente sopla no solo mueve las piedras sino que también se lleva las caretas de las personas, dejándonos de frente con lo que realmente somos y valemos. Suele mostrarnos en una mejor perspectiva el valor y la dimensión de nuestros actos y de la vida misma, no?
Hoy 24, espero la llegada de Guillermo Martín y Darío Bracali.
Guillermo llegó con toda la aceleración del citadino. Tuve que cuidarme para no perder la tranquilidad que fui ganando en estos días. Literalmente, me esforcé en bajar revoluciones y ayudarlo a desacelerar. Se le rompieron sus esquíes y salimos corriendo a alquilarle un par. Pasamos de $ 70 a $ 10 por día de alquiler. Finalmente lo dejé armando su mochila. Pasé a buscarlo para la cena y, cervecita por medio empezó a relajarse. Tiene buen humor y una actitud positiva.
Mañana a las nueve, sale la combi para río Eléctrico. Ya no me bancaba sin internarme en el bosque nuevamente. Hablé con un guía de nombre Diego Oyarzun y me confirmó la ruta y los tiempos de escalada. Estoy tranquilo y enfocado.
Darío llego tipo 22 hs desde Esquel, acelerado y cansado a la vez de su viaje.
El trayecto desde el puente y hasta Piedra del Fraile (campamento Base a 540 msnm S49*13`39.2 W073*00`44.4") fue corto y liviano para mí ya que no cargaba con peso. El 26 porteamos toda las cosas salvo carpa y bolsas hasta la base del glaciar. Cuatro horas para ir y dos horas para volver.
Planeamos subir mañana hasta la base del glaciar, armar la carpa y aprovechar para portear equipo para luego bajar a dormir en la base del glaciar. La idea sería instalarnos en el refugio chileno el 28 de febrero con comida y equipo para unos diez días más. Tendríamos un día o dos sobre esquíes para alcanzar la base del Lautaro y un día de más de doce horas para escalarlo.
Darío tiene gran vitalidad y los tres estamos de muy buen humor. Es una grata sorpresa poder tener compañeros motivados y alegres. Hasta ahora la dosis de endorfinas que inyectan es un placer.
El 27 nos trasladamos a lo que sería nuestro camp. 2 (vivaque S49*13`15.5" W073*03`05.7") situado sobre el limite inferior del glaciar Marconi. Como la mayoría de los días anteriores el clima estaba desapacible y ventoso, pero la idea de estar en movimiento nos mantuvo muy animados.
Darío y yo decidimos aprovechar el resto de la tarde para avanzar todo lo posible sobre el glaciar cargando con equipo nuestro y parte del de Guillermo, al que dejamos en el campamento reponiéndose. Grande fue nuestra sorpresa cuando al regresar lo encontramos "afeitándose" las piernas , según él para mejor curación de sus inflamaciones debidas al esfuerzo. ( Cosas de la medicina china). Dejamos los equipos (esquíes, trineos, grampones, arneses, tornillos, piquetas, comida) en la unión del glaciar Pollone y Marconi y regresamos como borrachos pues las ráfagas de viento eran poderosas y nos zarandeaban sobre el hielo azul de las morenas. Por momentos teníamos que detenernos y afirmarnos sobre los bastones para evitar que el viento nos tire.
El 28 dimos el salto al hielo. Desarmamos el camp 2 y nos metimos en el glaciar. Recogimos al pasar el equipo que habíamos subido el día anterior y seguimos adentrándonos sobre el agrietado glaciar con el día muy nublado. Pasamos lo más rápido posible debajo de la pared de seracs que domina la rampa ascendente que nos conduciría al plateau superior del glaciar y de ahí al hielo continental propiamente.
Al asomar a la meseta helada se desató tormenta con vientos fuertes y visibilidad cero así que active el GPS para llegar al refugio chileno R. Soto a 1.587 msmn (S 49*09`37.6 W 073*08`11.0" sobre las laderas del cerro Gorra Blanca). Es un largo día, primero con grampones sobre el hielo del glaciar y luego con esquíes y las mochilas arrastradas sobre trineos para llegar al refugio. Éste es una construcción semicilíndrica reforzada, grande y confortable con capacidad para unas veinte personas. Es como un oasis, y su estratégica posición cambia toda la logística de las expediciones al Hielo, pues permite acomodarse en las cercanías de la mayoría de los objetivos usuales sin el desgaste propio de armar y desarmar campamentos esperando buen tiempo.
El 1* de marzo nos recuperamos en el refugio bebiendo y comiendo.
El día 2 salimos con esquíes, trineos y comida para diez días, enfocados y dispuestos en el objetivo. Luego de cruzar el centro de los cinco glaciares rodeamos el cerro Lliboutry y nos internamos profundamente en el Hielo Continental. Esa tarde armamos el camp 4 dentro de una cornisa en las laderas del cordón Gaea. Por la noche el tiempo se descompuso y el día 3 amaneció con poca visibilidad pero sin viento.
Preferimos avanzar guiados por los desdibujados contornos del Lautaro y así conseguir establecernos en la base del volcán para estar listos a la llegada del buen tiempo. Teníamos para recorrer ese día unos 18 km, y a medida que transcurrían las horas el tiempo empeoró, la visibilidad disminuyó a pocos metros y el ritmo de marcha se volvió lento y monótono. El viento frontal aumentó y, para alivianar el esfuerzo, entre Darío y yo enganchamos el trineo de Guillermo al nuestro formando un tren. Por la tarde el clima se tornó violento y me adelanté con el fin de preparar un emplazamiento para el camp 5 sobre las faldas del Lautaro. Llegué a una arista rocosa y cavé una plataforma dentro de los márgenes de una grieta mientras la luz desaparecía y la sensación térmica descendía vertiginosamente. Armamos la carpa a las sacudidas y mientras nos metemos dentro escuchamos Guillermo preguntar por su trineo..? Resulta que al desenganchárselo en la nieve se le deslizó unos 300 m por la ladera. No importa, le prestamos ropa, la funda de vivaque y durmió entre Darío y yo. Al día siguiente bajé a buscar su trineo sin novedad.
El día 4 descansamos, secamos equipos y mejoramos el asentamiento del campamento. El interior de nuestra carpa era un tendero y un sauna, con los dos calentadores prendidos y todo colgando de improvisados piolines.
El día 6 sonó el despertador a las 04:30 hs, y a las seis, cuarenta minutos antes del amanecer, salimos. Encordados con esquíes y linternas para cruzar un primer campo de grietas y entrar en el vallecito central que forman las laderas de la cara este del Lautaro. Una vez en éste avanzamos directamente hacia arriba, entre planchones de nieve, seracs y campos de grietas. Por la tarde de un día perfecto, alcanzamos el filo a la izquierda (al sur) de la cumbre secundaria. Ver al oeste nos recargó las pilas para continuar. Nos quitamos los esquíes y continuamos con grampones ascendiendo la redondeada cumbre secundaria, cruzándola de sur a norte y descendiéndola del otro lado con destino al col que la une con la cima principal.
Todo el filo se encuentra plagado de formaciones heladas como coliflores y que son características de nuestras montañas patagónicas.
La cumbre principal está formada por varios de estos "coliflores" de hielo y entre ellos asoman algunas fumarolas, que con su característica fragancia sulfurosa nos confirman el origen volcánico del Lautaro.
Alcanzamos la cumbre en lo que debe haber sido el mejor día de la temporada. La visibilidad es ilimitada, y según los GPS su altura es de 3623 m. (S49*01`10.8" W073*30`12.5"). La vista del Hielo es hipnótica, con sus gigantescas planicies y sus incontables cumbres. Imagino que muchas de estas esperan aún su primera ascensión. Hacia el oeste se definen claramente los fiordos oceánicos, con sus aguas doradas, llenos de témpanos llegados de los glaciares. Al norte y al sur, hielo, y al este la imagen del lago San Martín y los macizos del Fitz Roy y el Torre dominando delante de la estepa patagónica.
La noche nos alcanzó abandonando el filo cumbrero y preferimos desescalar con los grampones la parte más empinada del glaciar. Después nos calzamos los esquíes para cruzar los campos de grietas. La suerte nos acompañó pues nuestro ascenso coincidió con la luna llena. Llegamos cansados en la madrugada. Habíamos recorrido 22,4 km entre ascenso y descenso y superamos en total un desnivel de 2.000 m.
El 7 desarmamos el campamento en la grieta y cruzamos el hielo con esquíes y trineos de regreso al refugio Soto. Son 23 km mayormente en suave descenso. Llegamos tarde y con muchas ganas de hidratarnos y descansar.
Al día siguiente haraganeamos en el refugio, pero yo ya estaba con toda la energía realineándose hacia el cerro Gorra Blanca, ubicado junto al refugio y cota fronteriza con Chile.
El 9 de marzo amaneció con bruma. Desayunamos capelletines con salsa esperando que mejorara, pero la condición se mantenía en un "Ni". A las 12:00 hs salimos Darío y yo, muy livianos, con esquíes e intenciones de avanzar a la cumbre muy rápidos.
Subir el glaciar Gorra Blanca con esquíes fue rápido, más aún porque seguíamos las huellas en la nieve de una cordada que había ascendido el día anterior. Así fuimos sin ninguna demora hasta el col formado entre una cumbre secundaria al noroeste y el filo norte de la montaña que nos llevaría a la cumbre principal. Ahí cambiamos esquíes por grampones, nos encordamos y continuamos por la arista sorteando algunas rimayas y grietas. La visibilidad disminuyó y comenzó el clásico viento patagónico. Seguíamos pues nos guiaban las huellas en la nieve. Intuíamos las formaciones de hielo o los seracs a nuestro alrededor, pero teníamos toda la concentración en no perder esas marcas de pies que rápidamente iban desapareciendo por el temporal. El ascenso se volvió monótono al no tener referencias, sólo un pie delante del otro y concentración.
Alrededor de cinco horas después de haber partido del refugio aparecieron pegados a nosotros las características formaciones heladas como coliflores, indicio de que estábamos alcanzando el filo cumbrero. Ahora nos preguntamos donde estaría la cumbre exactamente.
Darío encendió su GPS donde tenia grabadas las coordenadas de la cumbre mientras yo mantenía el mío grabando nuestro recorrido, de manera que siempre pudiéramos volver sobre nuestros pasos de regreso al refugio.
Sorteamos algunos "coliflores" helados y llegamos a una cornisa somital; la seguimos de sur a norte imaginando la verticalidad a nuestro costado. Finalmente nos topamos con un coliflor gigante y por una canaleta lo ascendimos en tres o cuatro pasos de doce puntas. Alcanzamos la cumbre a las 18:00 hs. No teníamos visibilidad y el viento y la humedad nos escarchaban la ropa, las lentes de las cámaras, las pestañas, todo. Fotos, video documental y la marcación del GPS, que nos dio una altura de 2.886 m (S 49*08`02,4" W 073*04`53.0").
Bajamos a los saltos, hundiéndonos en la nieve y guiados, a veces por las huellas, a veces por el track del GPS. Llegamos a los esquíes, pero la visibilidad era muy mala, con luz plana, sin sombras. Recién cuando asomamos debajo de las nubes pudimos esquiar un poco más decentemente. Llegamos al refugio rápidamente y con poco esfuerzo, sorteando nevés, grietas y al final algunas placas de hielo.
El día 10 de marzo decidimos regresar de un solo envión desde el refugio Soto hasta Piedra del Fraile. Cargamos todo en los trineos y partimos temprano. En el glaciar Marconi nos pusimos las mochilas y cambiamos a grampones. El efecto del sol en el glaciar había sido notable y ahora encontramos todas las grietas abiertas y el hielo estaba expuesto a cielo abierto. Caían gigantescos seracs de las laderas del cerro Marconi. La salida del glaciar había cambiado pues el camino que habíamos usado para ingresar se había fracturado y ahora estaba sumergido en el lago. No importa, unos pasos con las puntas frontales de los grampones, conexión con otro serac y listo. Distinto fue cruzar el río Pollone pues sus aguas habían crecido con el deshielo de los días anteriores. Tuvimos que hacer más malabarismos que de costumbre para evitar meter los pies en sus frías aguas. Superado el río ya no quedaban obstáculos así que a eso de las 21:00 hs estábamos de regreso en Piedra del Fraile.
El 11 Guillermo y Darío descendieron a El Chaltén, y yo me quedé para subir al Paso del Cuadrado, conexión a 1753mts (S49*14`53.2" W073*02`15.4") con las paredes oeste de la Guillaumet, Mermoz y Fitz Roy, así como también para las rutas normales al cerro y la aguja Pollone. Y una vista espectacular del cerro Torre.

 

 

 



Ascendiendo por los glaciares del Lautaro mientras se levanta la bruma matinal. Al fondo, el grupo del
Fitz Roy y el Torre

Subiendo el Gorra Blanca. La cumbre Principal es el domo blanco a la izquierda.

En el Paso Marconi. Las mochilas pesaban más de 30 kg cada una.

El refugio García Soto, en el flanco chileno del cerro Gorra Blanca. Detrás del paso Marconi se destacan el Fitz Roy, el Pier Giorgio y el Torre.

Cruzando el Hielo Continental hacia el Este, durante el regreso. Detrás del Cerro Marconi asoman las cumbres del Fitz y el Torre. Los trineos resultaron fundamentales.

La cumbre del Lautaro iluminada por el sol naciente y la luna llena.



Durante el día de cumbre, la bruma cubría el Hielo Continental, pero más arriba el clima estaba perfecto.

Fernando Rampezzotti y Guillermo Martin en la cumbre del Lautaro.

Alcanzando la cumbre secundaria, sembrada de "coliflores" de hielo y nieve durante el regreso.