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Historia
del Montañismo XXI
Por
Jorge González
Seguimos
publicando en capítulos este trabajo
de investigación y recopilación,
realizado por Jorge González. Esta
sección está abierta a recibir
opiniones, comentarios y aportes de quienes
quieran sumar material, fotos, relatos,
observaciones, etc. enviándolos al
autor, con copia al editor: georgmallo@yahoo.com
c/c santiagostorni@infovia.com.ar.
Los capítulos que nos quedan por
pubilcar son, uno de recopilación
de la bibliografía consultada, y
un compendio de los argentinos que fueron
a escalar a la Antártida.
POLEMICAS A FINES DEL SIGLO XX
Everest
sin oxígeno-1978
El personaje Reinhold Messner vuelve a la
polémica al hablar de un nuevo desafío:
el Everest sin oxígeno y, en sus
argumentaciones, rompe con los límites
establecidos. Ante lo técnico hay
una postura ética de Messner aunque
luego priman la intolerancia y las susceptibilidades
en el campo de las conductas humanas. En
relación a la montaña lo menciona
de este modo: "No escalo montañas
por conquistar sus cumbres. Entonces, ¿por
qué lo hago? Me coloco en situaciones
extremas para conocer mis miedos, mis dudas,
mis entusiasmos. Tal aventura queda disminuida
tan pronto como el hombre, en su ambición,
se sirve de la técnica. La montaña
más alta se contrae al contacto de
las clavijas, los aparatos de oxígeno
y los cientos de porteadores que acompañan
al alpinista. Quien hace uso de la botella
de oxígeno degrada al Everest a la
condición de montaña de seis
mil metros".
"Una montaña se agota rápidamente
si el hombre no usa con moderación
los medios técnicos de que dispone,
es decir, cuando está más
interesado en conquistar la cumbre que en
conocerse a sí mismo. Aquel que,
en alpinismo, no confía en sus propias
fuerzas, por lo que utiliza aparatos y drogas,
se engaña a sí mismo, engaña
a su propio yo. La mascarilla de oxígeno
es como un muro entre el hombre y la naturaleza;
es un filtro que impide sensaciones de ensueño".
"Las montañas son algo tan elemental
que el hombre no tiene el deber ni el derecho
de someterlas con los medios que la técnica
pone a su alcance. Sólo aquel que
se aproxime a ellas con humildad y modestia
en la elección de los medios auxiliares,
puede experimentar la armonía del
mundo. De repente empiezo a acariciar esta
idea: subir hasta que la montaña
se acabe o caer para no levantarme más".
Reinhold Messner y Peter Habeler lograron
esta hazaña el 8 de mayo de 1978.
Cada uno de ellos publicó un relato
de la expedición, Messner el que
tituló "Everest sin oxígeno"
(Editorial RM, Barcelona, 1979) y Peter
Habeler "Victoria en solitario"
(Grijalbo, Barcelona, 1981). Sin embargo,
a pesar de compartir este logro, surgieron
entre ambos importantes diferencias que
no volvieron a reconciliarse. Se habían
puesto de acuerdo en que si alguno de los
dos tenía un problema, el otro continuaría
escalando o descendiendo si fuese el caso.
Sin embargo, Habeler ayudó a Messner
cuando al bajar estaba prácticamente
ciego por haber perdido sus antiparras.
Que Habeler lo dijera en su libro, molestó
a Messner. Ya no volvieron a constituir
una cordada y Messner es explícito
cuando al final de su libro habla de un
nuevo proyecto: el ascenso al K2 y dice
que "Habeler no formará parte
de la expedición".
Everest-1996
Por encargo de la revista de alpinismo "Outside"
de los Estados Unidos, Jon Krakauer viajó
a Nepal en marzo de 1996 para sumarse a
una expedición guiada al Everest
y escribir un artículo sobre el fenómeno
de las expediciones comerciales al "techo
del mundo". Krakauer llegó a
la cumbre pero vivió una verdadera
tragedia. Después de la publicación
de su artículo, escribió un
libro que se llama "Mal de altura"
(Ediciones B S.A., Barcelona, 1999). Personalmente
creo que, lo apasionante de este libro,
no es solo el modo en que Krakauer hace
el relato de lo sucedido sino además
lo "predecible" que parece su
desenlace aún para un lector neófito
en cuestiones de alpinismo. Del comentario
de la contratapa de la primera edición
(marzo de 1999) transcribo: "Mientras
Krakauer empezaba el largo y peligroso descenso
tras coronar la cima, otros veinte escaladores
de su grupo seguían empeñados
en alcanzarla sin advertir las nubes que
empezaban a cubrir el cielo. Seis horas
más tarde y tres mil metros más
abajo, Krakauer llegó a su tienda
helado y sufriendo alucinaciones por la
falta de oxígeno. Seis de sus compañeros
no habían regresado. Cinco sucumbieron
a la tormenta y a un sexto hubo que amputarle
la mano".
En "Mal de altura" se describen
las circunstancias que provocaron aquella
tragedia y Krakauer "arremete contra
la ambición de los guías,
la inexperiencia de los escaladores y la
banalización del montañismo".
El periodista, cuestiona seriamente la actitud
del guía ruso Anatoli Boukreev de
subir sin el empleo de oxígeno artificial
llevando clientes. Esto explica que se expusiera
a un enorme desgaste, no solo por el esfuerzo
sino también por el intenso frío
y, en consecuencia, de que bajara rápidamente
y antes que sus clientes dejándolos
sin protección. En noviembre de 1997
salió a la venta un libro titulado
"The Climb" [La escalada] que
es la versión que Anatoli Boukreev
le contó a un norteamericano de nombre
G. Weston De Walt sobre el desastre de 1996
en el Everest. Boukreev se había
molestado mucho por el modo en que fue retratado
en "Mal de altura", motivo por
el cual una parte importante de "The
Climb" está dedicada a defender
su actitud en el Everest, a poner en tela
de juicio la versión de Krakauer
y a difamarlo por falta de integridad periodística.
Queda involucrado el escalador Reinhold
Messner al cual acuden uno y otro para contar
con su aprobación o no a las posturas
enfrentadas. Según Boukreev, Messner
asintió a que su actuación
había sido la correcta. Según
Krakauer, Messner grabó en una entrevista
su opinión de que había sido
un error subir sin oxígeno embotellado
y abandonar a los clientes. Lo cierto es
que ocho víctimas recuerdan que los
hombres son muy pequeños ante las
grandes dimensiones de la montaña
y que la masificación del deporte
y el dinero puesto en juego en estas expediciones
comerciales, son factores desencadenantes
de sus peligros reales.
Las
víctimas: Doug Hansen,
empleado de correos de Renton, Washington,
murió en un agujero en la nieve con
Rob Hall, guía de un grupo de Nueva
Zelandia; estaban fuera del alcance de los
socorristas. Scott Fischer, veterano guía
de Seattle siguió a su grupo en el
descenso, se sentó, agotado, y fue
atrapado por la tormenta. Yasuko Namba,
experimentada montañista japonesa,
murió sin llegar a un refugio; el
guía Andy Harris falleció
al alejarse de un campamento. Tres policías
de la frontera Indo-Tibetana, Tsewang Paljor,
Dorjee Morup y T. Samania, desaparecieron
después de escalar la empinada cara
norte.
Los sobrevivientes: Makalu Gao, un fotógrafo
taiwanés, ascendió a la cumbre
y luego se rezagó en el descenso.
Pasó la noche junto a Scott Fischer,
con sus manos demasiado heladas para operar
su radio portátil. Un equipo de rescate
lo trasladó al campamento. Charlotte
Fox se abrazó durante horas con su
novio, Tim Madsen, y su compañera
Sandy Hill Pittman, hasta que un valiente
montañista ruso los asisitió
en los últimos cien metros hasta
un refugio. Seaborn Beck Weathers yació
inconsciente tres o cuatro horas en una
pendiente, luego se levantó y consiguió
volver al campamento. Él y Gao fueron
sacados de la montaña en un helicóptero.
(Fuente Newsweek 29/05/96)
Llullaillaco-1999
El antropólogo norteamericano Johan
Reinhard, quien ascendió y exploró
gran cantidad de montañas de Argentina,
Bolivia, Chile y Perú dirigió
una expedición al volcán Llullaillaco,
de donde se extrajeron tres cuerpos momificados
a 6.700 metros y cuya espectacularidad eclipsó
totalmente a otros descubrimientos ya que
se las consideró las "tres momias
mejor conservadas del mundo". La expedición
de la National Geographic Society de abril
de 1999, fue tapa de la prestigiosa revista
en el Nº de noviembre de ese año
y motivo de opiniones contrapuestas. Coincidentemente
en ese momento se llevó a cabo en
Salta el Primer Seminario Internacional
de Arqueología de Alta Montaña
que concentró a los estudiosos más
renombrados del tema: Antonio Beorchia Nigris,
Juan Schobinger, María Constanza
Ceruti, Ana María Barón (de
San Pedro de Atacama, Chile) y especialistas
del resto de América. De la expedición
de Reinhard habían participado Christian
Vitry y María Constanza Ceruti que
dieron un breve informe de su desarrollo.
Se plantearon interesantes charlas alrededor
de la ética y el "derecho"
que le asiste a un investigador de estudiar
o, para otros, "profanar", esas
tumbas Incas. Lo que rodeó al hallazgo
en el volcán Llullaillaco (6.739
m) tuvo sin dudas controvertidas opiniones.¿Se
alimenta el conocimiento o el coleccionismo?.
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Makalu
Gao y Seaborn Beck Weathers, dos de los
sobrevivientes a la tragedia del Everest
'1996.
Fotos Binod Joshi-AP-Newsweek.

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