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Historia
del Montañismo XX
Por
Jorge González
Seguimos
publicando en capítulos este trabajo
de investigación y recopilación,
realizado por Jorge González. Esta
sección está abierta a recibir
opiniones, comentarios y aportes de quienes
quieran sumar material, fotos, relatos,
observaciones, etc. enviándolos al
autor, con copia al editor: georgmallo@yahoo.com
c/c santiagostorni@infovia.com.ar.
Los capítulos restantes por pubilcar
son: otro de Polémicas, Bibliografía
y, en elaboración Argentinos en la
Antártida
Las primeras grandes
polémicas del montañismo
En
la historia del montañismo, se han
instalado algunas polémicas que giran
alrededor de la interpretación a
la que dieron lugar las conductas y acciones
de diferentes protagonistas de renombre
en el tema. Polémicos por sus actitudes
o en definitiva por las elecciones que hicieron
en su momento, camino al logro de sus objetivos.
Aunque cada uno de ellos sienta que está
justificado, sus decisiones siguen siendo
motivo de diferentes interpretaciones. La
montaña muchas veces no tiene nada
que ver con ello y sólo resulta el
ámbito en el que afloran aspectos
de la naturaleza humana con todos sus componentes
de vanidad y coraje que suelen manifestarse
en estos casos. Algunas viejas y famosas
discusiones se plantean en torno a si determinada
cima fue conquistada (Cerro Torre) y, en
algunos casos, los protagonistas no son
los cuestionados (Mallory-Irvine) pero,
la misma historia, además de opiniones
técnicas, ha sumado consideraciones
de carácter ético.
Mont
Blanc-1786
Corría el año 1760 y apareció
en Chamonix un jóven de apenas 20
años proveniente de Ginebra, dueño
de cierta fortuna e inclinado al estudio
de las ciencias naturales: Horace Benedict
de Saussure. Quedó visiblemente impresionado
por la mole del Monte Blanco, que elevaba
sus cumbre a 4807 metros de altura y llegó
a ofrecer una recompensa importante a quien
se convirtiera en el primero en escalarlo.
El desafío que había puesto
en marcha lo tomó un personaje que
entró en escena: Michel Gabriel Páccard.
A principios de agosto de 1786, Páccard
contrató a un guía jóven
de nombre Jacques Balmat, que se ganaba
la vida cazando gamuzas y recogiendo cristal
de roca. Ambos partieron cargados de comida,
mantas y los instrumentos de medición
de Páccard. Al segundo día
el fuerte y helado viento y el tremendo
cansancio los hacía detener con frecuencia
para buscar respiro, pero finalmente, a
las 6 y media de la tarde, alcanzaron la
cumbre. Era el 8 de agosto de 1786.
“Cuando el periodista suizo llamado
Marc Théodore Bourrit supo del triunfo
de Paccard, los celos se apoderaron de él
e inmediatamente resolvió desacreditar
al doctor. Estaba en excelente posición
para conseguirlo, pues se le reconocía
autoridad en todo lo concerniente al Mont
Blanc. Visitó a Balmat en Chamonix,
y juntos tramaron una versión fantástica
del acontecimiento, que luego publicó
en Ginebra sólo seis semanas después
de la escalada. Paccard aparecía
como un inexperto alfeñique que,
a lo largo de la, ascensión no fue
sino un simple viajero, necesitado continuamente
de ayuda y de aliento para perseverar. Finalmente,
Bourrit aseguraba que el doctor había
sucumbido al cansancio cuando se hallaban
a pocos metros de la cumbre, y que Balmat
había tenido que seguir solo hasta
el final, para luego volver a ayudar a su
compañero a emprender el descenso.
Esta versión de Bourrit fue aceptada
como la verdadera historia de la ascensión.
Quizá, lo más triste de todo
este vergonzoso asunto es que no fue desmentida
por Saussure. En lo que atañe a Paccard,
se comportó con gran dignidad y contención.
Hizo pocos esfuerzos por defenderse y no
se dignó entrar en mezquinas disputas
acerca de su intervención en la gran
hazaña. Lo que le preocupó
mas fue descubrir que su barómetro
se había estropeado durante la subida,
y que, por consiguiente, los datos que anotó
no eran de fiar. Sólo se ocupó
de organizar cuanto antes una segunda ascensión
para efectuar observaciones más exactas.
Había proyectado editar un relato
de la escalada con sus observaciones científicas.
Publicó un prospecto del libro solicitando
suscripciones para pagar la edición;
pero al aparecer el relato de Bourrit, ya
no logró los fondos necesarios, y
su obra no se publicó. Así
creció y se divulgó el mito
de la conquista prácticamente solitaria
del Mont Blanc por Balmat, y la posteridad
la aceptó como auténtica.
Hoy mismo no se conocería la verdad
si no fuera por algunos historiadores concienzudos
de principios de este siglo. Con gran paciencia,
estos hombres profundizaron en el pasado,
reunieron pruebas directas y descubrieron
documentos que arrojaron nueva luz sobre
el asunto, hasta que demostraron sin lugar
a dudas la falsedad de todas las afirmaciones
de Balmat y de Bourrit. Así, casi
cien años después de su muerte,
el doctor Paccard ocupó el lugar
que verdaderamente le correspondía
en los anales de las grandes proezas”.
Everest-1924
En 1924 y con la jefatura del General Charles
G. Bruse, secundado por el comandante E.
F. Norton los ingleses intentaron por tercera
vez al Everest. Los integrantes eran Somervell,
Mallory, Beetham, Hazzard, Odell y Andrew
Irvine, un joven de apenas 22 años.
El más experimentado era George Leight
Mallory considerado el mejor alpinista británico
de la época y que había estado
en los intentos anteriores. El 4 de junio,
Norton y Somervell realizaron un intento
a la cumbre pero desistieron. Mallory sabía
que era su oportunidad y eligió al
joven Irvine para un nuevo intento. Quizá
la experiencia de Irvine con los aparatos
de oxígeno fue lo que lo llevó
a esa decisión. El 8 de junio Odell
iba en una marcha solitaria hacia el campo
VI cuando divisó sobre lo que creyó
“el segundo escalón”
hacia la cumbre, dos diminutas figuras escalando
en la roca. Para Odell que se encontraran
allí a las 13 horas, era demasiado
tarde. Una cortina de nubes envolvió
las figuras y cubrió la montaña.
Nunca más se sabría de ellos.
La expedición sufrió el impacto,
regresó a Inglaterra y Mallory fue
homenajeado con el profundo convencimiento
de sus compañeros de que había
alcanzado la cumbre. Finalmente en 1953,
Hillary y Tensing vencieron el Everest cuando
se abrió el ingreso por Nepal pero
la incógnita de si Mallory e Irvine
habían llegado a la cima y muerto
en el descenso, seguía sin resolverse
y, el lado Norte de la montaña, enmudeció
durante muchos años. Testimonios
y hallazgos aislados mantuvieron y aún
mantienen el misterio sin resolver y son
muchos los que buscan develarlo.
El 1º de mayo de 1999 (75 años
después de su desaparición!)
una noticia conmovió al ambiente
del alpinismo mundial: una expedición
norteamericana dio a conocer el hallazgo
del cuerpo de George Mallory a unos 8290
m de altura sobre las laderas de la cara
Norte del Everest. A partir del hallazgo
del cuerpo de George Mallory y sus objetos
personales y la continuación de la
búsqueda del cadáver de su
compañero Andrew Irvine, el Alpine
Club de Londres emitió un comunicado
con la intención de establecer la
conducta ética que deberían
seguir las expediciones que pretendan encontrar
el cuerpo de Irvine. En lo referente a la
repercusión del posible hallazgo
en los medios de comunicación, el
club británico, afirma que cualquier
publicación de artículos o
fotos del cuerpo momificado debería
ser consultada previamente con lo familiares
antes de salir a la luz. Su lugar, según
el Alpine Club, está en un libro
que reúna la verdadera historia de
Mallory e Irvine, y no en la prensa popular,
aunque ésta sea muy tentadora.
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Mont Blanc1786.

Mont Blanc. Principios de 1900.

George Mallory, el escalador británico
que desapareció en el Everest en
1924 con Irvine y se convirtieron en leyenda.
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Andrew
Irvine.

Expedición al Everest 1924.

El
libro de la expedición que encontró
el cuerpo de Malloy buscando el de Irving.
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