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| Mirador Eléctrico | ||
| Por Santiago Bluguermann |
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Cinco de la mañana. La camioneta desanda lentamente el camino que separa a El Chaltén del puente sobre el Río Eléctrico. Gracias a unas cuantas rondas de mate terminamos de despertarnos, mientras Marcelo (Fayer), guía de montaña y poblador de El Chaltén desde hace unos 3 años, estaciona la camioneta en un playón de ripio al lado del puente. El día aparece inmejorable: poco viento, pocas nubes, el cielo con algunas estrellas remolonas. No es poco, teniendo en cuenta en donde estamos y que hace dos meses que no para de llover. A lo lejos, contra el cielo aún azul oscuro, se dibuja la cumbre del Cerro Eléctrico, nuestro destino.
| La picada en su comienzo es la misma que lleva a
Piedra del Fraile, hasta que en el ingreso al bosque, en vez de meternos en él
siguiendo el río, tomamos hacia la izquierda para comenzar a subir por un lecho
de deshielo que ahora en verano sólo tiene piedras, troncos secos y pequeños
arbustos. A partir de aquí desaparece el sendero y hay que subir prácticamente en línea recta, entre plantas y grandes rocas. Vamos con las mochilas livianas. Comida, algo de ropa, agua, la cuerda y el equipo para hielo componen nuestro equipaje, por lo que ganamos altura rápidamente. |
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En
el Col. La Ag. Poincenot y el Fitz, semi tapados
en el fondo. |
La vegetación se hace cada vez más pequeña y la roca suelta domina el suelo. El ascenso no ofrece mayores dificultades, salvo por un pequeño paso un tanto expuesto que no da mucho lugar para el error. Abajo, el río que baja desde lo alto del cerro corre a toda velocidad, y es el único sonido que perturba la paz del lugar. Dos horas y media después de la partida, a eso de las nueve de la mañana, estamos en el pie del glaciar. Detrás de una gran piedra que sirve de improvisado refugio, nos rehidratamos y masticamos algo, mientras cada uno se coloca el arnés y los grampones. En general, los que hacen la ascensión en dos días arman la carpa en este lugar. Es bastante plano, hay agua y las rocas sirven de protección. Hacen noche, y de madrugada salen a atacar la cumbre. Pero nosotros elegimos subir y bajar en el día, así que es hora de reanudar la marcha. A partir de ahora, todo será nieve y hielo hasta la cima.
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Un gran manto blanco Protegidos por la misma montaña del viento que
viene del oeste, ascendemos en un clima de tranquilidad absoluta. Salvo
esporádicas ráfagas nos recuerdan dónde estamos, pero por suerte la Patagonia
ha guardado su furia climática para otro momento. Todavía sin encordarnos,
ascendemos por un gran manto blanco de unos 35 º de nieve dura, que por ser
temprano todavía resiste los embates del sol. |
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En
la cumbre. Vista de las lagunas Azul y Cóndor
y del |
Paramos de vez en cuando en pequeños manchones de piedra para rehidratarnos, sacar algunas fotos y embadurnarnos la cara con protector solar. La nieve es un espejo que nos cocina lentamente.
El mediodía nos encuentra en el col. Hacia abajo, y mirando al Este, el río Eléctrico es apenas un hilo de agua. Girando 180 º, la gigantesca mole del Fitz Roy nos deja sin habla. Apenas unas nubes cubren su cima, pero vemos con claridad el Paso Superior, la Aguja Poincenot y, hacia el otro lado, las Agujas Mermoz y Guillaumet.
| Las cámaras de fotos trabajan un buen rato, aunque siempre pienso que por más cantidad que se saquen, jamás van a reflejar lo que uno sintió en ese momento y en ese lugar.El descanso llega a su fin. Desde aquí, las opciones para llegar a la cumbre son dos. Escalar por la pared sur, una pendiente bastante empinada de 150 metros, o ir por la ruta normal. Tras estudiar un rato, Marcelo decide ir por la vía normal. En la cara sur la nieve está muy suelta y vemos que una placa se cortó recientemente. Sin pensarlo más, salimos para la cima."En una hora y pico estamos arriba", dice Marcelo mientras empezamos a caminar. | ![]() |
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Cerro
Eléctrico, visto desde la casa de Andreas |
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