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-"Me dijeron que usted me
podía guiar; nunca trepé ninguna montaña, lo más alto que subí fue..."
-Mucho gusto, Eduardo "Calefón"Fernandez, Guía de la Asociación Argentina de
Guías, Parques Nacionales y docente de Montañismo"...
Como éstas, respondo diariamente a preguntas y necesidades de quienes se acercan a un
deporte casi desconocido para los argentinos: "el montañismo" ( que abarca
disciplinas como el trekking, el esquí de travesía, la escalada en hielo y roca, etc.
del cual, en mi opinión, excluyo la "escalada deportiva" por ser esta una
disciplina que se desarrolla en un predio artificial y es en esencia competitiva a
diferencia de la escalada en roca o hielo que se desarrolla en un ambiente natural.)
Si bien han pasado muchos años y por lo menos tres generaciones de andinistas en nuestro
país, la importancia de abrir las puertas de este hermoso deporte recién ahora toma
fuerza. Aún hoy hay líneas elitistas, aún hoy existen quienes temen que gente con
nuevos impulsos tome su lugar en clubes tradicionales, generalmente obsoletos en sus
áreas educativas o formativas. Este temor está de alguna forma bien fundado, si tomamos
en cuenta el hecho de que la mayoría de los individuos o grupos que acceden a un sitio de
poder, para dirigir ya sea naciones o clubes, suelen deshacer las estructuras de las
gestiones anteriores, rompiendo como consecuencia el "statu quo". Pero vamos a
lo fundamental, el problema de transmitir una filosofía de vida tan fuerte y rica como es
la escalada, conlleva el riesgo de que la persona encargada de enseñar, debe estar
capacitada para ejercer sobre todo la docencia y no solamente ser poseedora de habilidades
y conocimientos técnicos.
Es difícil que un adolescente discierna entre llegar a una cumbre por el solo sentido de
disfrutarlo o que lo sienta como un desafío impuesto por una sociedad exitista. La
diferencia aparece cuando las vivencias a las que nos sometemos en la montaña dejan
huellas inborrables en nuestra alma, tanto que nos pueden hacer reflexionar sobre el
significado real de la palabra "escalar" .Estas diferencias son sutiles en las
palabras, pero no en los conceptos: no es igual "escalar posiciones en el plano
laboral" a "trepar hasta los infinitos cielos de nuestro mundo interior", o
"competir" que "compartir". Este, como tantos otros planteos son, sin
duda, procesos únicos e irrepetibles pero que se ven favorecidos si los docentes de
cualquiera de las áeas del montañismo, toman también en cuenta las bases de tipo
filosóficas de esta actividad. Aunque reconozco lo terriblemente difícil que es, desde
el rol de guía o instructor, canalizar las espectativas que una persona puede traer al
acercarse a la escalada. Generalmente la imágen de los potenciales alumnos es de desafío
a los propios límites o un "escapismo". Cómo podría a un individuo inseguro,
que necesita llamar la atención por lo que posee, sea en la ciudad o en la montaña,
transmitirle una pasión que es de fondo y no de forma?
Creo que la única manera es enseñar desde el sentimiento, sino se pasarán
recetas, se crearán paradigmas y eso sólo sembrará caretas plásticas en donde debería
haber naturaleza.
La responsabilidad de los educadores es transmitir los conocimientos, pero por sobre todo enseñar
a pensar y a confiar.
Injustamente, la escalada en nuestro país no tuvo un gran desarrollo y esto lo
vemos reflejado en la cantidad de cumbres pisadas por primera vez por extranjeros,
también lo vemos en zonas conflictivas poco caminadas por los argentinos como la
Patagonia Austral o los Hielos Continentales. Ya no me sorprende encontrar algunos
"gringos" creyendo que la Patagonia es suya, comprando estancias, ensuciando
nuestros Parques Nacionales o desvalorizando nuestras montañas con actitudes que en sus
países les acarrearían severas sanciones!
Pero el problema somos nosotros, porque "no agarra quien no se le deja espacio
para que lo haga". Por eso apuesto a nuestra filosofía
deportiva madre, que está por excelencia orientada a revalorizar la VIDA, a ennaltecer
los sentimientos y a relacionarnos con la naturaleza, entendiéndola y respetándola. Nos
enseña a ser dueños de nuestro tiempo, a VIVIR y no sobrevivir, a manejar nuestros más
ocultos miedos y modelar nuestros carácteres, pues las convivencias en la montaña son
extremadamente íntimas y "en los límites". El Amor y el cuidado desarrollado
entre dos compañeros de cordada es bastante semejante a un cordón umbilical (como madre
e hijo). Si bien, reconozco como escalador, la parte egoísta de guardarnos en las pupilas
aquellos amaneceres en las alturas, sé que el verdadero montañista anhela compartir ya
sea en un campamento base, en un refugio, hablando el mismo idioma o no, sus vivencias.Es
entonces que la pasión por las montañas hace maravillas y cual música universal deja
que la naturaleza haga la melodía.
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