| Rescates en El Chaltén Fotos: Guillermo Martín |
Eduardo "Calefón"
Fernández: Guía de la Asociación Argentina de Guías de
Montaña. Guía salidas y da cursos en el Chaltén y Buenos Aires con su
empresa "Viviendo Montañas". Tiene su casa en el Chaltén desde
1991. César Acuña: Escalador. Estuvo todo el verano en el Chaltén a donde fue a trabajar en la Construcción (Carpintería) y a escalar. Guillermo Martín: Escalador. Coordina entrenamientos para montañistas y salidas durante todo el año. Con amplios conocimientos de Medicina China y Primeros Auxilios. Diego Geier: Escalador. Integra el staff de Instructores del Centro Andino Buenos Aires que dicta cursos y toma el examen de admisión a la palestra del Ce.N.A.R.D. |
Este trabajo no es un informe oficial. Los relatos, análisis y opiniones son a título personal de cada uno de los entrevistados.
-El 20 de febrero (de 1999) Guillermo Dura se accidenta escalando en Paso Superior
Cesar: Paso Superior es desde donde se puede atacar el Fitz Roy, la Poincenot, la Mermoz, la Guillaumet y la Val de Biois.
¿Bivouaqueás ahí?
Hacés cueva (de hielo).
El Gatito es de Córdoba, y estaba escalando con unos chicos de Tandil.
Guille: Estaba
sin seguro.
Cesar: Sí.
Cuando estaba destrepando, se sale una laja (del tamaño de un televisor) y le
cae arriba del pie. Allí estaban los chicos de Tandil y una expedición de
japoneses que lo cuidaron durante toda la noche que siguió. Alguien baja hasta
Río Blanco, y de allí son diez minutos más hasta Poincenot donde estaba
Marcelo Fayer con un grupo de clientes, y con su radio avisa a El Chaltén y se
empieza a organizar el rescate.
¿Por qué no avisan al Chaltén directamente desde Río
Blanco?
Porque ellos no tenían radio.
Guille: Uno
sube sin esas precauciones porque nunca espera tener un accidente.
Cesar: ¿Cómo te enteraste del accidente?
En Chaltén esa tarde nos cruza una camioneta de la
Comisión de Auxilio, y nos avisan. Un helicóptero de Gendarmería justo estaba
para cubrir la vuelta al Hielo de unos chicos de la Plata, que la transmitían
por Internet. Cerca de las seis de la tarde nos juntamos todos en la oficina de
Alberto del Castillo. Vista la situación, nos vamos cada uno a su casa a buscar
el equipo (de hielo): botas plásticas, crampones, piquetas, para poder llegar
hasta Paso Superior. Y nos llevan en camioneta hasta El Pilar.
Cale: Yo
estaba en casa cuando recibo el aviso. Sabíamos que era grave y teníamos que
ir lo más rápido posible. Como a las siete de la noche salimos para El Pilar,
que es una hostería que está saliendo para Lago del Desierto. Ahí hubo una
reunión para organizarnos.
Un grupo salió antes por su cuenta; supuestamente iban a seguir para arriba.
Cesar: Ya estaba
oscureciendo, y empezamos a subir por nuestra cuenta. Pasamos todo lo que es
Piedras Blancas y llegamos a Río Blanco de noche. Allí nos encontramos con los
chicos de Tandil, y todos los que estaban ahí. Recién entonces nos informan
bien los que habían estado con él, y nos explican lo que había pasado. Fuimos
el primer grupo que subió. Al rato llegó el segundo grupo que había salido de
El Pilar. Y nos empezamos a organizar para seguir
subiendo.

Durante la noche
Cale: Nosotros con las linternas frontales, en una hora y pico llegamos como a las nueve de la noche a Río Blanco. Ahí se organizó un poco más la cosa. Se dividieron las tareas. Con Oscar (Pandolfi) y con Marcelo (Pagani) nos íbamos a encargar de sacarlo del glaciar, y traerlo por el borde de la Laguna de los Tres. Del lado izquierdo de la laguna hay una soga fija, pero hay mucho pedrero suelto y es muy peligroso para pasar una camilla. Por el lado derecho era complicado también, pero más seguro.
A Guillermo ¿Vos, dónde estabas cuando te enteraste?
Guille: Yo
estaba en Bridwell, con un grupo.
Cesar: Marcelo
(Fayer) estaba ocupado con clientes. El Polaco (Kosmal) también estaba con
clientes en Chile...
Guille: También
estaban en Bridwell los chicos (del C.A.B.A.). Palmados, porque venían de
levantar campamento y habían llegado esa tarde.
Diego: Habíamos
pasado una noche horrible en el Bivouac Noruego al pie del Cerro Torre. El
viento, la lluvia y el frío, nos habían dejado en un estado lamentable. El
clima parecía que ya no mejoraría. Con un viento terrible bajamos todo el
equipo que habíamos subido a lo largo de un mes. Quedamos bastante cansados.
En la cabaña de Bridwell, disfrutando de ropa seca y comida caliente, gracias a
la radio de Manuel (Virabent), ayudante del "Trekking Glaciar", nos
enteramos del accidente, y de que la primer etapa del rescate ya estaba
organizada, pero que tal vez hiciera falta nuestra ayuda a la mañana siguiente
para relevar a los que trabajaran durante la noche.
Guille: Caparrós, el
Guardaparques, nos dice por radio que saliéramos a la madrugada.
Cesar: Cuando
hay un accidente hay personas que se quedan despiertas, atentas con la radio
encendida toda la noche.
Cale: Nosotros nos
quedamos en Río Blanco. Había muchísimo viento. Salió el primer grupo, medio
acelerados y por su cuenta, porque eran amigos del accidentado. Con ellos fueron
también dos austríacos. Llevaron férulas inflables, una camilla, etc.
Nosotros nos quedamos organizándonos.
La idea era que, de los que salieron primero, un grupo siguiera hasta arriba y
otros se quedaran en el borde de la laguna del otro lado, para hacer un relevo
cuando los de arriba bajaran, y ayudarnos a nosotros a sacarlo delante de la
laguna, y de ahí en más que lo bajara el resto de la gente.
Nos fuimos a dormir con la bolsa de bivouac, en unas carpas. Y dimos la orden
de, hacia el glaciar no pasara nadie que no tuviera experiencia. No queríamos
que ocurriese otro accidente.
Cesar: Entonces se
adelantan tres amigos del Gatito y unos austríacos, que días antes habían
repetido la ruta Roger Flush (una de las más difíciles del Fitz).
Pasando la laguna empiezan a subir por el glaciar, con mucho viento. Salían
volando, rodaban. Uno de los austríacos, mete el pie en
una grieta, recibe un golpe de viento y se quiebra..! Lo bajan casi hasta la
laguna. Ese
grupo no tenía handy, y nosotros íbamos a salir atrás de ellos. Entonces
algunos se quedan ahí con el austríaco, esperándonos.
Cale: El
resto de ellos siguió para arriba sin siquiera enterarse. Iban tan rápido que
ni miraron para atrás. Al austríaco lo abrigaron y uno bajó a Río Blanco a
avisar.
Cesar: Nosotros
todavía en la cabaña, como había tanto viento habíamos decidido esperar a
que amaine, sin saber lo que les acababa de pasar a los chicos en el glaciar.
Comimos algo y nos tiramos a descansar, porque hasta entonces nadie había
dormido y ya eran las tres. No nos terminamos de acostar que aparece uno de los
chicos de Tandil, diciendo: "Bueno, vamos ahora porque se quebró
otro!".
Cale: Nosotros
habremos dormido una hora y media, y nos despiertan con que había otro
accidentado: uno de los austríacos. El caso era que había que subir otra
camilla, y se iba a complicar todo.
Cesar: La noche se
hacía interminable y algunos decidimos subir, ya de noche, ya con otra camilla,
otra férula inflable, todo. Llegando a la Laguna de los Tres miramos para
atrás y vemos abajo todas las linternas de los que venían subiendo, desde El
Chaltén, desde El Pilar y desde Bridwell. Nosotros éramos cinco. Íbamos con
Gerardo, un chico de Parques. Y para llegar al Glaciar de los Tres, tenés que
pasar por unas cuerdas fijas, por un sector de roca muy expuesto, que si te
caés te quedás colgado. A este chico le decíamos "¿Menos mal que no ves
por dónde te estamos llevando, porque si vieras, no vendrías!" Él
decía: "Sí, mejor no me cuentes". Seguimos para arriba hasta
encontrarnos con el grupo del quebrado, todo esto de noche. Y los otros empiezan
a subir, porque a todo esto, ninguno había subido. Se habían quedado ahí con
él.
Amanece
Cesar: Empieza a amanecer. Y con
Gerardo quedamos solos con el austríaco. Mirábamos y la gente no aparecía.
Nadie asomaba por el filo de la laguna. Entonces hablábamos con él, porque
algo de castellano entendía. Su compañero había seguido con el grupo hacia
arriba sin enterarse. Al rato empezamos a ver los grupos que se acercaban por el
otro lado de la laguna, tallando escalones. Hacía frío; el sol ni aportó.
Cale: Empezó a
despuntar el alba y decidimos salir para arriba.
¿Con quiénes estabas?
Oscar Pandolfi, Marcelo Pagani y yo. El tiempo estaba
feo. Sabíamos que la única posibilidad de sacarlos si aparecía el
helicóptero, iba a ser entre las diez y las doce del mediodía, porque es la
hora que el tiempo suele estabilizarse un poco. Así que si pretendíamos
sacarlos con helicóptero, teníamos que actuar rápido.
Cerca de las cinco de la madrugada habremos llegado a la Laguna de los Tres, y
empezamos a montar todo el sistema. Hay una parte que es muy inclinada, con
piedras mojadas, con nieve, bastante feo. Ahí llevamos todo el equipo de roca
para equipar varias sogas fijas. Hablamos por radio con los de arriba, y
todavía no habían llegado a la cueva de hielo. Y nosotros los veíamos
subiendo por la mitad del glaciar. Y el austríaco estaba a unos 800 metros
arriba nuestro, sin radio pero acompañado. Nos quedamos armando este sistema
para pasarlo del modo más seguro. Se tallaron escalones, se hicieron canaletas
para que pasara la camilla, se fijaron todos los seguros, se pusieron en una
parte dos y en otra tres sogas fijas... Por nuestra ubicación éramos los que
mejor nos podíamos comunicar con los de arriba y con los de abajo.
Guille: En Bridwell
nos levantamos a las 4.00. Por la radio nos confirmaron que sí necesitaban
ayuda; más equipo, sogas, etc. y gente, por si el helicóptero no podía ir y
había que bajarlos caminando. Partimos con todo el equipo de hielo. Llegamos a
Río Blanco a las 6.00. Y allí no nos dejaban seguir. Aprovechamos para tomar
un té caliente. Estuvimos como 45 minutos.
Diego: Nos levantamos a las 4.30 y partimos rumbo a Río Blanco
cargando algo de material para hielo y algún Mantecol. Al llegar nos enteramos
que la situación se había complicado con la fractura de la pierna de un
austríaco que colaboraba en el rescate, y que el Gatito Durá estaba mal. Luego
de un rápido té caliente salimos para la Laguna de los Tres. Y al llegar
allí... no pude salir de mi sorpresa: estaba todo el pueblo ayudando!
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El helicóptero
Cesar: El Grupo de Auxilio allá
lo conforman escaladores, con muchas agallas, y ayudan todos. Si hay alguien en
problemas, van!
Venían llegando de este lado de la laguna los de abajo. Llega Max, que es el
Paramédico. Con él pasamos al austríaco a otra camilla. Nosotros habíamos
subido una que dejó (Casimiro) Ferrari en Río Blanco después de que su mujer
tuvo un accidente hace unos años. (Accidente Ferrari - Valle del Torre).
A todo esto, el helicóptero seguía sin despegar. Alberto del Castillo estaba
en Río Gallegos, y se enteró por su esposa. Y empezó a hablar con
Gendarmería allá.
Cale: Es que todo eso
tiene un costo, el combustible, el tiempo de vuelo, el riesgo que se corre... y
hay un solo helicóptero, de Gendarmería, con base en Río Gallegos.
Finalmente... le llegó la autorización para despegar!
Cesar: Los chicos
arriba ya habían pasado la "Escalera al Cielo" y ya entraban en Paso
Superior. Ni media hora después de que entraron, ya los vimos aparecer con el
Gatito, porque se alcanza a ver desde donde estábamos nosotros. Mientras, al
austríaco teníamos que pasarlo hasta un nevé. Ya se había repartido gente a
lo largo de todo el recorrido como para ir pasándose la camilla.
Cale: Ahí nos
enteramos que el helicóptero sí venía. Entonces como a los de arriba les
faltaba mucho, decidimos darle prioridad al de abajo y sacarlo cuanto antes.
Empezamos a moverlo.
Cesar: Llevarlo hasta
el nevé tomó como dos horas. Uno daba seguro y lo teníamos entre todos. En un
momento estábamos todos parados sobre una gran bola de hielo, toda resbalosa, y
con una mano teniendo la camilla. Merlyn y Oscar asegurando a nueve personas,
incluído el herido.
Cale: Estábamos
sacándolo del glaciar, en lo más complicado, y justo en ese momento aparece el
helicóptero! Desde ese sitio era imposible. Tardaríamos 20 ó 30 minutos en
sacarlo a un lugar accesible para el aterrizaje. Teníamos que tomar una
decisión, y el piloto por la radio me dice que no podía esperar porque el
tiempo estaba empeorando. Con él estaba Caparrós (de Parques Nacionales) que
es un tipo muy capo y objetivo. Y nos dice: "O lo bajamos ahora, o no lo
bajamos". Le pregunto al piloto cómo veía la cosa arriba, y me contesta
que muy difícil. Le digo entonces que saquemos al austríaco para al menos
sacar a uno.
Guille: Primero lo iba
a sacar de al lado de la laguna, pero no pudo bajar ahí porque había mucho
viento. Ya se venía el "pesto".
Cale: Levantó vuelo.
Le dije que si iba a hacer un descenso difícil, entonces que le diera prioridad
al de arriba, que era el que estaba más complicado para bajar. Al austríaco ya
lo estábamos sacando. Arriba iban a tardar un montón de horas más, y peor si
seguía desmejorándose el tiempo.
Dijo "Bueno, voy a intentarlo". Fue, dio una vuelta, volvió, y dijo:
"No, me parece que no lo vamos a poder sacar".
Y yo ahí le rogué "¡Por favor sacalo!" El pibe va a perder la
pierna! Sacalo, es la prioridad! Acá abajo no te preocupes que con este nos
arreglamos. ¡Por favor, sacá al de arriba!"
Dijo "Bueno, voy a intentarlo de nuevo". Dio una vuelta más y ya
estableció contacto con los que venían de arriba.
Nota: El
helicóptero no puede bajar en cualquier lado, y es el piloto el que decide si
bajar o no.
Cesar: Los chicos que estaban
arriba pasan la "Escalera al Cielo" transportándolo con la camilla, y
por la radio empiezan a hablar con el piloto, que le dicen "El Duro" (Alférez
Horacio Freschi).
Guille: El piloto
se jugó; se jugaban la vida.
Cesar: Sí,
Había sólo dos lugares donde podía bajar: o Paso Superior o un filo de nieve
que separa el Glaciar de los Tres del Piedras Blancas.
Cale: El piloto les
dijo que acercaran al Gatito al filo.
Cesar: Estaba en una
situación muy difícil, porque tenía a todos por la radio diciéndole que
bajara, y él evaluando que había demasiado viento. Los chicos sostenían
remeras para mostrarle que no había tanto viento... y aterrizó!
Le habían preguntado al Gatito si se aguantaba el dolor de sacarlo de la
camilla y sentarlo en la cabina, o si prefería que lo bajaran en camilla
caminando hasta abajo. Él dijo que sí; estaba dopado.
Cale: El helicóptero
bajó apenas un instante, lo tiraron adentro y se lo llevaron. Si no lo sacaba
en ese momento lo hubiéramos tenido que bajar caminando. Porque venía el
helicóptero bajando y la tormenta atrás. Las aspas tirando la lluvia y el
viento que venían detrás de ellos. Lo sacó justo!
Guille: Un par de
horas más y perdía el pie. Había perdido sangre. La piedra le había
reventado la bota plástica y tenía fractura expuesta.
Cale: El helicóptero
fue al pueblo a dejarlo rápido. Carolina (Codó) la médica, estaba en El Pilar
pensando recibirlo si lo bajábamos caminando. La otra médica había subido
hasta la Laguna de los Tres.
Florencia: Carolina en
realidad estaba de licencia por materindad. Por eso Fernanda la reemplazó y fue
la que subió. Fernanda no es escaladora pero es atleta, por eso se prestó a
hacer todo lo que hizo. Le gusta, y es muy dispuesta a aprender técnicas de
montaña.
Cuando nuestros maridos suben a un rescate, las mujeres nos quedamos haciendo
base. A mí me avisaron que necesitarían comida. Entonces preparé sandwiches y
salí de casa pensando que tendría que caminar hasta Río Blanco. Pero justo
pasó un gendarme con una camioneta a su cargo; le expliqué y me acercó hasta
El Pilar. Allí me dijeron que ya había salido un caballo con comida preparada
por Parques. Y en eso avisan por radio que al Gatito lo habían bajado al
Chaltén. Entonces Carolina, con sus dos críos y conmigo, montó en la
camioneta, y el gendarme pegó la vuelta llevándonos para el pueblo. Llegamos y
el Gatito ya había sido atendido por una enfermera, y derivado en ambulancia a
Calafate.
Bajan al segundo. Epílogo
Cale: Mientras el helicóptero
dejaba al primer herido, en la laguna ya éramos mucha gente.
El austríaco pasó muy rápido por el sistema que armamos, sin ninguna
complicación.
Guille: Pusimos las
sogas para hacer el último péndulo que fue necesario. Después pusieron una
soga fija en el último nevé y otra soga fija en la parte de piedra. Recibimos
al austríaco y lo cambiamos a una camilla mejor, más técnica, que te la
calzás en los hombros y te deja las manos libres como para poder trepar. La
habían subido Ricardo y Rubén, del albergue Patagonia, y Martín, un chico que
estaba trabajando para ellos. Empezó a nevar.
Cale: Rápido sacamos
al austríaco hasta una planicie que hay más abajo y ahí lo pasó a buscar el
helicóptero. Pudimos meterlo bien en la cabina y lo llevó. Salió todo bien.
Diego: Después de
ayudar a pasar la camilla por los neveros, una vez que ya estaba dentro del
helicóptero, le comento a otro escalador lo increíble de ver a todo el pueblo
ayudando. Él me contesta: "Bueno, viven de nosotros", pero en
realidad de ninguna manera están obligados a venir a recatarnos si nos
accidentamos escalando. Ricardo y Rubén viven de su albergue (Patagonia), el
almacenero de vender pan. "Calefón", Marcela y los otros Guías,
viven de llevar trekkers a caminar y tomar fotos. Marcelo (Pagani) de su Posada
- Casa de té( El Pilar), y así muchos de los que integran la Comisión de
Auxilio. Pero abandonaron su trabajo, que es intenso en plena temporada, para
estar aquí arriba ayudando. Este gesto me produjo una gran emoción; la misma
que se notaba en los ojos del austríaco cuando la gente se peleaba por cargar
su camilla.
Cesar: El helicóptero
sacó a uno, sacó a otro, el cielo se tapó y empezó a nevar.
Gracias a Dios que el helicóptero apareció. Si no los chicos que venían
bajando al Gatito hubieran llegado reventados hubiese tomado mucho más tiempo y
más gente para hacer relevos en la bajada. Los chicos que venían de arriba,
estaban sin dormir en toda la noche.
O sea que el helicóptero fue importante...
César: Sí. Fue muy importante.
Guille: El
helicóptero debería estar siempre, por lo menos en Calafate. El gatito estaba
muy mal. Podría haber quedado rengo o perdido la vida por una gangrena si no
hubiese intervenido el helicóptero.
Cesar: Todos los
demás fueron yéndose, y nos quedamos cuatro, esperando a que bajaran los
chicos que habían buscado al Gatito. Hasta que no bajara el último no nos
moveríamos.
¿En la Laguna de los Tres?
Del otro lado, en la base del glaciar.
¿Nevando?
Sí. Arriba quedaban como seis, más los
"ponjas". Pero esperábamos y no los veíamos aparecer por el filo; y
nevaba... Finalmente aparecieron. Demoraron porque habían quedado tan cansados
que se habían tirado en el glaciar, a descansar un rato.
Llegaron hasta donde estábamos nosotros, todo bien; abrazos... Y de ahí
seguimos bajando juntos.
Guille: Lo bueno fue
que cuando llegamos a Río Blanco había comida, chocolate... (coordinado por la
comisión de Auxilio). Fue muy bueno que estuviera eso.
Nos quedamos un rato descansando y después nos volvimos para Bridwell.
Cesar: Finalmente
bajamos al Chaltén. No andaba nadie por el pueblo: estaban todos durmiendo.
Entonces dije que me despertaran a las diez, que había una fiesta. Y me tiré a
dormir... Seguí de largo hasta las diez de la mañana del día siguiente!
Cale: Los Guías
bajamos, porque al día siguiente tenés que laburar, aunque estés reventado.
Al día siguiente, todo continúa...
César: Cuando vas a
hacer un rescate, en ese momento pensás que sos vos. Es un escalador más.
Guille: Por eso es la
unión de todos los escaladores cuando pasa algo. Nadie está exento de que le
pase. Te identificás con el accidentado. Pensás: "A mí me puede suceder
lo mismo".
Cesar: Yo
pienso: "Podría ser yo". Yo sé que puedo ir a escalar y tener un
accidente. Y sé que la Comisión de Auxilio sube. No les importa. Por más que
estés colgado en el Torre, van a subir.
Cale: Para los que
hacemos rescates, es raro, pero nunca nos enteramos de qué pasa después con el
accidentado. En general nunca hay algo de vuelta. Al herido vos lo ves en ese
momento, y ves cuánta gente que está trabajando para salvarlo... Y muchas
veces es algo solo de ida. Pero, bueno, es parte del oficio...
Diego: Estuve muchas
veces en El Chaltén, lugar al que amo más que a ningún otro en el mundo. Y
aquí quiero expresar mi agradecimiento; porque sé que si un andinista se
lastima escalando, cuenta con la solidaridad de este pequeño pueblo y su gente.
Por eso, GRACIAS CHALTÉN !
Peter Janschek:
Coincidentemente con nuestra publicación de este relato, en noviembre del ’99,
en la revista Desnivel de octubre ’99, en la nota del Fitz Roy y la
ruta Royal Flush el austríaco cuenta su accidente y rescate:
"...El viento soplaba violentamente. Tan intenso que
nos salpicaba el agua de la Laguna de los Tres. Continuamos medio
arrastrándonos. Eran las doce de la noche y las condiciones eran atroces. En
una parte más expuesta del glaciar, una ráfaga me hizo perder el equilibrio y
me deslicé como en un trineo. En un esfuerzo por girarme e intentar detenerme,
sentí como un lado de mi crampón mordía el hielo con agresividad. Cuando
paré, mi pierna izquierda no apuntaba a la dirección correcta. Me quité el
crampón y recompuse la pierna dañada hasta que volvió a ser una línea recta.
Moviendo mi frontal y silbando pude llamar la atención de los otros. Ale y
Pablo me dejaron al abrigo de un pequeño muro de piedra. Ahora tocaba una larga
espera hasta el amanecer. Tumbado de espaldas, los copos de nieve me caían en
la cara. Decidí que mejor que cuestionar lo que me había llevado a esa
situación era contemplar las estrellas que titilaban tras las nubes.
Cuando salió el sol, los socorristas tuvieron que hacer un gran esfuerzo para
moverme por las escarpadas rocas. Guardaparques, Guías y escaladores de toda la
zona habían llegado para ayudar. Un helicóptero de Gendarmería se encontraba
en El Chaltén, y aunque el rescate no entraba dentro de las obligaciones del
piloto, se las arreglaron para convencer a los superiores para que lo
autorizaran a evacuarnos. Lo ví volando en círculos, probando. Cuando por fin
comunicaron por radio que Gatito ya estaba en el helicóptero, estalló el
júbilo. Y poco después me reuní con él en el hospital de El Calafate."
"Dos grupos de auxilio en montaña se están formando en El Chaltén: uno por parte de Gendarmería Nacional, y otro por diversos andinistas y pobladores del lugar. Como el más elemental sentido de la eficacia sugiere, suponemos que los dos acabarán fusionándose, en un futuro próximo."
Miguel A. Alonso. "Trekking en Chaltén y Lago del desierto" (1997).
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