Nos guiamos en el terreno con las referencias del cuaderno patagónico Techint N° 9 que dejamos en la camioneta, el relato de unos andinistas chilenos que pasaron por el refugio Frey, y un mapa del IGM que resultó muy útil.
Paisaje: mejorando a medida que se sube.
Mochilas: gordas.
Tenemos 9 días para ocuparnos en subir el cerro, pero la caminata nos hace olvidar el estrés y lo pasamos bien. El campamento 1 está detrás de la torta, del lado oeste, el lado oculto. Las vistas al San Valentín y montañas del Hielo Continental Norte son lo que son, no se puede explicar. Esta montaña está bastante más al este de la Cordillera de los Andes. Conforma su propio macizo que emerge bruscamente de la meseta patagónica, sin preámbulos.
Es escasa la nieve sobre el glaciar en marzo pero excavamos una cueva en una grieta y al rato nos metemos los cuatro adentro. Esto es el campamento 1.
Rojo atardecer, estrellas en la noche, no hay viento y no hace frío. Nadie puede dormir, el techo de la cueva cruje y en medio de la noche se raja y se hunde un poco. Nos asustamos.
Gris amanecer. Nubes y platos voladores. Está todo podrido en los alrededores y el barómetro pide perdón por las ilusiones que no dió ayer.

De todas formas subimos para reconocer el terreno hasta la rimaya de los seracs que están por debajo del filo, a 2800 metros de altura. En ese momento una nube lo tapa todo y ya no se ve un pepino. Chaaaau.
El paisaje no se observa y tampoco interesa. El ánimo no es un llanto, pero da un poco de bronca tener que volver.
De regreso a casa pusimos a secar todo y asaltamos la nevera.
Cómo sigue? Buscar agua, hacer leña, entrar y salir de la choza, dejar listo el equipo para salir apenas amaine. Vivimos el tiempo a la espera que el clima se componga.
El bosque y los alrededores, paseos. Más allá son solo piedras y para ver que hay del otro lado del filo del cerro Las Chivas trepamos 1200 metros de pedrero puro. El otro lado se ve sumamente interesante pero no vale la pena el castigo de subir eso, de no ser por matar el tiempo. Perdón, por vivirlo.
Desde que llegamos aquí nos estuvimos calentando la cabeza con la posibilidad de abrir una vía directa a la cumbre. Se discutió un poco el problema y la verdad es que no trajimos más equipo que dos tornillos de escalada y lo personal.
Una tentativa de ida y vuelta en el día sería factible.
Mientras los platos de la cena se vaciaban el barómetro empezó a insinuar un gran buen tiempo, los aires se aquietaron, y todo eso hizo presagiar un día Marxista - Leninista.

Quién se anota? Salimos mañana. Los colegas están medio arruinados, con problemas en las articulaciones. Quedamos dos con un solo día disponible.

Con las mochilas re-flacas salimos eyectados a las 3,30 A.M. a la luz de las linternas por la ruta soñada. Apuntamos al fondo del valle por la morrena de la derecha, que nos deja al pie de una ladera empinada, con nieve y rocas y pasando por detrás de una solitaria torre caminamos finalmente sobre el glaciar superior en dirección a los seracs que cuelgan del filo norte.

Al amanecer se nos empina el terreno. Cambiamos linternas por grampones y piquetas, un desayuno de nieve y hielo a 60° y nos tiramos por la derecha de los seracs, desencordados.
Luego alcanzamos el filo de rocas, donde comienza otro párrafo.
De aquí apuntamos en travesía ascendente a unas canaletas con escaso hielo, con 70° de empinamiento y un pasaje en roca de IV grado con grampas puestas; sacan algunas chispas pero no llegan a desafilarse.
Cuidadosamente llegamos al final de la canaleta donde sacamos la cuerda y tiramos un rappel para mudarnos de este callejón sin salida.

Guardamos nuevamente la cuerda y sacamos un par de fotos. Ya estamos bastante alto y la ruta va saliendo a base de rodeos y búsqueda.
Hacia arriba esquivamos unos gendarmes (mejor tenerlos lejos), el sol sube rápido pero la nieve en los mixtos aún está dura como sábana de abajo.
A medida que progresamos el sol hace de las suyas con las sábanas y sentimos gran urgencia por salir de esta cama.
Encontramos por fin la punta del ovillo, nos colamos subrepticiamente por una pared revocada de nieve, escalando no se sabe si sobre nieve o sobre la roca o sobre que carajo que hay debajo pero es nuestra única posibilidad de salida así que tripa corazón pónle power a la cosa. Con este chorro de adrenalina aparecemos catapultados en lo alto del filo con la boca un poco seca, pastosa.

Venga esa cantimplora!!!

Estamos a 2600 mts. y desde aquí se engancha el filo cumbrero del San Lorenzo, terreno fácil y con el asunto ese del paisaje que está llegando a su apogeo. Pasaporte a la cumbre. El campamento está lejos allá abajo. Según el mapa hay 9 kilómetros de recorrido entre la cumbre y el base. Allí tenemos que estar esta noche, así que a mover el trasero.

Estribillo del tema musical Caminando en el San Lorenzo:

Poca ropa y mucho sol
en manga de camisa
a la cumbre del San Lorenzo
contento voy.
Tra la la

Ya en la antecumbre estamos re - podridos de caminar sobre millones de alas de ángel, esa nieve que forma los típicos hongos de nieve patagónicos y que nos hace tropezar continuamente.
Se siente la altura y la pelota no dobla.
Rodeamos la antecumbre apenas por debajo, descendemos unos 100 metros y caminamos los 500 metros horizontales por el filo hasta el repecho final. No se puede creer la vista!
Sospechoso bosque de hongos de nieve fálicos, no nos quedemos aquí demasiado...
Llegamos a 30 metros de la cumbre donde se las arreglaron para cortarnos el mambo.
Nos sacamos las fotos de rigor, como si fuera cumbre. Sonreímos con la mejor sonrisa , miramos con la mirada más profunda, soñamos la realidad. (Aún hoy sonreímos).
Y regresamos a casa, por la ruta de De Agostini, sin parar hasta Bariloche, sin parar.

Nicolás de la Cruz - Ramiro Calvo - Roland Vighetto - Fernan Gonzalez


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