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los hielos patagonicos |
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| Por Santiago Valinoti Loza & Luis A. Rocchietti | |||
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Este tamizador había
reducido a 11 los integrantes de esta expedición que se proponía recorrer un gélido
pedazo de nuestra patria con la voluntad y el amor por la montaña como único motor. Con
las ultimas luces del día vimos dibujarse en el horizonte cordillerano la impactante
silueta del Cerro Chalten que se fundía en un cielo manchado de vivos colores cual paleta
de pintor. Así llegamos a acampar en el pueblito del mismo nombre e inmediatamente nos
derrumbamos en nuestras carpas a descansar. Despertar en El Chalten tiene un significado
especial, uno abre los ojos y se encuentra reducido al tamaño de una hormiga rodeado de
montañas |
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Cerro Chalten |
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Paso
a paso fuimos subiendo hasta llegar a la Loma del Pliegue Tumbado desde donde contemplamos
el Valle del Río Túnel, enmarcado por hermosas montañas de cumbres nevadas y laderas
boscosas. Frente nuestro, imponente se alza el Cerro Huemul y en lo profundo del valle se
divisan el Lago Toro, el Glaciar Túnel y más atrás se elevan hacia el cielo los cerros
del Cordón Adela, puerta de ingreso al Hielo Continental enclavada en los 1500 m. de
altura. Dos durisimas jornadas de 12 hs. de extenuante marcha por pantanos, acarreos de
piedras en las escarpadas laderas de los cerros, cruce de las heladas aguas del Río
Túnel hasta llegar a Paso del Viento, un verdadero balcón desde donde pudimos
extasiarnos con la magnificencia del mar de hielo con el Cordón Mariano Moreno hacia el
oeste. Acompañados por los últimos rayos del sol bajamos por una empinada ladera de
piedras sueltas hasta llegar al borde del Glaciar Viedma, lengua del Hielo Continental que
se desprende bajando hacia el lago del mismo nombre. Este fue el campamento de Año Nuevo
donde al llegar las 12 brindamos con una insólita botella de champaña fruto del esfuerzo
de Adrián mi compañero de carpa mientras unos débiles vivas se perdían en el gélido
silencio de la noche.
Felizmente una calma casi total y un brillante sol nos permiten
disfrutar de un panorama sobrecogedor: el inmaculado horizonte se interrumpe por las
lejanas siluetas de los cordones montañosos, así progresamos por este blanco mar de
hielo hasta que al atardecer y como regalo de la naturaleza aparece ante nuestros ojos el
Circo de los Altares, un anfiteatro de hielo y nieve enmarcado por los graníticos picos
que se alzan con sus puntiagudas paredes. La emoción del momento le hace gritar a David:
disfruten de este lugar, que somos los únicos 11 en el mundo que estamos aquí!, Una
frase que aunque obvia encierra una gran significación, ya que estamos pisando un
territorio declarado Patrimonio de la Humanidad por su belleza. El día siguiente se nos
presenta con un telón de nubes que tiñen el cielo de gris y una amenazadora bruma se
levanta por el Oeste, es una mala señal ya que indica que a la brevedad estaremos
nuevamente dentro de una tormenta de nieve y vientos que nos hacen perder de vista toda
referencia en el horizonte. Marchamos hacia el Paso Marconi internándonos cada vez
más en
una fuerte tormenta que nos cubre de nieve y por momentos no podemos ver la cabeza de la
columna. Comenzamos a descender por la empinada lengua del Glaciar Marconi, el fuerte
viento derriba algunos compañeros y se hace dificultosa la marcha a la vez que tenemos
que esquivar las amenazadoras grietas que se abren a nuestro paso. Una distracción me
hace comprobar en carne propia la sensación de caer en una de ellas, pero la rápida
reacción de Eduardo, mi compañero de cordada tensando la cuerda evita consecuencias
mayores. Al llegar a un montículo de roca en medio del glaciar y dado que hemos marchado
prácticamente sin comer ni descansar por 12 horas decidimos instalar el campamento.
Alcanzamos a entrar a las carpas cuando comienza un terrible viento que con ráfagas de
una fuerza inusitada nos obliga a pasar toda la noche aferrados a los parantes sin poder
secarnos, comer ni dormir y que por momentos nos aplastaba contra el piso. Diego y Eduardo
son literalmente levantados por una ráfaga que se cuela por debajo de su carpa, obligados
a abandonarla y a refugiarse en otra. Todo lo que ha quedado a merced de Eolo vuela como
hojas, así desaparecen ollas, bolsas, pantalones y el cubretecho de la carpa de Diego y
Eduardo que es arrancado de la misma. Así transcurren angustiosas horas hasta el amanecer
en que el sol aparece en el horizonte infundiéndonos animo para continuar. Lo que sigue
es el descenso por la zona más peligrosa del glaciar porque el hielo tiene una marcada
inclinación, anchas y profundas grietas y desde el Cerro Marconi que se alza hacia el sur
del paso, cuelgan amenazadores Seracs (barrancas de hielo) que se desprenden tronando
constantemente sobre el paso. Felizmente bajamos sin novedades hasta el frente del
glaciar, pero nos encontramos con que el Río Eléctrico que nace del deshielo baja como
un torrente por un cañón de rocas y para cruzarlo debemos instalar una tirolina (aparejo
de cuerdas). Al cabo de 3 hs. de acrobacias pasamos todos hacia la orilla opuesta por
donde un sendero en las laderas de los cerros nos conduce hacia el ansiado refugio de Los
Troncos. Marchamos ya de noche bordeando la orilla sur del Lago Eléctrico, la luz de las
estrellas apenas nos permite distinguir el paso atraves de las piedras. A la 1 de la
madrugada llegamos a orillas del Río Pollone que baja hacia el lago desde el Glaciar del
mismo nombre. Dado la hora y agotados por una jornada de 14 hs. decidimos acampar; la cena
se compone de polenta con sal, es todo lo que conseguimos sacudiendo las mochilas en busca
de algo comestible. Al despuntar el día 8 y sabiendo que estamos a unas 3 hs. de un
reparador desayuno en Los Troncos encaramos el cruce del Río Pollone que este ida baja
torrentoso y zambulle en sus heladas aguas a 5 compañeros con todo su equipo. Felizmente
el sol sale a socorrernos y junto con el calor de la marcha nos vamos secando. A las 12
hs. del día 8 llegamos por fin a este paraíso enclavado en un hermoso bosque. El tibio
sol se cuela entre los frondosos arboles y en un claro de césped nos desparramamos a
descansar, es momento de felicitarnos y abrazarnos por la satisfacción del logro
obtenido. Un grupo de turistas europeos nos ven llegar con aspecto imagino lamentable pero
sospechan acertadamente que se trata del final de una hazaña. |
Primera Expedición
Escuela a los Hielos Continentales: |
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