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Aconcagua |
"al borde" conversó con Carlos Acosta quien en el año ‘64 se largó, junto a su grupo de montaña, a la conquista de la cumbre del Aconcagua por una ruta virgen, la de los Polacos. |
¿Cómo comenzó tu interés por la
montaña?
Comencé yendo a los campamentos desde que tenía 8 años con la
Asociación Cristiana de jóvenes a Sierra de la Ventana, esto me fue
introduciendo en la vida al aire libre. Años más tarde, en la universidad, me
vinculé a los campamentos al Sur que organizaban los estudiantes de ingeniería
(década del ’60). Estos grupos eran mixtos y estaban muy bien organizados,
tenían la comida racionalizada y un mapa con las zonas marcadas a
recorrer ; hasta se habían ingeniado una ducha con un balde.
En uno de los campamentos al
Sur, junto a un grupo de personas decidimos subir al Volcán Lanín (3776 mts.).
Conseguimos piquetas y grampones en Junín de los Andes y nos largamos a la
conquista de la cumbre con éxito.
¿Cómo surgió la idea de subir al Aconcagua ?
Al año siguiente de haber hecho cumbre en el Lanín, Mario Quesada que
es mi compañero de montaña de toda la vida, y yo fuimos a Bariloche. Subimos
hasta el refugio Otto Meiling y al día siguiente nos levantamos a las tres de
la mañana y subimos los tres picos del Tronador.
En la búsqueda de nuevos
objetivos nos habíamos planteado subir por la pared este del Aconcagua, pero
nos dimos cuenta que habían dificultades de acercamiento a la misma. Nosotros
queríamos subir por terreno virgen.
¿Cómo estaba conformado el grupo ?
Eramos 6 : Willy Nol (de origen alemán, que gracias a su
conocimiento frente al frío nos salvó en la cumbre), Pellegrini (campeón de
lucha), Mario Quesada, Rudi, Brennecke y yo.
¿En qué consistía el entrenamiento físico ?
La práctica en roca la hacíamos en las paredes de la General Paz.
Salíamos a caminar, jugábamos al fútbol, trotábamos, etc. Nos hicimos
análisis médicos, nos cuidábamos con la alimentación y consumíamos hierro
por el tema de la hemoglobina para suplir la insuficiencia del oxígeno. Nosotros
íbamos a las charlas que se realizaban en el Club Andino Buenos Aires (CABA).
Tratábamos de buscar experiencias de otros países y estudiar las rutas y las
montañas.
¿Cómo consiguieron el equipo?
Lo que hicimos fueron equipos de campamento que los adaptamos a la
montaña, dándole mayor cantidad de duve a las bolsas, a los sacos, a los
pantalones ; improvisábamos con el material que poseíamos. Antártida
Argentina nos prestó una carpa. El ingeniero Emiliano Huerta, que fue el
primero en conquistar la cumbre del Aconcagua, nos dio toda la
información : sobre el clima, la alimentación, etc. Las piquetas las
importamos, los clavos se hacían en la zona y las botas las compramos en
Marasco.
¿Cómo fue la experiencia, desde que partieron hasta que hicieron cumbre
por la ruta del Polaco?
El Polaco fue una experiencia que la vivimos gradualmente; un poco tal
vez porque no éramos montañeses totales, sino que éramos campamenteros
transformados en montañeses pero que nos dábamos cuenta de que era cuestión
de trabajar en equipo, de enfrentar con método los retos de la montaña.
Fuimos con lo mínimo.
Partimos en camiones y al llegar a Punta de Vacas le pedimos al ejército ayuda
para trasladarnos y nos llevaron con mulas. No fue una expedición que tuvo un
apoyo oficial ; solo tuvimos patrocinadores con algunos alimentos.
Las mulas nos dejaron a 4000
metros. La primera dificultad fueron los penitentes por la ruta de los Polacos
porque eran altísimos. Al superar esa primera etapa hicimos el campamento n°
1. Fueron en total 4 campamentos. En el n° 2, nos dimos cuenta de la necesidad
de ascender y descender para poder aclimatarnos, ya que no teníamos experiencia
y no sabíamos como iba a reaccionar el organismo. Después subimos al
campamento n° 3 que estaba situado en lo que llamábamos "tubo de
órganos". Subiendo mirando hacia la cumbre, a la izquierda estaba la
entrada del glaciar y a la derecha estaba lo que llamábamos el "Glaciar
Verde". Esta ruta de regreso la hicimos nosotros, nunca nadie había vuelto
por ahí.
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