|
|
Ascender |
|
| Por Javier Bosch |
|
Un muy lindo desafío para los
amantes de la montaña, que a esta altura del año se ven en la necesidad de escoger la
escapada veraniega, es la ascención del volcán Domuyo (4770 mts.), considerado el pico
más alto de la Patagonia.
Con esa intención organizamos el
verano pasado un grupo, integrado por dos sacerdotes muy montañeros (Pbros. Alberto
Espezel y Fernando Gil), dos seminaristas (Ignacio Alvarado y Mario Pacher -recientemente
ordenados sacerdotes) y dos "civiles" (el que suscribe e Ignacio Santangelo).
Los preparativos fueron por supuesto parte de la aventura; obviamente fue necesario tratar
de poner mínimamente a punto nuestro mal tratado físico, un tanto alicaído después de
un largo año de trabajo oficinesco en la jungla de cemento.
Nos reunimos el 28 de
diciembre en la Ciudad de Chos Malal, a la que arribamos por distintas rutas. Los dos
"civiles" fuimos acompañados por nuestras abnegadas esposas e hijos. Al día
siguiente nos dirigimos a las Lagunas de Epulaufquen, paradisíaco lugar para acampar. Nos
quedamos allí hasta la mañana del día 2 de enero, día en que partimos a nuestra
aventura, dejando a las mujeres y los niños cómodamente instalados.
Fuimos en tres autos hasta
Villa Aguas Calientes, donde nos pegamos un baño con shampoo y todo, en los
reconfortantes ríos termales que bajan del Domuyo. Aclaro que el camino, obviamente de
ripio, no es de lo mejor, pero es transitable para cualquier auto -salvo que el
propietario sea muy maniático-. Después de almorzar algo, seguimos -todavía en auto-,
ascendiendo por una huella en peor estado que el camino anterior, hasta que la nieve nos
impidió el paso (2.700 mts.). Allí esperamos a que llegaran los caballos que habíamos
contratado con un baqueano de la zona, para que portearan los bártulos hasta donde
pensábamos instalar el campamento base.
Como el baqueano llegó medio
tarde (cosa que no nos resultó nada extraño), decidimos dormir al sereno esa noche para
arrancar la caminata al día siguiente.
El 3 de enero, entonces,
emprendimos la marcha, descendiendo hasta aproximadamente los 2.200mts., cruzando un
arrollo bastante caudaloso, y luego ascendiendo hasta los 3200 mts. hasta donde instalamos
el campamento base, después de una larga jornada. Allí nos dejó nuestro baqueano, quien
regresó con sus caballos. Dormimos plácidamente, haciendo caso omiso a las advertencias
que nos dirigía el volcán, que parecía molesto por nuestra presencia, bramando a
través de esporádicas erupciones de sus olletas de vapor, que desprendían con gran
estruendo los hielos de un glaciar cercano.
Al amanecer del día 4 de
enero salimos ya con grampones puestos, ascendiendo por donde hubiera hielo conveniente.
Nuestra intención era vivaquear alrededor de los 3.800 mts., pero como llegamos a esa
altura relativamente temprano (once de la mañana), se nos planteó la posibilidad de
continuar, para atacar la cumbre. Algunos de nuestros compañeros habían comenzado a
tener problemas, unos con la altura, otros con las botas y las ampollas, etc., por lo que
se vieron obligados a regresar. Cosas que pasan!. Como el tiempo se presentaba excelente y
temiendo que empeorara, decidimos seguir Fernando Gil y yo.
Aproximadamente a las dos de
la tarde, después de haber alternado por pedreros de acarreo y empinadas cuestas nevadas
llenas de molestas formaciones tipo "penitentes", Fernando decidió resignar la
cumbre y esperarme, por lo que continué solo, bajo su atenta vigilancia.
Finalmente, extenuado, aunque
ni el cansancio pudo impedir mi grito de triunfo, llegué a la cumbre a las 16.30 horas de
ese 4 de enero de 1998, en un día diáfano, sin nubes y con bastante viento. La vista
desde la cumbre es espléndida, la cordillera se muestra como un imponente mar de nieve y
rocas, constituyendo su visión el merecido premio para el gran esfuerzo realizado. A las
21.30 y luego de 17 horas de dura jornada, estaba de regreso en el campamento base,
festejando con un sabroso té que me tenía preparado Fernando.
Conclusión: la ruta elegida no presenta grandes dificultades técnicas. Se trata de una larga ascensión por acarreos y nevés. Puede llegar a haber peligro de avalanchas, sobre todo en los últimos 500 metros, debido a la nieve acumulada en pendientes de hasta 50 o 55 grados. La altura es un factor a tener en cuenta. Desde ya, quedo a disposición de quien quiera mayores datos.
|
|
|