Ascension al nevado de Chani

 Texto y fotos: Federico M. Norte

Allá por el mes de junio de 1995, le pregunté a un amigo: ¿que te parece si subimos el nevado de Chañi? (6200 msnm), y él me contestó que sí. Era su tercer intento y no lo dudó. Me contó que en dos oportunidades lo intentó y no pudo llegar a la cumbre, una vez por que no estaba en condiciones físicas y otra vez por que tuvo principio de congelamiento en los dedos del pié y sus compañeros debieron descenderlo urgente para recuperarlo.

Tomada la decisión partimos al cerro, dejamos el vehículo en la base y subimos a instalar el campamento de altura. Al llegar al mismo, yo presentaba signos evidentes de hipotermia por lo que me limité a recuperar la temperatura en la bolsa de dormir y pernoctar sin cenar. Al día siguiente me sentía sin fuerzas, y le sugerí a mi compañero ascender a otro campamento de altura dándome oportunidad de recuperarme, pero ante su negativa, decidí intentar el ascenso a la cumbre. Mi ritmo era muy lento, y mi compañero comenzó a alejarse más y más. A las 19 hs. me encontraba casi a los 6.000 m. y observé que mi amigo venía de regreso en la antecumbre, y ya casi era de noche. En ése momento entendí que debía esperarlo y regresar al campamento.
Desde aquella oportunidad me quedé masticando el fracaso de no haber podido alcanzar la cumbre, y la decepción de haber sido abandonado por mi compañero al ver mi condición física. Se conjugaba una mezcla de frustración, bronca y desilusión. Sabía internamente que mi estado físico era el correcto para ésta ascensión pero la "puna " no me perdonó. La Pachamama intentaba comunicarme que la montaña permanecería allí, y que sería posible la próxima vez.

De regreso en Salta, me propuse alcanzar un objetivo importantísimo muy lejos del Chañi: una expedición por los Hielos Continentales en diciembre del 95, la tercera masa de hielo más grande del planeta después de la Antártida y Groenlandia. Conseguí sponsors, un compañero compatible y lo logré: salimos del pueblo El Chaltén (prov. de Santa Cruz), ingresamos al gran desierto de hielo por el Paso Marconi, usando esquíes de travesía y trineo para la carga salimos al Paso del Viento y regresamos nuevamente al Chaltén. Fueron 8 días durísimos, soportamos vientos de 130 km/h y temperaturas de -20ºC, permanecimos 60 hs. dentro de la carpa sobre el glaciar esperando que pase la tormenta, y hasta me caí en una grieta.

Es increíble pero no podía sacarme el Chañi de la cabeza, no solo por el hecho de no haber podido hacer cumbre sino por que para mí esa montaña tenía un magnetismo especial y sabía que algún día volvería. Comenzó el año 1996 y decidí finalmente bajo una increíble convicción que lo subiría en solitario, algo que nunca antes había intentado ni siquiera en un cerro de menor altura. No me costó convencer a unos amigos que tienen vehículos 4x4 para que me lleve uno y me busque otro. Escribí en un papel todo lo programado: horarios de viaje de ida y vuelta, comida, agua y equipo. Hice las compras en el supermercado y ya estaba logísticamente listo.
El 1º de mayo de 1996.- partí a bordo de un Land Rover con destino a la base del Chañi (170 km de la ciudad de Salta). Eran tres amigos los que me acompañaban y luego de tres horas de andar, llegamos a destino. Luego de los deseos de suerte, los abrazos y las maniobras para dar vuelta el vehículo en la angosta huella de la mina abandonada, se alejaron. Al darme vuelta sobre mí, veía el cerro en toda su magnitud, tal como lo había dejado la última vez, mientras iba desvaneciéndose el ruido del motor que se alejaba. En ése momento comprendí que a partir de ahora quedaba solo hasta el día 5 de mayo en que programé el lugar y la hora donde me debían pasar a buscar (mucho más abajo del lugar donde me dejaron).
Cargué la mochila que pesaba 25 kgs. y comencé la marcha de ascenso a las 13 hs. con destino al lugar apropiado para establecer el campamento de altura. A las 19 hs. llegué a un sector de la ladera donde se nivelaba el terreno (4800 m.), comenzaba a nevar y el viento era considerablemente fuerte. La hora, el terreno y el tiempo me convencieron que era allí el lugar apropiado para armar la carpa. El viento fue el encargado de demorar éste trámite una media hora, ya que era muy difícil evitar que levante vuelo el campamento. Una vez adentro, preparé la cena, me introduje en el saco de dormir y programé mentalmente el día siguiente.
En la mañana del 2 de mayo, desperté a las 0700 hs, preparé el desayuno y decidí realizar mi primer ascenso al Chañi Chico (5470 msnm) como para completar el aclimatamiento y poder llegar a la cumbre mayor sin problemas al día siguiente. Al regresar del Chañi Chico al campamento, repasaba mentalmente cómo iba a ser la jornada del día siguiente en la que me esperaba el mayor desafío: la cota máxima de los 6.200 m. del Chañi a la cual no pude acceder hace 11 meses atrás.

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