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Marcelo es argentino -nació en Resistencia, Chaco-
pero vivió 8 años en Perú y tenía, desde chico, la idea de ir a "las
nacientes del Amazonas" que se encuentran en el Cerro Mismi (departamento
de Arequipa, Perú).
La idea era doble: llegar a las nacientes
-manantial que forma el río Carhuasanta- a aproximadamente 5.100 mts. sobre el
nivel del mar y hacer cumbre en el Cerro Mismi (5.597 mts.). Con ese objetivo
partimos el 16 de enero de 1.999 desde Buenos Aires el mencionado, Néstor Pérez
(de San Fernando, Buenos Aires) y yo, Mauricio Bernardo Bianchi (de General
Pacheco, Buenos Aires).
Luego de un interesante pero agotador viaje en ómnibus
-de 62 hs.- llegamos a Arequipa (2da. ciudad de Perú) el 19 de enero. Allí nos
recibió el contador Jorge "Coco" Villena Cateriano, un gran tipo, que
era Presidente del Rotary Club de Arequipa Valle Hermoso y nos consiguió
alojamiento en un lugar donde conocimos también a gente estupenda: el CIARQ
(Centro de Investigaciones Arqueológicas de Arequipa). Allí nos trataron de
maravillas el Lic. Augusto Cardona Rosas y Erica -su esposa-, Clori y hasta Dina
(la dobermann más buena que pueda existir).
Ese mismo día, y sin respiro, Coco nos llevó a
otro de sus contactos: la gente de Autodema. Se trataba de un organismo oficial
(Autoridad Autárquica de Majes) que tiene a su cargo la realización de una
serie de represas en la zona andina para poder hacer cultivables sectores desérticos.
Allí nos recibió el Ing. Agrónomo Rubén Terán -gerente de Autodema- y el
Ing. Víctor Valdivia. Ellos nos prestaron toda su colaboración y se
comprometieron a acercarnos a la zona de la expedición.
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Leoncio
Delgado, Mauricio Bianchi y Néstor Pérez en el último caserío
que veríamos -Carhuacocha- en nuestro avance.
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Al día siguiente -20/01- partimos antes de las 6
hs. Nos pasó a buscar el mencionado Ing. Valdivia y quien demostraría ser un
excelente chofer, Leoncio Delgado. Debimos recorrer 180 km. hasta el pueblo de
Cailloma, atravesando extensas pampas en las cuales observamos vicuñas, llamas
y alpacas. También cruzamos pueblos con antiguas construcciones. Desde Cailloma
tuvimos unos 60 km. más hasta nuestro destino final por ese día: la laguna de
Carhuacocha. Allí se crían truchas.
La altura, ese problema
El largo recorrido nos hizo ascender de los 2.200
mts. de Arequipa hasta los 4.600 y sin aclimatación gradual. Eso trajo sus
problemas. Marcelo, que venía mascando coca desde Buenos Aires, no sufrió la
altura. Néstor apenas llegamos devolvió "a la Pacha Mama" el
almuerzo de Cailloma (sopa, trucha con arroz y remolacha y gelatina).
Yo estuve bien pero los efectos los sentí al día
siguiente. El 21 de enero Néstor y yo no lo olvidaremos porque nos la pasamos
tirados en un cuartucho donde los pobladores guardan lanas de llama y alpaca
pensando "¿quién me mandó a estar
acá?" mientras el "soroche" nos maltrataba. Igualmente por
la tarde hicimos una pequeña caminata como para "reaccionar" un poco.
Por suerte desde el 22 mi organismo se fue
acostumbrando a la carencia de oxígeno, cada día más, hasta estar en óptimas
condiciones. El problema había sido el "brusco ascenso". Siempre
conviene que sea gradual. Néstor también fue mejorando pero sufrió la altura
todos los días.
De cualquier manera ese día una nevada matinal nos
invitó a que nos quedemos allí para seguir "aclimatándonos". Así
lo hicimos. Néstor se dedicó a “castigarnos” en el juego de dados y fue un
adelanto de lo que sería toda la semana.
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Mientras
avanzábamos por la quebrada del Lloqueta podíamos apreciar la
vitalidad
que existe a casi 5.000 m. en esta zona cordillerana del sur de Perú.
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Hacia las nacientes
En el lugar donde estuvimos un par de noches se crían
truchas y Agustín Anchaco -que vive cerca de allí- es el cuidador de las
construcciones pero además, un excelente guía de la zona.
Él y su familia
(mujer y tres chicos) fueron muy amables con nosotros y cuando iniciamos nuestra
aproximación hacia las nacientes (nos separaban unos 20 km.) lo contratamos
para cargar las mochilas en sus burros. Así recorrimos unos 15 km. y acampamos
en la quebrada del Carhuasanta a metros del curso de agua, a unos 4.700 mts. de
altura.
En el trayecto pudimos apreciar la vitalidad que
existe a semejante altura en esta cordillera. La cercanía al Ecuador produce
que el clima no sea extremadamente frío y las lluvias permiten el desarrollo de
vegetación (zonas llamadas bofedales por los pobladores). Sapitos, salamandras,
chinchillas (ellos las llaman vizcachas) y hasta zorros constituyen algunas de
las especies que habitan estas alturas. Por supuesto no faltó algún cóndor
planeando.
Al día siguiente (24/01) desarmamos nuestro
campamento y, en dos horas, llegamos al final de la quebrada con la intención
de ir al manantial ese mismo día y reservarnos otros dos para intentar la
cumbre del Mismi pero... ¡el tiempo dijo no!. Cuando llegamos debimos hacer la
carpa con urgencia pues comenzó a nevar con intensidad. La armaron Marcelo y Néstor
pues yo me había adelantado inspeccionando la zona y la nevada llegó
velozmente. Debí volver a la carrera. El manantial quedaría para mañana.
El manantial
El 25 de enero partimos a las 7 hs. para cumplir
nuestro primer objetivo: llegar al manantial que da origen al Río Carhuasanta,
fuente más lejana del Río Amazonas. Y fue más difícil de lo pensado...
Teníamos dos referencias: las indicaciones de
Agustín y el saber que hace unos años unos estadounidenses habían colocado
allí una cruz en homenaje a su descubridor (Loren McIntyre). |

Una
vista del río Carhuasanta. Este curso de agua nace
en un manantial ubicado en el paredón que se observa
al fondo constituye la fuente más lejana del Amazonas.
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Comenzamos a
ascender por la quebrada hacia unos paredones en los cuales sabíamos que estaba
el manantial y llegamos hasta la pared misma.
Parecía y no parecía...
francamente no terminábamos de encontrar dónde brotaba el agua, toda la que
había venía del deshielo sobre la pared y ni rastros de la cruz.
Néstor y yo dudábamos mucho aunque Marcelo trató
de convencernos. Diría que lo hizo, porque nos sacamos las fotos de rigor (con
banderas y gorritos) pero... Yo busqué en una cueva más arriba pero allí ni
siquiera había agua. Bajamos y era tan poco nuestro convencimiento que seguíamos
mirando hasta que Néstor indicó un curso de agua que él había visto y señalado
sin que le prestemos mayor atención, en eso llegó Marcelo y dijo que según el
GPS estábamos a 500 mts. No había duda, debíamos buscar allí.
Mi entusiasmo me hizo acelerar el paso y con la
mirada -mientras marchaba- buscaba el manantial hasta que... apareció... ¡¡Eso
sí era un verdadero manantial!!. Cuando me di cuenta tuve que esperar como
media hora que se acercaran Néstor y Marcelo y mientras seguía mirando (lo tenía
a unos 300 mts. de distancia subiendo una cuesta con grandes piedras).
Observando, luego de 15 minutos también pude ver la famosa cruz... ya no
quedaban dudas. Habíamos tenido un "falso manantial" pero ahora sí,
seríamos los primeros argentinos en llegar a "las Nacientes del
Amazonas".
Eran las 12 hs. del 25 de enero de 1.999. Sacamos
las fotos de rigor, disfrutamos de una hermosa vista, por supuesto tomamos agua
y luego iniciamos el regreso. Estábamos contentos: éramos los primeros
argentinos en llegar al manantial del río Carhuasanta, fuente más lejana del río
Amazonas.
El intento al Mismi
Ese día, al regresar a la carpa almorzamos y nos
dedicamos a descansar y "cargar las pilas" para intentar, al día
siguiente, la cumbre del nevado del Mismi (5.597 mts.), el cerro que alberga el
manantial. Nos entregamos otra vez a nuestro deporte de montaña (los dados).
Ese fue el único día que gané...
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Néstor Javier Perez y Mauricio Bernardo Bianchi en el
manantial que da origen al río Carhuasanta y constituye
la fuente más lejana del Amazonas.
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Estábamos bien física y, sobre todo, anímicamente.
Nuestra única preocupación era el tiempo porque desde que llegamos a la zona
se decidió a nevar todos los días y cada vez más. A las 14 hs. comenzó a
nevar/granizar y, a las 22 hs. estábamos esperando que pare, pensando en el día
siguiente.
El 26 de enero fue el día en el cual intentamos
nuestro 2do. objetivo: la cumbre del Mismi. Nos despertamos a las 4,30 hs. pero
nos pusimos en movimiento, luego de remolonear, a las 5 hs. Los preparativos
fueron largos: salir de la bolsa de dormir (había varios grados bajo cero),
vestirse con la indumentaria adecuada, preparar un desayuno sustancioso y preparé
también un litro y medio de leche (con leche condensada) para llevarnos al
ascenso, y no olvidar nada del equipo necesario.
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Mauricio
Bernardo Bianchi en pleno ascenso hacia la cumbre del cerro Mismi
(5.597 m.s.n.m.) que se divisa
al fondo. Este intento se vería frustrado por las pésimas
condiciones del tiempo.
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Finalmente intentaríamos la cumbre Marcelo y yo. Néstor
no tuvo una buena noche -lo seguía afectando la altura- y desistió del
intento. A las 7,20 hs. mi compañero comenzó a caminar y yo salí de la carpa
7,45 hs. El tiempo en ese momento era estable, había algo de nieve en el suelo
(unos pocos centímetros). Pero, como los días anteriores, las nubes
amenazaban.
El ascenso
La quebrada del Carhuasanta finaliza en unos
importantes paredones que forman menos de un cuarto de círculo. Observándolo
de frente iniciamos el ascenso por un acarreo de grandes piedras que se
encuentra a la derecha. Luego de una hora de marcha llegamos a la parte superior
del paredón y observamos una laguna. Estábamos a unos 5.200 mts. de altura.
Como tenemos diferentes ritmos de marcha iba regulando la mía para que siempre
estemos, al menos, en contacto visual.
Seguimos nuestro camino ascendiendo por zonas
mixtas. Se alternaban pedreros de rocas de diversos tamaños y zonas cubiertas
por una capa de nieve de 20 a 30 cm. La pendiente oscilaba entre 25 y 35°. Al
cabo de otra hora de marcha ya habíamos alcanzado el filo de un lomo al pie del
cual está la laguna. De allí, en sólo media hora más, llegamos al filo del
Mismi que constituye la "divisoria de aguas continental". El lugar era
fascinante.
Allí parados sabíamos que todo torrente, agua de
deshielo o producto de precipitaciones que caía hacia el lado del cual veníamos
llegaba hacia el Océano Atlántico luego de recorrer miles de kilómetros y,
por otra parte, toda la "del otro lado" llegaba al Océano Pacífico.
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Mauricio
Bernardo Bianchi en pleno ascenso hacia la cumbre del cerro Mismi
(5.597 m.s.n.m.) que se divisa
al fondo. Hasta ese lugar, a unos 5.300 mts. de altura, es lo máximo
que llegó miembro alguno de la
expedición. Este intento se vería frustrado por las pésimas
condiciones del tiempo.
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El tiempo no quiso
Allí parados veíamos ansiosos y expectantes la
cumbre del Mismi y, más lejana, la del Ajo Colluna (5.255 mts.). Todo este
macizo los pobladores lo llaman Choquecorao.
Pero también observamos preocupados nubes
amenazantes que inmediatamente ocultaron las cumbres, era una importante
tormenta proveniente de la zona del Pacífico. Fue así que, resignados,
comenzamos a regresar. Sin embargo, al llegar al lomo en el cual habíamos
parado antes nos sentamos a analizar la situación y esperar para observar hacia
dónde iría la tormenta. Luego de casi media hora apreciamos que la tormenta
"pasaba de largo" y decidimos hacer un nuevo intento o, aunque sea,
buscar ascender a una cumbre secundaria que teníamos más cerca.
En este segundo avance llegamos más lejos que en
el primero y comencé a inspeccionar el trayecto para dirigirnos a la cumbre
secundaria, pero la ruta "directa" era muy peligrosa. Había mucha
nieve y lajas sueltas con una inclinación de más de 45°. Cuando pisaba, casi
todo "se iba para abajo". Regresé donde había quedado mi compañero
y allí evaluamos la situación. Calculamos que nos llevaría entre hora y media
a dos horas llegar a la cumbre principal del Mismi. La teníamos a unos 3 km. de
recorrido para sortear unos 300 mts. de desnivel (estábamos a unos 5.300 mts.).
El terreno se planteaba, en principio con poca
inclinación y luego una fuerte pendiente, pero toda cubierta de una importante
capa de nieve transitable sin mayores problemas. Mientras observábamos
advertimos el avance veloz de un enorme frente de tormenta desde la zona amazónica.
Realmente se veía feo. No debimos pensarlo mucho: si subíamos a la cumbre ese
frente seguramente nos encontraría allí arriba. Lamentándolo iniciamos el
descenso. Nos sentíamos en óptimas condiciones físicas y anímicas y estábamos
"a un paso" de la cumbre pero... el tiempo no quiso.
Desandamos el camino por otro sector para reconocer
el terreno mejor ya que el tiempo todavía era aceptable. Pasamos nuevamente por
la laguna -ahora por el otro lado- y descendimos pegados al paredón para
observar una cascada que descendía de ella. Al llegar tuvimos una gran
sorpresa: un zorro salió de una cueva, nos miró y huyó prontamente (¿o se
habrá sorprendido él?).
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7
Mauricio
Bernardo Bianchi descendiendo del intento al cerro Mismi (5.597
m.s.n.m.) ante la
amenaza de mal tiempo, tal como se ve al fondo. Esa tormenta
finalmente se concretó y
duró 17 hs. demostrando lo acertada de la decisión de descender y
dejar la
cumbre para otra oportunidad.
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Luego de algunas fotos seguimos descendiendo y unos
15 minutos antes de llegar a la carpa comenzo a nevar/granizar con mucha furia.
Esa tormenta duró nada menos que 17 hs.... no nos habíamos equivocado, habíamos
hecho muy bien en bajar. A las 13,15 hs. ya estábamos nuevamente en la carpa
contándole a Néstor nuestra experiencia mientras cociné el almuerzo.
El regreso
Sin embargo, ese día -26/01-, recibimos una
visita. El poblador Juan Mendoza -vive a unos 7 km. de allí- observó nuestra
carpa y vino a conversar. Estaba buscando unos caballos que se le habían
escapado. La charla fue amena, le preguntamos por sus costumbres y compartimos
algunos caramelos y granola. La nevada acompaño todo el día y no nos quedó
otra que dedicarnos a jugar a los dados, cantar y discutir temas varios.
El 27 de enero era el día convenido para que la
camioneta fuera a buscarnos a Carhuacocha. Estábamos a 20 km. de allí. Nos
levantamos a las 6,30 hs. y ordenamos todo el equipo, armamos las mochilas y
desayunamos mientras esperábamos que la tormenta termine. Finalmente a eso de
las 8,30 hs. paró y rápidamente desarmamos la carpa e iniciamos la marcha con
unos 50 cm. de nieve. Eran las 9 hs.
Debimos andar así alrededor de 7 km., enterrándonos
a cada paso hasta bien arriba de los tobillos. La caminata fue larga y el
hacerlo a 4.800 mts. de altura con 20 kg. en la espalda lo hizo duro y cansador.
A las 16 hs. Néstor y yo llegamos donde nos esperaba la camioneta. Marcelo
-siempre más lento- lo hizo media hora después. Inmediatamente comenzamos a
regresar, había que llegar a Cailloma -60 km.- antes de las 18,30 hs., momento
en que oscurecía.
El chofer fue nuevamente el excelente Leoncio
Delgado quien mostró su destreza para cruzar ríos que habían aumentado al
triple su caudal. Lo acompañaba Alex Herrera. El trayecto estuvo bravo pero
llegamos a Cailloma a las 18,15 hs. En ese momento "almorzamos". Pero
hubo más... seguimos viajando hasta las 23 hs. y algunos tramos de alta
cordillera fueron tan difíciles (por la fuerte nevada) que mientras nosotros
mirábamos el camino preocupados escuchábamos que Leoncio -el chofer-... ¡rezaba!.
Por suerte llegamos a destino y al día siguiente,
por la mañana y con buen tiempo, estuvimos en Arequipa. Allí contamos nuestra
expedición a "Coco" Villena Cateriano, al Ing. Víctor Valdivia y a
don "Lucho" Bustamante. Ese mismo día Marcelo debió regresar a Bs.
As. pero con Néstor nos quedamos unos días más disfrutando de la hospitalidad
de los peruanos, la cual nunca olvidaremos.
El Mismi sigue allí y nosotros le debemos una
visita.
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