Escalada y boulder
Charlando con Fernando “El Capi” Irrazabal, nos comentaba cómo cambió la escalada en El Chaltén con Internet.
“El clima ahora, con internet, es predecible. Antes te pasabas días en los campamentos, esperando el buen tiempo, metido en una carpa, quieto, engordando.
Mientas que ahora los escaladores están todos en el pueblo, quizás durmiendo en una cama, saliendo a comer, entrenando y haciendo mucho boulder.
Los boulders de El Chaltén son de tan buena calidad que ya están viniendo escaladores de afuera, solamente para practicar boulder, y quizás si pinta el buen tiempo van y hacen una vía alpina en la montaña.”
César “Tehuelche” Acuña, presidente del Centro Andino Chaltén, tiene lista para editar, la primera guía de boulders del área.
Algunos problemas ambientales
Estando El Chaltén rodeado por dos caudalosos ríos, el Río de las Vueltas y el Río Fitz Roy, la fuerza de sus aguas podrían generar toda la energía que el pueblo necesita para tener luz eléctrica. Pero en cambio, en lo que debería ser el silencio del valle, grandes motores truenan día y noche sin parar, consumiendo toneladas de costoso combustible, que debe ser traído especialmente.
Cuando uno viene bajando del silencio de los bosques de montaña, es notorio el contraste: ve el pueblo y escucha el ruido de los generadores, rompiendo la paz del lugar, y ubicados justo frente a la capilla levantada en memoria de Tony Egger.
Y la distribución de la electricidad se teje en marañas de cables aéreos que contaminan todas las vistas de las montañas desde el pueblo, y son sacudidos por días de fuertes vientos en los que, paradójicamente, el pueblo se queda sin luz.
También las cloacas y la basura son temas pendientes de una solución de fondo, en un pueblo que cambia tan abruptamente su densidad de población de unos cientos de habitantes en el invierno, y una “invasión” de varios miles en el verano, que amenazan con hacer colapsar todos los servicios.
Los chicos de El Chaltén
“Camucha” había venido una temporada a El Chaltén a visitar a su marido guía de montaña, “El Pulpo”, ambos de Buenos Aires. No había jardín de infantes entonces, y los padres del Centro Andino le propusieron este proyecto y le empezaron a dejar a sus hijos. El jardín se creo para los hijos de los guías del Centro Andino, pero también se integraron los hijos de los operadores de agencias, dueños hostels y de locales comerciales. Ahora hay una salita de tres. Y así los chicos pasan a la escuela oficial ya adaptados, y habiendo incorporado las características del lugar.
Es la primera generación de chicos de El Chaltén.
A los chiquitos los llevan a caminar, hasta el Chorrillo del Salto, al Mirador de las Vueltas, al árbol quemado (“monumento al caminante distraído”). Aprenden a patinar sobre hielo en la lagunita que se congela detrás de la cabaña del club. Mientras pasean por los senderos jugando, levantan cualquier colilla o papelito que encuentran. Saben trepar, tirarse en trineo, no tenerle miedo al viento, aprenden a distinguir las plantas: un Calafate de un Neneo (que pincha), y de un Diente de León. Las golosinas no son caramelos, sino pasas de uva, cereales y frutas. Un paseo a caballo se convierte en una “clase” desde el contacto con el animal, acariciarlo y limpiarlo. Y así aprenden a cuidar, y a ser felices en este lugar.
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Los Chicos en el Chaltén


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