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| Penitentes en Verano |
Invitados por la gente de Penitentes visitamos el lugar y disfrutamos las opciones que han preparado para vivir la aventura este verano. Como ellos mismos lo definen, Penitentes Montaña es "la aventura que puedas imaginar". El verano le otorga a Penitentes características únicas, convirtiéndolo en un lugar incomparable para pasar momentos inolvidables, rodeado de montañas, paisajes naturales, buen clima, buen servicio y excelente compañía | |
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Por Sergio Paoli |
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Desde la Hostería Penitentes se pueden
realizar programas que conjugan todas las variantes de la adrenalina. |
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Es pobre lo que acierta expresarse con palabras
comparativamente con el verdadero paisaje que puede contemplarse desde cada
ángulo donde se miren las maravillas que la naturaleza nos regala en este
lugar. Llegamos desde Uspallata (magnífico panorama) por caminos casi de
cornisa subiendo hasta Penitentes y no alcanzan los ojos para ver y diferenciar
la armonía de los colores que presentan las laderas de las montañas.
Si bien por sus condiciones el suelo es árido o semiárido la mezcla de
minerales permite gozar de un abanico de pinceladas distintas; donde hasta el
aire, esencialmente puro, parecería ser de color. El cielo siempre azul ilumina
la majestuosidad de los picos que aún en meses cálidos permanecen nevados.
El asombro nos mantiene en forma constante y cuando creemos que ya vimos casi
todo nos encontramos por ejemplo Puente del Inca que impacta aún al más
escéptico.
Luego de internarse pocos metros de la ruta aparece un puente obra de la
naturaleza con fuerte color azufre, bastante profundidad, grutas, senderos,
acequias, agua tibia que fluye por sus canales y desde los picos de rocas dentro
de las grutas. Todos los escenarios que nos muestra Penitentes y sus alrededores
(conocido solo como centro de esquí) se hacen creedores de una necesaria visita
que satisface con creces la vista y el alma de todo el que tenga la suerte de
llegar.
También a corta distancia se puede observar nada menos que el Aconcagua que se
impone majestuoso detrás de otras montañas.
En dicha zona sólo se encuentra vegetación en los lugares que tiene riego
artificial y de hecho sorprende la mezcla de terreno rocoso con árboles,
producto de la mano del hombre.
En fin, sólo resta hacer un corto viaje para poder disfrutar de lo que es
difícil de explicar con palabras por sus enormes encantos.
Lo que me limitaba pasó a ser un desafío
Por DOLORES AVENDAÑO,
maratonista y corredora de carreras de aventura, que había sufrido un fuerte
accidente al deslizarse descontroladamente por una pendiente de nieve y rocas
durante el
Peugeot Eco-Adventure
de Ushuaia. Con el hombro quebrado y el brazo izquierdo totalmente inmovilizado
estuvo unos días con nosotros.
Durante nuestra visita a Penitentes, me
sentía MUY limitada sin mi brazo izquierdo. No pude hacer raffting, ni rapel,
pero estaba decidida a hacer el trekking como fuera. Me lo tomé como un
desafío. Mis compañeros me ataron el pelo, los cordones, y también les pedí
que me ataran la mochila al mejor estilo matambre para que no se me cayera de
costado (dejándome el brazo derecho libre, claro). Cada uno cargaba su propio
agua, almuerzo y abrigo. Comenzamos a subir y
enseguida noté la falta de oxígeno (habiendo llegado el día anterior no
estábamos muy aclimatados). De todas maneras me mantuve pegada detrás de
nuestro guía, Daniel Pizarro.
A medida que subíamos varias veces deseé tener mi brazo izquierdo! Cuando la
montaña me quedaba de ese lado (izquierdo), la cosa se me complicaba un poco.
No podía evitar la sensación de que estaba atada y limitada... Bueno, es que
realmente lo estaba!
Después de dos o tres horas, Daniel se dio vuelta y me dijo que un poco más
adelante llegaríamos a una pared de piedra para la cual necesitaría mis dos
brazos, pero que dada mi situación él me
iba a asistir. Empecé a mentalizarme para lo que se venia, pero, seguí adelante
recordando que uno de los tantos grupos que él guió al Aconcagua constaba de
ocho ciegos (con dos lazarillos cada uno) y tres minusválidos (con prótesis) a
uno de los cuales le faltaba una pierna y un brazo.
Luego de una breve pausa-almuerzo, rodeados de unas montañas y paredes de roca
espectaculares, seguimos ascendiendo por la nieve. Daniel nos guiaba para no
caer en el arroyo que corría por debajo (lo podía
oír). Yo seguía firme detrás de él. Nos acercábamos a las famosas rocas y
me empecé a achicar. Le dije que si mi escalada no se podía hacer, yo me
quedaba ahí esperándolos. Me dijo que de ninguna manera, y que yo iba a subir!
Volví a pensar en ese grupo que guió al Aconcagua y eso me dio confianza y
seguridad (aunque no tenía NI IDEA de cómo iba a subir esa pared). Y lo que
hasta ese momento me había hecho sentir limitada, pasó a ser un desafío.
Finalmente llegamos a las famosas rocas...
Necesitaba mis dos brazos.
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Daniel dejó su mochila y se tomó unos segundos
para analizar la pared y ver cuál era el mejor camino. Volvió y ató mi
muñeca derecha a la suya y empezamos a escalar (yo seguía con mi mochila atada
a mi espalda y mi brazo izquierdo inmovilizado). En un momento pensé:
"¡Esto es muy loco!" No me podía agarrar de la piedra y la pierna
no me daba para pisar donde debía. Entonces usé mis rodillas (todavía tengo unos moretones). Estaba arrodillada contra la piedra, con el hombro izquierdo quebrado, colgada de mi mano derecha atada a la de Daniel, que estaba agarrado con su otra mano a la roca, soportando el peso de los dos... Ese decididamente NO era el momento para detenerme a pensar en eso sino para concentrarme en la escalada. Tomé fuerzas, puse todo mi peso en la cuerda impulsándome hacia arriba y estiré mi pierna encontrando un punto de apoyo para mi pie. No tuve que volver a usar mis rodillas, gracias a Dios, y en poco más llegamos a donde terminaba la pared. Mientras esperaba a los demás (pasábamos la pared de a uno), ya no me sentía minusválida, sino orgullosa de mi misma, de haberlo intentado y haberlo logrado! De haberme superado. Al continuar nuestro trekking me sentí mucho más segura e incluso liviana. Y disfruté todavía más del imponente paisaje. Cerca de las cuatro de la tarde llegamos a Puente del Inca, final de nuestro trekking. Lamenté que así fuera pero me sentía feliz! |
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Trekking de Penitentes a Puente del Inca |
Al día siguiente fuimos a visitar unas minas, subimos otras montañas (esta vez llegamos en unimog). Allí arriba, cerca de la entrada de una mina había un pequeño altar (apacheta), frente a otro imponente paisaje. Nos dijeron que era un buen lugar para rezar o comunicarse con Dios o con la Pacha Mama, o lo que fuera que uno creyera, y pidiera por ese deseo profundo que uno tiene en el corazón. Al rato de haber entrado y recorrido parte de la mina, volví al lugar de oración (todavía no había hecho mi pedido). Mientras contemplaba el paisaje, se me llenaron los ojos de lágrimas y lo único que me salía del corazón era un profundo GRACIAS! Gracias por el paisaje que contemplaba, y por el grupo de gente tan especial que, consciente o inconscientemente me había ayudado a superarme y a recobrar la confianza en mí misma.
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