Un suizo en San Juan

Mini-reportaje de Santiago Storni a Raphael Joliat

Uno ya casi se acostumbra a escuchar este tipo de historias: Casimiro Ferrari, después de hacer la cara oeste del Torre, dejó su Italia natal y se compró una estancia en Santa Cruz donde vive hasta hoy. O Jean Paul Bassaget capitán del Calypso, cuando dejó de trabajar para Cousteau habiendo recorrido tantos mares, eligió Ushuaia como su lugar en el mundo, donde se estableció y sigue trabajando con su propio velero. 


Así también Raphael vino de Suiza, con su mochila recorriendo Sudamérica como tantos otros extranjeros, y se quedó a vivir en Argentina trabajando como Guía de Turismo de Aventura

¿Cómo te fuiste de Suiza para venir a San Juan?
Me lo preguntan siempre los turistas a poco de andar después de haberlos recibido en el aeropuerto. Entonces les explico que me enamoré del noroeste argentino y de esta provincia (San Juan) especialmente porque sentía la libertad correr en todas mis venas cuando hace unos 10 años descubrí, a caballo, caminado, andando en bicicleta o en 4x4, las inmensidades de los desiertos cordilleranos. Son estos espacios sin rastros de civilización humana alguna (salvo los testimonios que nos dejaron los Incas hace más de 500 años) que me hicieron quedar aquí. Entendí que Suiza era demasiado chica, poblada, ordenada demasiado bonita para mí. Los Andes son otra cosa. Los Andes son hostiles, bellos y majestuosos. ¡Hay toda una diferencia entre bonito y bello! Es lo que trato de transmitir a la gente. Y la hostilidad de esta cordillera nos aporta esta sensación de hacer algo prohibido, el toque que da más sabor a la aventura; y eso es lo que a mi me enloquece. ¿Cuántas veces grito de alegría andando a caballo frente a una montaña?
Me gusta también en mi trabajo ver la evolución de cada uno a medida que una expedición se aleja de las comodidades y la seguridad que provee la civilización. La gente se solidariza, se habla, a veces hasta se cuentan cosas que normalmente contaban solo a su psicólogo. Es para mí una verdadera alegría ver que mi grupo esta desenchufando del estrés de las grandes ciudades.
Otro atractivo de la profesión de Guía de Turismo de Aventura es la parte creativa. Cuando hay que armar un recorrido inédito hay que romperse las neuronas para que el cliente quede contento después de realizar el recorrido. No siempre es fácil porque las posibilidades son casi infinitas y desgraciadamente al cliente siempre le faltan días, entonces hay que cortar y eliminar partes que me hubiera gustado hacerlo conocer. Para armar bien un recorrido, el guía debe conocer como la palma de su mano el terreno en el cual se realizará la excursión, lo que implica 2 ó 3 veces al año un viaje de conocimiento y prospección. Para mí esto es la parte la más atractiva porque me libero de la presión que ejerce el grupo de gente que estoy guiando normalmente. En este caso, no hay que respetar programa, horarios, compatibilizar días, etc. Voy como en mis mejores años de mochilero porque nadie tiene un avión a tomar.
Claro, los clientes no siempre se dan cuenta de las responsabilidades y preocupaciones del guía. Durante una cabalgata por ejemplo las condiciones climáticas tienen una importancia fundamental sobre la buena marcha de la expedición, especialmente a más de 4.000 metros de altura (afortunadamente San Juan tiene un clima extraordinariamente estable), tanto como la salud de cada uno, inclusive hasta la salud de los mismos animales tiene importancia. Estos ejemplos más otros miles de detalles aumentan la responsabilidad del guía.
Para concluir, si siendo Suizo decidí ser guía de Turismo de Aventura en San Juan, creo que la síntesis es simple: una profesión extraordinariamente variada en un lugar inmenso, diverso, y aún casi virgen.


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