Algunas veces, el impacto se
puede dar sobre especies críticas (potencialmente amenazadas), como es el caso
de la gran destrucción por pisoteo de una planta exclusiva de la Sierra de las
Quijadas. Esto ocurrió antes de la instrumentación del parque nacional, cuando
creció notablemente el número de visitantes y no había una demarcación
mínima del sendero para recorrer los puntos panorámicos del Potrero de la
Aguada, el principal atractivo turístico del lugar.
¿Me lo puedo llevar, no?
Otra actitud muy
generalizada, es querer llevarse todo lo que podamos tomar de un área natural.
"Total, parece que no tuviera dueño". "Total, hay mucho".
"Total, nadie me ve o nadie va a decir nada". Y así, en un operativo
hormiga no planificado, se desmantelan de fósiles riquísimos yacimientos, de
cerámicas y otros restos antiguos el legado de asentamientos humanos de otros
tiempos.
"Pero es sólo un pedazo
de madera muerta" y se extrae un importante fuente de nutrientes hasta
dejar literalmente pelado el suelo en torno de los campamentos y senderos.
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"Acaso no puedo llevarme
esta planta, estaba descalzada del suelo la pobrecita..." y nos seguimos
llevando nutrientes y un elemento importante del paisaje natural. Y en todos los
casos estamos robando parte del patrimonio natural y cultural de todos. |
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Cancha de Bochas (foto: Santiago Storni) |
"Aquí estuvo un
irresponsable"
Tal vez nunca leímos una
inscripción de este tipo. Pero si observamos en alguna oportunidad árboles o
piedras con leyendas dejadas por un visitante desaprensivo. Parece
que cuando no podemos llevarnos algo, al menos lo escribimos.
Aquí consideramos a todos los elementos que por su cantidad y/o calidad
agregados al medio natural no pueden ser integrados en el corto plazo al sistema
o, en el caso de las reservas, alteran las condiciones agrestes imperantes. En
definitiva, son todas las variadas formas que puede tomar la contaminación
ambiental.
La basura es un primer
componente que aquí se hace muy evidente, por contraste: nos recuerda enseguida
a las ciudades. Es impresionante hasta donde llegan los residuos y su gran
perdurabilidad. Repetidas veces se ha denunciado la proliferación de basureros
en los circuitos de andinismo. Y esta problemática tiene una solución muy
sencilla: colocar la basura en el sitio adecuado, o volver con los materiales no
degradables y enterrar los perecederos.
Aunque podemos reconocer que
en general se nota un cierto cambio de actitud a este respecto, lamentablemente
todavía abundan los malos ejemplos.
Uso sin abuso
Los abusos del visitante a
las áreas naturales protegidas plantean una problemática que puede
solucionarse puntualmente en cada uno de sus aspectos. Por ejemplo, el abandono
de basura en cualquier lado puede aliviarse considerablemente mediante la
difusión de sus consecuencias y dar una solución práctica, en este caso,
recipientes donde dejarla.
Pero las nuevas corrientes de
acercamiento a la naturaleza, como supervivencia, trekking, cabalgatas, aventura
en general, buscan justamente tener la alternativa de frecuentar otros sitios
fuera de los circuitos habituales. Tengamos en cuenta que uno de los atractivos
de estas salidas es estar en los rincones que se destaquen por su
inaccesibilidad o virginidad. Consecuentemente, con escasa presencia humana. Y
desde el punto de vista de quien debe velar por la integridad de esa área
natural, se torna dificultoso atender a una cantidad de grupos dispersos por los
lugares más insólitos, en vez de manejar al turismo convencional por sectores
que se pueden preparar previamente para evitar su impacto.
Los guías, educadores
ambientales e interpretes naturalistas tienen en sus manos un importante rol
para mejorar esta situación. Y en general, como hemos visto, cada uno de
nosotros puede convertirse en un ejemplar protagonista de este cambio necesario.
Las reservas necesitan gente
Desde 1901 el Sierra Club,
una pionera entidad ambientalista norteamericana, organizaba excursiones a los
parques nacionales de su país. Pero cuando a pocas décadas de empezar las
salidas se hicieron populares, hubo un notable incremento de participantes en
búsqueda de sitios vírgenes. Pronto se evidenciaron los excesos producidos al
sobrepasarse la capacidad de algunos parques nacionales.
Se tenía en claro que la
existencia de estas reservas silvestres sólo sería posible gracias al
reconocimiento de su valor por parte de la ciudadanía.
Michael Cohen, un
conservacionista y escritor estadounidense, estima que en esa oportunidad era
mejor tener parques y bosques atestados de gente que ningún parque ni bosque.
Cohen concluye que la gente necesitaba árboles y los árboles necesitan gente.
En la mayoría de las áreas
naturales protegidas de la Argentina aún estamos a tiempo de acondicionar el
lugar para la llegada del visitante. Pero el desafío más importante sigue
siendo preparar la mentalidad de los visitantes para alcanzar la armonía
deseada sin caer en excesos innecesarios.
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