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Las aves cuentan con un vistoso elenco. Además del Suri
Cordillerano debemos mencionar al Aguila Mora; el Cóndor Andino, el carroñero
típico de los Andes; el Tortolón, Corral o Agachona Chica, un ave con el porte
de una Torcaza robusta, de plumaje aperdizado, común en las ciénagas; y varios
pájaros como las Chamuchinas o Jilgueros Oliváceos y los "Boquenses"
o Comesebos Andinos, los cuales pueden llegar a formar grandes bandadas. Varias
Lagartijas o Chelcos junto a una Culebra Conejera son los representantes locales
de los reptiles.
Entre la fauna exótica se destaca la Liebre Europea, muy
extendida por toda la región, que prefiere aquí las cercanías de la
ciénagas, las cuales le proveen alimento verde todo el año; y los Burros
Cimarrones, un animal que ha retornado su vida salvaje a partir de los
ejemplares escapados y que se insinúa como uno de los problemas de
conservación más serios a resolver a corto plazo. Su proliferación desmedida
podría originar cambios indeseables en el funcionamiento del ecosistema
original.
Un rico pasado
La presencia humana en Los Morrillos data de hace más de
8.000 años. Los primeros hombres fueron cazadores trashumantes de Guanacos y
Suris. Sus herramientas eran rudimentarias, trabajaban la piedra para obtener
puntas de flechas y raspadores. Posteriormente, hacia el año 6.000 antes de
Cristo, se instalaron los "cazadores Morrillos" que ocuparon las
cuevas del Morrillo Chato como viviendas, dejando abundantes indicios de su
actividad cotidiana. A ellos le sucedieron otra corriente cultural denominada
"cultura Ansilta". Este grupo realizó agricultura mediante la
canalización de terrazas de cultivo; de ellos se han encontrado momias en muy
buen estado de conservación, depositadas en las cuevas de la zona.
Itinerarios
Las visitas deben realizarse a través de Ramón Osa (Cabaña
Doña Pipa: tel./fax 0648-41004), el agente oficial reconocido por los dueños y
la Fundación Vida Silvestre Argentina.
Saliendo desde Barreal en vehículo 4x4 se accede al refugio
de montaña de la reserva. A partir de allí se puede realizar un circuito a pie
hasta el Morrillo Chato para observar los aleros ocupados antiguamente por los
aborígenes; seguir por la ciénaga o vega para apreciar la fauna de la región;
y recorrer el Morrillo Puntudo que contiene petroglifos, antiguas pircas y un
mirador natural para apreciar en toda su belleza al Morrillo Chato desde
enfrente. El segundo día se puede destinar para ir a caballo hasta la Quebrada
del Arroyo Fiero, con un interesante bosque de Chacay, el único conocido dentro
de la Provincia de San Juan. Este lugar también cuenta con yacimientos
arqueológicos, como antiguos graneros ubicados en cuevas.
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