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Foto: Eduardo Haene
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El aspecto del paisaje es inhóspito. La vegetación apenas cubre el suelo.
En un pequeño
sector, vecino a la Seccional de Guardaparque, se encuentra la mayor concentración de
troncos petrificados, algunos de los cuales llegan a medir 35 m de longitud y 3 m de
diámetro.
Este yacimiento, el más
grande de nuestro país, se formó hace 150 millones de años cuando reinaba un clima
cálido y húmedo, momento en el cual la acción volcánica sepultó bajo una densa capa
de cenizas los extensos bosques de coníferas que ocupaban la Patagonia.
A lo largo de
milenios, los minerales fueron reemplazando paulatinamente la materia orgánica, que
mantuvo su aspecto exterior.
Este proceso se conoce como "petrificación".
El relieve del área es
suavemente ondulado y está rodeado por altas mesetas.
Al sudoeste se destaca
nítidamente, dominando el paisaje, el cerro Madre e Hija.
Sus 403 metros de altura,
están conformados por columnas basálticas de singular aspecto, presentando la figura de
un morro.
En la parte más baja
del área se encuentra la Laguna Grande.
Este cuerpo de agua, de escasa profundidad, no es
permanente ya que el agua que se acumula durante las torrenciales pero escasas lluvias, se
evapora muy rápidamente debido a la fuerte exposición a agentes desecantes como el sol y
el continuo viento.
El área fue
declarada originalmente Monumento Natural con una superficie de 15.000 hectáreas.
Pero
recientemente se le incorporaron dos estancias vecinas totalizando ahora unas 44.000
hectáreas.
El conjunto resultante está en proceso de creación formal como Parque
Nacional.
La flora y fauna actual
En la estepa la escasa humedad y los
fuertes vientos determinan la existencia de una flora adaptada a estas condiciones
climáticas. Las plantas forman matas bajas y compactas, sus hojas aparecen plegadas y
cubiertas con una espesa cutina que atenúa el proceso de evaporación.
Las especies que conviven allí son los Molles,
Matas Negras, Algarrobos Patagónicos, Duraznillos, Colapiches, Coirones Amargos,
Calafates, etc.. Los Juncos, se encuentran puntualmente en los ambientes con humedad
permanente, como los mallines o vegas.
La flora del Monumento en general
pasa inadvertida al ojo del visitante común, siendo su período de esplendor durante la
primavera o bien entre los meses de agosto a noviembre. Esto ocurre solo si el invierno
fue húmedo (con abundantes precipitaciones de nieve o lluvia) llegando a cubrirse el
suelo de flores de extraordinaria belleza.
Si en cambio el invierno fue seco, el proceso
es inverso, observándose una incipiente germinación y rebrote de los vegetales. |