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Foto: Cristian Ostrosky
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El paisaje de la región está
dominado por montañas cubiertas de profusa vegetación. Allí se destaca la presencia de
una gigantesca conífera nativa: el Alerce o Lahuán. La existencia de los más densos y
antiguos bosques de la especie en Argentina le dieron el nombre y la fama a este Parque.
Los numerosos lagos presentes, constituyen un extraordinario marco natural de belleza
singular. El color azul-plateado de las aguas del Lago Futalaufquen hacen del mismo uno de
los principales motivos de atracción. Uniendo este cuerpo de agua con el pequeño Lago
Verde, se encuentra el Río Arrayanes, de unos 3 kilómetros de longitud y unos 50 metros
de ancho. Este curso tiene aguas de un color verde-azulado transparente, divisándose con
increíble nitidez su lecho pedregoso. El nombre de este río se debe a que sus márgenes
están densamente cubiertas de árboles y arbustos frondosos, destacándose el Arrayán
por sus flores níveas y troncos retorcidos de color canela.
El Lago Verde es tan largo como ancho, y tiene unos 2 km2 de superficie. Al norte tiene
una ladera cubierta de bosques de Coihues; la parte oeste, en cambio, es menos elevada y
permite por un corto sendero el acceso a las orillas del Lago Menéndez. Este es uno de
los de mayor magnificencia del Parque, debido a los llamativos escenarios naturales que
exhibe, como el Cerro Torresillas y la Cascada El Cisne. Juntamente con los lagos
Futalaufquen y Rivadavia, representan los más importantes atractivos del Parque.
El Parque resguarda la cuenca del Río Futaleufú o Grande, cuyas aguas se vierten en el
Océano Pacífico. Conforma, asimismo, la mayor fuente proveedora de agua de la zona,
asegurando el buen funcionamiento de la Central Hidroeléctrica Futaleufú, que abastece
de energía a la fábrica de aluminio ALUAR, ubicada en la ciudad costera de Puerto
Madryn.
Acompañando al principal protagonista vegetal del Parque, el Alerce, prospera una
abundante y variada vegetación nativa. En las márgenes de los lagos crecen árboles como
los Radales, Maitenes, Cipreses, Arrayanes, Ñires, Lengas, Maquis, etc. Esa profusión de
verdes está matizada con las flores anaranjadas de la Mutisia, las rojas y colgantes del
Chilco, las lilas de la Virreina y las amarillas del Liuto o Amancay.
El refugio del Lahuan
Al igual que en otros Parques andino-patagónicos, llamará la atención del visitante
los cambios en los matices del paisaje a medida que no acercamos a la Cordillera de los
Andes, desde la árida Estepa Patagónica.
Los árboles más abundantes en la zona de contacto con la Estepa Patagónica son la Lenga
y el Ñire, que forman un bosque de hojas caducas. El Ciprés de la Cordillera, de hasta
20 metros de altura, crece en las laderas más secas y expuestas. El Maitén suele
acompañar al Ciprés en los sectores de transición, formando bosquecillos puros. Junto a
los anteriores, el Chacay, desarrolla galerías a orillas de los ríos que ingresan a la
estepa. Entre los arbustos tenemos al Espino Negro, el Radal, que en sitios de mayor
humedad adquiere un porte arbóreo; y el Notro cuyas llamativas flores compiten con las de
Mutisias, Virreinas y Amancays o Liutos que vegetan en las zonas más húmedas.
La llamada Selva Valdiviana se presenta solamente donde el promedio anual de lluvias
supera los 1.500 milímetros anuales, adquiriendo su máxima expresión sobre las laderas
chilenas.
En ciertos sectores, existe un denso sotobosque de Caña Colihue, que puede medrar varios
metros hacia lo alto, no dejando prácticamente claros. Hay arbustos acompañantes como el
Michay, Vinagrillo, la Violeta y las Topa-topa, entre otras.
Los helechos, musgos, líquenes, hepáticas y hongos abundan en el suelo, entre ramas y
troncos caídos o al pie de los árboles. Se destaca entre los hongos el Llao-llao,
parásito que produce tumores en forma de abultamientos en las ramas y troncos de
distintas especies arbóreas.
Los bosques valdivianos cruzan por la cordillera en sitios bajos, que facilitan el
necesario aporte de humedad, la que supera en ciertos lugares los 4.000 mm anuales. Allí
la vegetación tiene sus manifestaciones más exuberantes aumentando en forma notoria la
diversidad específica. Helechos y epífitas crecen entre una espesa capa de musgo sobre
los troncos, mientras que las enredaderas y lianas insinúan una formación selvática en
el bosque.
El protagonista vegetal del Parque, el Alerce, vive preferentemente en las partes más
húmedas de la región, formando parte de la Selva Valdiviana. Se distingue fácilmente de
las otras especies por poseer una copa piramidal, porte majestuoso y corteza rojiza con
profundos surcos longitudinales. Es frecuente hallar ejemplares que superan los 50 metros
de altura, con troncos que miden hasta 4 metros de diámetro.
Los bosques naturales de esta especie, han sido explotados desde antaño en toda su área
de distribución, es decir Chile y la Argentina. Su madera, de excelente calidad, es muy
preciada dada la extraordinaria resistencia que posee a la intemperie, siendo
prácticamente imputrescible e invulnerable al ataque de los insectos. Por este motivo,
fue intensamente aprovechada para la construcción de tejuelas para techos, puertas,
ventanas, revestimientos exteriores e interiores, muebles, embarcaciones, etc. habiéndose
llevado a los alerzales nativos casi al exterminio.
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