
Foto: Marcos Babarskas |
El Parque
Nacional Lanín toma su nombre de un volcán extinto de 3.777 metros de altura que, al
sobrepasar todos los otros picos de la zona, domina el panorama montañoso en estas
latitudes desde cualquier ángulo.
Aparte de las bellezas escénicas, Lanín tiene una
variedad de comunidades vegetales únicas en el sistema de parques nacionales argentino.
Una sucesión de cuencas lacustres se hallan protegidas, cada una conteniendo comunidades
vegetales propias, preservada aquí de la actividad maderera.
A su vez, estos bosques
conservan el suelo de las nacientes de importantes cursos fluviales con obras
hidroeléctricas en su curso, como El Chocón.
La mitad norte del Parque, entre el Lago Ñorquinco y el Huechulafquen, es dominio del
Pehuén o Araucaria, que ocupa los valles y laderas occidentales. En el norte y sudoeste
del Parque, encontramos el escaso Roble Pellín, a veces junto al Coihue y otras con el
también raro Raulí.
Las cercanías del lago Tromen, en la vertiente septentrional del Lanín, ofrece
agrupaciones de Pehuenes precedidas, por el lado este, de ambientes transicionales con la
estepa patagónica.
La otra ladera del volcán Lanín preside la unión del alargado lago
Huechulafquen y el Paimún.
Un poco más al oeste, el lago Epulafquen, abrazado al sur por
el Currué Grande, posee las renombradas fuentes termales de Lahuén-Co, que atraen al
turismo, tanto nacional como internacional.
La selva valdiviana, ambiente boscoso que ocupa las áreas de mayor humedad, es otra de
las características de este Parque, en ella se pueden encontrar una gran variedad de
especies endémicas de esta formación exclusiva de Argentina y Chile.
El Parque alberga 53 comunidades indígenas pertenecientes a la cultura Mapuche,
englobadas en las reservaciones de Rucachoroi y Curruhuinca.
La cría de ganado, la
agricultura, la elaboración de tejidos y otras artesanías componen la economía básica
de estos pobladores.
El reino del Pehuen
Uno de los árboles más característicos de la región es el Pehuén, también
conocido como Araucaria. Esta magnífica conífera eleva su tronco recto y columnar hasta
45 metros y de su extremo surge una aparasolada copa, con sus ramas levemente inclinadas
hacia abajo.
Las concentraciones más densas aparecen entre los 900 y 1800 m sobre el
nivel del mar, en sitios húmedos y fríos.
Los troncos alcanzan los 2 metros de
diámetro, y los grandes individuos pueden llegar a edades cercanas a un milenio. En
ciertos lugares crecen asociados con la Lenga y un sotobosque de Caña Colihue, o
aislados.
Sus grandes semillas son comestibles, sirviendo de alimento tanto a la fauna
silvestre como a los pobladores locales.
El Ciprés de la Cordillera es una especie típica del ambiente de transición con la
estepa patagónica. Compactos bosques forma esta conífera de hasta 20 metros de altura,
que crece en las laderas más secas y expuestas al norte.
El Maitén suele acompañar al
ciprés en los sectores de transición, formando bosquecillos puros.
Junto al Maitén, el Chacay desarrolla galerías a orillas de los ríos que ingresan a la
estepa. Entre los arbustos tenemos al Espino Negro, el Radal, que en sitios de mayor
humedad adquiere un porte arbóreo; y el Notro cuyas llamativas flores compiten con las de
Mutisias, Virreinas y Amancays o Liutos.
Existen también árboles de hojas caducas, como la Lenga y el Ñire que constituyen un
bosque particular. El Ñire es propio de orillas de mallines y turbales, siendo una
especie pionera que coloniza luego de incendios. La Lenga, en cambio, si bien alcanza
proporciones arbóreas, a partir de grandes alturas crece en forma achaparrada.
El distrito valdiviano se presenta donde el promedio anual de lluvias supera 1500
milímetros, adquiriendo su máxima expresión sobre las laderas chilenas.
El Coihue es la
especie dominante y el avance por estos bosques se hace difícil debido a la densidad del
sotobosque de Caña Colihue, que puede medrar varios metros hacia lo alto, no dejando
prácticamente claros.
Hay arbustos acompañantes como el Michay, el Vinagrillo, la
Violeta y las Topa-topa, entre otras.
En este Parque hallamos dos vegetales que no están presentes en ninguna otra área
protegida patagónica. Se trata de dos árboles notables por su gran tamaño: el Roble
Pellín y el Raulí, que alcanzan los 30 m. de altura.
A veces mezclados con el Coihue,
forman concentraciones mixtas en la zona comprendida entre los Lagos Quillén, Nonthué y
Lácar.
Ambas especies son de hojas caedizas, característica que le da a estos bosques
una belleza sobresaliente en otoño. La excelente calidad de su madera, las ha hecho muy
buscadas, siendo las especies arbóreas más perseguidas, amenazadas y escasas de la
Patagonia andina.
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