|

Foto: Daniel Gómez
|
La fauna de Otamendi
La variedad de animales
presentes es proporcional a la variedad de ambientes de la reserva. El grupo
más numeroso es el de las aves, que cuenta con 239 especies citadas hasta el
momento en el área. Podemos entonces asociar la Fauna a los distintos tipos de
ambientes: en la Selva Ribereña, encontramos Comadrejas Coloradas y pájaros
como el Arañero Coronado Chico, que recorren ágilmente el follaje de los
árboles y enredaderas. Con sigilosos movimientos, la Choca Corona Rojiza se
delatará por su curioso canto. Con suerte podremos observar una Pava de Monte
Común que halla aquí su límite sur de dispersión. Aún más difícil de
divisar será el Lobito de Río. Excelente nadador, este hermoso animal se
encontró amenazado de extinción por la persecución que de la cual fue objeto
durante muchas décadas, a fin de obtener su fina piel.
Los extensos terrenos
inundables brindan refugio a la fauna mayor de la reserva, como por ejemplo, el
Carpincho. En las inmediaciones de la Selva Ribereña se guarece el Ciervo de
los Pantanos, el ciervo más grande de América del Sur. Esta especie, debido a
la caza desmedida y a la destrucción de su hábitat natural, está catalogada
amenazada de extinción a nivel internacional. La avifauna, si bien difícil de
ver, puede ser descubierta por un oído entrenado y un ojo atento. Junqueros,
Tachuríes Sietecolores y varias especies de Gallinetas y Burritos, entre otros,
pueblan de sonido y movimiento el pajonal. Motivo de interés especial es la
Pajonalera de Pico Recto, de esquiva presencia, que tiene en la reserva uno de
los pocos sitios de nidificación conocidos para la especie. En primavera
resurge un grupo de seres inadvertidos durante los meses fríos: los anfibios,
que llenan el aire con sus cantos. Entre ellos, la Ranita del Zarzal no pasará
desapercibida por su peculiar llamada que recuerda gotas de agua que caen. Los
espejos de aguas abiertas, como la Laguna Grande y otras menores, proporcionan
un ambiente adecuado para una fauna singular. En ellos viven la Tararira y el
Sábalo, y un variado grupo de aves nadadoras (Gallaretas, Patos y los elegantes
Cisnes Cuello Negro).
El Pastizal Pampeano posee
también su fauna característica; pájaros como el Espartillero Enano o las
Cachirlas, mamíferos como el Cuis y el Hurón Mediano, entre otros, tienen su
residencia entre las matas herbáceas.
Los Bosques de la Barranca
albergan, con su canto agudo y cambiante, a la Tacuarita Azul y no falta una
pareja de Horneros emitiendo su estridente repiqueteo cerca del nido. Oculta en
el hueco de algún Ombú, la Comadreja Overa descansa hasta el crepúsculo para
salir a buscar sus presas. En ese mismo momento del día, el Lechuzón Orejudo y
la Lechuza de los Campanarios también inician sus recorridas de caza.
Itinerarios
Apenas ingresado, visite el Centro de Informes, donde el
Guardaparque le entregará folletos y le recomendará las mejores recorridas
según las condiciones climáticas del día.
En el Centro de Visitantes, podrá interiorizarse de los aspectos naturales de la reserva. En los paneles de
exhibición encontrará una descripción de los ambientes, junto a su flora y
fauna característica.
Se puede optar entre esperar el momento de partida de las
visitas guiadas organizada por el cuerpo de voluntarios y guardaparques de la
Reserva, o dirigirse al sendero de interpretación autoguiado. Este sendero lo
llevará por los ambientes del Pastizal Pampeano y el Talar, informándolo de
sus rasgos esenciales a través de una completa cartelería. Finalmente se llega
a un mirador panorámico desde el cual se pueden observar los bajos inundables.
Desde el mirador, hacia la derecha, se encuentra el acceso al
sendero del Talar, que sólo puede ser visitado en compañía de un Guardaparque
o un guía. Esta recorrida deslumbrará al visitante por el esplendor de su
flora y por la variedad de aves.
Si posee un vehículo, le recomendamos tomar el camino
"Islas Malvinas" que culmina en el río Paraná de las Palmas y así
poder recorrer y admirar en toda su magnificencia la Selva Ribereña.
|