Otamendi
La región más transformada de la Argentina tiene 
un pulmón silvestre bien conservado en la Reserva Otamendi. De fácil acceso, este lugar de gran potencial educativo es la única área protegida que resguarda  muestras de las tres unidades naturales de la región: pampa, talares y Delta del Paraná.
Foto: Daniel Gómez Por Daniel Gómez y Eduardo Haene

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Foto: Eduardo Haene


La Historia reciente
El área que hoy comprende la Reserva Natural Otamendi fue utilizada por el Ejército, durante muchos años, como campo de prácticas de artillería. Entonces, se solía disparar desde las zonas altas hacia los bajos inundables; todavía en la actualidad pueden observarse los pozos originados por la explosión de algún mortero.
Más tarde, las tierras fueron cedidas al Consejo del Menor y la Familia, organismo nacional, que arrendaba las tierras a ganaderos vecinos. La zona era sometida a un intenso pastoreo y a quemas periódicas para que el ganado se alimentara de los rebrotes tiernos. Como contrapartida de estos destructivos usos de la zona, se realizaban, desde la década del treinta, prácticas de campo de la cátedra de Botánica de la Facultad de Agronomía de Buenos Aires. Atraídos por los ambientes naturales del área, que ya en esa época eran escasos en las cercanías de Buenos Aires, los grupos de estudiantes eran guiados por Lorenzo Parodi, prestigioso botánico argentino.
Parodi, en 1940, ya destacaba en su estudio de los talares de la Provincia de Buenos Aires la necesidad de proteger la flora de las barrancas y los bajos de Otamendi, a fin de conservar una de las últimas muestras del paisaje original del nordeste bonaerense. Recién en 1990 y por un Decreto Nacional, el área pasa finalmente a ser protegida por la Nación, constituyendo la primer Reserva Natural de la Administración de Parques Nacionales en la provincia de Buenos Aires.

Diversidad ambiental
Posiblemente sorprenda considerar este lugar parte del Delta del Paraná, habitualmente delimitado al sur por el Paraná y luego por el Paraná de las Palmas. Pero aquí estamos considerando los límites naturales dibujados por procesos geológicos. La retracción del mar, que en tiempos cuaternarios ocupaba una amplia bahía interior (actual Delta y estuario del Paraná) dejó al descubierto el borde de las tierras altas, su antigua costa. Ese límite está a la vista hoy en día en las barrancas, que se continúan hacia el sudeste, paralelas a la costa rioplatense, y donde se desarrollaron los Talares y se asentaron las ciudades.
El lecho marino vecino a la costa, forma una terraza baja entre la barranca y el río Paraná. Esta siguió similares procesos de formación a los experimentados por buena parte del Delta, enriqueciéndose con los aportes de sedimentos en cada inundación. Si observamos el perfil del relieve a la altura de Otamendi, veríamos que sobre el Paraná de las Palmas tiene la forma típica de una isla del Delta, con un albardón costero alto y una zona baja en el centro, que se inunda periódicamente con las crecidas del río.

Seibos, talas y flechillas
En la Selva Ribereña la vegetación está formada por árboles de mediano porte, como Sauces Criollos, Anacahuitas, Curupíes y Alisos de Río; hacia los bajos, aparecen Seibos que alternan con pajonales húmedos. El sotobosque, con variedad de arbustos, es enmarañado, con abundantes lianas y enredaderas, todo lo cual acentúa el aspecto selvático de la vegetación. Pequeños helechos y cactus tapizan los troncos de los árboles. Pero lo que más llama la atención es la "barba de viejo", un extraño clavel del aire, que forma verdaderas cascadas grisáceas que se descuelgan de las ramas de Sauces y Ceibo, dándole al ambiente un aspecto que suponemos fantasmagórico.

En los Terrenos inundables la vegetación dominante es el pajonal, formado por manchones compactos casi monoespecíficos con hierbas de gran tamaño: Juncos, Totoras, Pajas Bravas, Espadañas, Cortaderas, etc. En las aguas de la Laguna Grande se encuentra una flora acuática flotante, con Helechitos, Lentejas y Repollitos de Agua. Al pie de la barranca, en los suelos con altos contenidos en sales, prospera el "pelo de chancho", que en otras zonas da paso a densos Espartillares, entre los que se instalan las esféricas matas de Hunquillo o Hunco, de tallos punzantes.
En las pendientes de las barrancas, crece una vegetación de árboles bajos y espinosos llamada Talar, representante del Espinal, expresión empobrecida de los bosques chaqueños del norte de la Argentina. El Tala, de dulces frutos naranjas, es la especie dominante, lo acompañan Ombúes y Espinillos, entre otras especies. El Saúco, de flores blancas reunidas en ramilletes, alegran el sotobosque en primavera.
El Pastizal Pampeano se asienta en las zonas más altas, que no se inundan, en la llamada Pampa Ondulada. Allí encontramos las Flechillas, representantes del pastizal original. Ciertos sectores están dominados por diversas especies de Chilcas y Carquejas.

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Foto: Daniel Gómez
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Foto: Daniel Gómez
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Foto: Daniel Gómez

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