
Foto: Eduardo Haene |
La Historia reciente
El área que hoy comprende la Reserva Natural Otamendi fue utilizada por el Ejército,
durante muchos años, como campo de prácticas de artillería. Entonces, se solía
disparar desde las zonas altas hacia los bajos inundables; todavía en la actualidad
pueden observarse los pozos originados por la explosión de algún mortero.
Más tarde, las tierras fueron cedidas al Consejo del Menor y la Familia, organismo
nacional, que arrendaba las tierras a ganaderos vecinos. La zona era sometida a un intenso
pastoreo y a quemas periódicas para que el ganado se alimentara de los rebrotes tiernos.
Como contrapartida de estos destructivos usos de la zona, se realizaban, desde la década
del treinta, prácticas de campo de la cátedra de Botánica de la Facultad de Agronomía
de Buenos Aires. Atraídos por los ambientes naturales del área, que ya en esa época
eran escasos en las cercanías de Buenos Aires, los grupos de estudiantes eran guiados por
Lorenzo Parodi, prestigioso botánico argentino.
Parodi, en 1940, ya destacaba en su estudio de los talares de la Provincia de Buenos Aires
la necesidad de proteger la flora de las barrancas y los bajos de Otamendi, a fin de
conservar una de las últimas muestras del paisaje original del nordeste bonaerense.
Recién en 1990 y por un Decreto Nacional, el área pasa finalmente a ser protegida por la
Nación, constituyendo la primer Reserva Natural de la Administración de Parques
Nacionales en la provincia de Buenos Aires.
Diversidad ambiental
Posiblemente sorprenda considerar este lugar parte del Delta del Paraná,
habitualmente delimitado al sur por el Paraná y luego por el Paraná de las Palmas. Pero
aquí estamos considerando los límites naturales dibujados por procesos geológicos. La
retracción del mar, que en tiempos cuaternarios ocupaba una amplia bahía interior
(actual Delta y estuario del Paraná) dejó al descubierto el borde de las tierras altas,
su antigua costa. Ese límite está a la vista hoy en día en las barrancas, que se
continúan hacia el sudeste, paralelas a la costa rioplatense, y donde se desarrollaron
los Talares y se asentaron las ciudades.
El lecho marino vecino a la costa, forma una terraza baja entre la barranca y el río
Paraná. Esta siguió similares procesos de formación a los experimentados por buena
parte del Delta, enriqueciéndose con los aportes de sedimentos en cada inundación. Si
observamos el perfil del relieve a la altura de Otamendi, veríamos que sobre el Paraná
de las Palmas tiene la forma típica de una isla del Delta, con un albardón costero alto
y una zona baja en el centro, que se inunda periódicamente con las crecidas del río.
Seibos, talas y flechillas
En la Selva Ribereña la vegetación está formada por árboles de mediano porte, como
Sauces Criollos, Anacahuitas, Curupíes y Alisos de Río; hacia los bajos, aparecen Seibos
que alternan con pajonales húmedos. El sotobosque, con variedad de arbustos, es
enmarañado, con abundantes lianas y enredaderas, todo lo cual acentúa el aspecto
selvático de la vegetación. Pequeños helechos y cactus tapizan los troncos de los
árboles. Pero lo que más llama la atención es la "barba de viejo", un
extraño clavel del aire, que forma verdaderas cascadas grisáceas que se descuelgan de
las ramas de Sauces y Ceibo, dándole al ambiente un aspecto que suponemos
fantasmagórico.
En los Terrenos inundables la
vegetación dominante es el pajonal, formado por manchones compactos casi monoespecíficos
con hierbas de gran tamaño: Juncos, Totoras, Pajas Bravas, Espadañas, Cortaderas, etc.
En las aguas de la Laguna Grande se encuentra una flora acuática flotante, con
Helechitos, Lentejas y Repollitos de Agua. Al pie de la barranca, en los suelos con altos
contenidos en sales, prospera el "pelo de chancho", que en otras zonas da paso a
densos Espartillares, entre los que se instalan las esféricas matas de Hunquillo o Hunco,
de tallos punzantes.
En las pendientes de las barrancas, crece una vegetación de árboles bajos y espinosos
llamada Talar, representante del Espinal, expresión empobrecida de los bosques chaqueños
del norte de la Argentina. El Tala, de dulces frutos naranjas, es la especie dominante, lo
acompañan Ombúes y Espinillos, entre otras especies. El Saúco, de flores blancas
reunidas en ramilletes, alegran el sotobosque en primavera.
El Pastizal Pampeano se asienta en las zonas más altas, que no se inundan, en la llamada
Pampa Ondulada. Allí encontramos las Flechillas, representantes del pastizal original.
Ciertos sectores están dominados por diversas especies de Chilcas y Carquejas. |