Las llamas
Entrevista a Adrián Falcone, a cargo de la logística de Fitz Roy Expediciones.
Por Santiago Storni
Adrián Falcone fue guardaparques durante muchos años en la seccional Lago Viedma. Se retiró coincidentemente con un intento de arancelamiento del acceso a montañas tales como el Fitz Roy (que no prosperó). Actualmente está a cargo de la logística de Fitz Roy Expediciones (agencia de guías), en reemplazo de Jorge Luperti, que fue designado comisionado del pueblo. Lo que sigue es un resumen de la charla mantenida el 24 de marzo de 2008, al final de la cual lo acompañamos en su tarea de todos los días cuando cae el sol: llevar las llamas al corral.
La idea de introducir las llamas en el parque se inicia con Susan Queiro (entonces guardaparques) a partir de un curso que fue a hacer a Estados Unidos en la Colorado State University, donde toma contacto con el tema. Allá ya las estaban usando como solución a diferentes problemas.
Esto fue alrededor del año 1997/98, y Susana vuelve trayendo este concepto. Luego fue también Ricardo (Sánchez, su marido), y ambos, en contacto con el INTA, traen tres llamas, con el plan de entrenarlas como sustituto de los caballos en el parque. Pero Parques demora cuatro años en responder. Cuatro años en los que estuvieron cuidándolas sin usarlas, más que como cargueras en un campo para la construcción de una cabaña, con mucho éxito.
En el 2004/2005 se venía la prohibición de los caballos, y con la experiencia previa, Fitz Roy Expediciones salió a buscar las llamas con Jorge Luperti, encargado de logística y operación de entonces.
Cuando en 2006 se prohíben los caballos, el tema ya estaba encaminado. Las llamas, con almohadillas en sus patas, no impactan en las sendas, comen poco, y una llama adulta carga 25 kg. Antes donde pasaban 7 u 8 caballos de 50 kg cada uno más su propio peso, destruían el trabajo hecho.
Las llamas las trajeron del INTA de Río Gallegos. Y se han adaptado perfectamente: se arreglan bien con las pasturas nativas porque tienen una gran similitud con el guanaco, salvo que son totalmente dóciles, a diferencia de éste. Son ágiles aún con la carga, no galopan, y se mueven muy bien en la montaña.
Cuando va un grupo a un campamento, el encargado se va solo, con cuatro llamas con lo necesario para un grupo de hasta quince personas. La prohibición de los caballos hace los campamentos más austeros. En el campamento acampan separados, todos por un lado, y las llamas con su encargado por otro lado, por precaución del puma. Las llamas de Fitz Roy Expediciones van al campamento de “Prestadores” en el Valle del Torre, y a Laguna Toro. Y hay otros proyectos. |
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