CABO POLONIO
ROCHA - URUGUAY
Monumento Natural de Dunas - Reserva de Biósfera Bañados del Este
Texto y fotos Santiago Storni
Los recuadros son extractos de folletos y sitios web
Una cosa es preservar el medio ambiente en un área intangible, y otra (un verdadero desafío) es preservarlo en un sitio donde cada fin de semana entran más de tres mil personas. Cabo Polonio es un peñón rocoso que se introduce en el mar y se prolonga en tres islas: Rasa, Encantada e Islote. Sitio de navegación difícil y de naufragios, debe su nombre al galeón español Polonio, proveniente de Cádiz, que naufragó en sus rocas el último día de 1735. Dos extensas y amplias playas rodean el cabo: hacia el noroeste, la playa de La Calavera, y hacia el sur la ensenada de Polonio o playa sur. Hacia el este se encuentra el Cerro de la Buena Vista, el punto más prominente de la zona.
Preservación e impacto
Mujeres con sandalias hechas a mano, anillo en el índice del pie y aros asimétricos.
Cabo Polonio era un lugar deshabitado hasta principios del siglo XX, y a partir de la explotación lobera algunas pocas familias lo ocuparon en forma permanente, superando las dificultades de acceso y la aspereza de la vida. Los años ‘70 llevaron al Polonio a los primeros turistas; hippies y bohemios que convivían con pescadores. En ese entonces se accedía con carros tirados por caballos o bueyes, servicio que prestaban los canarios (oriundos de Canelones). Pero desde entonces a hoy, fomentado por la frecuencia de vehículos que transportan turistas, El Cabo se convirtió en lugar muy frecuentado, poniendo en crisis la capacidad de carga del lugar y la prevención del impacto ambiental. Con estos transportes 4x4 se modificó el perfil de los visitantes creando el “turista ocasional”, que va a pasar el día mientras está veraneando en La Pedrera, Punta del Este u otros sitios cercanos, donde el cuidado del medio ambiente quizás no sea un hábito adquirido.
Las dunas móviles
La entrada en 4x4 por el norte, era un verdadero atractivo turístico, pero prevaleció el criterio ambiental. "El sistema de dunas de Cabo Polonio es único en el territorio uruguayo y constituye una de las pocas áreas de dunas móviles costeras de la región que llegan a superar los veinte metros. Alberga ecosistemas que merecen ser conservados desde el punto de vista de la diversidad genética, del valor paisajístico, científico y cultural, incluyendo el arqueológico", sostiene un estudio efectuado por al Facultad de Ciencias en 1992. La forestación emprendida en los años ‘70 para "fijar" las dunas tuvo un efecto negativo. Estudios más recientes demuestran que las plantaciones de pinos y acacias detienen los movimientos naturales de las dunas erosionando algunas áreas y disminuyendo el aporte de arena a las playas, que cada vez son más angostas. El uso excesivo de vehículos 4x4 también afectaba a este excepcional sistema, y por eso el acceso desde Valizas ahora sólo se hace a pie o a caballo.
El acceso en vehículos ahora es sólo desde el sur, atravesando un área protegida con bosques nativos amenazados por los incendios forestales. No pude dejar de pensar en esto cuando yo entraba y en mi vehículo un par de pasajeros lograron, a pesar del viento, encender sus cigarrillos y consumirlos antes de llegar, cuyas colillas encendidas terminaron en el suelo de la reserva. De este lado (sur) la playa es una carretera. Es un impacto asumido. De algún modo hay que acceder y abastecer al lugar, y las camionetas llegan al Polonio entre los ranchos y los bañistas.
Anochece
Cuando se pone el sol, al no haber electricidad ni autos, la potente luz del faro barre en silencio el cielo a intervalos. Las casitas comienzan a prender sus faroles y sus velas, y la gente realiza los “rituales” del final de cada día: bañarse con agua de pozo, ir a comprar algo para comer y beber... En la playa de la ensenada queda gente: grupos dispersos que hacen música y baten palmas. Veo el resplandor de lo que parece un fogón, pero la leña aquí es escasa, y han cavado huecos en la arena dentro de los cuales hay velas encendidas, invisibles, pero que en conjunto crean un círculo de luces parpadeantes en la playa. La luna es tan clara que proyecta las sombras y blanquea las casitas salpicadas con velas en las ventanas y puertas abiertas. No necesitaré linterna para volver. En las sillas de lona y sillones de cuero blanco del deck de un parador escucho a la vez acentos rioplatenses y extranjeros. Me traen otra vela encendida dentro de una bolsa de papel madera con arena.
En “Estación Central” de día está la mesa de billar y de noche suelen tocar grupos en vivo, todo acústico por supuesto. Suena un trío de guitarra, trombón, batería y voz; el trombón interpretado casi como un saxo, el cantante rasta. Es una casa con puertas y ventanas abiertas, de modo que está lleno adentro y afuera también. A la luz de una luna muy brillante todos escuchan música, charlan, toman cerveza y fuman lo que venga.
“Lo de Joselo” es más intimista, como un laberinto entre plantas y mesas con velas, y cuando uno mira para arriba se da cuenta de que está a cielo abierto! Joselo es el dueño, ciego.
Voy y camino por la playa De la Calavera. Otras siluetas disfrutan del mismo espectáculo imperdible y gratuito de todas las noches. Las estrellas brillan intensas y una enorme luna llena se refleja en el mar, y me impacta en los ojos y en el alma.
Lobos marinos
Las islas ubicadas frente al Cabo forman el conjunto llamado Islas de Torres y albergan una de las poblaciones de lobos marinos más importantes del mundo.
El medio natural en Cabo Polonio es complejo y frágil. Las diversas actividades humanas han generado conflictos ambientales que hoy se intentan minimizar.
La conducta y la actitud de pobladores y visitantes en el área son un aspecto clave en la restauración y manejo del patrimonio natural del lugar.
Antes de que salga el sol me desperté escuchando a lo lejos como risas, gritos, que me hicieron pensar que había alguna fiesta en la playa mansa. Pero recordé la colonia de lobos que hay en la punta rocosa… y al amanecer pueden tomarse las mejores fotos. El cielo estaba cubierto sin estrellas. Caminé junto al faro y sobre las rocas, y allí estaban… Allí siguen, a pesar de la invasión en la temporada alta del verano. Me senté y allí me quedé quieto, viéndolos sin perturbarlos.
La caminata
Sabiendo que caminaría por las dunas bajo el sol a la peor hora, me cubrí como un árabe, con ropa blanca liviana pero de mangas largas, y lo esencial es llevar un sombrero (que no se vuele), anteojos de sol y agua. Cualquiera de estos elementos que faltara estaría “en el horno”… literalmente. Confirmé con el bañero de la torreta que la caminata tomaría un par de horas si iba por la playa y dos horas y media pasando por arriba del “cerro” Buena Vista, una enorme duna con enormes rocas en su cumbre, y una linda vista de 360º, del mar, las islas, la playa, los humedales y el bosque de ombúes. Bajando van apareciendo las casitas de Valizas con su laguna, y uno vuelve a ver pescadores y bañistas. No me imagino esa caminata descalzo o en sandalias, al menos si se quiere pasar por la cumbre. Para hacer el trayecto a caballo hay que reservar con anticipación en Valizas, saliendo por la mañana y habiendo avisado el día anterior.
El Cerro Picudo
Para “despuntar el vicio”, la mayor elevación en la zona con rocas de granito gris que permiten la práctica del boulder, es el Cerro Picudo, en el Parque Nacional San Miguel, ubicado a escasos 7 km de Chuy. La entrada al parque es a mano izquierda de la ruta N° 19. En él está el Fuerte, un museo criollo, y además, podemos adentrarnos por un sendero en las Sierras de San Miguel, que comienzan en las proximidades del Fuerte y van llevando al visitante a una región de bañados, que se extienden como una gran alfombra hacia la Fortaleza de Santa Teresa, cuyo perfil, en días claros, se puede ver contra el horizonte. Se lo sube caminando (o a caballo) y desde su cumbre se ve una excelente panorámica de toda la zona circundante.
Sin agua corriente
El agua potable es de pozo. Cada casita tiene su pozo (cachimba) sin roldadas ni decoraciones. A balde y soga cada ocupante junta el agua para cocinar y bañarse. Hay casas que tienen un tanque, y son abastecidas por el aguatero. Antes era un carro, ahora es un camioncito que llega con un gran tanque vertical; el ayudante apoya una escalera de madera contra la casa a abastecer, mete la manguera en el tanque de la casa y el aguatero prende la bomba de su camión, hasta llenar la reserva de la casa, y pasa a la siguiente. Algunas pocas tienen su propia bomba, y también hay quienes tienen un grupo electrógeno, pero causan un ruido casi permanente que se escucha en algunas calles. Al igual que hay un aguatero hay proveedor de hielo. Cada cubo de hielo que flota en cada vaso, llega en una camioneta por la playa, que abastece a bares y paradores.
Basta de construir
Charlando con un montevideano, propietario de una de las casitas, supe más detalles de otro de los preceptos ambientales del lugar: el freno a la construcción. De nombre Daniel y dueño de un perro llamado Atilio García (por un jugador de fútbol; la gente saludaba primero al perro y luego se fijaba si él andaba cerca), me explicó que así como se prohibió el tránsito de vehículos por las dunas, se prohibió la construcción de casas en la playa, y se demolieron casi todos los ranchitos que se habían levantado sobre la playa sur, por estar dentro de los 200 metros fiscales de costa. Fue una tragedia -dijo- pero aún así le parecía bien. El perdió el suyo, que lo reconstruyó en otra área permitida, con vista a la otra playa. Mientras me lo explicaba tomando unas caipirinhas, cada tanto venía Atilio García y se sentaba un rato, cansado de hacer sociales.
El francés
Hablamos también de El Francés (Raymond). “Un visionario” dijo. Cuando él trabajaba con su jeep Willys, dos veces los canarios que hacían los traslados en sus carros le echaron arena en el tanque de nafta. Él fue tanto a los de un lado como a los del otro, se agarró a trompadas y les dijo en la cara: “Yo voy a trgabajag aquí!” (Así empezó a principios de los noventa y en dos o tres años pasó a manejar una flota de unimogs adaptados con unos fierros y unos bancos para el transporte de pasajeros, e interconectados por radio). Llegó a tener una avioneta, con la que hacía paseos, y la aterrizaba en Aguas Dulces. “Si no se hubiese muerto (de cáncer de páncreas) creo que hoy habría un vuelo diario a Punta del Este”.
Daniel tomó otra caipirinha y siguió contando: “Una vez, esto lo vi con mis propios ojos, era el último viaje del día, de vuelta a Valizas. Había un pelilargo que quería viajar pero no tenía plata. Cuando el francés arrancó se quiso subir… A pesar de que el muchacho medía casi dos metros el francés le clavó la mirada… Como era él, rapado, ojos verdes, cara angulosa y muy frío, le dijo “No vas”. El otro lo quiso prepotear, y el francés simplemente le dijo: “Yo no tengo miedo de matag ni de mogrirg. No vas.” Y se acabó la discusión. Siempre andaba armado. Se supone que vino escapando; si no, no se explica que de Francia se haya venido a radicar en Valizas. La leyenda afirma que estuvo en la legión extranjera…”
Se puede
Cabo Polonio no es un destino turístico convencional; no es para quien busque el confort de un hotel. Lo más confortable para el visitante son las dos únicas posadas. Pero sí es para quien quiera estar en un lugar mágico, en un ambiente distinto, con personajes e historias especiales.
Al haber vuelto luego de años, en general lo encontré lindo; más ordenado. Quizás haya perdido algo de mística, pero supieron intervenir a tiempo para preservarlo. Me llamó la atención que las personas usen tanto los teléfonos celulares. Para quien no lo conoció antes será natural, pero para mí es casi una profanación, al igual que el ruido de algunos grupos electrógenos. Pero el tratamiento de la basura, la demolición de los ranchos en la playa, la prohibición de transportes desde Valizas, etc. si bien pueden haber incomodado a algunos, en este caso la intervención del hombre preservó lo natural, y contribuyó a definir el particular perfil actual del lugar. |















|