Febrero 2008    

 
 
 

PAREDES ROSAS
Sierra de la Ventana

Por Vicente Marino.

“No despiertes a Batman”, V+, 95 m.
Escaladores: Agustín Sisamón, Leonardo Palomba y Vicente Marino. / Todos del Club Andino Mar del Plata.

La historia de esta sierra con la escalada es tan rica como la historia del montañismo argentino. En Sierra de la Ventana surgieron leyendas como José Luis Fonrouge y Carlos Comesaña; este era su “patio trasero” y escenario de entrenamiento para una dupla que haría historia con una escalada épica en el Fitz Roy. Un par de trepadores que marcaron la historia en el alpinismo mundial, y que  desafiando a los grandes europeos que durante meses tallaron una línea en la pared este de la mole patagónica, lograron en solo tres días y en estilo alpino puro y ultraligero realizar una vía de mixtura hielo-roca impresionante: La Supercanaleta.
En estas sierras del sudoeste bonaerense se hicieron de su técnica y fortaleza mental que los prepararía para el desafío que implicaba el gigante patagónico. Y allí nos dirigíamos Agustín, Leonardo y yo buscando por enésima vez marcar otra línea o, simplemente volver a rehacer algunos de los recorridos que surcan estas paredes.

Una Ventana de posibilidades

Fin de semana largo de octubre de 2007. Eran las tres de la mañana cuando arribamos al pueblo de Sierra de la Ventana y al no encontrar nada abierto tiramos el auto en un rincón para descansar de las siete horas de viaje tras nuestras espaldas. A la mañana nos levantamos y nos pusimos en marcha preparando bien las cosas que sólo habíamos alcanzamos a “tirar” dentro del baúl del auto del apuro que llevábamos.
La caminata de acceso a estas sierras es un trekking interesante por los paisajes que conforman las laderas de estas montañas. Lamentablemente la entrada no es del todo “legal” debido a que las tierras donde se encuentran estos cerros son mayormente privadas y los dueños no les agrada tener invitados desconocidos recorriendo sus propiedades. Igualmente gestionamos algunos permisos y movimos algunos contactos para poder pasar por algunos lugares hasta llegar a terreno seguro y donde no nos cruzaríamos con otro ser humano que interfiriera con nuestras ansias de roca.
Diez y media de la mañana arribamos a las paredes, admirando su verticalidad y altura. Para Leo y yo que anteriormente habíamos escalado estas tapias, ya nos eran familiares, pero para Agustín que era su primera visita la motivación la sudaba por sus poros. El equipo no tardó de salir de la mochila, y luego de una picadita de quesos y salamines para recuperar algo de la energía gastada, el rack para un primer intento en la roca estaba siendo elegido. Un juego de friends, uno de stoppers, cintas express largas, algunos clavos para suplementar relevos o armar algún rappel, el casco y la cuerda supieron ganar lugar en los portamateriales de nuestros arneses. La ansiedad era tal que en un suspiro nos comimos 50 m de la vía llamada “No entiendo, qué está pasando” de un grado V+ (en escala francesa) mientras intentábamos asimilar dónde nos encontrámos.
Luego en el campamento estábamos tomando unos mates y pensando cuál sería la línea a seguir el día siguiente cuando oímos voces familiares. Eran Esteban, compañero nuestro del Club Andino Mar del Plata, y Santiago, escalador Bahiense, que luego de algunas infortunadas pérdidas de transprotación llegaron al campamento. Los saludos no se hicieron esperar y armamos la segunda carpa cuando las gotas de una molesta lluvia tardía caían sobre la pampa de pasto que albergaba nuestras tiendas. Más mates, más historias y anécdotas de viajes anteriores acompañaron el fin de un día largo pero satisfactorio.



Este es el sector tomado con zoom donde se ubica la vía
"No despierten a Batman", V+, 95mts.



Leonardo elige un buen seguro para poner en forma de reenvío para la entrada un tanto desplomada del 1er largo.


Vicente limpiando el 1er largo de la vía, encarando el último tramo del largo, una placa perfectamente fisurada pero con pocos seguros.


Agustín dándole al techito del último largo de la vía, un V+/6a piola y de pasos estéticos.


La cordada, Leonardo-Agustín-Vicente, en ese orden, con la pared del Gran Techo, donde se encuentra la vía. Esta se ubica en el sector de la izq. de la pared.


Ya con las paredes de fondo nos retiramos hasta una próxima visita a estos cañadones espectaculares.

Dos líneas se perfilaban como posibles proyectos. Igualmente tenía que ser apertura o tal vez alguna reapertura, como años antes se nos había dado, debido a que calculamos que existen muchos itinerarios ya escalados pero que no han sido escaladas en décadas y menos aún documentadas. Por un lado, tenemos la Pared Rosa, una tapia desplomada, salpicada en esos desplomes por tremendos techos que brinda una escalada placa-diedro de una técnica fina y resistencia a pasos de cambio de plano que le hacen a uno preguntarse por qué hace lo que hace. Allí existen varias líneas abiertas (o reabiertas), por nosotros o compañeros nuestros del Club Andino Mar del Plata, y los lugares para trabajar la pared ya han sido ocupados y solo presenta algunas variantes que se pueden realizar. La otra opción es la famosa Pared del Gran Techo, famosa por tener un techo de enormes dimensiones en la parte alta y que le tomó a Carlos Comesaña del C.A.B.A. varios meses desenmarañarla y delinear un camino por las finas fisuras que le surcan. Allí, a la izquierda del Gran Techo teníamos una opción viable que tiempo atrás un amigo del club, Facundo, había visto. Corta respecto de otras posibilidades pero bien directa, esa fue la elección tomada. La línea sale desde una repisa que se llega caminando, sale por una placa con marcadas fisuras para arribar a un techo que se travesea a la derecha, y luego hilando una serie de placas y diedros se sale por arriba. Le calculábamos unos 80/90 metros de escalada buena, era hora de ver si salía.

La mañana de la escalada se presentó nublada pero rápidamente salió el sol para desgracia nuestra ya que estaríamos expuestos largo rato, y el sol de octubre ya se torna nocivo. Leonardo encaró la selección del rack, muy escueto para nuestra costumbre, pero al final resultó más que acertado, nada sobró, nada faltó. Juego de friends, juego de stoppers con alguna nuez, 12 expresses variados y unos clavos para reforzar o rappelar. Colocamos todo en los arneses y salimos disparados los cinco. Esteban y Santiago se mandaron por el primer largo de “Tormenta radical” una línea abierta en ‘2004 por nosotros que trazaba 140 m de diedros y techos con un grado máximo de V+. Ellos no tenían experiencia en escalada tradicional por lo que les aconsejamos eso para empezar; la historia daría sorpresas.
El primer largo de nuestra vía lo encaró Leo. Fijamos un clavo para establecer la reunión porque el pie de via era una repisa medio pequeña para caminar tranquilo. El inicio se presentaba complicado debido a que las formaciones rocosas mostraban bloques en desplome a las repisas por lo que se daba una situación de boulder para entrar en el largo. Sin embargo Leo sorteó bien la dificultad del bloque y arrancó con la vía de forma fluída mientras nosotros nos dedicamos a sacar fotos a un paisaje realmente impresionante.
-“¡Reunión!” se ecuchó a lo lejos. Agustín soltó a Leo mientras se colocaba las pédulas y salió disparado para arriba. Aproveché mi libertad de no dar seguro para sacar más fotos del lugar que se veía imponente, el día acompañaba. Minutos después arranqué yo. El largo era espectacular, pasos lindos y técnicos, sin más dificultad que un V+ pero expuestos y bien limpios, roca pura. La última sección era la más técnica y complicada dada la poca cantidad de seguros que Leo pudo poner. Era increible, una placa de pasos buenos, tomas de raras formas y bien vertical, espectacular: estábamos escalando!.
El segundo largo lo encaré yo y se presentó variado, no tan constante como el primero, más pasto, aunque los diedros eran expuestos y los seguros bastante escuetos y más “psicológicos”. Este es un problema común en esta sierra, que en algunos sectores los seguros se convierten en psicológicos y a veces la escalada pide un aseguramiento más sólido que “espiritual”, por lo que aunque el grado de la escalada no sea extremo, el aseguramiento y la exposición trabaja en la cabeza del escalador. El relevo se tenía que realizar sí o sí en una repisa con clavos viejos debido a que la escalada más arriba se complicaba y por estar enlazados en una cuerda de 60 m. Rápidamente me iba a quedar sin posibilidad de seguir debido a que los treinta metros correspondientes a mi chicote se estaban agotando. Uní prolijamente los clavos con mosquetones y cintas, coloqué un friend y un stopper más para asegurar esta muy incómoda reunión y llamé a los muchachos. No tardaron  en hacer los 25 m de mi largo con rapidez.
El tercer largo se complicaba bastante. Los inicios “boulderosos” que se venían dando se manifestaban en serio complicados esta vez por lo que Leo planteaba una entrada en artificial. A mi me dio pena no continuar en libre, y aunque tenía mis recaudos le pedí el material para ver de completar la línea en este estilo. El problema era que para la entrada de bloque que tenía que hacer no tenía  donde poner un buen seguro como punto de reenvío. El único lugar lo ocupaba un molesto murciélago que se negaba a despertarse y a salir de su “casa”. Luego de una lucha infructuosa Leo decidió que el friend iba allí y procedió a introducirlo con murciélago y todo. Al fin conseguí el punto de reenvío anelado.
Comencé el largo con un duro paso de bloque que me dejó luego de tres pasos medio dinámicos en una repisa/cueva rara que tuve que sortear por la izquierda para desembocar en un diedro desplomado coronado por dos “colmillos” de roca blanca que se veían bastante duros. Otro paso dinámico con largas extensiones de piernas me dejaron sobre los colmillos. Cuando creí que se respiraba tranquilidad me percaté que la parte superior del diedro era lisa y había pocas tomas agarrables. Eso sí, la fisura divisoria de los planos tenía algunos buenos lugares para asegurar, mas no era continua y no se presentaba escalable. Entonces la pregunta era cómo superar este diedro liso? Después de una serie de movimientos precisos pero inseguros sobre inexistentes regletas, y de quedarme con un clavo viejo en la mano, logré llegar a una repisa cómoda donde pude armar un relevo usando ese mismo clavo recuperado el cual martillé con una piedra; esto sumado a un stopper y un friend muy pequeños daba la seguridad necesaria para que vinieran los chicos. Un hermoso largo de 6a+ muy expuesto había sido completado.
El siguiente paso era terminar la vía, de lo que se encargó Agustín tirando un último larguito de 15 m, con un techito lindo sobre el final. Muy buen detalle para terminar esta vía perfecta en un día perfecto. Al llegar y después de las fotos de rigor, emprendimos la vuelta hacias el campamento para preparar una comilona de festejo. “No despiertes a Batman”, de un grado máximo de 6a+ y con hermosos 95 m de largo, fue nuestra onceava apertura que nos dieron estos tres días de dedos cansados y llenos de magnesio.

Ah! ¿Y qué pasó con Santiago y Esteban? Bueno, ellos completaron el largo que les indicamos como una buena práctica y decidieron que como la escalada era placentera y estaba a su nivel, les pareció intentar un largo más. Fue nuestra sorpresa que cuando veníamos descendiendo de por la ladera de la sierra los vimos que ya estaban en el anteúltimo largo de la vía. Un rato más tarde salían airosos de su primera experiencia alpina con una vía hermosa y variada.
La noche se cerró y todos festejamos con mate, otra picada y unos fideos para terminar los tres días de escalada que el mes de octubre nos había regalado. Por supuesto dormimos reproduciendo en nuestras cabezas los momentos vividos en un lugar que encierra historia, aventura y un entorno natural único: Sierra de la Ventana.

"Tormenta Radical", V/V+, 140mts.
Leonardo Palomba, Facundo García y Vicente Marino, semana santa de 2004.