TORRES
DEL BRUJO
Apertura
de la vía
“UN MAL TRATO PARA RATO”
Por Pablo
Pontoriero
Fotos: Bernardo Jiménez
y Pablo Pontoriero
Esta historia comienza para
mí un domingo de julio, como tantos
otros pasados en Valle Encantado. Todo era
como siempre, escalando, abriendo alguna
vía nueva, pasando por los sectores
a charlar con la gente que anda por ahí,
aprovechando un día lindo de invierno
para trepar todo lo posible antes de que
se ponga feo el clima otra vez. Todo era
como siempre, en las charlas entre pegue
y pegue, soñamos con proyectos futuros
y lugares nuevos para conocer, cosas para
hacer. Pero ese día, Pere tenía
algo concreto, no era algo más para
la lista: me preguntó si quería
ir a una expedición que estaba preparando
con un amigo chileno a las Torres del Brujo,
para febrero del 2004. Yo ya había
visto las diapositivas y la nota que salió
en Desnivel sobre la vez anterior que el
había ido, y fue un SÍ automático,
sin pensar en nada más.
Con el paso del tiempo, se fueron puliendo
varios detalles y me fui enterando de cómo
venía preparándose la expedición,
que estaba a cargo de Max, en Chile. Teníamos
el apoyo de The North Face, que nos daba
equipo y solventaba los gastos. Personalmente
conseguí la ayuda de Dedos Colgantes
y Teknia, que me facilitaron material. Nos
iban a acompañar además un
camarógrafo y un fotógrafo,
para documentar todo lo que haríamos.
Los escaladores seríamos entonces,
Pere Vilarasau (Español), Max Meza
(Chileno) y yo Pablo (Argentino). El camarógrafo
iba a ser Dennis Bois (Francés) y
el fotógrafo Bernardo Jiménez
(Argentino). Un grupo bien internacional.
La idea era abrir una vía nueva en
alguna pared de las Torres, que cuentan
con muchísimas posibilidades de escalada,
en un granito de muy buena calidad, y en
lo posible intentar liberar la mayor cantidad
de largos de la vía.
Una vez concretado el grupo, quedamos en
que nos encontraríamos en Santiago
el 4 de febrero, para preparar los últimos
detalles y salir a las Torres en dos días.
Así fue que Pere y yo salimos de
Bariloche en colectivo hasta Santiago, ahí
nos encontramos con Max, e inmediatamente
comenzamos una carrera contra el tiempo
para resolver los últimos detalles.
Anduvimos de acá para allá,
de una punta a otra de la ciudad, que ir
a ver al del GPS, al de las estacas, a la
tienda The North Face a buscar material,
al supermercado a comprar comida (cinco
carritos llenos de cosas ricas!!) . Max
y Pere estaban a full poniéndose
al día desde la última vez
que se habían visto, y yo estaba
como un paisanito patagónico que
no paraba de mirar y asombrarme con los
shopings gigantescos y el quilombo de la
gran ciudad. A la tarde llega Bernardo desde
Mendoza y nos juntamos con Denis en la casa
de Max. Llenamos la camioneta hasta que
no le entraba nada más y rogando
no olvidarnos nada, partimos a la noche
con rumbo sur, hasta San Fernando, y desde
allí hacia la cordillera, por el
camino que lleva a las Termas del Flaco.
Por fin salimos de la civilización
y llegamos al puente sobre el río
Azufre, lugar donde dormimos tirados en
el primer lugar que encontramos y esperamos
a la mañana siguiente para reunirnos
con Don Segundo, el arriero que nos iba
a ayudar con nuestros 300 kg. de carga.
Temprano vinieron él y su hijo con
los “machos” como llamaba a
las mulas, para preparar todo. Casi toda
la mañana estuvieron acomodando los
petates y bidones de la mejor manera posible.
Solo se quejó un poco por que había
unos kilos mas de lo que se había
acordado, pero dijo la frase que nos marcó
y de la cual nos acordamos para el resto
de la expedición: “Hice un
mal tchraaato con este cabaieeero”.
Por fin nos pusimos en marcha por un valle
que se interna hacia la cordillera y que
va ascendiendo de a poco, a su vez que también
cambia la escasa vegetación de arbustos
y demás plantitas pinchudas a pedrero
y morrena glaciar.
La aproximación la llevamos a cabo
en dos días, el primero fue corto,
sólo caminamos tres horas hasta un
puesto de los arrieros, ya que ellos debían
bajar a buscar más carga, debido
al “mal tchrato” que habían
echo. Al segundo día pagamos un poco
el precio de haber caminado poco al principio,
y tuvimos que andar por varias horas, cruzando
un río muy caudaloso subidos al caballo
de los arrieros, y subiendo por un pedrero
muy empinado, hasta por fin llegar a una
planicie llena de bloques de todos los tamaños
y varios arroyitos, desde donde se veía
ya toda la inmensidad de el cerro El Brujo,
y las torres y espolones de granito que
nos habían movilizado hasta este
punto de la cordillera. Armamos el campo
base y nos organizamos para lo que vendría
al día siguiente.
La idea fue dividirnos en dos grupos: uno
compuesto por Max, Denis y yo, tenía
el objetivo de encontrar un camino seguro
por el glaciar para ir y venir todos los
días desde el campo base a la Torre
del Brujo. Según Pere el año
que él había ido, no se tardaba
más de una hora, pero dijo que el
glaciar era muy inestable, así que
deberíamos verlo en una primer fase
exploratoria.
El segundo grupo, Bernardo y Pere, iban
a caminar por el valle donde nace el glaciar
Universidad, para investigar si había
algo más que mereciera la pena tener
en cuenta para escalar.
Así fue que partimos temprano. Después
de dar varias vueltas entre bloques enormes
de hielo, y no encontrar paso por ese verdadero
laberinto, decidimos de que no era posible
acceder de manera segura a la Torre y menos
pasar por ahí todos los días.
No habíamos tenido en cuenta que
el invierno había sido muy seco,
y el glaciar se encontraba muy abierto.
Ya con una opción menos, fuimos a
ver de cerca unos espolones que estaban
enfrente, justo en el lateral del glaciar.
Cuando llegamos vimos que había posibilidades
de hacer alguna buena escalada, aunque eran
de menor altura, pero las mejores líneas
ya sabíamos que estaban abiertas
por otras expediciones anteriores, así
que lo único que nos quedaba era
esperar por conocer cuál había
sido la suerte de Pere y Bernardo.
Mientras estábamos bajando al campo
base, nos comunicamos por radio, y vaya
la alegría que tuvimos cuando nos
dijeron que habían encontrado una
Torre de muy buena pinta al fondo del glaciar.
Bajamos rápidamente para encontrarnos
con ellos y una vez reunidos nos contaron
como era la aproximación, y vimos
varias fotos digitales que habían
sacado. ¡Alucinante! Quedamos muy
entusiasmados con esta noticia y sin dudar
decidimos en poner todo el esfuerzo en escalar
en esa Torre.
De ahí en más, mucho esfuerzo.
La noticia del cambio de objetivo, como
no podía ser de otra manera, tenía
que tener su lado malo. Debíamos
cambiar de lugar el campo base todo nosotros,
sin la ayuda de los “machos“,
llevarlo un poco mas adelante, en el lugar
donde comenzaba el acceso al glaciar, ya
que de esta forma nos ahorrábamos
una caminata de casi 40 minutos todos los
días. En realidad no parece ser mucho
tiempo, pero sumándole las tres horas
que había hasta la pared, y encima
que ese tramo era por un pedrero de lajas
bastante grandes e incomodas y que se debían
cruzar varios arroyitos, decidimos que valía
la pena perder un día dedicándolo
a hacer tres o cuatro porteos cada uno.
Una vez que armamos nuestro nuevo “barrio“,
comenzamos a planificar la escalada. Ah!
A eso era que habíamos venido, a
escalar. Ya nos estabamos olvidando!
El acceso no era complicado, salvo por los
últimos metros que presentaban un
zócalo por el que se accedía
a la pared que nos interesaba, pero que
una vez que encontramos la pasada no era
problema.
Desde el campo base caminábamos diez
minutos bordeando el río, hasta el
comienzo de una morrena, y luego subíamos
rápidamente al glaciar, que era muy
plano y estaba limpio de nieve y con grietas
muy visibles y fáciles de saltar,
así que avanzábamos muy rápido
y sin encordarnos, hasta llegar a otra morrena
de bloques muy grandes e inestables que
debíamos pasar hasta el zócalo,
y desde allí accedíamos a
la base de la Torre. La distancia que había
desde el base hasta allí era de seis
kilómetros.
Durante cuatro días, nos organizamos
yendo dos a escalar con el equipo necesario
y algo extra para ir porteando cosas y dejarlas
en la base de la pared. Por fin ya estabamos
escalando!!, no lo podíamos creer.
La primer cordada fuimos Max y yo, y comenzamos
la vía por un diedro perfecto de
granito naranja, alucinante (6c+). Al día
siguiente subieron Max y Pere, y escalaron
el final del diedro (A2+/ 7a) y un largo
más sencillo de 5° que conectaba
con el inicio del muro central de la pared,
que habíamos elegido como línea
y que parecía iba a ser lo mejor
de la vía. Así íbamos
abriendo más o menos dos largos por
día y turnándonos para descansar
un poco. Pero igualmente, esta rutina nos
estaba demoliendo físicamente, y
cuando ya teníamos bastante material
de cuerdas fijas y comida en la base, hicimos
una subida todo el grupo para quedarnos
a dormir ahí los días necesarios
para terminar con la ruta y obtener todo
el material fotográfico y fílmico
necesario.
Los largos que siguieron fueron los mejores,
ya que la vía iba derecho por un
muro con roca de excelente calidad y fisuras
muy buenas. La dificultad y la verticalidad
aumentaba en este tramo de la Torre. A medida
que abríamos los largos, varios en
artificial y colocando algunas chapas en
placas o en los relevos, fijábamos
cuerdas para poder subir y bajar todos los
días a dormir abajo y que además
iban a servir después para las sesiones
de fotos.
Aunque ya estábamos instalados en
la base de la pared, terminamos de abrir
la vía con bastante cansancio, ya
que era mucho trabajo subir material jumareando,
abrir los largos en artificial y luego fijar
cuerdas. Pero ya estaba hecho!!, llegamos
a la cumbre Max y yo, un día a la
tarde después de haber escalado los
últimos dos largos. Bajamos al campamento
muy contentos y preparamos como iba a ser
el siguiente día, que era el de las
sesiones de fotos, Bernardo y Dennis nos
dijeron qué largos preferían
para las tomas, por las vistas que se podían
obtener. Esto había que coordinarlo
también en función de la luz
que tenía la pared en cada momento,
así que lo que hicimos al día
siguiente fue desayunar a las ocho de la
mañana con 450 metros de jumareo
para hacer primero tomas en la cumbre. Después
empezamos a bajar, en cada largo que habíamos
elegido nos iban sacando fotos y filmando.
Lo que nos quedo de la tarde, lo dedicamos
a ensayar algunos largos que eran los más
complicados, ya que nuestra intención
era dejar la vía liberada. Al final,
bajamos quitando todas las cuerdas fijas.
Llegamos al suelo destruidos, con las manos
a la miseria, pero con ganas de trepar la
vía los tres de un tirón al
día siguiente. Lastima que no nos
quedaba más tiempo como para descansar
y recuperarnos un poco, así que tuvimos
que resignarnos a lo que había.
El último día que nos quedaba
en la pared, salimos temprano Pere, Max
y yo, a escalar, nada mas que a escalar!
Bastante rápido fuimos encadenando
los largos, y de primero o de segundo, quedaron
todos liberados, con varios largos entre
7a y 7a+, uno de 7b y el mas duro que puede
ser 7c . El día era soleado y disfrutamos
de la escalada. Llegamos a la cumbre una
vez más, pero esta vez más
contentos con lo hecho ese día y
por que la vía había quedado
muy buena. Nos abrazamos y observamos un
lindo atardecer sobre las montañas
de esta parte de la cordillera, tan cerca
y a la vez tan poco visitada.
Pero acá no se terminaba el maltrato!
Al día siguiente porteamos de un
viaje cada uno, lo que habíamos subido
en tres días, descontando la comida.
Íbamos cargados con casi 40 kg. cada
uno, parecíamos los “machos”,
pero todo con tal de no volver a subir mas
por ese acarreo!.
Luego ordenamos el campo base y a la tarde
del anteúltimo día, llego
don Segundo, a buscarnos y bajamos temprano
a la mañana.
La experiencia que nos quedó de esta
escalada fue muy buena; conocimos un lugar
excelente para hacer muchas actividades,
que promete siempre buen clima en verano
y que tiene un acceso relativamente cómodo.
Hasta el día de hoy no sabemos cómo
se llama la Torre que subimos, aunque sí
sabemos que no fuimos los primeros en ascender
por que encontramos algunos rastros de otros
escaladores. Por ahora, para nosotros es
la Torre Sin Nombre del Brujo, un lugar
que sin duda vale la pena explorar.
|

La
línea de "Un mal trato para
rato" 440 m, 7c, o 6c obl / A2
Clik sobre
la foto si
la querés descargas más grande.

Pablo
Pontoriero abriendo el largo 9 (7 a) en
una de las Torres del Brujo, Chile..

La aproximación con las mulas, con
el cerro brujo al frente. Las torres están
bordeando el cerro por la derecha.

Las mulas llegando al campo base, con las
torres al fondo.

Max Meza en el largo 7 ( 6c+ )

En la cumbre, Max Meza, Pere Vilarasau y
Pablo Pontoriero.
|