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Sin duda resultaría un tanto
exagerado ponerse un arnés y asegurarse a una camilla antes de tomar una ducha. Sin
embargo más de uno puso pié sobre el jabón y se estrelló contra algo duro con más o
menos suerte para sus huesos.
Existe un prejuicio que
establece elevados niveles de riesgo para la práctica de la escalada. Este se justifica
por ancestrales tabúes asociados a la montaña, cuna de dioses y mitos poderosos, lugar
de cataclismos meteorológicos, morada de imaginarios seres de sospechosa civilidad.
También influyó en esta
caracterización la historia del alpinismo, con su panteón de héroes caídos al desafiar
los límites de su propia capacidad. No por desviaciones suicidas, claro, sino simplemente
por rendir culto a su pasión: la de vencer obstáculos en un cuerpo a cuerpo con la roca.
Pero las condiciones y los medios para el ejercicio de este deporte (recientemente
reconocido como tal y candidato a figurar en las próximas olimpíadas) han incorporado
mucha tecnología, aún inexistente en los años 50, cuando nos asegurábamos con clavos
artesanales y sogas de cáñamo.
Hoy por hoy, con la parafernalia de accesorios testeados de que dispone, el escalador
está menos expuesto a accidentes que un jugador de rugby que se sumerge en un scrum. Pero
es bueno marcar algunos puntos:
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** En la montaña es necesario
observar el estado del tiempo, la calidad de roca, las dificultades de ruta elegida y,
fundamentalmente, estar familiarizado con las herramientas disponibles para asegurar el
ascenso.
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** En todos los casos, si nos
imponemos concentración para superar las dificultades de una vía, no debemos ser menos
exigentes en el momento de calzarnos el arnés o atar la cuerda. Y esto vale tanto para el
escalador como para el asegurador, unidos ambos por un cordón umbilical de vital
importancia.
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** Cuando escalamos sobre
muros artificiales, tanto la superficie escalable como el material provisto son a prueba
de accidentes, ya que los mismos son desechados prematuramente. Pero debemos ser
extremadamente prudentes con nuestro propio equipo: este tiene una vida útil limitada,
que es generalmente informada por el fabricante y debe de ser respetada.
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Si a fines del siglo pasado, en pleno romanticismo, los pioneros de este
deporte iban hacia la montaña imbuidos por una vocación de héroes, el postmodernismo
nos
invita a adoptar una actitud más cool frente a la misma. Podemos gozar la adrenalina y
darnos una buena dosis de gozoso aventurismo sin exponer el esqueleto. Y, más aún,
podemos disfrutar en los gimnasios de escalada el ejercicio de la acrobacia sin riesgos.
Eso sí, no debemos distraernos al confeccionar el nudo de ocho reconstituido.
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